Autor: T. M.. 
   Santiago de Santiago: Sí, yo he hecho la mascarilla de Franco     
 
 ABC.    23/11/1975.  Página: 57. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

ABC. DOMINGO 23 DE NOVIEMBRE DE 1975 PAG. 57.

ECOS EN EL MUNDO

SANTIAGO DE SANTIAGO: "SI, YO HE HECHO LA MASCARILLA DE FRANCO"

He marcado las siete cifras del teléfono de Santiago de Santiago; Que en su estudio de la fuente del Berro,

de Madrid, trabaja. Santiago de Santiago —de pronto la noticia ha saltado a la calle— ha sido el escultor

que hizo la mascarilla de Franco, hace unos días, concretamente a la mañana del jueves, a pocas horas del

fallecimiento del Jefe del Estado

—Me llamaron por teléfono a primera hora de la mañana. «Muy primera hora de la mañana, desde la

Casa Civil», a las ocho y cuarto ya estaba en la primera planta de La Paz

—¿Cómo era la Habitación?...

—Sólo puedo decirte que la habitación era como la de una clínica cualquiera. Una sala con dos camas. En

una de ellas, recién embalsamado, estaba el cuerpo del Jefe del Estado. $i puedo decirte, que aún estaba

caliente.

—¿Había otras personas contigo? —Sí. Estaban Fuertes de Villavicencio. el doctor Hidalgo y algún otro

de paisano. Puedo decirte que Franco aún no estaba amortajado, y su cuerpo se cubría con una sábana.

—¿Cuánto tiempo trabajaste lo hiciste sólo?

—Dos horas largas. Había llevado conmigo lo necesario, el yeso, la gasa..., eso si me ayudaron en algún

momento las enfermeras presentes.

—¿Cuál era el aspecto del Caudillo?

—Me extrañó mucho poder comprobar que tenía en lo posible, un rostro tranquilo, sereno. Hice la

mascarilla de la cara y también de las manos. Creo que sobre todo la mano derecha, es realmente

importante, preciosa. En la izquierda, en efecto, se notaba algo la crispación de sus dedos después de

aquel accidente de caza...

—¿En algún momento sentiste emoción. te temblaron las manos?

—Emoción, desde luego que sí, pero mis manos no temblaron: Me encontraba extrañamente seguro,

consciente de lo que estaba haciendo y realizando. Sí puedo decirte que además por la. similitud de su

rostro y de su edad recordé mucho el rostro de mi padre después de muerto...

El escultor salió por donde había entrado, sin que un sólo fotógrafo, ni periodista advirtiera su presencia.

Nadie le hizo un retrato ni una pregunta. Volvió a su estudio con su obra fresca en las manos y se puso a

trabajar inmediatamente

Estas han sido sus palabras. El, escultor, no ha podido ofrecernos el documento gráfico de lo que en muy

pocos días quizá horas, será un nuevo impacto emocional para España. Pienso que aún no está autorizado

para hacerlo. Esperemos.—T. M.

 

< Volver