Mirador. 
 ...Y al tercer año resucitó     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 4. 

MIRADOR

«...Y AL TERCER AÑO RESUCITO»

De Fernando VIZCAÍNO CASAS

Colección Fábula. Planeta. 212 páginas.

De un tiempo a esta parte se ha puesto de moda una novela que llamaríamos «Wuhanista», en la que con

la complicidad de una "marcha atrás", o mejor aún, de la "histora-ficción", se establece un gran "guiñol"

narrativo de enormes efectos sorprendentes y de grandes posibilidades combinatorias. Pero hemos de

confesar que no siempre con el rotundo resultado conseguido por Fernando Vizcaíno Casas, con «... Y al

tercer ´año resucitó», novela que, valorada por su amenidad de lectura, facilidad de esbozo e ingenio

apabullante a la hora de «volver del revés» los últimos acontecimientos político-sociales, está obteniendo

los máximos lugares en las listas de libros más vendidos. Vizcaíno Casas no es nuevo en estas lides del

éxito y de la amenidad literaria. Otros libros suyos, como «La boda del señor cura», «De camisa vieja a

chaqueta nueva» han impuesto una manera un tanto desenfadada y «camp» de reconstruir nuestra escena

española de hoy. En el novelista valenciano cuenta en primer lugar el componente político, el mordiente

irónico —que nunca llega al sarcasmo— en absoluto deformante que pasea un espejo revelador sobre la

reciente historia.

La trama de este libro, de alguna manera periodística y aparentemente más propia del reportaje —la

desaparición del cadáver de Franco de su sepulcro de la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos

que el sacristán de turno juzga como una resurrección del general que tiene inmediato eco—, desencadena

una serle de reacciones, a cual más pintoresca, a cual más ingeniosa, en una serle de personajes que

fueron y son protagonistas del devenir político en España.

El tono del libro, que no quiere pasarse en su «animus iocandi», es muy desenfadado y divertido, pero

también aporta un tremendo revés crítico a algunas actitudes —por el libro desfilan ministros y ex

ministros, líderes de los partidos políticos, figuras de la vida nacional y «vips» a pasto— que se juzgan

demasiado apresuradas. Vizcaíno Casas hace una almoneda descomunal y promueve una tremolina

fantástica que luego reduce a nada. Pero, entretanto, ha logrado suspender el interés del lector y prenderlo

en un humor surrealista que —seamos partidarios o no— contagia y seduce. Libro estupendo al que no

cabe pedirle más de lo que ofrece. Y es lástima, porque el autor, con tales mimbres, podría haber trenzado

una novela de mayor entidad literaria con sólo haber sometido tan rica materia a un rigor de creación y de

estilo.

 

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