Franco     
 
 ABC.     Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

FRANCO

LA biografía de Francisco Franco Bahamonde, por vía de gran semblanza, de amplio esbozo revelador, o

de cuidadoso apunte, ha sido tentación de no pocas plumas; magistrales algunas; otras peor cortadas;

movidas apasionadamente todas ellas por el propósito de acertar en la interpretación de una de las

personalidades de rango universal más difíciles y más desconcertantes de nuestro tiempo; pero a pesar de

la treintena de volúmenes dedicados a la narración y la exégesis de la vida de Franco, y a pesar también

de las páginas y más páginas que a ello dedican 20 ó 30.000 publicaciones, entre libros, folletos,

opúsculos, hojas y colecciones de artículos dedicados a la Guerra de España, nadie ha escrito aún la

verdadera, completa y cabal historia del gran personaje. Ni era fácil escribirla mientras no se abriesen las

necesarias perspectivas, entre la presencia viva del personaje en las horas de cada día español y su

proyección sobre los destinos históricos del país.

Sabemos que en el telar literario de algún joven historiador se prepara la vasta obra esperada. En todo

caso, ahora será cuando aplacados —lo esperamos— muchos rencores, y traídos asimismo a

mandamiento y compás los excesos que la política mueve para la alabanza, como para el denuesto,

podrán los historiadores iniciar un paciente estudio de este Caudillo del pueblo español, así como de los

pensamientos políticos, religiosos, económicos, sociales y culturales que incitaron sus tareas y las

encendieron.

De Francisco Franco Bahamonde se puede afirmar que ha de seguir siendo tema de una bibliografía

copiosísima. Ya es larga, muy larga, la existente; ocupa una parcela importante de las bibliotecas del

mundo entero. Pero a partir de este instante, la figura del Jefe militar y político de España desde 1936 será

objeto de mucha investigación. Franco se convertirá así en uno de los hombres más biografiados del siglo

XX.

A nosotros, en el día de hoy, apenas nos es posible ofrecer otra cosa que un pobre resumen de una casi

increíble saga. Sin que el protagonista se lo propusiera, lindó con lo legendario; sin que ninguno de sus

signos exteriores lo anunciara, se acercó a la fábula. Trató siempre de dar impresiones de sencillez, pero

sus actos le han definido como un ser extremadamente complejo; se comportó como si

ninguna ambición le espoleara el ánimo, pero fue a desembocar en una de las más grandes y concluyentes

concentraciones de poder personal que registra la Historia de los dos últimos siglos: «Nunca me movió la

ambición de mando», dijo él mismo en uno de sus discursos, y no se recuerda que desde Felipe II

mandara nadie en España tan amplia y terminantemente como él mandó. La vida se le convirtió en

dramática novela, siendo él de traza muy poco novelesca. Su carrera de las Armas tuvo mucho de poema

épico, aunque él no buscara nunca para sí mismo expresiones y proyecciones poemáticas. Todo lo que le

aconteció parecía darse como por arte y fuerza de una extraña preordenación; por el influjo de una estrella

propicia, hubiera dicho un astrólogo. Los historiadores deberán averiguar, para las generaciones

venideras, si la externa sencillez del carácter de Franco escondió o no una enorme vocación para la

Jefatura, el Caudillaje, la Rectoría y el Regimiento; sí, en suma, bajo la visible traza de Francisco Franco

se escondían otras realidades invisibles, cuyo conocimiento exacto explicaría cuanto los españoles de esta

generación hemos pretendido saber, sin haberlo conseguido jamás, sino de modo muy inseguro y muy

parcial.

Una cosa es cierta, sin el menor género de dudas: el amor profundísimo de Franco a España, su

patriotismo sin un minuto de flaqueza; su enamoramiento de la Patria, su incondicional entrega al servicio

del pueblo español. En este sentido quizá cabría decir que desde la primera juventud sintió el futuro de

nuestro país como una esperanza inmarcesible. Creció y se formó en la oposición al pesimismo crítico de

la llamada «generación del 98», de la que en muchos órdenes del pensamiento no se entendían

exactamente por aquel tiempo de la niñez y de la juventud de Franco, ni el alcance de la doctrina, ni la

hondura de los propósitos. Resonaban voces lúgubres acerca de la decadencia y derrota de España en sí

misma y ante los ojos del mundo; y a tales clamores contestaba una parte de la opinión pública afirmando

resueltamente, y si se quiere heroicamente, la certidumbre de una nueva plenitud, siempre que se

acometiera con seriedad y con energía la reforma de las Instituciones y las renovaciones de los métodos

de gobierno. Importa, ante todo, restaurar el prestigio de las Armas, evidentemente erosionado, como

consecuencia de los dolorosos acontecimientos de Cuba, Filipinas y Puerto Rico. En fin de cuentas, la

responsabilidad del desastre ultramarino debía recaer sobre toda una política, y no sólo sobre las Fuerzas

Armadas, que habían sido ejemplo de sacrificio y derramado generosamente su sangre en un holocausto

inútil. En nombre de estos ideales, Franco se sintió atraído por las tesis que defendían ciertos doctrinarios

propagandistas del tradicionalismo español, con Vázquez de Mella a la cabeza y andando los años

acogería complacido las ideas nacionalistas de Ramiro de Maeztu y llegaría a sentir como suyos algunos

de los esquemas nacionales de la Falange Española. Tanto más esto último cuanto que el falangismo de

José Antonio Primo de Rivera planteaba a la España conservadora la exigencia de una audaz política

social, y ello se acordaba bien con las convicciones de una generación de militares jóvenes. A este tipo de

inquietudes y de anhelos sirvió Franco desde sus años de mocedad, poniendo en juego su coraje, sus

excepcionales dotes para el mando que, andando el tiempo, habrían de superar pruebas excepcionalmente

difíciles. La obra que deja en su estela es muy importante. La tarea que ha cumplido en el servicio de

España, incalculable. En el balance de aciertos y errores que ofrece, inevitablemente, toda existencia

humana, el caudal positivo del Gobierno personal de Franco es tan abundante que, a nuestro juicio,

prevalecerá históricamente y consagrará uno de los períodos más vigorosos y, si se permite la palabra, de

los más revolucionarios en la Historia moderna de España.

 

< Volver