El camino de un rey.. 
 Apunte biográfico de S.M. Don Juan Carlos I     
 
 ABC.    23/11/1975.  Página: 45-48. Páginas: 4. Párrafos: 60. 

A B C. DOMINGO 23 DE NOVIEMBRE DE 1975. PAG. 45.

EL CAMINO DE UN REY

APUNTE BIORAFICO DE S. M. DON JUAN CARLOS I

El 5 de enero de 1938 nace en Roma el primer hijo varón de Don Juan de Borbón y Baltenberg y de Doña

María de las Mercedes de Borbón y Orleans. En 1936 había nacido su hermana Doña Pilar y después

vendrían Doña Margarita (1939) y Don Alfonso (1941). Recibe las aguas bautismales en el Palacio de la

Orden de Malta, en la Vía Condotti. Son sus padrinos la Reina Victoria Eugenia y S. A. R. el Infante Don

Jaime. Oficia la ceremonia el cardenal Eugenio Pacelli. que luego sería elevado al solio pontificio con el

nombre de Pío XII. La historia comienza

Apenas han transcurrido tres meses cuando, el 28 de febrero de 1938, muere su abuelo, el Rey Don

Alfonso XIII. en forzado y nostálgico exilio

Los primeros años de la vida de Don Juan Carlos transcurren en Roma. En 1942 la Familia Real española

se traslada a Lausana, en Suiza, instalando su residencia en Las Rocailles, a orillas del lago Leman. A los

cuatro años, concluida la Segunda Guerra Mundial, van todos a Estoril, en Portugal, fijando su residencia

primeramente en Villa Papoila y luego en Villa Giralda, así bautizada en recuerdo del nombre que

ostentase el yate de Don Alfonso XIII.

El Príncipe, que ha aprendido sus primeras letras en el colegio suizo de Rolle, estudia en los Marianistas

de Lisboa, a pocos kilómetros de Estoril, preparando su acceso al bachillerato. Años después, el Conde de

Barcelona manifestaba: «En 1948, cuando el Príncipe estaba en edad de comenzar sus estudios, fuimos

conscientes de lo grave que sería la separación del ambiente español. Los precedentes de otras dinastías

extranjeras en el exilio eran suficientemente claros. Si no se está dentro del país, de alguna manera se

acaba por perder el contacto con la realidad. Por otra parte, era necesario que el Príncipe escapase a la

comodidad de una solución burguesa.»

Por ello, el 25 de agosto de 1948, dos yates, el «Azor» y el «Saltillo», se encuentran en aguas de San

Sebastián. Don Juan se entrevista con el Jefe del Estado, Generalísimo Franco, para tratar de la educación

del Príncipe Don Juan Carlos en España. Acompañan al Conde de Barcelona en tan señalada ocasión don

Julio Danvila, el duque de Sotomayor, don Pedro Galindez, don Eduardo Real de Asúa y don Jesús

Corcho. Y, aunque no haya comunicado oficial de la entrevista, el Conde de Barcelona revela que ha sido

extremadamente cordial.

PRIMEROS PASOS EN ESPAÑA

En octubre de ese mismo año, Don Juan Carlos cruza la frontera portuguesa con su hermano Don

Alfonso. Tienen, respectivamente, diez y siete años. Los Infantes hacen el viaje a Madrid en un tren que

conduce el conde de Alcubierre. Al llegar a Fuenlabrada se apean y, en automóvil, se dirigen al Cerro de

los Angeles. Don Juan Carlos pisa por vez primera tierra española.

El examen de ingreso de bachillerato lo realiza Don Juan Carlos en el Instituto de San Isidro. Su primera

casa española, en las cercanías de Madrid, es la finca «Las Jarillas». propiedad de la familia Urquijo. Al

curso siguiente marchan los Infantes a San Sebastián, al Palacio de Miramar, donde residirán durante

cuatro años, viniendo a Madrid sólo para los exámenes. En 1952 el Príncipe se Instala en el palacio

madrileño del duque de Montellano. Son años de estudio y disciplina, años que se prolongarían Incluso

después de Junio de 1954, en que Radio Nacional de España comunicaba, en un diario hablado, que Don

Juan Carlos había obtenido sobresaliente en la reválida final del bachillerato. Tras el verano, el Príncipe

prepara su ingreso en la Academia General Militar de Zaragoza. Es su tutor don Carlos Martínez de

Campos, duque de la Torre, quien velará por su formación a lo largo de todos sus estudios. Una etapa ha

sido cumplida. El Príncipe ha tenido excelentes profesores y ha aprovechado sus enseñanzas

cumplidamente. Ciencias, letras y espíritu militar. Basta repasar la lista de sus maestros, algunos de los

cuales ya no le abandonarían en ningún momento. Son don Nicolás Cotoner, marqués de Mondéjar: don

Martín de Riquer, conde Casa Dávalos: don Eugenio Vegas Latapié. letrado del Consejo de Estado; don

Ángel López Amo, catedrático de literatura; los militares don Alvaro Fontanals. don Alfonso

Armada, don Emilio García Conde y don Joaquín Valenzuela y también don José Garrido, quien actuó

abnegadamente como preceptor y jefe de estudios; el duque de Alburquerque y el padre José Manuel

Aguilar. Con ellos se reuniría en un almuerzo, homenaje cordial y entrañable, en junio de 1954.

