gentilhombre de su magestad     
 
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GENTILHOMBRE DE SU MAJESTAD

La operación sobre el «Monte de las minas» trae consigo el dominio de una amplia faja de terreno y abre

el camino hacia un grupo de posiciones que el Ejército español tenía en sus manos antes del revés de

Annual. Los cabileños van abandonando Ras Médua, TauriatZag, Ras Tikermin; y las vanguardias entran

en el importante campamento de Dar Dríus. Allí, contemplando el paisaje, tan propicio a una buena

organización defensiva, Franco exclama: «¿Cómo es posible que los ataques de las cabilas mandadas por

AbdeÍKrim no quedaran detenidos aquí?»

Con la toma de Dríus ha quedado reconquistada, prácticamente, la zona de Melilla. El salto ulterior sobre

Annual e Igueriben, escenario de los desdichados sucesos del 21 de julio de 1921, vendrá por otros

rumbos. La misión confiada a las tropas de socorro, en relación con Melilla y su territorio, ha quedado

cumplida.

Franco ha de pensar ahora en algunos problemas personales cuya atención tiene desde hace tiempo en

suspenso. Sobre todo, quiere volver activamente sobre su proyecto de boda, aplazado cuando hubo de

asumir el mando de la Primera Bandera de la Legión. ¡Cuántas cosas, cuan dignas de la vida e historia de

un soldado heroico han pasado desde entonces! Ahora que las circunstancias pronostican un intermedio

de calma y de relativa paz, el joven comandante tiene el propósito de ir a ver a su familia en El Ferrol, y

trasladarse luego a Oviedo, en donde le aguarda el ilusionado amor de su novia.

El 16 de agosto del año 1922 recibe el Tercio la Medalla Militar colectiva. A Franco se le había

propuesto, hacía meses, para la Medalla Militar individual, por los méritos contraídos durante las

operaciones encaminadas a salvar la ciudad de Melilla y a reconquistar la zona de aquella Comandancia

General.

El 30 de junio de 1922, la Alta Comisaría confirmó y amplió la relación de merecimientos que

acompañaba a la propuesta, y decía, en una Orden: «Este jefe ejemplar es acreedor a tan señaladísima

recompensa por la perseverante labor desarrollada durante la campaña de Melilla al frente de las dos

Banderas del Tercio, siempre en primera línea, sabiendo inspirarles su espíritu esforzado y dirigirlas en

todo momento con arreglo y los más estrictos preceptos de la táctica mililtar.»

El 27 de diciembre es destinado al Regimiento del Príncipe, de guarnición en Oviedo. Antes de partir

hacia el nuevo destino, se reúnen en Dar Dríus las tres Banderas de La Legión —ya se ha creado la

Tercera—, y el Comandante General de Melilla impone a Franco —11 de enero de 1923— su primera

Medalla Militar. Los legionarios llenan el aire de vítores en honor de su jefe.

El 17 de enero dejaba atrás las tierras orientales del Protectorado y la española ciudad de Melilla. El 26 se

publica su nombramiento de Gentilhombre de Cámara del Rey.

El 21 de marzo toma posesión del mando que, como comandante, le corresponde en el Regimiento del

Príncipe.

TENIENTE CORONEL DE LA LEGION.—¡POR FIN, BODA EN OVIEDO!

Se diría que va a abrirse en la existencia de Franco un período de ¿dulce vida», en el sentido más directo e

intimo de la palabra. Los novios se dedican a la preparación de su ceremonia nupcial. Lo único que

conturba el ánimo del comandante es que en África continúan librándose serios combates y que su Legión

se ve obligada a nuevos sacrificios. Millán Astray, preferido de las balas, ha tenido que abandonar el

mando superior de los legionarios porque una nueva herida le ha vaciado el ojo izquierdo. Así, manco y

tuerto, quedaba reducido a la condición de gran inválido. Para sucederle fue elegido el teniente coronel

don Rafael Valenzuela, soldado de gran distinción y de fuerte popularidad en el ejército par su bravura y

por sus dotes de buen táctico. Pero, al poco tiempo. Valenzuela caía muerto en una de las laderas de la

posición de Tizzi Assa. Sucedía esto el 7 de junio de 1923. ¡Memorable jornada aquella de Tizzi Assa!

¡Cuántos comentarios movió en los circulas políticos y periodísticos de Madrid!

