Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
 Letras del cambio. 
 El 18 de julio     
 
 Informaciones.    18/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LETRAS DEL CAMBIO

El 18 de julio

Por Jaime CAMPMANY

DURANTE cuarenta años, la fecha del 18 de julio la hemos utilizado como fiesta nacional, como

aniversario de la fundación del Estado Nuevo, como cumpleaños de la nueva España. Llegó un momento

en que alguien quiso despojarla de su significación bélica y convertirla en fiesta de exaltación del trabajo,

pero el intento resultó casi inútil, porque es muy difícil que los españoles asociemos la fecha del 18 de

julio con un día de paz y trabajo, y no con el comienzo de una guerra civil especialmente cruel y dolorosa.

Durante estos cuarenta años, unos han celebrado el 18 de julio con conmemoraciones triunfalistas, y

ahora otros la señalan con denostaciones hostiles. Seguramente es bueno que los primeros olviden el

triunfalismo y los segundos no hurguen en el resentimiento. De lo que no cabe duda es de que el 18 de

julio ya no es la fecha de la España de hoy ni la fecha nacional para la España de mañana. Aquel día se

abrió la sima de la guerra entra dos Españas, y ahora intentamos borrar las últimas señales de las

cicatrices de aquellas heridas y alcanzar la reconciliación definitiva de las dos Españas que se enfrentaron

a muerte.

No sé qué podríamos hacer con esta fecha del 18 de Julio. No podemos arrancarla de la Historia. Cuando

alguien dice que arrancaría de la Historia estas o las otras páginas y estas o las otras fechas, está

expresando un deseo imposible. Afirman los teólogos y repiten los poetas que lo único imposible para el

mismo Dios es que lo que sucedió no haya pasado. Y la Historia no se borra; la Historia se asume y se

aprende. La fecha del 18 de julio no puede ser borrada ni olvidada. En cambio, debe ser aprendida. Sobre

todo para hacer imposible que la volvamos a repetir.

Yo creo que lo mejor sería dejarla quieta en la Historia, que ahí quedará para nuestro aprendizaje y

escarmiento, y hacerla pasar con toda naturalidad por el almanaque de la vida. Ni hay que señalarla con

celebraciones ni hay que ennegrecerla con revanchas. Ni cantos de gloria ni bombas de protesta. Ignorar

el 18 de julio es tan estúpido como desconocer el 14 de abril o el 20 de noviembre. Pero para celebrar el

nombre de España habría que hallar una fecha de paz y no un día de necesidad de guerra. El 18 de julio

podríamos celebrar el trabajo, pero trabajando como cualquier día del año, sin fiestas y sin huelgas.

 

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