Relaciones Estado-Iglesia     
 
 ABC.     Página: 26, 28. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

RELACIONES ESTADOIGLESIA

El Concordato firmado entre la Curia Vaticana y el Estado español en 7 de agosto de 1953, como

resultado de una cuidada negociación y de los dones diplomáticos de dos embajadores, ante la Santa Sede

—Joaquín Ruiz Jiménez y Fernando Castiella—, corresponde al momento de máxima cordialidad entre

ambas potestades. Era la culminación de unas relaciones óptimas, en las que no faltaron por parte de los

Pontífices Pío XI y Pío XII palabras de aliento ni. por supuesto, declaraciones de adhesión filial, de

obediencia y de reverente devoción por parte del Jefe del Estado español. A partir del Pontificado de Juan

XXIII y a medida que se hacía más presente. aunque todavía con cierta vaguedad, el espíritu del que

habría de llamarse «Concilio Vaticano II» el diálogo entre la diplomacia del Vaticano y los Ministerios

españoles de Asuntos Exteriores y de Gracia y Justicia se fue haciendo menos fluido.

Las actitudes eclesiásticas posconciliares vinieron a reducir más y más la antigua cordialidad. De hecho,

el intercambio de comunicaciones entre las dos diplomacias se ha caracterizado desde la elección de

Pablo VI por dificultades frecuentes y por los sostenidos períodos de silencio. Probablemente la Curia de

Roma y el Gobierno de España coincidieron en la conveniencia de sustituir el Concordato vigente por

otro documento más acorde con los requerimientos de las horas que estamos viviendo. Pero ¿cómo habrá

de ser ese documento nuevo? «Et antiquum documentum novo cedat ritui...» Esto se canta en el «Tantum

ergo...».

PUNTO FINAL DEL PROTECTORADO EN MARRUECOS

El 2 de marzo de 1953 reconoció Francia la independencia de Marruecos. Había fracasado el artificioso

sultanato de Mohamed BenArafa, cuya elevación al Trono, dispuesta por los franceses, no fue jamás del

agrado de España. El sultán desterrado, luego Rey Mohamed V, era la cabeza visible, la esperanza y la

devoción del pueblo marroquí. Confinado, como se hallaba, en Madagascar, desde su destierro mandaba

sobre todas las voluntades de su pueblo. El Gobierno de París decidió devolverle la libertad y reintegrarle

a su palacio de Rabat. El 15 de abril de 1953 aceptó España la nueva situación y el 28 de junio de 1956 se

acordaron las condiciones de la retirada de las tropas ´españolas y de la Administración protectora. El 26

de octubre de 1957, bandas armadas marroquíes atacaron las líneas exteriores de la defensa del Ifni.

Se ha dicho más de una vez que Franco se resignó al abandono de Marruecos con gran amargura y con la

protesta callada de su corazón, porque siendo el más ilustre de los militares formados en la guerra de

África, escuela de extraordinarios sacrificios, no se avenía a salir de una tierra que tanta sangre había

costado a España.

La verdad es que, amarga o no, la operación de nuestra retirada, punto final del Protectorado, era un

hecho con el que había que contar, una vez que fueran superadas las circunstancias determinantes de la

acción protectora.

 

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