Tras la unidad en el mando militar, la unidad total en el mando político     
 
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TRAS LA UNIDAD EN EL MANDO MILITAR, LA UNIDAD TOTAL EN EL MANDO POLÍTICO

Entre las ideas-clave que han compuesto el pensamiento político y social de Franco, la de la unidad de

mando ocupó siempre lugar principalísimo. Unidad de mando en lo militar, lograda mediante la decisión

adoptada en el aeródromo de San Fernando de Salamanca; unidad esencial del mando político, articulada

a través del Decreto de Unificación dictado en Salamanca el 19 de abril de 1937. No bastaba con asumir

la Jefatura del Estado; era indispensable que esa Jefatura fuera leal, en su ejercicio, que no quedasen fuera

de ella áreas o parcelas importantes de la vida nacional dependientes de otros designios y de otras

voluntades. Esto no se logró sin pasar por trances inquietantes. El trámite dio lugar a varios episodios,

algunos de ellos muy dolorosos, en que figuraron nombres distinguidos de la Falange Española y de las J.

O. N. S. No hemos de referirnos a ellos sino como apoyatura para subrayar la radical resolución de

Franco en orden a organizar el nuevo Estado español sobre el mando absolutamente único.

El 19 de abril, según antes se apunta, se declaró oficialmente la Unificación de Falange Española y del

Tradicionalismo o Carlismo tradicional, así como de todas las demás fuerzas políticas orgánicamente

adheridas al Alzamiento. Por el Decreto Unificador, el Jefe del Estado, que ya era Generalísimo de las

Fuerzas Armadas de Tierra, Mar y Aire, asume la Jefatura Nacional del Movimiento y también la de las

Milicias nacionales, es decir, de todas las Banderas falangistas movilizadas y organizadas para la guerra,

e igualmente de los Tercios de Requetés y del partido monárquico Renovación Española. Coinciden, así,

en una sola persona la Jefatura del Estado, la de los Ejércitos, la de las operaciones militares, la del

Gobierno, la del Movimiento y la de las Milicias. No quedaba al margen de la jurisdicción de

ese Mando único ninguna de las actividades capitales del gobierno y regimiento del pueblo español

En el preámbulo del Decreto de Unificación se formulan determinadas afirmaciones que vienen a explicar

la trayectoria general de la política de Franco durante los lustros últimos. Así, por ejemplo, se dice: «Una

acción de gobierno eficiente... exige supeditar a su destino común la acción individual y colectiva de

todos los españoles.» Más adelante: «Esta verdad, es incompatible con la lucha de partidos y de

organizaciones políticas... que gastan sus mejores energías en la lucha por el predominio de sus estilos

peculiares o. lo que es peor, en cuestiones de tipo personalista...» Luego se pronuncia por «un

pensamiento y una disciplina común», y patéticamente se declara: «Esta unificación que "exijo" en

nombre de España y en el nombre sagrado de los que por ella cayeron... no quiere decir ni conglomerado

de fuerzas, ni mera concentración gubernamental, ni unión pasajera.» Por supuesto, nada de «partido

único artificial»; nada de repetir el error de la «Unión patriótica», de Primo de Rivera; por el contrario, se

trataba de «recoger el calor de todas las aportaciones para integrarlas, por vía de superación, en una sola

entidad política nacional, enlace del Estado con la sociedad, garantía de continuidad política y de

adhesión viva del pueblo al Estado».

Es interesante recordar este documento de la Unificación para explicar treinta y tantos años de dirección

política de Franco, porque a lo largo de todo ese tiempo exigió extremada fidelidad a los principios

contenidos en el Decreto de 19 de abril de 1937.

El estudio de los efectos secundarios que tan memorable disposición produjo en la Falange y en el

Carlismo es tarea que alguien acometerá, seguramente, en su día.

 

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