Brindis de S.M. el rey. 
 Relaciones más estrechas con todos los países  :   
 Cientos de miles de personas aclamaron a los Reyes durante los actos solemnes de exaltación de la Corona. 
 ABC.    28/11/1975.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

MADRID, VIERNES 28 DE NOVIEMBRE DE 1975 NUM. 21.734 OC HO PESETAS

ABC

BRINDIS DE S. M. EL REY

«RELACIONES MAS ESTRECHAS CON TODOS LOS PAÍSES»

Cientos de miles de personas aclamaron a los Reyes durante los actos solemnes de exaltación de la

Corona

MADRID. (De nuestra Redacción.} «Quiero saludar a /os jefes de Estado y presidentes de

Misiones extraordinarias, que han tenido la amabilidad de acompañarnos en estos momentos

históricos de nuestra Patria. En esta nueva etapa, España desea mantener las relaciones más estrechas

con todos los países en bien de la paz y el mejor entendimiento entre todas las naciones. Levanto

mi copa por vuestra felicidad personal y la prosperidad de todos los pueblos."

Con estas palabras brindó Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I al término del banquete real ofrecido a

las representaciones extranjeras y a altas personalidades del país en el Palacio de Oriente, y se daba

término, prácticamente, a una jornada repleta de emotividad en la ocasión de la exaltación de la Corona.

Solamente uno de los invitados, el presidente francés, Valery Giscard d´Estaing, no pudo asistir al

almuerzo por obligaciones ineludibles, aunque por el contrario mantuvo con el Rey un desayuno de

trabajo en la Zarzuela por espacio de tres cuartos de hora.

MILES DE PERSONAS

El día histórico al que después se referiría el propio Rey en su brindis comenzó con la paulatina

congregación de miles de personas a la puerta de la iglesia de los Jerónimos, de las calles y plazas del

recorrido de la comitiva real y en la plaza de Oriente. Desde poco antes de las nueve de la mañana

comenzó a afluir un elevado número de personas frente a la iglesia de los Jerónimos, portando pancartas y

banderitas con colores nacionales.

«ESPAÑA, CON SU REY»

«¡España, con su Rey!» Este era el grito, jubiloso, que restallaba en los aires de la apacible mañana

madrileña mientras la comitiva real se dirigía hacia el templo parroquial de los Jerónimos.

Tanto a la ida como al regreso, los Monarcas españoles, Don Juan Carlos I y Doña Sofía, fueron cálida

e ininterrumpidamente vitoreados, ovacionados, saludados con pañuelos y banderas ondeadas por una

muchedumbre entusiasta que cubrió la carrera desde la iglesia hasta el Palacio de Oriente manifestando

asi su adhesión al Rey. En la ciudad, las calles que no integraban el recorrido de la comitiva (Felipe IV,

Ruiz de Alarcón plaza de Cánovas del Castillo, paseo del Prado, Cibeles, Alcalá, Gran Vía de José

Antonio, plaza de España, Bailen y plaza de Oriente) aparecían literalmente desiertas; en vivo

contraste con esas otras zonas indicadas, que recogieron una multitudinaria afluencia de gente.

En todas las iglesias de la diócesis de Madrid-Alcalá se celebraron ayer misas votivas del Espíritu Santo

impetrando luces y gracias para el acertado mandato de Don Juan Carlos I. En las inmediaciones del

templo de San Jerónimo el Real era casi imposible transitar: desde las siete de la mañana había ido

formándose una multitud de espectadores interesados. Los corresponsales, nacionales y extranjeros, se

vieron en dificultades para ocupar una buena posición que les permitiese tomar fotografías.

Los Reyes llegaron a las diez y veinticinco, previo un toque de atención, escoltados por motoristas del

Regimiento de la Guardia. Con ellos y Sus Altezas Reales llegaron el jefe de la Casa del Rey, general

marqués de Mondejar; el jefe de la Secretaria, general marqués de Santa Cruz de Rivadulla; los

ayudantes, coronel Dávila, capitán de corbeta señor Poole, y comandante de Aviación señor Juste, el

comisario señor Ayuga y los inspectores jefes señores Bazán y Pérez Domingo.

EN LOS JERÓNIMOS

Sus Majestades y Sus Altezas Reales fueron recibidos al pie de la escalinata de la

iglesia por el presidente del Gobierno, señor Arias Navarro; el de las Cortes y del Consejo del Reino,

señor Rodríguez de Valcárcel (que cesó reglamentariamente en esos cargos tres horas después); el

presidente del Tribunal Supremo, señor Silva Melero, y el jefe de Protocolo de la Casa Real, señor

Viilacieros.

Antes, tras oír desde un podio el Himno Nacional, pasó revista Don Juan Carlos I a una compañía del

Batallón del Ministerio del Ejército, que le rindió honores con bandera, banda, escuadra y música. La

banda interpretó el pasodoble «Soldadito español», de una obra teatral del maestro Jacinto Guerrero.

Terminada la ceremonia religiosa —misa votiva del Espíritu Santo—, y entre nuevas aclamaciones de la

multitud, que agitaba pancartas, pañuelos y banderas, Sus Majestades y Sus Altezas Reales presenciaron

el desfile de las fuerzas que habían rendido honores a la llegada de los Monarcas y sus hijos. Sonó la

marcha «Los voluntarios», del maestro Jerónimo Jiménez. Los Reyes subieron a un automóvil

descubierto que, escoltado por el Escuadrón de Lanceros a Caballo del Regimiento de la Guardia, se

dirigió hacia la plaza de Cánovas del Castillo y el paseo del Prado. El Soberano iba de pie. El y su

augusta esposa saludaban con la mano y con amplias sonrisas a la muchedumbre que les ovacionaba.

ACLAMACIONES

Tanto a la llegada como a la salida fueron vitoreados los presidentes de la República francesa, de la

República Federal Alemana, de la República de Irlanda, los Reyes Constantino y Ana María, el príncipe

de Lieja, los príncipes de Mónaco, el príncipe heredero de Marruecos, el príncipe Felipe de Inglaterra, las

Infantas Doña Pilar y Doña Margarita, el presidente Arias, el príncipe Abdallah de Arabia, el

vicepresidente norteamericano y otros gobernantes y personas reales.

Se oyeron gritos de «Europa, Europa», «Viva Europa», y gritos, asimismo, de «Tarancón, Tarancón», con

aplausos al cardenal arzobispo de Madrid cuando éste se retiraba del templo. Igualmente se gritó a coro

«Marruecos, Marruecos» al salir el hijo de Hassan II. El esposo de la Reina de Inglaterra, duque de

Edimburgo, fue uno de los más aplaudidos, junto con los presidentes Giscard d´Estaing, O´Dalaig y

Scheel, el Principe Rainiero de Mónaco, el vicepresidente Rockefeller y el hermano del sha de Persia,

príncipe Abdorrehza Palhevi.

 

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