La muerte del heroico Valenzuela planteaba problemas inmediatos. La, Legión necesitaba un nuevo jefe,

y ello, con urgencia. No cabían esperas porque la situación militar no lo consentía. ¿Quién entre los jefes,

mostraba mayores merecimientos para suceder a Millán Astray y a Valenzuela?

Quizá el primero en pronunciarse sobre el nombramiento fue el rey Alfonso XIII. Aunque, en fin de

cuentas, la designación no estaba sujeta a la voluntad regia, parecía natural que en sus despachos con el

jefe deí Gobierno y con el ministro de la Guerra expusiera su parecer. A título de tal citó, sin la menor

vacilación, el nombre de Francisco Franco Bahamonde. Hubo quienes opusieron la juventud del

candidato, su falta de rango en el escalafón, puesto que el mando vacante correspondía a un teniente

coronel. Aseguran ciertos testimonios que el Rey insistió. Y el Gobierno resolvió que Franco ascendiera

al grado superior inmediato, con lo cual se situó en condiciones de asumir la jefatura de la Legión.

¡Treinta años de edad! ¡El teniente coronel más joven!

Asegura el teniente general Franco Salgado que «de todos los mandos que Franco ha desempeñado éste

fue, sin duda, el que recibió con más alegría ¡y con verdadero cariño».

¿Y la boda? Era evidente que tendría que pedir a, la novia una nueva espera, porque «la novia puede

esperar, pero la Legión no». Tal fue la opinión del nuevo Jefe.

El 18 de junio tomó posesión. Otra vez en África. Otra vez con sus legionarios; requerido para los

combates más difíciles. Pero antes se dio en la vida de este hombre singular un episodio curioso.

Camino de Marruecos, entre Oviedo y Dar Riffien, detúvose unos días en Madrid, donde tenía que

despachar asuntos relacionados con las exigencias de la campaña legionaria. Como la popularidad

nacional de Franco había alcanzado cotas muy altas, sus admiradores organizaron un banquete-homenaje.

que se celebro en !os salones del hotel Palace. El acto fue importante. Reuniéronse en torno a él varios

centenares de comensales. A la hora de los brindis, un sacerdote muy dado a la política y a las letras, don

Basilio Alvarez, que se había lanzado con gran ardor a los vericuetos de la vida pública con aires de

radicalismo y que gozaba fama de orador popular, habló para decir, entre otras cosas, la siguiente: «Pido,

como gallego, al Gobierno, que si Franco encuentra en África una muerte gloriosa, su cadáver sea

enterrado al lado del sepulcro del Apóstol Santiago, en Compostela, lo mismo que Valenzuela lo ha sido

en Zaragoza, cerca de la Virgen del Pilar.» El tumulto que se produjo al oír lo de la «muerte gloriosa» fue

indescriptible. Caían en tierras marroquíes tantos jefes, oficiales y soldados, y tenían los españoles en

tanta estima los servicios de Franco a las Armas, que el «impromptu» del cura don Basilio resonó como

un presagio de malandanzas, o como una voz de mal agüero. Volvió la concurrencia los ojos hacia el

teniente coronel festejado y todos le vieron sonreír como si tomara el asunto a broma.

Ya en Ceuta se entregó a sus deberes con el ardor y el método tan característicos en él, según se ha dicho

antes. O sea, con una energía indomable y con ta paciencia de que a lo largo de su carrera había de dar

prueban indiscutibles.

A los catorce días de la incorporación estaba ya operando en el campo. Afrontó combates de

consideración los días 2 y 7 de julio. No conoció reposo durante el mes de agosto. Fue protagonista

brillante en el inolvidable episodio de Tifaruin. Era ésta una posición guarnecida por la segunda compañía

del batallón de Isabel II. por una sección de Artillería del regimiento de Gerona, una sección de

Ingenieros de Melilla y 17 soldados de ta Policía indígena. Mandaba estas fuerzas, muy modestas en

número, el capitán de Infantería don Pedro Rodríguez Almeida, con los tenientes don Francisco

Hernández de los Mozos y don Pedro Temprano Blanco y el alférez don Rodolfo Jordán Mascará. El

alférez Cal Suárez tenía a su cargo la sección de Artillería; el alférez Topete Hernández, la de Ingenieros.

