En la inauguración de la nueva Institución Sindical San Vincente Ferrer. 
 Franco recibe el fervoroso homenaje de más de cien mil trabajadores valencianos  :   
 Tenemos que acometer la gran tarea de modernizar y transformar en el mínimo plazo nuestras estructuras industriales y agrícolas. 
 Pueblo.    19/06/1962.  Página: 1-2. Páginas: 2. Párrafos: 28. 

En la inauguración de la nueva Institución Sindical SAN VICENTE FERRER

FRANCO recibe el fervoroso homenaje de más de cien mil trabajadores valencianos

«Tenemos que acometer la gran tarea de modernizar y transformar en el mínimo plazo nuestras

estructuras industriales y agrícolas»

«Cuando la huelga representa para el pueblo la ruina y la escasez no puede permitirse en ninguna forma»

«La obra de transformación social que España necesita sólo puede hacerla un Régimen como el nuestro»

Durante el acto inaugural de la Institución Sindical de Formación Profesional San Vicente Ferrer, Su

Excelencia el Jefe del Estado pronunció el siguiente discurso:

"Valencianos y trabajadores que me escucháis: La inauguración oficial de esta Institución Sindical "San

Vicente Ferrer" de Formación Profesional me ofrece la ocasión de este encuentro y de poder haceros

participes de mi pensamiento sobre el futuro social de nuestra Patria, que os afecta tan directamente.

Los españoles somos solidarios en el destino, no podemos hurtarnos a los dictados de la geografía y de la

historia; a golpe de invasiones se forjó nuestra nacionalidad. Mucho antes que otros pueblos, España ya

era nación, y al templarse nuestro carácter en la lucha fuimos fieros de nuestra independencia y

proyectamos nuestro genio por el mundo, hasta que la invasión de doctrinas extrañas acabó su

miéndonos en la decadencia. El secreto para anularnos o vencernos fue siempre el mismo: el dividirnos

interiormente; así perdimos los mejores años en que el mundo se transformó, con un siglo de constantes

luchas intestinas. Aquella España que ni a unos ni a otros nos gustaba, nos empujó a la revolución.

Esta vino a romper con aquellos años tristes de decadencia para cambiar la suerte de nuestra Patria.

Nuestra guerra en los dos bandos fue una lucha por nuestra liberación.

Los males que en España perduran son males heredados de aquel pasado, son la representación más

genuina de más de un siglo de abandono. Hoy hemos de levantar la Patria desde sus bases y hacerlo en

medio de un mundo en plena conmoción, que no nos comprende, pero que no nos ha entendido nunca.

Por eso nuestro camino es mas duro y penoso; sin embargo, hemos superado felizmente las más difíciles

singladuras, conquistado las más importantes posiciones, y nos encontramos en condiciones de acometer

la gigantesca empresa de transformar totalmente nuestras estructuras, inadecuadas al momento económico

internacional.

"LA INESTABILIDAD POLÍTICA DEL MUNDO"

Hemos de considerar que si un día pudimos encerrarnos dentro de nuestras fronteras y vivir nuestra

propia vida, hoy nos es Indispensable la relación con el exterior; nuestra vida económica se basa en el

intercambio comercial con otros países, y los peligros que a Europa acechan también a nosotros nos

alcanzan. Pero abrir las ventanas al exterior no quiere decir que nos dejemos invadir por sus aires

viciados, sino todo lo contrario: el proclamar a los cuatro vientos nuestras verdades, nuestro óptimo

estado de salud nacional y nuestra buena voluntad para entendernos y dialogar con todos los pueblos.

(Muy bien; aplausos.)

La inestabilidad política que en el mundo se registra y la inquietud revolucionaria que en muchas

naciones aflora son heraldo de la evolución política a que el mundo occidental está abocado. Nosotros,

por haber quemado etapas y habernos adelantado veinticinco años a estas inquietudes, nos encontramos

con el proceso político coronado y en camino de perfeccionamiento. Hemos construido sobre nuestra

historia, recogiendo tradiciones y enseñanzas y aceptando de los sistemas anteriores lo que conservaba su

vigor y era útil y conveniente para la nueva obra.