Los años de bachillerato han visto conformarse su sólida y vital personalidad, orientada hacia el estudio y

el deporte, y asentada sobre una acendrada religiosidad. Han sido sus libros de cabecera como estudiante

títulos tan significativos como «El Quijote»; «Defensa de la Hispanidad», de Ramiro de Maeztu; «El

Estado nuevo», de Víctor Pradera; algunos «Episodios Nacionales», de Galdós: los textos completos de

José Antonio; las «Vidas Paralelas» de Plutarco; el «Discurso a las juventudes de España», de Ramiro

Ledesma Ramos, y también «Jeromín». del padre Coloma

ESTUDIOS MILITARES

El 21 de julio de 1955 el «B. O. del E.» publicó su incorporación a la Academia de Zaragoza

Los estudios militares del Príncipe tienen el prólogo de otra entrevista entre el Generalísimo Franco y el

Conde de Barcelona. Este segundo encuentro tiene lugar en «Las Cabezas», la finca del conde de

Ruiseñada, en Cáceres. ¥ entre los asistentes están con don Julio Danvila, presente también en el de 1948,

el conde de Fontanar, el almirante Nieto Antúnez, el conde de los Andes y don Ramón Padilla Es el 29 de

diciembre de 1954.

Unos meses más tarde, 21 de julio de 1955, el «Boletín Oficial del Estado» da cuenta de la incorporación

de «Su Alteza Real, el Príncipe don Juan Carlos, como Caballero Cadete de la XIV Promoción de la

Academia General de Zaragoza». El Príncipe había efectuado su preparación en el Colegio de Huérfanos

de la Marina de Nuestra Señora del Carmen. Durante dos años su vida transcurre en la Academia de

Zaragoza, como un alumno más, sometido al austero régimen y disciplina del centro.

En la Semana Santa de 1956 la tragedia irrumpe en la vida de don Juan Carlos. Se encuentra en Estoril,

con toda su familia. Es Jueves Santo. En una habitación están los tres hermanos: Juan Carlos, Alfonso y

Margarita. Don Juan Carlos lee a su hermana los periódicos. El Infante don Alfonso, jugando con una

pistola de balines que le habían regalado pocos días antes, se hiere y muere instantáneamente. Contaba

tan sólo catorce años. En Cascaes, bajo tierra de España, traída de Extremadura en sacos confeccionados

con la bandera española, recibe sepultura.

El carácter de Don Juan Carlos cambia. Lo dicen cuantos le rodean. Se hace aún más reflexivo. La

adolescencia ha quedado definitivamente atrás. La Historia sigue, debe seguir

El 13 de junio de 1957 recibe su despacho de alférez de Infantería. Tiene audiencia en El Pardo con el

Jefe del Estado y realiza una serie de visitas a Ministerios y organismos oficiales. Es el primer contacto

con la responsabilidad. En septiembre Ingresa en la Tercera Brigada de la Escueta Naval de Marín, y con

ella da la vuelta al mundo en el buque-escuela «Juan Sebastián Elcano». Llevado por la afición familiar,

será ya marino siempre, y en el mar hallará su mejor solaz.

Un año más tarde, en septiembre de 1958 es la Academia General del Aire, en San Javier, quien lo recibe

como alumno. Graduado en ella con el título de piloto, doce meses después, sigue su curso de prácticas

militares en Cádiz. En mayo de 1959 es portaestandarte en el desfile de la Victoria y suenan aplausos a su

paso. El 10 de diciembre de ese mismo año, en Zaragoza, recibe, simultáneamente, tres despachos. El

almirante Nieto Antúnez le entrega el de Alférez de Navio; el teniente general Barroso, a la sazón

ministro del Ejército, el de teniente de Infantería, y el teniente general Lacalle Larraga el de teniente de

Aviación. Se cierra una nueva etapa. Viene una tercera entrevista entre Don Juan de Borbón y el

Generalísimo Ya es mayor de edad y la preparación del futuro, un futuro que adivinan algunos pero que

sólo sabe Franco, exige un nuevo planteamiento, unas nuevas metas.

LA PRINCESA SOFÍA

Este tercer encuentro se celebra, como el anterior, en «Las Cabezas», el 29 de marzo de 1960. Y de nuevo

una selecta serie de personalidades asisten al encuentro. Son. con el duque de Alburquerque, don Ramón

Padilla, don José María Ramón de San Pedro, el marqués de Comillas, el conde de Casa Loja. el coronel

Lapuente, don Fernando Fuertes de Villavicencio y los ministros don Jorge Vigón y don Jesús Rubio

GarcíaMina.