Los cabileños rebeldes sitiaban Tifaruin con unos 9.000 hombres. La defensa era problema de vida o

muerte. Pero los recursos se iban agotando rápidamente, y cuando el mando reiteró la orden de resistir a

toda costa porque llegarían socorros y Franco al frente, el jefe de los sitiados contestó: «Haremos cuanto

podamos. Si viene Franco, aguantaremos hasta que llegue.» Franco estaba en la zona de Tetuán. Le

ordenaron trasladarse a Melilla. El día 22 se encontraba ante Tifaruin. Mandaba la primera y la segunda

banderas. Marchaba en vanguardia de una columna. El asalto comenzó con las primeras luces de ta aurora

y no terminó hasta las dos y media de la tarde. Franco trazó un movimiento envolvente, rebasó el flanco

derecho del enemigo y tomó todas las posiciones que éste había organizado. Los sitiadoras sufrieron 600

bajas. Tifaruin y Tizzi Assa fueron los dos fracasos más importantes de tas cabilas que AbdelKrim

sublevó contra el sultán y contra España. En las dos ocasiones resultó decisiva la intervención de Franco.

Como a esta acción siguieron unos días de relativo sosiego en los diversos frentes, el teniente coronel jefe

de La Legión resolvió poner punto final al noviazgo con la señorita Palo y Martínez Valdés, fijando fecha

próxima para la boda. Solicitó un breve permiso; se trasladó a Oviedo, y el 16 de octubre de 1923 se

celebró la ceremonia nupcial en la parroquia ovetense de San Juan. El general Losada, gobernador militar,

representó a Don Alfonso XIII. padrino de los contrayentes. Viaje de novios, luna de miel, vacación...

Todo había de llevarse a ritmo rápido, porque África continuaba reclamando a Franco. Acababan de

presentarse delicadas situaciones. Algunas, especialmente críticas, tales, por ejemplo, las del río Lau y la

de las vertientes de Tizzi Assa. Total: menos de un mes de descanso con motivo de la boda. Y de nuevo a

Marruecos. Inmediatamente se repitieron las vivas pruebas de fuego. Descollaron las ocasionadas por el

envío de convoyes a Tizzi Assa. No olvidemos que allí cayó Valenzuela. Las felicitaciones del Mando

Superior llegaban frecuentemente al campamento de la Legión. La guerra de los convoyes había

encontrado un jefe capaz de superarla, pesa a ser agotadora.

LA SALVACIÓN DE COBBA DARSA

El 6 de julio se ilustró la carrera militar de Franco con una nueva victoria: la liberación de Cobba Darsa.

Al cuartel general tetuaní habían llegado noticias inquietantes. La posición de Cobba Darsa se hallaba en

peligro inminente. Sitiada por varios millares de cabileños, se habían frustrado diversos intentos de

socorro, porque el fuego enemigo era intenso y bien dirigido. Unidades de buen entrenamiento para esta

clase de operaciones tropezaban con dificultades para pasar rompiendo las líneas del cerco. Franco se

hallaba en esos momentos operando hacia la cabila de Gomara. A su tienda de campaña llegó la orden de

presentación en Tetuán, como tantas otras veces. Viajó a caballo durante toda la noche. El diálogo entre el

jefe del Estado Mayor y el jefe de la Legión fue del aire siguiente:

—¿Cree usted posible, después de la información que acaba de recibir, la liberación de Cobba Darsa?

—La creo totalmente segura —contestó Franco.

—¿Qué haría falta?

—Libertad de acción y plenos poderes para llevar a cabo la operación tal como yo la concibo.

—Adelante.

—He de marchar inmediatamente a Uad Lau.

—En el río Martín encontrará un barco a su disposición.

Es pleno mediodía cuando explica en Uad Lau su plan de ataque. Cae el sol como plomo caliente.

Abrasan sus rayos.

—¿A qué hora atacamos? —le pregunta uno de sus subordinados.

—Ahora mismo.

—¿Ahora? ¿Con esta temperatura?

—Con esta temperatura y sin perder ni un minuto.

Las jarkas enemigas no podían imaginar que en aquellos momentos, pleno mediodía de fuego, se moviera

ninguna de las columnas españolas. De ahí la sorpresa completa, que es siempre uno de los grandes

secretos de las maniobras bien mandadas.

Ante el asalto inesperado, los sitiadores se desbandaron y Cobba Darsa fue liberada.

 

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