Desde los primeros momentos de nuestro Movimiento señalamos claramente a los españoles cuál era el

ideario por el que luchábamos: por Dios y por España; por la Patria, el pan y la justicia. (Muy bien. Gritos

de "Franco, Franco, Franco".) En plena guerra promulgamos el Fuero del Trabajo, que constituye la carta

magna de nuestro ideario y ordenación sociales, y administrando la paz en beneficio de todos hemos

venido construyendo sobre aquellas bases el Estado social de que hoy disfrutamos: Seguro de

Enfermedad e instalaciones sanitarias, que han logrado el estado óptimo de la salud pública; Instituto de

la Vivienda, hoy Ministerio, que atiende a dotar de hogares salubres a la familia humilde española; salario

familiar, mutualidades, vacaciones pagadas, salario de los domingos y festividades, Seguro de Paro y

tantas y tantas obras de carácter social que han mejorado notablemente el estado de justicia de nuestra

Patria.

INQUIETUD SOCIAL DE NUESTRO RÉGIMEN

Si a todo esto unimos la intensificación sufrida en orden a la formación profesional, con instituciones

como ésta que hoy inauguramos, que continúa una serie, un centenar de Institutos,

"Perseguimos la ocupación total a través de la multiplicación de los puestos de trabajo y de las fuentes de

producción" de Universidades Laborales, de Escuelas de Formación Acelerada, y en el orden superior, los

cientos de millones que nuestros presupuestos dedican a becas en beneficio de los económicamente

débiles, con el fin de que ninguna buena inteligencia se pierda e igualar a los españoles en oportunidades,

todo ello casi desconocido en nuestra Patria anteriormente, permite medir la Inquietud social de nuestro

Régimen. (Muy bien. Aplausos.)

El aumento de la más justa distribución de la renta nacional fue desde los albores de nuestra Cruzada

inquietud primordial de nuestro Movimiento; pero para ello no bastaba repartir escaseces, había que

acometer el aumento de nuestras industrias, especialmente las básicas, realizar grandes obras públicas

nacionales, multiplicadoras de bienes y de colocaciones; la repoblación forestal, la intensificación de

regadíos y las obras de colonización interior, que como objetivo inmediato perseguían el empleo total de

nuestro mundo laboral.

¿Colma esto las inquietudes del mundo del trabajo? Evidentemente no, pues pese al sacrificio que para la

economía nacional todas estas obras y mejoras han representado, hemos tenido que partir del estado

económico de la España que heredamos, con las consiguientes limitaciones. Este sistema económico que

deriva del general del mundo, evidentemente no nos fusta; pero representa la aportación de esfuerzos de

generaciones y no es un sistema del qué se pueda hacer tabla rasa; puede y debe ser mejorado,

pero no destruido. No se puede olvidar que el dinero no tiene Patria, que persigue el mayor

beneficio y la más completa seguridad, y cuando, por una u otra causa, se le espanta, cruza las

fronteras sin que se le pueda detener. (Muy bien. Muchos aplausos.)

LAS RELACIONES LABORALES

Las relaciones económicas entre las partes están fuertemente afectadas por la ley universal de la oferta y

de la demanda. Esto pasa con los artículos como con el propio mundo del trabajo. Pueden las relaciones

laborales ser reglamentadas por los poderes públicos con su legislación, pero por encima de lo legislado

predominará siempre la presión del mercado, que cuando escasean los brazos, el trabajo se valora, y

cuando sobran, se desprecia; por ello, para que estos imponderables trabajen en favor de las clases

productoras y que la legislación laboral tenga toda su virtualidad, perseguimos la ocupación total a través

de la multiplicación de los puestos de trabajo y de las fuentes de producción; pero para esto no basta la

sola voluntad de un Estado como el nuestro, sino que requiere la paz y armonía entre todos los factores

que colaboran en la producción. (Muchos aplausos.)

El mundo de la economía tiene estas servidumbres que están tan inseparablemente unidas al mundo del

trabajo, que si aquélla quebrase, era el trabajo el primero que las sufría; por ello, todas las obras que

acometemos, nuestros avances sociales y las mejoras de las remuneraciones, tienen que ir

progresivamente unidas a lo que pueda resistir la economía general y la particular de las empresas. Nadie

puede estar más interesado que el obrero en la fortaleza de las estructuras de sus empresas, pues de ellas

depende directamente su porvenir.

Examinemos rápidamente estas estructuras: si miramos a la Industrial, nos encontramos que la mayoría de

las industrias que recibimos padecían el envejecimiento de su maquinaria, siendo sus rendimientos pobres

en cantidad y en calidad. Necesitaban de una transformación para elevar el rendimiento por hombre y

perfeccionar sus productos; pero no se trataba de alguna que otra empresa, sino de la mayoría de nuestras

empresas.

