Autor: Martínez-Pujalte López, Jesús. 
   Democratizar el deporte     
 
 ABC.    17/08/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

DEMOCRATIZAR EL DEPORTE

FRUTO de las distintas concepciones de la sociedad, los Gobiernos de los Estados se enfrentan de

muy diversas maneras al fenómeno del deporte, las más sensibles diferencias se observan entre los

países dominados por el totalitarismo marxista y aquellos otros en los que se respetan las libertades del

individuo.

En los primeros, el deportista puede llegar a ser un funcionario del Estado: entrenar y conseguir medallas

es su trabajo. En ese caso, el Estado puede tomar medidas excepcionabnente duras cuando uno de sus

atletas-funcionarios comete una infracción que deja al país en entredicho ante la opinión pública mundial

(recuérdese el caso del participante ruso en la competición de esgrima, en Montreal). O puede amenazar

seriamente a un jugador para que no pierda un título ante un exiliado, como en el actual caso de Karpov,

campeón del mundo de ajedrez, que en estos días somete su corona a reválida en Filipinas.

En los países del mundo llamado libre el deporte se enfoca desde otra perspectiva. Y, si es cierto que a

nadie le amarga, el dulce de las medallas de oro, nunca es buscada una victoria deportiva para dar

credibilidad en el mundo a su política interna.

En estos países democráticos, con mucha frecuencia, por encima de los éxitos internacionales de sus

deportistas, e incluso más aún que la afición popular —por muy masiva que sea— por contemplar

determinadas modalidades deportivas, la verdadera dimensión del deporte nacional está en la práctica

habitual de la inmensa mayoría de los ciudadanos.

España puede contarse entre los países gobernados en democracia, pero con una preocupación realmente

escasa por la práctica deportiva. Digo que es poca la preocupación por la práctica deportiva y no por el

deporte, porque es verdaderamente digno de admiración que un país en el que el deporte como

espectáculo es capaz de mover tantísimo dinero y tantísima afición, cuente al mismo tiempo con tan

escasos recursos para que los españoles hagan deporte. Es chocante que siendo España el sueño dorado de

los ases futbolísticos extranjeros, el número de federados hispanos en este deporte sea tan

sorprendentemente bajo si se compara con otros países europeos.

Parece chocante, pero no puede extrañar. Por una razón, quizá, entre otras muchas. Aquí cuesta mucho

trabajo encontrar sitios adecuados en los que jugar al fútbol, trabajo aún mayor si se trata de practicar

otros deportes.La burocracia deportiva, incardinada durante tantos lustros en el partido único, ha

mantenido unos criterios, adecuados tal vez a sus objetivos políticos, pero en clara contraposición con lo

que debe ser la política deportiva de un país democrático.

No existen instalaciones públicas adecuadas, ni suficientes. Y a la iniciativa privada no le es rentable la

creación de centros deportivos que puedan servir para la gran mayoría del pueblo español. Los clubs

selectos, aun siendo bien útiles, nunca han dado, ni podrán dar, cabida a un tanto por ciento representativo

de la población. Como no se puede seguir jugando al fútbol en campos llenos de fango la mayor parte del

año; como no se puede seguir practicando baloncesto en patios mal adaptados, con un tablero astillado y

un aro que perdió la red en tiempo inmemorial; Como no se puede seguir entrenando ateletismo por el

asfalto; como la mayor parte de los deportes requieren instalaciones especializadas que no existen;

como...

Como así no se puede hacer deporte, sólo cabe una opción: el abandono antes de comenzar. Total, ¿para

qué? ¡No es tan importante como para andar con más quebraderos de cabeza! ¡Para pasar el rato puedo

hacer otras cosas! Esta es la opción, sin duda, mayoritaria entre nosotros. Sabemos que es bueno hacer

deporte y estaríamos encantados de poder dedicarle un tiempo semanal, pero o es un artículo de lujo o hay

que trasladarse al otro extremo de la ciudad, o hay que hacerlo en precarias condiciones después de haber

sorteado una carrera de obstáculos burocráticos. Ante estas alternativas no puede uno extrañarse de los

resultados.

En consecuencia, la necesaria generalización de la práctica del deporte por los ciudadanos exige un

renovado interés de los poderes públicos, eludiendo el triunfalismo propio de esquemas planteados con

miras sustancialmente políticas. El Gobierno, al que tantos requerimientos perentorios se le hacen, no

debe olvidar, a mi juicio, bajo ningún concepto, la verdadera promoción del deporte. La salud mental de

nuestro pueblo está, de algún modo, en juego. No es que sólo quepa una cabeza preclara sobre los

hombros de un consumado atleta. Pero es innegable que el cuerpo en buenas condiciones es un perfecto

servidor de la libertad del hombre. El deporte es, además, una insustituible escuela de virtudes que todos

necesitamos desarrollar en nuestra convivencia ciudadana, y por eso la formación deportiva —la práctica

habitual de algún deporte— cobra una dimensión extraordinaria cuando se centra el foco sobre las

necesidades de los jóvenes.

Merece la pena invertir energías, personas y medios económicos en este campo del deporte, y, como los

recursos son siempre escasos, y más en los momentos actuales, convendrá hacer una planificación,

regional y nacional, a medio plazo de las inversiones y efectuar un cantrol riguroso de los recursos

presupuestarios y de aquellos otros que con estos fines —las quinielas, por ejemplo— se vayan

generando.

Los frutos no habrá que buscarlos en las listas comparativas de medallas de las competiciones

internacionales. Estas también llegarán. Habrá que buscarlos, sobre todo, en el rendimiento integral de los

españoles, en el saber quitarle importancia a lo que no la tiene, en el agradable fenómeno de encarar las

veinticuatro horas del día con más entusiasmo, en observar cómo se supera el pesimismo aun ante graves

proble-mas. Quizá simplemente en haberle dado a la vida un poco de espíritu deportivo. — Jesús

MARTINEZ-PUJALTE LÓPEZ (diputado de U. C. D. por Murcia).

 

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