Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   Un aspecto del cambio     
 
 ABC.    30/10/1982.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

OPINIÓN

ABC/ 11

De ayer a hoy

Un aspecto del cambio

Desde ahora hasta que se forme el Gobierno socialista y se haga cargo de la Administración Pública

pasará un mes o quizá más tiempo. Mientras tanto el Gobierno de UCD se ha convertido en el procurador

o gestor del PSOE, sin otra obligación que la de ir preparando el tránsito gubernamental. Esa es una

operación muy delicada que exige temple democrático de buen perdedor. Y, según todos los síntomas,

UCD lo tiene.

La Administración es una empresa nacional, no la aventura silenciosa de este o aquel partido. Con Franco

la Administración era una empresa patrimonial, y la Unión de Centro Democrático, conservando el

esquema heredado, conservó el vicio. El multitudinario franquismo guarecido en UCD, la conservación

de los fundamentos sociológicos y psicológicos de aquel régimen, los voluminosos intereses traspasados a

la nueva situación política —específico contrabando histórico que ha terminado por aplastar a UCD—

establecieron un «continuo» administrativo o burocrático no sólo de procedimientos, sino también de

impunidades, convertidas de pronto en el requisito básico de la continuidad y en el único modo de

enmascarar !a profunda inadecuación conceptual y práctica derivada del cambio de régimen. Sólo

mediante un acto claramente artificial pudo mantenerse una situación así. Bien es cierto que el poder

creado dentro de la burocracia, articulado por multitud de nexos y distribuido, como el sistema nervioso,

por multitud de ramales, era de muy difícil dominación, una vez descartada la ruptura, y de muy difícil

crítica también, porque muchos de los hechos burocráticos o de administración venían a ser reflejo dé los

intereses políticos del franquismo que UCD había asumido.

La estructura racional, coherente, que debe formar una política determinada con una burocracia

congruente con aquella política no se dio. Desde el primer momento la democracia vivió una burocracia

ajena, cuando no enemiga, sin el menor indicio de enlazamiento real mediante el concepto o el lenguaje.

Tal vez el ejemplo más ilustrativo de esa situación en la que una política general de carácter democrático

cede ante la presión de una burocracia de procedimientos totalitarios, fuese el trágico «affaire» del aceite

de colza. Ahí se vio hasta qué punto un ministro se rendía ante el imperio de la burocracia que lo

sustentaba, queriendo confundir a la sociedad, y cómo otros ministros desaparecían, con sus

responsabilidades, por los intersticios del procedimiento. Muchas de las consecuencias que ahora han

laminado en frío a UCD proceden de la burocracia dictatorial que la propia UCD aceptó y mantuvo

incomprensiblemente dentro de su sistema.

Si esto es así, la procuraduría gubernamental de UCD es de suprema importancia. Una burocracia

patrimonial, ducha en habilidades y cargada de prejuicios, sentirá como una afrenta el ser removida hasta

las raíces, trastocados sus modos, deducidas sus impunidades, intervenidas sus tácticas, reorganizadas sus

funciones, investigadas sus fórmulas, desarticulado su juego de influencias. Nada hace sospechar que esa

flecha de conducta cambie sincera, espontáneamente. Y aunque sea duro decirlo, y más hacerlo, será

necesario precaverse de la «razzia», de la política de tierra quemada, que tanto mal nos traería a todos,

tantos inconvenientes. El Gobierno, en nombre de la ética civil, debe velar porque los nuevos gobernantes

no tengan luego que lamentarse, respecto al gran burócrata, como don Luis Mejía ante don Juan:

«Imposible la háis dejado / para vos y para mí.»—CANDIDO.

 

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