Poco después el Jefe del Estado ordena restaurar y acondicionar el palacete de la Zarzuela para residencia

del Príncipe y éste comienza sus estudios en las Facultades de Derecho y Ciencias Políticas y Económicas

y Filosofía y Letras, de Madrid. Ha cumplido veintitrés años y la Prensa Internacional comienza a

especular con sus posibles romances.

El 13 de septiembre de 1961 se hace público en Lausana (Suiza) su compromiso matrimonial con la

Princesa Sofía, hija de los Reyes Pablo I y Federica de Grecia. El Príncipe Constantino, heredero de la

Corona y regente de Grecia en ausencia de su padre, anuncia oficialmente en Atenas el compromiso

matrimonial de su hermana, añadiendo que su padre le había comunicado la noticia por teléfono y que el

propio Rey Pablo había informado ya del compromiso al Jefe del Estado español. Generalísimo Franco.

Según las agencias Informativas y corresponsales de Prensa de todo el mundo, el idilio es acogido con

gran simpatía por la opinión pública principalmente en los países de ambos —España y Grecia— y ea

Italia —ya que los italianos no olvidaron que el Príncipe había nacido en Roma— e Inglaterra, puesto que

los novios estaban emparentados con la Reina Isabel II y su esposo.

En septiembre de 1954, el «Agamenón», yate de los Reyes de Grecia, realiza un crucero por el

Mediterráneo. Entre los invitados figura el Príncipe Don Juan Carlos. Es la primera vez que encuentra en

su camino a la Princesa Sofía. El cuenta dieciséis años y quince la Princesa. El Príncipe confesará, tiempo

después, que se enamoró entonces, pero pasarán seis años hasta un nuevo encuentro. En 1960 vuelven a

verse. El escenario es propicio. Napóles, durante la Olimpíada de Roma, en la que el Príncipe Constantino

obtenía una medalla de oro tripulando un barco de la clase «Dragón». Unos meses después se produce el

tercer encuentro, en la boda del duque de Kent, en York. La Prensa europea del corazón señala ya el

posible romance. Don Juan Carlos es invitado, poco después, a pasar unos días en la finca «Mon Repos»,

que los Reyes helenos poseen en Corfú. Y, sin que acabe el verano, en una cena de gala ofrecida por la

Feria Suiza de Muestras, el Príncipe pide al Rey Pablo I permiso para contraer matrimonio con la

Princesa.

El 30 de diciembre se informa que la boda se celebrará en Atenas el 14 de mayo del año siguiente, y que

al matrimonio religioso, según el rito católico latino que se efectuará en la iglesia católica de San

Dionisio, secuirá una ceremonia ortodoxa en la iglesia Metropolitana, a efectos civiles. Un telegrama,

fechado en Roma el 23 de marzo de 1962, indicaba que el Principe Don Juan Carlos de Borbón había

solicitado. de Su Santidad el Papa Juan XXIII, dispensa de impedimento de mixta religión para contraer

matrimonio con la Princesa Sofía de Grecia «que se prepara —decía el documento— para abrazar la fe

católica, en la que está recibiendo oportuna instrucción», y que el Sumo Pontífice había accedido

benignamente a las preces.

AI amor se unía, obligadamente, la política. El 2 de enero, cuando aún faltaban más de cuatro meses para

el enlace, don Juan Ignacio Luca de Tena, marqués de Luca de Tena, presenta sus cartas credenciales

como embajador de España, al Rey Pablo. A muy distintos niveles, la presencia del embajador se hace

necesaria. Son muchos los detalles a resolver hasta que llega el 14 de mayo y el marqués de Luea de Tena

cumple con eficacia su misión.

Más de medio millón de personas, entre las que se cuentan no pocos españoles, aclaman a los novios por

las calles de la capital griega. Las banderas, hermanadas, de España y Grecia inundan plazas y paseos.

Atenas entera vitorea a la pareja en su recorrido hasta la catedral de San Dionisio y, posteriormente, al

templo ortodoxo de la Virgen María. El tiempo es espléndido, repican las campanas de todas las iglesias

de la capital helena; cuarenta mil claveles rojos y amarillos, traídos de España, adornan la catedral, y los

grandes edificios de la plaza de la Constitución, centro neurálgico de Atenas, aparecen literalmente

cubiertos por gallardetes blanquiazules y rojigualdas.

