Franco inaugura el seminario menor de Nuestra Señora de Belén, en Pilas (Sevilla)     
 
 ABC.    04/05/1961.  Página: 23-24. Páginas: 2. Párrafos: 16. 

FRANCO INAUGURA EL SEMINARIO MENOR DE NUESTRA SEÑORA DE BELÉN, EN PILAS

(SEVILLA)

"De la colaboración entre Iglesia y Estado, en sus respectivas funciones, solamente bienes pueden

depararse", dijo en su discurso

"Vuestra presencia en este acto significa la concordia ejemplar entre Ia Iglesia y el Poder civil", manifestó

el Dr. Bueno Monreal

SU EXCELENCIA VISITO EN LA SIERRA DEL CARAMBOLO LA ESTACIÓN DEPURADORA

QUE RESOLVERA EL ABASTECIMIENTO DE AGUA PARA SEVILLA Y TREINTA Y OCHO

PUEBLOS

En la inauguración del seminario "Nuestra Señora de Belén" pronunció el J efe del Estado el siguiente

discurso :

"Perdonad qué rompiendo este silencio me una dando continuidad, a las palabras que Su Eminencia el

cardenal ha pronunciado en la celebración de este acto solemne al inaugurar el nuevo seminario.

No Voy a pronunciar palabras de orden religioso, en lo que tanto tengo que aprender, pero consentirme

que un soldado hecho político os hable un momento de la política de la nación.

No es indiferente a la Iglesia la política de los pueblos. Una cosa es que la Iglesia esté por encima de la

política y otra muy distinta el que se desinterese de la política. No tenemos más que extender la vista por

el Universo y ver los tristes resultados para la Iglesia de la política en los diversos países. Pero

predominando sobre estos movimientos políticos, con sus altos y sus bajos, se acusa una acción mucho

más peligrosa que las demás, que es la más grande amenaza que ha sufrido el Occidente y que intenta

destruir la paz, la espiritualidad y la civilización cristiana de las naciones; esto es, el comunismo.

El comunismo, en sus propósitos, no descansa, pero el comunismo tampoco está solo; tiene, como

solemos decir, sus "compañeros de viaje", los que le han abierto camino y se lo siguen facilitando al

convertirse en cajas de resonancia de las consignas comunistas, los que inconscientes, apasionados por

sus políticas ateas, acaban haciendo la política que el comunismo necesita. Esto es el peligro de esta hora

y en el que tenemos que estar apercibidos para defendernos.

Hoy mismo los periódicos nos traen la noticia de graves persecuciones de la Iglesia, con atentados contra

las órdenes religiosas, incautaciones, encarcelamientos de ministros del Señor, con todo ese odio

sistemático y satánico que las fuerzas del mal tienen trazado y proyectada sobre el universo. Las fuerzas

del mal están organizadas, tienen sus estados mayores y trabajan persiguiendo sus objetivos, buscando los

puntos sensibles, apoderándose de los órganos de Prensa y difusión, comprando conciencias, enrolando a

su servicio y a su política a muchas otras fuerzas del universo, y, por ello, parece natural que las fuerzas

espirituales, las del orden, y no digamos la Iglesia, se organizan igualmente para defenderse. (Grandes

aplausos.)

Nos hablaba el cardenal de los bienes temporales y de los bienes espirituales, y si tuviéramos que optar no

tendríamos duda; pero no tenemos por qué elegir, porque precisamente los bienes espirituales llevan en sí

la multiplicación de los bienes temporales. No están regañados, como fuera se quiere; hacer creer.

Precisamente, gracias a los bienes espirituales se puede disfrutar de los materiales. ¿Quién liberó al

mundo de la esclavitud? ¿Quiénes han promulgado las doctrinas sociales más justo y avanzadas de todos

los tiempos?

Pues sí esto es así ¿por qué pretender encasillar a la Iglesia entre las fuerzas de la reacción y, no

reconocerle sus esfuerzos para redimir a los hombres de la esclavitud, de la ignorancia y de la

delincuencia? Y pese a estas realidades incontrovertibles, en los tiempos modernos se

pretende poner en pugna los bienes espirituales que la Iglesia propugna con la

justa aspiración de las mejoras materiales.

Por eso os he querido hablar, de política.

La política que los hombres maduros y les que peinamos canas, o no las peinamos (risas), hemos vivido

era aquella política de derechas y de izquierdas que todavía algunos retrasados vienen arrastrando. Hay

quienes sintiéndose católicos acuden a aquella vieja clasificación diciendo: Es que yo soy de derechas, o

somos de derechas porque una vez en la historia de la Iglesia se viese presente en el lado donde le

negaban los derechos; cuando debíamos decir: Somos hijos de Dios, somos espirituales, tenemos como

norma la ley de Dios, y la ley de Dios es la justicia social, es la fraternidad humana, es considerar a

nuestros, semejantes como hermanos por ser los hombres portadores de valores eternos hechos a imagen

y semejanza de Dios. (Grandes aplausos.)

Y, por lo tanto, no tienen nada que enseñarnos, por avanzados que sean y por justos que pretendan ser,

ninguna clase de elementos ni de organizaciones, partidos o facciones políticas. El Movimiento Nacional

ha venido a unir lo nacional en peligro con lo social, pero bajo el imperio

de lo espiritual, de la ley de Dios. Por eso uno de nuestros primeros pasos, hace veintitrés años, fue la

restauración de la Compañía de Jesús. Era un acto de justicia. Y, sin embarco, los que nos Antecedieron,

aquellos hombres qué predicaban que iban a elevar el nivel de vida, que, iban a lograr el paraíso en una

España republicana, ¿qué hicieron por el pueblo? Destruir todos los bienes, paralizar la vida de la nación,

perseguir a la Iglesia, intentar la destrucción de todo lo espiritual que tenía España, que podía haber

producido, como ocurre hoy, los bienes temporales de que disfrutamos. Que el camino elegido es bueno

nos lo ocusa esa floración de vocaciones, triunfo de los valores del espíritu en un mundo amenazado.

Para defendernos de la batalla que el mundo plantea tenemos dos armas: las espirituales y las de la

política. Porque lo que, se está dando hoy en el mundo es una batalla política decisiva para nuestro futuro,

ya la batalla política no se pueden oponer ejércitos organizados, hay que oponer la acción política. A una

política que capta hay que oponerla otra doctrina plena de mayor ilusión.

En esta lucha que hace veinticinco años hemos emprendido, a la realidad de nuestra doctrina hemos unido

la fuerza de la razón y el gran poder de los valores espirituales. Combatir en el campo de Dios es combatir

con ventaja, pues evidentemente es contar por adelantado con el triunfo, (Grandes aplausos.)

Quería hacer solamente estas consideraciones para refrendar las palabras del cardenal y deciros que de la

unión de la Iglesia y del Estado, de la colaboración en sus respectivas funciones, solamente bienes pueden

depararse para la sociedad, para la Iglesia y para el mundo. (Grandes aplausos.)

Queda inaugurado en el día de hoy el Seminario Menor de Pilas."

 

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