Autor: Martín Arancibia, Salvador. 
 Polémica sobre la muerte de la Reforma Agraria (II). 
 El modernismo enloquece a los partidos     
 
 Diario 16.    04/06/1977.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

10 / ECONOMIA

Sábado 4-junio 77 / D1ARIO16

Polémica sobre la muerte de la Reforma Agraria (II)

El modernismo enloquece a los partidos

Salvador Martín Arancibia

El trabajo publicado en estas páginas por José García Abad, Eduardo BarreneCHEa y Joaquín Estefanía,

bajo el título "La Reforma Agraria puede morir", consiguió lo que pretendía: sacar a la palestra el tema

maldito de la Reforma Agraria. ¿Es ésta todavía vigente o ha entrado en el baúl de los recuerdos? En el

artículo referido los autores aludían críticamente a la confusión organizada por una pléyade de

desmitificadores que se habían centrado más en criticar las concepciones tradicionales de la Reforma

Agraria que en investigar cómo debería hacerse una de verdad. Se criticaba también la escasa sensibilidad

de los partidos ante este tema e incluso se explícito desprecio. Terminaban los autores expresando la

esperanza de que el emergente sindicalismo agrario pudiera permitirse pronto presionar sobre los partidos

para que asumieran un tema que distaba mucho de haber muerto víctima de una década que marchó con

exceso de velocidad.

El artículo tenía intenciones de sana provocación y a ella ha respondido uno de los "desmitificadores" más

lúcidos, Salvador Martín Arancibia, el cual nos ha remitido un interesante trabajo, cuya primera parte pu-

blicábamos ayer. Queda abierta la palestra para el tercero en discordia: los partidos políticos.

Del incremento de la producción agraria, ocurrida en las zonas latifundistas durante los últimos treinta

años, se han encargado Juan Martínez Alier y José Manuel Naredo, siendo este último (7) quien ha

señalado también lo infundado de la creencia en la imposibilidad de un desarrollo económico capitalista

sin pasar por la Reforma Agraria Burguesa. Por último, el trabajo de Aulo Casamayor, antes citado,

incide en estos mismos temas y denuncia el abandono de que han sido objeto por parte de los partidos de

la "izquierda" tanto de la Reforma Agraria como de otras ´´reformas estructurales".

Reforma moderada

Aunque el autor de este trabajo no tiene fe en la posibilidad actual de llevar a cabo una Reforma Agraria

Burguesa cuando la propia burguesía no muestra interés por ella, señala que este tipo de Reforma Agraria

moderada no resulta hoy más trasnochado que hace cuatro o cinco años, cuando ´ la oposición

antifranquista la proponía como primera tarea de la revolución democrática. Por el contrario, el aumento

del paro refuerza hoy la presión sobre la tierra y la pone más al día precisamente cuando los partidos

políticos renuncian a ella por "motivos tácticos". Por ello, en el citado trabajo se ofrece un proyecto de

"Reforma Agraria Moderada", redactado por Juan Martínez Alier, que tiene la virtud de presentar de

forma muy concreta lo que los partidos políticos que siguen creyendo en la Reforma Agraria Burguesa no

han concretado todavía, señalando que si tal proyecto no se hace realidad no es por imposibilidad técnica,

sino política.

Todas estas aportaciones, según los autores de los artículos aparecidos en D16, están a punto, o lo han

hecho ya, de influir en los partidas políticos de tal forma que abandonan la necesidad de efectuar una

Reforma Agraria, Nada más lejos de la realidad: los partidos políticos no han aceptado ni una sola de

estas "desmitificaciones" y siguen manteniendo los viejos esquemas en cuanto a la agricultura; de esta

forma han llegado a la actual situación, en la que al haber abandonado o postergado hoy todo intento de

transformación real de las estructuras capitalistas su "Reforma Agraria" se limita a. estar en el papel sin

que se profundice en el cómo y cuándo de ella.

Modernismo

Unido esto al mantenimiento de un enfoque tradicional de los temas agrarios, lleva a que su proyecto de

política agraria contenga cuatro puntos básicos en los que coinciden todos los partidos - los de derechas y

los de izquierdas -. Todos hablan de "modernizar" la agricultura "para poner término a la larga serie de

irracionalidades que aún pesan sobre el sector agrario" (8); modernización que indudablemente implica la

aceptación indiscriminada de las técnicas de cultivo impuestas por el sistema bajo la óptica del beneficio

inmediato, a pesar de los efectos negativos sobre la naturaleza y el hombre. El mito de las fincas mal

explotadas subsiste también en todos los programas agrarios, pero nadie se ha atrevido hasta el

momento a definir qué es una finca "mal explotada" y dónde se encuentran éstas. La promesa de llevar a

cabo una política indiscriminada de "precios justos y remuneradores" de los productos del campo, forma

parte de las promesas que los partidos están haciendo a los campesinos de cara a que piquen el anzuelo de

las elecciones. Algunas veces ya se ha hablado de esto, pero merece la pena recordarlo: dada la desigual

extensión de las fincas, la calidad de sus suelos y las diferentes técnicas utilizadas, no cuesta lo mismo

producir trigo en un latifundio andaluz que en una pequeña explotación castellana; por tanto, el beneficio

obtenido, para un mismo precio por kilo de trigo, será no sólo mayor en términos absolutos, sino también

en relativos. El señuelo de los precios remuneradores sirve para buscar los votos y erigirse en defensores

de una figura encía vez más irreal en el campo español: la del agricultor familiar libre e independiente

propia de la "sociedad agraria tradicional". Hace tiempo que este tipo de agricultor - ensalzado tanto por

Alianza Popular como por el Partido del Trabajo, pasando por todos los demás - vio recortada día a día su

libertad e independencia originaria para convertirse en una pieza más del engranaje capitalista. El

desarrollo de la agricultura, en cuanto a utilización masiva de maquinaria, abonos, piensos compuestos,

tratamientos químicos... por una parte, y la extensión de los circuitos de comercialización y

transformación de los productos del campo por otra, han hecho que el campesino propietario de fincas de

pequeña extensión sea en estos momentos un asalariado a domicilio más, pero con unos riesgos por malas

cosechas que no tienen ni los obreros industriales ni los asalariados del campo.

 

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