Si volvemos te vista al campo, el panorama es menos consolador, y no me refiero a estas pródigas tierras

de Valencia y a sus laboriosos labradores, ejemplo a imitar por. todas nuestras comarcas, sino a la

estructura agrícola de nuestros secanos, en que una meteorología adversa les sume en una vida mísera,

que tiene que pesar sobre la conciencia de todas los españoles para transformarla. (Grandes aplausos.)

Comprenderéis fácilmente que con estas débiles estructuras sus producciones no podían enfrentarse con la

competencia exterior. Por ello tenemos que acometer la gran tarea de modernizarlas y transformarlas en el

mínimo plazo. Las industriales, por inversiones ingentes que modernicen sus maquinarias y mejoren su

rendimiento, y las agrícolas por la intensificación de los regadíos, la racionalización de la agricultura, la

concentración parcelaria, el programa de capacitación y extensión agrícola, las cooperativas, el empleo de

máquinas y sistemas modernos de producción, que constituye una serie fabulosa de inversiones que ha de

recoger nuestro programa de desarrollo.

LA VERDADERA SOLIDARIDAD NACIONAL

Toda esta obra no podría acometerse si no la hubiera precedido la preparación y multiplicación de nuestra

industria básica, si no hubiéramos forjado los instrumentos capaces de acometerla, como ya se ha venido

demostrando en ambos campos en estos veintitrés años de realizaciones ininterrumpidas.

Os digo todo esto para que comprendáis que el problema es mas arduo y profundo que lo circunscrito al

área en que cada trabajador se encuentra, y que inquietándonos por todos se hace necesario establecer un

orden de prelación en que hemos de atender en primera urgencia a aquellos sectores trabajadores más

necesitados, pues en ello reside la verdadera solidaridad nacional. (Muy bien. Aplausos. Franco, Franco,

Franco.)

Esta obra de transformación social qué España necesita sólo puede hacerla un Régimen como ´el nuestro;

no tenemos para convencernos más que volver la vista atrás, examinar como se encontraba España antes

de nuestra Cruzada bajo los sistemas liberales y la situación en ellos de nuestras clases trabajadoras. Yo

siempre tengo grabado en mi ánimo el recuerdo de días ya lejanos de la creación de la Legión y de su

primera bandera. Algún legionario mío estará entre vosotros. Era el mes de octubre de 1920. Abiertos los

banderines de enganche, un verdadero aluvión de hombres se enroló en la Legión, procedentes, en

general, de las regiones industriales y españolas. Muchos fueron los catalanes y valencianos que formaron

en aquellas primeras unidades, hombres maduros, en su gran mayoría. Y cuántas veces en la soledad del

servicio nocturno, hablando con aquellos soldados, me hicieron objeto de sus confidencias: se habían

alistado en la Legión abandonando sus hogares. Huyendo de las luchas sindicales, gravemente acentuadas

de aquellas persecuciones bochornosas en que el Sindicato Único de Barcelona luchaba a tiros en la calle

contra los Sindicatos Libres, respaldados por los patronos y por los elementos policíacos. (Muy bien.

Aplausos.) He aquí a qué grado de indignidad habían llegado los poderes públicos, que consentían,

cuando no presidían, estos tristes y funestos acontecimientos.

DEBILIDAD E INCAPACIDAD DEL REGIMEN LIBERAL

Si descartamos el régimen liberal por su debilidad, su incapacidad y la podredumbre de sus frutos,

puestos de manifiesto en un siglo de historia y en la triste herencia que nos legó, sólo nos quedaría el

contemplar al régimen comunista como realizador de los ideales marxistas que animaban la lucha de

clases; pero el régimen comunista es, y no os descubro nada nuevo, el régimen del terrorismo policíaco

(Aplausos)., de la negación de toda clase de libertades, de la persecución de los estados de conciencia, de

la esclavitud obrera y, al final, de un imperialismo desatado. Su cara interior es todo lo contrario de la que

al exterior nos muestra. (Muy bien. Grandes y prolongados aplausos y gritos de Franco, Franco, Franco.)

El gran fracaso del comunismo en el orden económico lo pregonan sus congresos periódicos con su

confesión de la falta de producción agrícola, de la inutilidad de su burocracia, de la escasez de artículos

de consumo y de la carencia de bienes de los que hacen la vida más grata y que a su vez son fruto del

trabajo. Consecuencia lógica y natural de la negación de la iniciativa privada, de la supresión de todo

estímulo para los trabajadores.

Todo su poder se orienta hacia la guerra, a la destrucción de los otros pueblos; pero para llegar a esta

situación de imperialismo y de poder material ha tenido que sufrir sus grandes crisis, en que perecieron de

hambre millones de seres y otro mayor número permanecen aun cautivos en los campos de trabajo y de

muerte de Siberia y de los Urales. Pero ¡qué os voy a decir!, si el propio Kruschef se ha visto obligado a

confesar en los congresos internacionales los crímenes horrendos de Stalin y del comunismo (Muy bien.