Frente a la catedral, la banda y una compañía de desembarco del crucero «Canarias», que ha llegado a

Grecia con motivo de la boda principesca, interpreta el Himno nacional español y presenta armas. Cuando

la novia entra en el templo del brazo de su padre el Rey Pablo, el Príncipe Don Juan Carlos, con su madre

la Condesa de Barcelona,, hace ya unos minutos que espera. El Príncipe viste uniforme de teniente de

Infantería y lleva, con el Toisón de Oro, el Collar y la Banda de Carlos III y la gran cruz griega del

Salvador. El traje de la Princesa es de satín plateado cubierto de encaje y tul, y sostienen la larga cola del

mismo, que cubre el velo que llevase la Reina Federica en el día de su propia boda, ocho damas de honor,

entre las que figuran la Infanta Pilar y las Princesas Irene de Grecia y Ana María de Dinamarca.

En el presbiterio, los Reyes de Grecia y los Condes de Barcelona; inmediatamente después, en el lado del

Evangelio, la Misión extraordinaria española presidida por el embajador extraordinario, almirante Albár

ruza, con el marqués de Lúca de Tena y el almirante Ruiz González. En el lado de la Epístola, el

Gobierno griego.

Tras la ceremonia religiosa se celebra el almuerzo en palacio, al que asisten ambas familias Reales, el

Gobierno griego, el almirante Abárzuza, el marqués de Luca de Tena y los Príncipes europeos que

acudieron a la ceremonia. El primer ministro, Constantino Karamanlís, al término del mismo,

dirigiéndose al Príncipe Don Juan Carlos, dice: «Grecia os honra y os rodea de el amor no solamente

porque habéis llegado a ser el compañero de nuestra querida Princesa, sino también porque habéis sabido

adquirir la estima y simpatía de todos nosotros por vuestra personalidad y vuestros valores»

A primeras horas de la tarde, los Príncipes emprenden un crucero de varios días por aguas del Egeo, que

se continúa, posteriormente, con una travesía para visitar numerosos países, durante varias semanas.

España, que había podido contemplar imágenes del enlace por medio de un amplio reportaje ofrecido por

televisión, y que había seguido paso a paso la ceremonia a través de los relatos de los numerosos enviados

especiales, les esperaba.

El 5 de junio, después de haber sido recibidos en Roma en audiencia privada por Su Santidad Juan XXIII,

los Príncipes llegan al aeropuerto de Getafe, donde les aguardaban el ministro del Aire, los marqueses de

Villaverde, el jefe de la Casa Civil del Jefe del Estado y otras personalidades. La Princesa había ingresado

en la Iglesia católica el 31 de mayo anterior, en ceremonia efectuada ante el arzobispo de Atenas, en

Corfú.

TREINTA AÑOS DEL PRINCIPE

Tras el matrimonio, el trabajo del Príncipe se incrementa. Comienza su verdadera preparación como

futuro estadista, de 1962 a 1967 realiza un exhaustivo plan da estudios en los Ministerios, pasando varios

meses en cada uno para aprender la organización da la Administración española. Se suceden las visitas de

Don Juan Carlos, en muchas ocasiones acompañado de la Princesa, a centros industriales, instalaciones

militares, muestras comerciales, obras públicas, establecimientos sanitarios y docentes, y exposiciones.

En 1963 visita Prensa Española y también otras dependencias periodísticas madrileñas. El Principe va

convirtiéndose, paulatinamente, en una figura popular, entrañable para un número cada vez mayor de

españoles.

El primero de abril de 1964 se conmemoran los veinticinco años de paz de España con un solemne

Tedéum en la Basílica del Valle de los Caidos. El Príncipe ocupa un sitial en la Epístola, frente al del Jefe

del Estado. Es su Incorporación a los actos oficiales del país, acompañando al Generalísimo. En mayo, el

Príncipe asiste, en la tribuna de honor, al lado del Generalisimo al Desfile de la Victoria. Para los

observadores extranjeros cabe la sorpresa. Parecen enterarse entonces de la envidiable serenidad

demostrada por Franco a lo largo de su vida entera, y de la solidez, la prudencia y la sabiduría de sus

decisiones. Se habla de una clarificación de la situación, se especula con decisiones a corto plazo y

comienza a hablarse de Don Juan Carlos como sucesor del Jefe del Estado.

El 6 de enero de 1968, día del trigésimo cumpleaños del Príncipe, don José María Pemán escribe, en estas

mismas páginas: «Al llegar a sus treinta años es todo lo contrario del "príncipe que todo lo aprendió en

los libros"; todo lo ha aprendido en los cuarteles, en los barcos, en los aeródromos, en ios expedientes, en

la vida e Incluso en el dolor. Dolor de una posición difícil para ser Interpretada por la mediocridad de

fuera, aunque fácil para ser Interpretada, desde dentro, por su formación moral y su congénita seriedad.»

Un día después de su cumpleaños, cumplido el requisito de la edad mínima, Don Juan Carlos respondía

asi a la pregunta del entonces director de «Pueblo», don Emilio Romero, de cuál seria su reacción si el

mecanismo de la Ley Orgánica del Estado le señalase como sucesor de Franco y Rey de España: «Mi

reacción seria en ese momento la que mejor conviniera al país.»

