Ceuta y Melilla, no     
 
 ABC.    28/11/1975.  Página: 3. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

CEUTA Y MELILLA, NO

En su comparecencia informativa del pasado martes, el Rey Hassan II de Marruecos puso a la Prensa

mundial como testigo de la amplitud y profundidad de su satisfacción por la solidez y futuro de las

relaciones de su país con España. Los Acuerdos tripartitos de Madrid, de cuyo detallado contenido

debiera informarse urgentemente, el positivo desenlace de la directa negociación con España —conforme

los términos que fuimos, desde este espacio, los primeros en proponer—, no sólo drenaron las gravísimas

tensiones que se habían creado en torno al Sahara, sino que han tenido ya la virtud —aunque todavía

esperan el correspondiente endoso de las Naciones Unidas— de cambiar lo que era diálogo tenso y

crispado, en una suerte de papel en blanco sobre el que se podrán proyectar, como el Soberano precisó,

cuantas cooperaciones y colaboraciones se quiera.

Conforme el tenor literal de las palabras del Monarca marroquí, las relaciones entre Madrid y Rabat

pueden ser ahora fecundos y brillantes como no lo fueron jamás, ni incluso en tiempos del Reinado de

Mohamed V.

Lo español goza desde los últimos días, tanto en el Gobierno como en el pueblo de Marruecos, de

reconocimientos y gratitudes difícilmente expresables o transcribibles En un marco así de realidades y

sentimientos, disuenan, sin embargo, las palabras dedicadas por Hassan II al tema de Gibraltar; es decir, a

la involucración que en el mismo hizo de Ceuta y Melilla. Se avienen muy poco, en efecto, tales juicios

con las reiteradas alusiones a las recién abiertas y profundas posibilidades de colaboración entre los dos

países.

Mucho más grave que la cuestión del Sahara pudiera ser nunca para Marruecos, ha sido y seguirá siendo

para España la cuestión de Gibraltar. Sin el Sahara dejaría Marruecos de contar con pingües beneficios

derivados de la explotación del subsuelo del territorio. Sin Gibraltar, España tiene mutilada su integridad

territorial y gravemente limitada su capacidad internacional como interlocutor. España se encontraba

secularmente constituida como Estado nacional cuando sobrevino el expolio Gibraltar.

Ceuta y Melilla son, más que españolas, España misma; parte operativa e integrada de esta realidad

histórica que somos, mucho antes de que Marruecos accediera a conformarse como Estado y como

nación. Más aún: Melilla y Ceuta giraron siempre, como elementos vivos de una unidad orgánica, en lo

histórico y en lo cultural, dentro del ser español.

No. Ceuta y Melilla, no. No son territorio colonial. No pueden constituir jamás materia de reivindicación.

Ni quien se dice amigo porque vuelve a estar en posesión de pruebas abrumadoras de la buena voluntad

española, puede caer en la tentación de reclamarlas al cabo de ningún plazo, por indeterminado que éste

sea, ni como consecuencia mecánica del restablecimiento de un derecho español.

Seamos, para que la amistad resulte fecunda, serios. España es nación legítimamente consolidada a ambas

orillas del Estrecho. Que pueda un día suscitar ciertas animadversiones internacionales el más sólido

asentamiento español, cuando Gibraltar retorne a nosotros, asunto es que no nos sorprendería; pues

estamos curados de espanto, a tales y otros muchos efectos.

Lo que nos sorprende y no acabamos de entender es que quien tan cumplidamente se proclama nuestro

amigo, exprese en la misma ocasión el decidido propósito de capitalizar animadversiones de quienes nos

sean hostiles.

 

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