El primer gobierno del rey     
 
 ABC.    12/12/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC. VIERNES 12 DE DICIEMBRE DE 1975 Pag. 8

EL PRIMER GOBIERNO DEL REY

SEÑALÁBAMOS la pasada semana, al referirnos al necesario cambio de ministros que las nuevas

circunstancias del país requerían, la importancia de la «lista», de la composición nominal del

Gabinete, porque no dudábamos que en ella buscaría inmediatamente, la opinión pública, el testimonio

del cambio, de la renovadora apertura, vinculada popularmente, con razones suficientes, a personalidades

de indudable relieve político.

La remodelación del Gobierno ha sido sustancial. Tan sólo dos ministros permanecen al frente de sus

respectivas carteras, y un tercero continúa, pero cambiando de cometido. El denominador común de los

nombres del nuevo Gabinete parece ser, en líneas generales —en especial en la incorporación de los

hombres nuevos—, el de un espíritu reformista. Con ellos, obviamente, el país se dirige hacia ese cambio

sin rupturas que, mayoritariamente, se desea y se necesita.

AL sesgo de algunos nombres, el recuerdo a Adenauer y a De Gasperi, artífices, en momentos

infinitamente más dramáticos que los nuestros, de nuevas estructuras políticas para sus respectivos países,

se hace patente. Hay un ambiente, una atmósfera, de conceptos similares a los que movieron a los dos

grandes políticos citados, en el origen ideológico de esos nombres. Por otra parte, están representadas

algunas de las tendencias más interesantes en orden a esa evolución, preconizada y ya a punto de

formularse prácticamente. El nuevo vicepresidente y ministro de la Gobernación, el señor Fraga Iribarne,

tuvo, en una reciente intervención, la oportunidad de expresar una fórmula que hizo fortuna justamente.

Decía, con una simple alusión matemática reiterativa, que eran necesarias dos semanas para formar

Gobierno, dos meses para formular el programa del mismo y dos años para realizarlo. Con ello, y máxime

teniendo en cuenta sus atribuciones en el Gobierno, no cabe especular con aceleraciones incompatibles

con una razonable prudencia. Ni en dilaciones inconvenientes

Porque otra de las características relevantes de la «lista» ministerial señala la nueva definición, más

precisa y ajustada que en el pasado, del papel y competencias de las vicepresidencias. La de Defensa, de

nuevo cuño, se explica por sí sola. La del señor Fraga es «para el interior», con todas las connotaciones

que esto lleva, y que van desde el orden público a la crístalización de una probable ley electoral. La del

señor Villar Mir es «para asuntos económicos», y con ella, y con la desaparición, como cartera, de

Planificación, se formula una «nueva frontera», máxime si tenemos en cuenta las tensiones que, en el

pasado inmediato se produjeron por cuestiones de competencia. El papel coordinador de los

vicepresidentes, entre los Ministerios militares, entre los que pudiéramos denominar políticos, en sentido

estricto, y entre los englobados en el apartado de la Economía, resulta también evidente.

LA imperiosa necesidad de «vender la nueva imagen, de España», la representada por el Rey Don Juan

Carlos, imponía un replanteamiento de nuestras relaciones públicas internacionales. La

incorporación de los señores Areilza y Garrigues es signo claro del convencimiento de esa

exigencia del tiempo nuevo y del deseo de cumplimentarla brillantemente. Las relaciones con Estados

Unidos, con Eurooa toda, con el Vaticano, pueden y deben experimentar una evidente mejora,

aprovechando las actuales bases de planteamiento de las mismas.

Cuando, recientemente, nos referíamos al avizorado cambio ministerial, subrayábamos que la fiqura de

don Carlos Arias, el político que lanzó, en cuanto le fue posible, la apertura que significó el programa del

«12 de febrero», no sería figura incompatible con la apertura política que ya se vislumbra en este

diciembre de 1975 Don Carlos Arias ha respondido cumplidamente a las esperanzas en él depositadas. Y

la mejor prueba de que ha servido, con diligencia y precisión, a la confianza del Rey, está refinada en la

aglutinacíón de hombres, con talante y posibilidades de apertura v de reforma, que hoy forman su cuarto

Gabinete, el primer Gobierno de Su Majestad

Pero sería injusto, y ajeno al espíritu de estas líneas, olvidar a los que han desempeñado hasta el momento

las carteras hoy renovadas. Suyas han sido las horas más difíciles vividas hasta el momento por ningún

Gobierno en los últimos quinquenios. Y su honestidad, su entrega, su entereza, y en algunos casos su

brillantez, están fuera de dudas. La tarea que les fue encomendada al servicio de España ha concluido. Y

con ellos, mayoritariamente, debe ir, más que el elogio, el respeto, la consideración, el agradecimiento.

QUEDAN, indiscutiblemente, en el aire que rodea al nuevo Gobierno, muchas interrogantes. Las que

van de la precisión del futuro de las asociaciones —en definitiva, de la articulación de la participación

política del pueblo español—, a la formulación de unas normas que faciliten, y no coarten, la

elección de los cargos representativos. Sin olvidar los problemas candentes que afectan a nuestro

presente, desde la economía al orden público, pasando por la Universidad.

Pero domina la esperanza. Limitada por la responsabilidad de los que acceden y la de los que aguardan de

ellos nuevos planteamientos a muy distintos niveles, y por ello más sustanciada y firme.

 

< Volver