Transcurrirían dieciocho meses y dieciocho días, cuajados de actividad y discreción, para que, tres meses

después de que falleciese en Lausana la Reina Doña Victoria Eugenia, el mecanismo de la Ley Orgánica

se pusiera en marcha, casi al mismo tiempo en que la Humanidad llegaba a la Luna, casi en el aniversario

de la jornada, histórica para el Régimen, del 18 de julio.

LOS INFANTES

El 20 de diciembre de 1963, en la Clínica de Nuestra Señora de Loreto, nace el primer hijo de los

Príncipes. Se hallaban en el momento del alumbramiento, con don Juan Carlos, la Reina Federica de

Grecia, la Princesa Irene y la prima de Doña Sofía, Princesa de Radziwill. Es una niña, se llamará Elena

El bautizo se celebra en ei Palacio de la Zarzuela, el 27 de diciembre. El gozo familiar llega a toda

España. A la ceremonia asisten el Jefe del Estado y su esposa, los Condes de Barcelona, los Reyes de

Bulgaria y los miembros de la Familia Real española residentes en España. Y son sus padrinos su abuela,

la Condesa de Barcelona, y el Infante Don Alfonso de Orleáns, oficiando el Nuncio de Su Santidad

monseñor Riberi.

El jefe de la. Casa de Su Alteza Real el Príncipe Don Juan Carlos facilitaba, a primera hora de la tarde del

domingo 13 de junio de 1965, el nacimiento de la segunda hija de los Príncipes. El bautizo, en que se le

impuso el nombre de Cristina, se celebró, también en la Zarzuela, el 21 de junio, con asistencia del Jefe

del Estado y su esposa, los Condes de Barcelona, la Infanta Doña Pilar y los Reyes de Bulgaria,

apadrinando a la neófita la Infanta doña María Cristina, condesa de Maron, y Don Alfonso de Borbón

Dampierre, y administrando el sacramento el arzobispo de Madrid, monseñor Morcillo.

¡

La vida de familia del Príncipe transcurría, por senderos de placidez, de felicidad. Pero se esperaba un

heredero, un varón. Y éste llegó a la una menos cuarto de la tarde del día 30 de enero de 1968. Como sus

hermanas, vino al mundo en la clínica de Loreto, en idéntica habitación —la 604—, midiendo 55

centímetros y pesando cuatro kilos y trescientos gramos. Una enfermera difundió alborozada la noticia:

«Es precioso, rubio y con tos ojos azules». Don Juan Carlos, radiante de alegría, comentaba con los

periodistas que acudieron al sanatorio: «Después de dos chicas seguidas, figuraos», inmediatamente

comunicó, por teléfono la noticia al Jefe del Estado, hablando también con sus padres, los Condes de

Barcelona que realizaban un crucero por el Caribe, y con su abuela la Reina doña Victoria Eugenia

A las seis y cuarto de la tarde Don Juan Carlos se reunió con los informadores y fotógrafos tanto

españoles como extranjeros, para comunicarles que al recién nacido le serían impuestos los nombres de

Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos. Felipe por el apóstol y una vieja tradición española. Juan

por el abuelo paterno; Pablo por su difunto abuelo materno y Alfonso en memoria del último Rey de

España. Don Alfonso XIII.

Gentes de todas clases sociales acudieron al sanatorio para firmar en el libro colocado al efecto en el

salón de visitas v testimoniar su felicitación personal

El 8 de febrero, minutos antes de las siete de la tarde, el arzobispo de Madrid, doctor Morcillo, bautizaba

al Infante ante doscientos invitados, entre los que figuraban, junto al Jefe del Estado y su esposa la Reina

Federica, la Condesa de Barcelona el Rey Simeón de Bulgaria y el vicepresidente del Gobierno almirante

Carrero Blanco, fueron sus padrinos su abuelo, el Conde de Barcelona, Don Juan de Barbón y su

bisabuela, la Reina Victoria Eugenia que con este motivo había vuelto a pisar tierra española después de

treinta v un años de ausencia

LA PROCLAMACIÓN COMO SUCESOR

El discurso de propuesta de Franco fue interrumpido doce veces por las ovaciones de los procuradores

«Por una arrolladora mayoría, Su Alteza Real Don Juan Carlos de Borbón fue ayer proclamado Príncipe

de España, y sucesor, a título de Rey en la Jefatura del Estado.»

Así titulaba A B C su información, a tres columnas, en primera página, del hecho acaecido a última hora

de la tarde del día 22, en el salón de sesiones de las Cortes Españolas, donde los procuradores,

convocados a Pleno extraordinario, habían aprobado, por 491 votos a favor, 19 en contra y nueve

abstenciones, el texto de la ley de designación, por la que el Generalísimo proponía, «como persona

llamada en su día a sucederme a título de Rey, al Príncipe Don Juan Carlos de Borbón y Borbón, quien,

tras haber recibido la adecuada formación para su alta misión y formar parte de los tres Ejércitos, ha dado

pruebas fehacientes de su acendrado patriotismo y de su total Identificación con los Principios del

Movimiento y Leyes Fundamentales del Reino, y en el que concurren las demás condiciones establecidas

en el artículo noveno de la ley de Sucesión».

