Autor: Crespo García, Pedro. 
   El Mensaje de la Corona     
 
 ABC.    23/11/1975.  Página: 44. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

MERIDIANO NACIONAL

El Mensaje de la Corona

EMOCIÓN.—En la atmósfera del hemiciclo de las Cortes, que enmarcó ayer tras el juramento

correspondiente, el primer mensaje del Rey de España a la Nación, a su pueblo, primaba la emoción ante

el recuerdo de la pérdida sobre la esperanza cierta del futuro que se iniciaba.

Y esa emoción, que crispaba actitudes y enardecía nostalgias, tradujo en una cierta crispación. El discurso

del joven Monarca, moderado en sus términos, vigoroso y prudente en sus afirmaciones. no tuvo la

calurosa acogida que, en puridad, le correspondía.

Hubo aplausos generales en su Inicial alusión a la excepcional figura de Francisco Franco, ya en la

Historia. Aplausos que fueron parciales, aunque en progresivo aumento, cuando se refirió a su familia, a

Don Juan de Borbón, que constituye el otro fundamento de la doble raíz de la Monarquía que ha

comenzado a encamar. Y regresó el común asentimiento cuando subrayó el lógico afán social que inspira

su soberanía, y al señalar la tradicional espina de Gibraltar, el objetivo de restaurar la integridad territorial

de nuestro solar patrio y la condena de las injerencias exteriores.

SILENCIOS.—Pero tal vez hubo demasiados silencio durante los trascendentales minutos de esa

primera comunicación del Rey Juan Carlos I.

Las referencias a la nueva etapa que comienza, a que los españoles somos indiscutiblemente europeos con

todas sus consecuencias—, a que el pueblo español pide perfeccionamientos profundos, a que una

sociedad libre y moderna requiere la participación de todos en los foros de decisión, en los medios de

información, en los diversos niveles educativos y en el control de la riqueza nacional, así como a que

nadie debe temer que su causa sea olvidada y nadie esperar una ventaja o un privilegio, no tuvieron todo

el eco que merecían por cuanto representan un indudable horizonte de justa evolución.

Quizá, algunos de los señores procuradores esperaban otras cosas. Porque, desde luego, en el discurso del

Rey no hubo elogios anticipados a organismos o instituciones, ni alusiones contra nada ni nadie, ni

lugares comunes, ni frases sobradamente conocidas.

No fue, sin duda, un mensaje efectista, aunque si quepa calificarlo, con toda justicia, de eficaz. Exento de

adornos literarios, absolutamente llano y directo. Definidor de una figura y de unos objetivos muy

concretos aún en su indudable amplitud.

PRONTO.—Sustanciados los orígenes, expuestas las tareas, las últimas páginas del capítulo más

reciente de la Historia de este país quedaban ayer definitivamente asumidas y superadas. La firmeza y la

prudencia de Juan Carlos I ya han tenido expresión cabal. Pronto, en la confirmación o en la designación

de los presidentes de las Cortes y del Gobierno, tendremos los españoles señal cierta de la andadura

elegida por nuestro joven Monarca para la consecución de lo expuesto, dentro de la Insustituible

unidad.—Pedro CRESPO.

 

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