Ovación clamorosa y gritos de Franco, Franco, Franco), y aún, si queremos más, lo encontraremos en esa

bárbara persecución a tiros que se realiza contra muchachos y mujeres que intentan escapar del "paraíso

soviético". ¡Jamás Estado alguno ha llegado a esos límites de barbarie y de crueldad! (Muy bien.)

EL COMUNISMO, FORZADO A VOLVER A LA BASE DE PARTIDA

El hecho es que, a los cuarenta y cuatro años de régimen, el comunismo se ve forzado a volver a las bases

de partida: tuvo que restablecer el concepto de patria, que abrir al culto sus iglesias, después de haberlas

tenido durante treinta y tantos años convertidas en museos de los sin Dios. Ha creado unas nuevas

aristocracias, unas nuevas clases superiores compuestas de los altos jefes militares, los comisarios, la alta

burocracia, los sabios e investigadores. Su falsedad es tanta que mientras en el exterior sus agentes

provocan huelgas y algaradas, comprando conciencias, con lo que arruinan a los otros pueblos, que en

Rusia castigan con las penas máximas O el confinamiento en las campos de muerte de Siberia a los que

en alguna forma no dan en su trabajo el rendimiento señalado. (Muy bien. Grandes aplausos.)

Y a propósito de este fenómeno de la huelga, abandonemos estos países gélidos para volver a nuestro

clima mal templado. Características de los Estados liberales ha sido la lucha de clases, que, aceptada

formalmente, se ha venido haciendo incompatible con la estabilidad y el progreso económico de las

naciones. Es legítimo y natural que establecida y aceptada la lucha de clases no se prive al sector

trabajador de las armas para esta lucha. Pero superada esta vieja y anticuada concepción, dañosa para el

bien común, y establecidos instrumentos de conciliación y de justicia laboral en un Estado que comulga

en el más acendrado celo por lo Rodal, la huelga pasa a ser como esas vlejas armas que se almacenan en

los desvanes. Pueden los pueblos ricos, sobrantes de bienes y de renta, darse el lujo de destruir con las

huelgas una parte de su patrimonio; pero cuando la huelga representa para los pueblos la ruina y la

escasez, no pueden permitirse en ninguna forma estos viejos hábitos que, dañando gravemente a sus

economías, repercuten a plazo corto en las posibilidades de mejora de las remuneraciones de trabajo.

(Muy bien. Aplausos y gritos de Franco, Franco, Franco.)

LA JUSTICIA, SÍMBOLO DE CIVILIZACIÓN

Este vicio de la sociedad liberal no admite el más ligero análisis. La justicia ha sido siempre el símbolo de

la civilización y el juez, con los tribunales, la autoridad que dirime los conflictos entre los hombres. Si en

el campo de lo criminal, de lo civil y de lo mercantil, de reducida área y que no suelen tener repercusiones

públicas, la intervención de la justicia es obligada, se hace mucho más necesaria y conveniente cuando el

paro en el campo laboral arruina la economía, interrumpe la vida del país y atenta al bien común y a la

libertad de los otros. La justicia por la mano, que constituye la acción directa, ha sido siempre la ley de las

sociedades primitivas y no de los pueblos civilizados. Si los instrumentos de conciliación y de justicia

laboral no se considerasen eficientes, perfeccionémoslos, pero no demos jamas motivos a perturbaciones

que dañan tan gravemente al resurgimiento de nuestro país y que en defensa de la Patria en ningún caso

habríamos de consentir. (Muy bien Ovación. Gritos de Franco Franco. Franco.)

Vuelvo a recordaros con este motivo que vamos embarcados en la misma nave y que las perturbaciones

en la marcha sólo hacen el retrasar la travesía, y los que mas sufrirían con ello serían los menos dotados.

Yo pido a todos, empresarios técnicos y obreros, que estrechen sus relaciones para que ésta: sean más

humanas y fructíferas, que de vosotros y de vuestra buena voluntad depende que estos programas de

desarrollo nacional que estamos acometiendo puedan en el menor plazo ofreceros a vosotros y a vuestro

hijos un esplendoroso porvenir ¡Arriba España!"

Una clamorosa ovación acogió las palabras finales de Su Excelencia, acompañada de gritos de Franco,

franca, Franco.

PUEBLO— Pág. 2,

Madrid, martes 19 de junio de 1962

 

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