El discurso en que iba contenida la propuesta del Jefe del Estado fue interrumpido por las ovaciones de

los procuradores en doce ocasiones El acto, comenzado a las siete y cinco de la tarde, finalizó a las nueve

menos veinticinco de la noche. En Ochenta minutos, el futuro quedaba «atado, y bien atado», y en

palabras del Generalísimo, el «status» que le definía como sucesor, permitirán al Príncipe «consolidar a

mi lado su formación y perfeccionar el conocimiento de los problemas nacionales»

Al día siguiente, 23 de Julio, don Juan Carlos de Borbón era investido de su alta condición de sucesor.

Por la mañana, en el palacio de la Zarzuela, en presencia de Doña Sofía, los Infantes y otros miembros de

la Familia Real, y con asistencia del presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, señor Iturmendi;

del vicepresidente del Gobierno, almirante Carrero Blanco: el arzobispo de Madrid, don Casimiro

Morcillo; los altos mandos militares regionales y primeras autoridades, entre las que figuraba el alcalde

de Madrid, don Carlos Arias Navarro, aceptó su designación Actuó entonces, en calidad de notario mayor

del Reino, el ministro de Justicia. Firmada el acta y aceptada por el Príncipe la Corona de España para el

día en que se produjese la vacante en la máxima magistratura del país, pronunció unas palabras el señor

Iturmendi. Y el Príncipe contestó diciendo, entre otras cosas: «Considero que. en definitiva, se trata de

obedecer nn mandato de nuestro pueblo, expresado en forma legitima y fehaciente a través de su

representación genuina. que son las Cortes Españolas.»

Por la tarde de ese mismo día 23, en las Cortes, acompañado del Generalísimo, el

Principe juró, con voz clara, reposada y firme cumplir sus deberes constitucionales, pronunciando acto

seguido un discurso que fue interrumpido, en catorce ocasiones, por las ovaciones entusiastas de los

procuradores. «Pertenezco por línea directa —dijo— a la Casa Real española, y en mi familia, por

designios de la Providencia, se han unido las dos ramas. Confío en ser digno continuador de quienes me

precedieron.» Y también: «Tengo gran fe en los destinos de nuestra Patria. España será lo que todos y

cada uno de los españoles queramos que sea, y estoy seguro de que alcanzará cuantas metas se proponga,

por altas que éstas sean.» «La Monarquía —afirmó, asimismo—, puede y debe ser un Instrumento eficaz

como sistema político si se sabe mantener un justo y verdadero equilibrio de poderes y se arraiga en la

vida auténtica del pueblo español.»

El «Boletín Oficial del Estado» del 24 de julio publicaba un decreto de la Jefatura del Estado, por el que

se conferían al Príncipe de España, a título honorífico, los empleos de general de brigada del Arma de

Infantería, contralmirante de la Armada y general de brigada del Ejército del Aire, Y por otro, aparecido

el mismo día, se disponía también que Don Juan Carlos tuviera honores militares de capitán general,

cuando la ocasión lo reclamase

El pueblo español reaccionó con la alegría que comporta saber asegurada la continuidad del régimen en el

que encuadraba su existencia como sociedad. La Prensa nacional comentó con entusiasmo la decisión del

Jefe del Estado y la aceptación del Príncipe. Y a los comentarios políticos se unieron poco después otros

que. sin abandonar este cariz, contenían un matiz humano y entrañable

El día 25 se daba noticia de una «larga y cordial» conversación telefónica mantenida dos noches antes

entre Don Juan Carlos y su augusto padre, Don Juan de Borbón, que se encontraba en Portugal. Y días

más tarde, el 30 de julio, don José María Pemán informaba, en unas declaraciones concedidas a un diario

catalán, que el Conde de Barcelona había visto la jura de Don Juan Carlos ante las Cortes Españolas, por

televisión, en un pueblecito de la parte sur del Algarve, donde había desembarcado como un marinero

más, y que se había emocionado profundamente, manifestando su orgullo por el papel desempeñado por

el Príncipe ante el máximo organismo legislativo español.

EL MAS ALTO EMBAJADOR DE ESPAÑA

Don Juan Carlos, heredero de la Corona

Si hasta el 23 de Julio de 1969 el Principe había hecho gala de una gran actividad, recorriendo los

distintos Departamentos de la Administración, viajando al extranjero —como en 1967, invitado con Doña

Sofía, a los Estados Unidos por la N. A. S. A.— asistiendo a manifestaciones sociolaborales tan

relevantes como el Congreso Sindical de Tarragona, y recorriendo casi íntegramente el territorio nacional,

tanto su parte peninsular como la insular, desde esa fecha histórica trascendental, su actividad se acentúa

En agosto de ese mismo año 1969 los Príncipes son invitados al Pazo de Meirás para pasar parte de las

vacaciones estivales junto al Jefe del Estado. En octubre llegan a Irán, en visita oficial, atendiendo a la

invitación formulada por el Sha, y a Bruselas, posteriormente, también en visita oficial, a la sede de las

Comunidades Europeas, entrevistándose con su presidente. Jean Rey.

