Crónica de una jornada histórica. En el Palacio de oriente. 
 Brillante desfile militar ante el rey     
 
 ABC.    28/11/1975.  Página: 10-11. Páginas: 2. Párrafos: 32. 

ABC. VIERNES 28 DE NOVIEMBRE DE 1975. PAG. 10.

EXALTACIÓN DE LA CORONA

EN EL PALACIO DE ORIENTE BRILLANTE DESFILE MILITAR ANTE EL REY

Madrid. (De nuestra Redacción.) Alrededor de las doce de la mañana llegaron. Sus Majestades los Reyes

al Palacio de Oriente, en coche descubierto y rodeados de una abundante escolta de lanceros a caballo, y

se dirigieron directamente a la puerta de la plaza de la Armería. Detrás de Sus Majestades, en coche

cubierto, viajaban el Príncipe heredero y las Infantas.

Los Reyes descendieron del coche en el zaguán de la puerta principal, mientras la escolta se detenía en la

plaza de la Armería. Fueron cumplimentados por el capitán general de la I Región Militar, e

inmediatamente después por los ministros del Ejército, Marina y Aire.

A continuación, Don Juan Carlos I se situó en un podio, desde el que escuchó el himno nacional,

terminado el cual, en compañía del ministro del Ejército, pasó revista a las tropas que más tarde iban a

intervenir en el desfile militar.

Mientras tanto, la Reina, con el Príncipe heredero y las Infantas, así como los miembros del Gobierno y

las primeras personalidades que habían llegado a Palacio presenciaban el acto desde los balcones que dan

a la plaza de la Armería.

LLEGADA DE AUTORIDADES.—En primer lugar había llegado el presidente de la República

Francesa, señor Giscard d´Estaing. A continuación lo hizo el de la República Federal Alemana, señor

Scheel, el duque de Edimburgo, el presidente de Irlanda...

En total formaban la caravana oficial casi quinientos coches, la mayor parte de los cuales no tuvieron

cabida en el patio de coches de Palacio.

Posteriormente, y mientras las tropas que posteriormente habrían de desfilar ante el Rey, se retiraban

hacia el final de la calle de Bailen, Sus Majestades, el Gobierno y el resto de las personalidades invitadas

se habían retirado al Interior de Palacio, donde se iba a desarrollar la recepción en el Salón del Trono.

MILES DE OCTAVILLAS.—Desde primeras horas de la mañana la plaza de Oriente, que aparecía

profusamente engalanada con banderas de España, había comenzado a llenarse de público. Gentes de

todas las edades, muchas de ellas llegadas de distintas provincias españolas, se agolpaban en los espacios

acotados frente a las tribunas situadas a lo largo de la fachada principal de Palacio, portando pancartas de

todo tipo, banderas, gorros, brazaletes y pañuelos con los colores nacionales. Miles de octavillas

convocando a la concentración aparecían por los suelos de la plaza y eran distribuidas en mano entre los

participantes. Frases como «Al servicio de esta comunidad que es España, debemos estar todos»,

destacaban entre la letra menuda de las mismas.

La gente se apiñaba en las primeras líneas y empujaba sobre las mismas, por lo que en algunos trozos de

la calle de Bailen fueron necesarios dos y hasta, tres Cordones de policías (incluidos los policías armados

de las brigadas antidisturbios), pana que las personas que llenaban las primeras filas no invadiesen la

calzada.

VARIOS CIENTOS DE MILES DE PERSONAS.—Las estaciones de Metro próximas a la zona (Opera,

Santo Domingo, plaza de España, Sol, etc.) registraban grandes atascos en las bocas de salida, y los

autobuses que recorren la zona —que hace sólo unos días era llamada de «silencio»—, a pesar de estar

reforzadas, funcionaban a pleno rendimiento.

Se calcula en varios centenares de miles de personas las que estaban presentes en la plaza de Oriente y en

sus inmediaciones (calle de Bailen, plaza de España,, Jardines dé Sabatini, etc.) en el momento en que

hizo su presencia, la comitiva regia que llegaba de la iglesia de los Jerónimos. En las primeras filas,

mezclados con los militares de las tres Armas, que representaban a todas las unidades militares del país,

eran frecuentes los niños y niñas, algunos de corta edad.

INTERVENCIONES DE LA CRUZ ROJA.—Debido a las continuas avalanchas que se producían sobre

las primeras líneas de espectadores y a que muchos de ellos llevaban varias horas de pie, cerca de

trescientas personas hubieron de ser atendidas en los puestos de socorro instalados por la Cruz Roja

Española en las Inmediaciones de la zona. Principalmente como consecuencia de contusiones, mareos,

desmayos y lipotimias, sin que se tenga, por el momento, noticia alguna de fallecimientos. Durante toda

la mañana fue frecuente la escena de los camilleros de la Cruz Roja corriendo de un lado para otro con

sus camillas, vacías o con algún enfermo, al que era preciso asistir

SALEN LOS REYES AL BALCÓN POR PRIMERA VEZ.—Pocos minutos antes dé la una de la tarde,

entre un impresionante llamear de pañuelos y entre ovaciones y gritos de «¡Viva el Rey!», «iVivan los

Reyes!», Den Juan Carlos y Doña Sofía hicieron su primera aparición en el balcón principal de Palacio,

ante la continua petición del público —«¡Que salga el Rey!»,

 

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