Ante la victoria socialista     
 
 ABC.    30/10/1982.  Página: 10-11. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

OPINIÓN

SÁBADO 30-10-82

Ante la victoria socialista

A las cero veintitrés horas del día 29 de octubre, el Ministerio del Interior confirmó la victoria electoral

del Partido Socialista por mayoría absoluta. Este y todos los demás periódicos multiplicarán en los días

próximos sus análisis sobre el extraordinario acontecimiento. Pero ABC, en una hora de sorpresa y

desconcierto para muchos españoles, de triunfo y esperanza para otros, siente la urgencia de expresar muy

claramente tres cosas.

En primer lugar, este periódico felicita al partido triunfador, que ha obtenido una amplia, histórica,

democrática victoria en las urnas.

En segundo lugar, afirmamos que el resultado electoral no modifica en modo alguno nuestro criterio:

pensábamos, y pensamos, que el proyecto socialista es un mal proyecto para resolver los problemas

inaplazables y graves que tiene ante sí la nación. En un momento en que los entusiasmos sinceros se

mezclarán con conversiones milagrosas y adhesiones urgentes, ABC anuncia que permanecerá, en esta

nueva etapa de la vida española, en una posición de crítica leal y de discrepancia abierta con un programa

político que no por haber triunfado deja de parecemos arcaico, utópico e inadecuado al interés nacional.

En tercer lugar, celebramos que el triunfo del Partido Socialista se inscriba dentro de una jornada de

normalidad democrática que consideramos en muchos aspectos admirable. La democracia es, ante todo,

un modo de aceptar la derrota y de entender la victoria. Toda derrota democrática es reversible, ningún

triunfo ante las urnas es definitivo. Hay que celebrar, ante todo, el descenso de la abstención, el refuerzo

de la normalidad constitucional, la serenidad ejemplar que ha presidido la jornada. Pero hay que celebrar

también la clarificación extraordinaria que este día histórico ha traído a la vida pública española. Al

margen de los partidos dominantes en Cataluña yVsconia, hay que subrayar un acontecimiento político de

primera magnitud: los españoles no socialistas, los votantes no alineados en la izquierda, cuentan desde

hoy con una formación amplia, fuerte, coherente y en crecimiento que, en el corto plazo de una

legislatura, ha multiplicado sus escaños por diez. A pesar de lo desproporcionado de las cifras, es preciso

reconocer que hoy el mapa parlamentario español es más claro, más transitable, más racional, más

europeo que el anterior. Existe una amplísima mayoría socialista, existe un gran partido en el

centroderecha liberal y conservador. Y existen dos partidos que encarnan los dos fenómenos periféricos

determinantes de nuestra historia contemporánea. Todo lo demás son anécdotas.

Es una anécdota —histórica, pero episódica—, la tremenda caída del Partido Comunista de España, en la

que queda de manifiesto el instinto del electorado comunista a la hora de movilizar el voto útil. Es una

anécdota —en la que por piedad analítica no entraremos hoy— el descenso, o mejor la volatilización, de

esa peculiarísima experiencia política llamada Unión de Centro Democrático. Es una anécdota la

exigüidad de la extrema derecha, el descenso de la coalición política de los votantes de ETA y la

inexistencia electoral de don Adolfo Suárez, que termina, desde el poder y la gloria, una representación de

personaje semitragico. Más allá de todo el anecdotario del momento, ABC pide a sus lectores un esfuerzo

de síntesis para calibrar lo sustancial.

Lo más importante en los próximos cuatro años es el mantenimiento del marco constitucional y de su eje

fundamental, que es el papel arbitral de la Corona. El triunfo socialista no es un plebiscito, sino un paso

decisivo para la litare alternancia en el Poder. Esa posibilidad es la primera característica del pluralismo

democrático. Y esa es la aportación fundamental, el grande y verdadero cambio que ya ha realizado la

Corona. El cambio por el que todos, unos y otros, existimos políticamente hoy. Por demasiado evidente,

es lo único innecesario que creemos incluir en este análisis.

Una vez producido este resultado, ABC acepta la nueva situación y declara públicamente su propósito de

no poner obstáculos sin causa en el camino del Partido Socialista. Deseamos que las tres declaraciones

fundamentales de don Felipe González se traduzcan del mundo de las palabras al terreno de los hechos. A

lo largo de los últimos veinte días el señor González ha hablado de la prioridad del bien común por

encima de las opciones de su partido. Ha reiterado que la victoria socialista será el triunfo de un pacto

entre su partido y la sociedad; y que será la sociedad, y no el partido, la que se verá reflejada en el

Gobierno; y se ha comprometido, por último, a luchar por un clima de solidaridad entre empresarios y

trabajadores que permita sacar al país de su crisis actual. Será en esos tres frentes fundamentales en los

que juzgará, apoyará o criticará al nuevo Gobierno.

Un reconocimiento final: no existe democracia real sin verdadera oposición. Hoy la oposición

democrática cuenta con un partido al que las circunstancias ofrecen una base creciente: Alianza Popular,

que se aproxima a los cinco millones de votos, no es sólo un partido democrático; es una parte sustancial

de la propia democracia, y sobre este punto hay que esperar que cesen ya desde hoy las especulaciones

interesadas o las intoxicaciones retribuidas. El progreso y la libertad viven desde hoy en este país con el

impulso de dos partidos; uno, sensiblemente mayor, que constituirá el Gobierno; otro, menor, en la

oposición. ¿Bipolaridad? Claro que si: no nos hallamos ante una materia opinable, sino ante una realidad

inequívocamente elegida por el sufragio popular. Falta ahora explicar, analizar y demostrar cómo la

bipolaridad no tiene por qué ser radicalización.

Al frente del Ejecutivo, en un momento nacional de extrema dificultad, nos encontramos un hombre joven

que ha sabido imponer disciplina y orden a su partido. El cambio producido es histórico, pero es al mismo

tiempo normal. Es esa normalidad, frente a toda ligereza de interpretación apocalíptica, la que debe ser

reconocida hoy, la que reconocemos con nuestros lectores.

Al frente de la oposición un proceso de selectividad ha situado a un hombre de temple excepcional. El

triunfo innegable de Manuel Fraga en la elección de ayer es el triunfo de la tenacidad, de la inteligencia

política, de la voluntad consecuente. El es desde hoy el jefe de la oposición y el símbolo de la alternativa

posible.

 

< Volver