Menudean los viajes, las presidencias y clausuras de importantes actos de la vida nacional. Con el Jefe del

Estado asiste el Príncipe de España a los actos del quinto centenario del matrimonio de los Reyes

Católicos, en Valladolid. En Barcelona preside la constitución del Consejo Económico de Cataluña; en

Madrid, la Clausura de] Consejo de Rectores de la Universidad. Visitas oficiales son las efectuadas con la

Princesa a Valencia y Asturias, y la cursada a Francia, con asistencia a maniobras navales

híspanofrancesas y diversas entrevistas con el presidente Pompidou y algunos de sus ministros, en 1970.

También en 1970 acuden los Príncipes a Inglaterra, invitados por la Familia Real inglesa, para asistir al

cumpleaños de 1a Reina Madre, y es nombrado el Príncipe jefe de la Misión extraordinaria española en la

proclamación de Santa Teresa como primera Doctora de la Iglesia.

Es el representante del Jefe del Estado, el más alto embajador; España misma son los Príncipes ante el

mundo entero: 1971 se inicia con otra visita de carácter oficial de Don Juan Carlos y Doña Sofía a los

Estados Unidos. El viaje constituye un completo éxito diplomático, político y personal de Don Juan

Carlos, recibido con honores de Jefe de Estado por el presidente Nixon. Meses más tarde, en mayo, el

Príncipe acompaña al Generalísimo en la clausura del I Congreso Nacional de Mutualismo Laboral, en

Madrid. En junio preside, también, con el Jefe del Estado, él XXXII Desfile de la Victoria, y poco

después, quizás recordando el histórico viaja de su egregio abuelo, el Rey Don Alfonso XIII, gira, con

Doña Sofía, una visita a Cáceres, recorriendo detenidamente Las Hurdes, donde ambos son objeto, como

sucede en cuantos lugares de España registran su presencia, de un cálido recibimiento popular.

El 16 de julio, una ley de la Jefatura del Estado confiere expresamente al Principe de España las

atribuciones que el artículo 11 de la ley Orgánica establece para el «heredero de la Corona»: suplir al Jefe

del Estado en sus funciones, en caso de enfermedad o ausencia del territorio nacional. Los comentaristas

políticos advierten el nuevo borne agregado al mecanismo sucesorio, así como resaltan la creciente

proyección del Príncipe como estadista, tanto a nivel nacional como internacional

Resulta imposible resumir cumplidamente las marcas, el calendario del Príncipe en estos últimos años.

Nuevos viajes oficiales a Japón, Etiopía y la República Federal Alemana, con una abundante actividad en

el plano nacional —que registra su presencia en diez provincias españolas— y marcan, en la agenda

pública de Don Juan Carlos, los hitos más importantes de 1972, año en que el Príncipe es proclamado

«español del año» por votación de los lectores de una popular revista barcelonesa.

En marzo de 1973. los Príncipes visitan oficialmente las Canarias, recorriendo las islas en continuo olor

de multitud enfervorizada. Se suceden las inauguraciones, los discursos, habitualmente breves, inspirados

por una concisión que no impide a Don Juan Carlos mostrar su humanidad, su acendrado amor a la

España en desarrollo, a la España que él ha visto levantar el vuelo desde los difíciles años en que sus

obligaciones históricas le trajeron a ser español por encima de todo.

En junio, la Universidad argentina John Kennedy le nombra doctor «honoris causa»; en septiembre acude

a Estocolmo, a los funerales por el Rey Gustavo Adolfo, y en noviembre, a Inglaterra, a la boda de la

Princesa Ana, visitando oficialmente, ese mismo mes, las islas Baleares.

Y llega diciembre, el 20 de diciembre. El asesinato del almirante Carrero Blanco, presidente del Gobierno

desde el 9 de junio de ese año. El Príncipe, dando ejemplo señero de valor personal, preside,

impresionantemente, los funerales y el sepelio del ilustre político y marino. f Son horas de incertidumbre,

horas difíciles, en que el estupor atenaza, junto a la indignación, las gargantas de los españoles, horas en

las que el país puede comprobar, palpablemente, que junto a la admirable fortaleza del Jefe del Estado, se

alinea la de su sucesor.

