Autor: Calvo Hernando, Pedro. 
 Elecciones. Crónica del Estado. 
 El gran mentís     
 
 Deia.    29/10/1982.  Página: 31. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Crónica del Estado

EL GRAN MENTÍS

EL impresionante esfuerzo de todos los medios informativos ha permitido que los españoles conocieran al

minuto el desarrollo de la jornada electoral. Una vez más, se ha puesto de manifiesto que la información

libre es la mejor aliada del régimen democrático, sin la cual éste es inconcebible.

En Madrid el día ha sido uno de los más agradables de todo el otoño. Ha sido un día del otoño madrileño

clásico, soleado, con una temperatura oscilando en torno a los veinte grados, con el aire limpio por los

vientos y las lluvias de hace pocos días. Es como si los elementos se hubieran puesto de acuerdo para

contribuir a la brillantez de ese momento sagrado de la democracia que es el día de las elecciones.

A las gentes se las veía confiadas, tranquilas y hasta felices. Habían ocurrido en España demasiadas cosas

desde las anteriores elecciones. Demasiadas conspiraciones y agresiones al régimen democrático. Pero la

ausencia de incidentes de importancia en este 28-O hacía "olvidar" momentáneamente los malos tragos y

los españoles —yo veía a los madrileños— comparecian en las urnas con la ilusión de 1977.

PEDRO CALVO HERNANDO

El primer balance de la jornada no puede ser más positivo. El pueblo español ha dado una soberana

lección a todos los enemigos de la democracia y se ha hecho presente en los colegios electorales con toda

paz y con toda naturalidad, como si hubiera estado toda la vida votando. El pueblo ha dado el gran mentís

a los golpistas, a los terroristas y a los involucionis-tas de toda condición. Eso se observaba incluso en los

rostros de los buenos ciudadanos que circulaban por las calles y que se acercaban a las urnas.

En los medios de comunicación instantánea se han dado multitud de testimonios que avalan cuanto yo les

digo, procedentes tanto del pueblo llano como de los especialistas.

La otra vertiente de este primer balance de la jornada es el porcentaje de participación en los comicios.

Después de tantos intentos de meter el miedo en el cuerpo a los españoles, después de tantas proclamas

por el catastrofismo, el desencanto y la desilusión, los porcentajes de participación suponen un envite

formidable y una extraordinaria demostración de fe y de confianza populares en las instituciones

democráticas y en el propio sistema que el pueblo se dio hace ya más de cinco años.

El lapso de mayor desencanto en este país se sitúa entre las elecciones de 1979 y la intentona golpista del

23 de febrero de 1981. Pero a partir de tal intentona, los españoles comenzaron a darse cuenta del

inmenso valor que tiene lo que estuvieron a punto de perder. Y el desencanto comenzó a retroceder. Los

porcentajes de participación en estas terceras elecciones generales consagran el definitivo final del

desencanto político.

La masiva comparecencia en las urnas es también la otra vertiente de la repulsa popular contra todo

género de involu-cionismo antidemocrático. Los españoles han sido perfectamente libres de quedarse en

su casa o de dar un importante apoyo a los partidos de la involución y del golpe. Y no lo han hecho, sino

todo lo contrario. Ni durante la campaña ni durante la jornada electoral de ayer se ha podido observar el

más mínimo apoyo significativo a esas gentes.

En el momento de enviar esta crónica, los porcentajes de participación superan ampliamente los de 1979

y quizá sobrepasan ligeramente los de 1977, que estaban muy cerca del 80 %. En todos los centros de

seguimiento de las elecciones se detectaba un no contenido entusiasmo ante esta respuesta popular. Y

todo ello antes de que se comenzaran a conocer los datos de las preferencias populares por uno u otros

partidos.

 

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