Llegada a La Carolina     
 
 ABC.    21/04/1961.  Página: 53-54. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

LLEGADA A LA CAROLINA

La Carolina (Jaén) 20. Su Excelencia el Jefe del Estado,

Generalísimo Franco, ha llegado a La Carolina, donde ha sido objeto de un

apoteósico recibimiento por el pueblo entero y por los vecinos dé otros

colindantes. Desde Despeñaperros todos los pueblos del recorrido rindieron al

Caudillo el testimonio de su adhesión con expresivas pancartas y arcos

triunfales.

El público hizo objeto a Su Excelencia de una prolongada ovación. El Jefe del

Estado saludó a las personalidades que le esperaban, entre las que se encontraba

el conde de Argillo. Poco después penetró en el Ayuntamiento y subió al des-

pacho del alcalde, donde recibió a un grupo de mineros que le hizo entrega de un

candil de plata igual al que ellos utilizan en sus trabajos. El Caudillo

estrechó la mano de estos mineros y les agradeció el obsequio.

Después, el alcalde ofreció a Su Excelencia un álbum con las realizaciones del

Municipio en el último año. La multitud, mientras tanto, no cesó un momento de

aclamar a Franco, quien correspondió desde el balcón principal del edificio a

estas intensas manifestaciones de entusiasmo, saludando sonriente con la mano.

El gobernador civil, Sr. Arche, pronunció unas palabras para dar la bienvenida

de la provincia de Jaén al primero de los españoles. "La semilla que sembrasteis

—dijo—con el Plan Jaén ha fructificado, y hoy esta provincia realiza la mejor

política social, que es la del aprovechamiento de todos los recursos que Dios la

ha proporcionado para satisfacer sus necesidades.

Aquí, como en las demás provincias, el trabajo va salvando, día a día, la España

de Franco, y estamos dispuestos a defender a vuestras órdenes el presente y el

mañana de España." El gobernador fue muy aplaudido, y, después dirigió unas

palabras de salutación el alcalde de La Carolina.

«LOS PUEBLOS VIEJOS NO PUEDEN YA VIVIR BAJO EL SIGNO DEL DEJAR HACER»

Seguidamente, el Jefe del Estado pronunció el siguiente discurso:

"Carolineses: Solamente unas palabras para agradeceros vuestro entusiasmo y

adhesión. Cuantas veces he pasado por La Carolina he sentido deseos de detenerme

para saludaros. No me pasaban inadvertidos vuestro interés y entusiasmo cuando

inmediatos a la carretera esperabais horas el paso de mi coche. Hoy ya me tenéis

entre vosotros, recibiendo con emoción el cariño de vuestros corazones.

Conozco cuáles son vuestras virtudes cívicas y el abandono secular sufrido por

estas tierras de Jaén, que han venido padeciendo tantas generaciones. Cuando un

día nosotros nos alzamos para salvar a España lo hicimos para redimirla para

siempre de tantos sufrimientos, causados por aquella política que nos enfrentaba

a unos contra otros, y ¿mientras otros países alcanzaban bienestar y progreso

nosotros permanecíamos inertes, nostálgicos de los tiempos pasados.

Esta tierra de La Carolina es un ejemplo. Se formó este conjunto social para

atender a la explotación de una riqueza minera existente,, de unos veneros de

gran riqueza, y una vez extraídos se encontró La Carolina en su población sin

trabajos y sin medios; porque la política que imperaba era la liberal e

inoperante, que presidía nuestra decadencia y miseria, sin lucha en una

conformidad suicida que imprimía carácter a todas las empresas de la

nación.

Los pueblos viejos no pueden ya vivir bajo el signo de dejar hacer. Los pueblos

viejos, los que con su demografía han acumulado necesidades, cargados de

historia, necesitan de una dirección, el ponerse en pie y organizarse. Porque

hoy la técnica y los avances científicos permiten con la racionalización vencer

las dificultades y que los pueblos vivan mucho mejor. Pero para ello hacía falta

una revolución política que permitiese, si no nos gustaba la España anterior, el

poder forjar una España nueva. (Grandes aplausos.)

Pero hemos de tener en cuenta que hemos de superar abandonos de cerca de un

siglo, y para superar ese abandono se requiere tiempo y trabajo, hace falta que

permanezcamos unidos; no podemos abandonarnos a las luchas intestinas pasadas,

a las discusiones estériles y a la pérdida de tiempo; el atraso nos exige

eficacia. Y precisamente por ser Jaén una de las provincias más abandonadas de

España y aspirar a que ocupe puesto importante en el concierto de nuestras

provincias, era necesario acometer con rapidez y eficacia sus problemas, por ser

los más difíciles de todos los que nos encontramos, lo que nos imponía el

cambiar e! sentido de toda la política española.

Los hombres viejos que me escucháis recordaréis a aquellos gobernadores civiles

y autoridades de antaño, totalmente inoperantes, y los podéis comparar con las

autoridades de hoy, con nuestros hombres, estos seres dinámicos, estos hombres,

como Arche, que marchan y recorren la provincia para palpar las dificultades y

escuchar las peticiones y contrastar las miserias, para atenderlas y elevar a

los Poderes públicos la solución para que resuelvan autoridades más altas.

Pero la política no somos sólo nosotros; es la compenetración de autoridades y

pueblo. En vosotros está el respaldo, la afirmación de esta política moderna, de

pueblo unido y puesto en pie. Sólo manteniéndonos así podremos cambiar el

sentido de España y asegurar a nuestros hijos y nuestros nietos una vida mejor,

colocándonos a la cabeza de los principales países europeos. (Grandes aplausos.)

Yo tengo fe en el pueblo español, tengo fe en vosotros -y tengo fe en Dios, y sé

que con su protección y vuestro entusiasmo y unidad lograremos la España mejor.

¡Arriba España!"

(Una clamorosa salva de aplausos acoge las palabras del Caudillo, a quien se

vitorea con entusiasmo.)

Terminado el discurso se cantó el "Cara al Sol", y el Caudillo dio los gritos

de ritual, que contestaron con todo entusiasmo los asistentes.

Poco después de la una de la tarde, y entre grandes aclamaciones, el Jefe del

Estado, con su séquito, abandonó La Carolina, para dirigirse a la presa de Doña

Aldonza. A su paso se detuvo unos instantes en el pueblo de Donadío, levantado

por el Instituto Nacional de Colonización, y que consta de 88 viviendas para

unos 500 vecinos, todos ellos colonos de las vegas altas del Guadalquivir.

—Cifra.

 

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