Los últimos meses son historia reciente, recuerdo vivo. En febrero de 1974, los Príncipes coronan otras

etapas de su continuo y fructífero periplo diplomático, portadores de la imagen de España, en sendas

vistas oficiales a Filipinas y Arabia Saudí. En junio, con ocasión de su onomástica, el Príncipe, a quien

felicita en su residencia de la Zarzuela el Gobierno en pleno, con su presidente, don Carlos Arias Navarro,

afirma, como una profesión de fe, que ahora resulta premonitoria: «Nada ni nadie podrá apartarme del

rumbo que me he trazado.» Días después, la enfermedad del Generalísimo Franco vuelve a inquietar al

país. El 29 de julio, por decisión del Caudillo, se aplica el artículo 11 de la ley Orgánica y el Príncipe Don

Juan Carlos asume las funciones de Jefe de Estado.

Son días de tensión que la serenidad de Don Juan Carlos aplaca. El Príncipe firma una serie de decretos, y

la importante declaración de principios conjunta hispanonorteamericana. El país respira, tranquilizado,

ante la ausencia de hipotéticos hechos traumáticos, Todo funciona según lo previsto en nuestra

Constitución. España sabe, en la práctica, que Franco tiene un sucesor válido a todos los efectos.

La interinidad finaliza el 3 de septiembre. Franco, felizmente repuesto de su grave dolencia, reasume las

funciones de Jefe del Estado. Don Juan Carlos, una vez más, ejemplar servidor de la Patria, sigue

obedeciendo el mandato del pueblo, el que el pueblo expresó, en forma legítima y fehaciente, a través de

las Cortes

PERFIL HUMANO DE UN MONARCA

Consumado deportista, goza de una envidiable salud

Es el Rey, alto, musculado. Mide 1,92 metros y pesa 80 kilos. Tiene los ojos claros, el cabello castaño y

rizado. Deportista constante, visitante asiduo del gimnasio, Don Juan Carlos es una figura a nivel

internacional en el deporte de la vela, en las regatas con barcos del tipo «Dragón», especialidad en la que,

con su yate, el «Fortuna:», ha sido campeón de España en varias ocasiones, y en la que representó a

España, como miembro del equipo nacional, en la Olimpíada de 1972, en las regatas celebradas en Kiel.

Practicante asiduo de Judo y kárate, apasionan al Príncipe la caza, la equitación, la natación y la aviación.

Consumado conductor de automóviles, experto piloto de aviones y helicópteros, goza de una salud

magnifica. Tan soto en septiembre de 1971 visitó un hospital como paciente. a fin de ser sometido a una

operación para corregir la desviación de su tabique nasal, que le originaba catarros recidivantes.

Asiduo lector, Don Juan Carlos prefiere los libros históricos, las biografías, los ensayos sociales, a las

novelas. Fuma tabaco negro habitualmente, aunque no con exceso, y no insta de bebidas alcohólicas. Es,

asimismo, un buen aficionado al cine, afición que comparte con la Princesa Sofía, y que le llevó, en su

día. a instalar una sala de proyección en La Zarzuela, donde menudeaban, hasta ahora, las sesiones, en la

noche, cuando su actividad cotidiana abre un necesario paréntesis.

ÚLTIMOS VIAJES

La joven imagen de España que Don Juan Carlos de Borbón personifica, se abre

paso en uno y otro Continente. En febrero de 1975, los Príncipes son huéspedes del presidente Giscard

d´Estaing, en el Palacio

de Chambord. En marzo, don Juan Carlos representa a España en los funerales celebrados en Riad por el

asesinado Rey Faisal de Arabia Saudi, y acepta la invitación del Rey Hussein, en Armman.

En abril, los Principes viajan, también oficialmente, al Irán. Los vínculos de admiración y amistad

recíprocos establecidos entre el heredero de la Corona de España y el Sha, se traducen en la consecución

de una serie de importantes acuerdos en materia financiera y de comercio exterior, establecidos

posteriormente.

Y en Junio es Finlandia, por invitación expresa del presidente Kefckonen, quien recibe a Don Juan Carlos

y a Doña Sofía. La imagen de la España joven llega al mundo entero a través de los medios de

información. No es ya solo nuestro país. En todas partes Don Juan Carlos representa al futuro gobernante

moderador de viejas hostilidades al Príncipe de la España rejuvenecida, realidad de una institución que

con él asegure el futuro de todos los españoles.

Valencia, Barcelona, Ciudad Real, son las provincias que reciben a los Príncipes en los meses anteriores

de este crucial año. Y en ellas, los Príncipes reciben el calor del afecto y de la confianza de las gentes. El

Príncipe subraya, con su presencia, la importancia de hombres y hechos de la cultura y la ciencia

española. Vive cerca de su pueblo y mantiene su serenidad responsable, su discreción, su prudencia y su

generosidad.

La enfermedad del Jefe del Estado imponía, hace tan sólo veinticuatro días, que Don Juan Carlos, en

virtud del artículo 11 de la Ley Orgánica del Estado, volviese a asumir las funciones de Jefe de Estado

 

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