Aceleración del desarrollo económico-industrial de España     
 
 ABC.     Página: 28, 30. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

ACELERACIÓN DEL DESARROLLO ECONÓMICO INDUSTRIAL DE ESPAÑA

Aun a riesgo de repetir cosas ya dichas, conviene insistir ahora en las condiciones esenciales que Franco

ha impuesto a sus responsabilidades y a sus modos de Gobierno. Son, después de todo, conocidas del

mundo entero. La primera, según quedó dicho, una rigurosísima, intransigente unidad de mando. En este

punto, no admitió jamás el menor compromiso, ni siquiera la más leve matización. La segunda, un bien

calculado equilibrio gubernamental entre las distintas tendencias políticas partícipes del Movimiento

Nacional; Falange oficial, Carlismo o Tradicionalismo, Democracia Cristiana y Cuadros Tecnócratas. La

reorganización ministerial dispuesta el año 1969 fue interpretada generalmente como una desviación

respecto de los caminos seguidos hasta aquel momento, pues, si bien no dejaron de estar presentes las

representaciones del falangismo oficial y del tradicionalismo igualmente oficial, prevaleció de tal suerte

lo tecnocrático que la opinión pública resolvió designar al Gobierno entonces nacido como el «Gobierno

de los Tecnócratas».

Quienes habían puesto sus esperanzas en el posible advenimiento de una etapa de «aperturismo político»,

apoyado sobre las Leyes Fundamentales del Estado y del Movimiento y sobre el referéndum que las

exaltó, declarándose defraudados y dieron en proclamar la urgente necesidad de ordenar las diversas

reacciones de la opinión pública en asociaciones políticas que, dígase lo que se diga, cumplirían, en fin de

cuentas, la misión que en los regímenes democráticas corresponden a los partidos. Suponer que Franco

habría de autorizar algún día nada que directa o indirectamente pudiera llevarnos a una resurrección o

recreación de los partidos era desconocerle. Su gran compromiso con el país y consigo mismo fue el de la

elevación del nivel de vida de los españoles mediante un fortalecimiento incesante y tenaz de nuestras

estructuras económicas y un fuerte desarrollo industrial de España. A ese ideal subordina muchas cosas; y

para servirlo con la integridad de esfuerzos que ponía en todas sus empresas consideró siempre esencial

reservarse la totalidad del poder, la responsabilidad completa, la iniciativa sin límites. Eran esenciales

para él la paz interior y el orden, dispuso una circunspecta y prudente política exterior que no exigiera

sinoconcesiones relativas de tipo secundario, y acometió una política social y laboral encaminada a

cancelar hasta donde le fuera posible las zonas de miseria, a remediar las situaciones de angustia

económica y a promover cambios cardinales en la distribución de la riqueza. No sabemos si su mentalidad

era la de un dictador paternalista; en todo caso creía en sí mismo, sentía el orgullo de su condición de

español y a todas horas imaginó que su destino o el signo providencial de su existencia era el de]

caudillaje destinado a rectificar quiebras históricas e injusticias largamente sufridas por la comunidad

nacional de los españoles. Les parecerá a unos muy bien, o a otros, muy mal; pero creemos que con esta

clase de estímulos mentales y sentimentales estaba construido el carácter de Franco.

Quizá el índice más categóricamente favorable a la acción promotora de Franco en el orden económico-

industrial es el relativo a los embalses hidráulicos. Si tenemos por cierto, como tantas veces se ha dicho,

que nada señala el desarrollo de un país como su producción y su consumo de energía, basta con citar

unas cifras sencillas y muy claras para llegar a conclusiones confortadoras. En 1940, la capacidad de los

embalses construidos era de 3.900 millones de metros cúbicos; en 1972 llegaba a cerca de 34.000

millones; algo así como diez veces más. Estamos prácticamente, a punto de agotar las posibilidades que

en este orden de cosas ofrecían nuestros ríos; y se sabe que, a partir de ahora, la energía de origen nuclear

tendrá que producirse en proporciones crecientes para poder afrontar los aumentos de la demanda.

El Ministerio de Industria anuncia, sin que nadie se sorprenda demasiado, que en 1980 saldrán de las

instalaciones siderúrgicas de España 18 millones de toneladas de hierro y de acero.

La red de carreteras, que fue como una pesadilla durante mucho tiempo, ofrece ya grandes porciones de

notable modernidad, a la altura de lo mejor que se logra en los países más desarrollados; y sí es cierto que

aún padecemos viejos males, sobre todo en los sistemas provinciales, parece obligado registrar las

realizaciones ya logradas. Las carreteras españolas, viejo tema de burlas en labios y en plumas de viajeros

nacionales y extranjeros, son actualmente motivo de alabanza, en cuanto a las comunicaciones

principales.

El analfabetismo, que el año 1940 se cifraba en la escandalosa ¡proporción de un 23 por 100, quedó en

1972 reducido a un 4,30 por 100.

La renta nacional per cápita, que al iniciarse la reconstrucción, tras la guerra civil, apenas llegaba

realmente a los 150 dólares, linda ya, si no los rebasa, con los 1.000.

UNIVERSIDAD

Queda en suspenso el juicio último y decisivo acerca de la política universitaria del Régimen. Consta, por

diversos testimonios personales, que Franco vivió con el deseo ardiente y la nunca renunciada esperanza

de dotar a España de un número de universidades y de escuelas especiales capaces de asegurar a las

actuales y venideras generaciones escolares unas posibilidades de formación espiritual e intelectual que

en nada cedieran a las que se ofrecen en los países más adelantados y prósperos del mundo. Tan lejos

quiso llegar en este punto como llegó en materia de avances sanitarios, de Seguridad Social, de

producción industrial, de aprovechamiento de nuestros ríos, de promoción agrícola, de transporte, de

espectacular elevación del nivel de vida de la población española. ¿La Universidad se baila todavía en

estado de exigente proyecto, y los Gobiernos venideros deberán esforzarse basta el máximo límite en

llevarlo hasta el anhelado cumplimiento.

 

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