Visita a la estación depuradora     
 
 ABC.    04/05/1961.  Página: 24-25. Páginas: 2. Párrafos: 16. 

ABC. JUEVES 4 DE MAYO DE 1961. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

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VISITA A LA ESTACIÓN DEPURADORA

Sevilla 3, Su Excelencia el Jefe del Estado visitó hoy en la sierra de El

Carambolo, en las proximidades de esta ciudad, las obras del depósito regulador

y de la estación depuradora, que forman parte de la última fase de la gran

traída de aguas que ha de resolver en breve plazo el abastecimiento para Sevilla

y 38 pueblos de la provincia hasta el año 2006. El Generalísimo llegó acompañado

de su esposa; ministro de la Gobernación y señora de Alonso Vega; jefes de sus

Casas Militar y Civil, teniente general Asensio y conde de Casa Loja,

respectivamente, y otras personalidades. El Caudillo fue cumplimentado por los

ministros de Obras Públicas, Sr. Vigón; de Justicia, Sr. Iturmendi, y secretario

general de Movimiento, Sr._ Solís Ruiz; ex ministros señores Alarcón de La

Lastra, delegado del Gobierno en la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir,

y González Gallarza, jefe de la Región Aérea del Estrecho; vicesecretario

general del Movimiento, Sr. Herrero Tejedor; directores generales de Obras

Hidráulicas y de Puertos, gobernador civil, alcalde, presidente de la

Diputación, director de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y otras

personalidades.

El Jefe del Estado contempló las obras, que le fueron explicadas sobre el

terreno, así como también en unas maquetas, por el director general de Obras

Hidráulicas, y técnicos de la Confederación.

El Caudillo dialogó con las autoridades y técnicos, y después recibió el

homenaje da la población del vecino pueblo de Castilleja, que en gran parte se

había desplazado al citado cerro de El Carambolo, dirigiéndose a la Sociedad de

Tiro de Pichón, donde le fue ofrecido un almuerzo por el gobernador civil y jefe

provincial del Movimiento.

INAUGURACIÓN DEL SEMINARIO

Terminada la comida, el Caudillo continuó con dirección a Pilas, en cuyas

inmediaciones procedió a la inauguración del Seminario Menor de "Nuestra Señora

de Belén", construido por la archidiócesis hispalense. Acompañaban al

Generalísimo su esposa, doña Carmen Polo, de Franco; el ministro de la

Gobernación y Señora de Alonso Vega; jefes de sus Casas Militar y

Civil y demás autoridades y personalidades.

En el pórtico de acceso al nuevo. Seminario recibieron a Su Excelencia el

cardenal arzobispo doctor Bueno Monreal, ministros de Justicia y secretario

general de Movimiento; obispo de Huelva, doctor Cantero, y auxiliar de Sevilla,

doctor Cirarda; director general de Asuntos Eclesiásticos, señor Puigdollers;

autoridades sevillanas, la Junta Diocesana pro Seminario, Cabildo

Metropolitano, gran número de sacerdotes de la capital y pueblos de la comarca y

vecindario en masa del pueblo de Pilas, que se había congregado a lo largo de la

carretera.

Seguidamente, el cardenal arzobispo se revistió de pontifical, dirigiéndose,

acompañado de Sus Excelencias, al atrio de la capilla, donde procedió a la

bendición de ésta y demás partes del Seminario. A continuación, el Caudillo y

esposa penetraron en la iglesia bajó palio, mientras la capilla musical entonaba

el "Cántate domino", de Haende.

Sus Excelencias ocuparon tronos en el lado del Evangelio, mientras que los

obispos se situaron al lado de la Epístola.

El cardenal arzobispo entonó un "Te Deum", terminado el cual la capilla

interpretó el "Exultate deo", de Palestrina, con lo que se dio por terminado el

acto religioso, iniciando el Jefe del Estado y señora una detenida visita por

los pabellones del nuevo y magnifico Seminario. Mientras tanto, los invitados,

profesores y alumnos, ocupaban el magnífico salón de actos, al cual se dirigió

el Generalísimo una vez terminado su recorrido, siendo recibida a su

llegada con grandes demostraciones de entusiasmo.

El Generalísimo ocupó la presidencia, junto con su ilustre esposa, cardenal

arzobispo, ministros de Justicia y secretario general del Movimiento y otras

altas jerarquías del Estado. La capilla musical interpretó "Las aclamaciones",

de Refice, con loas a Su Excelencia, al Papa Juan XXIII y al cardenal arzobispo.

Palabras del cardenal Bueno Monreal

Acto seguido, el prelado pronunció unas palabras.

El doctor Bueno Monreal empezó su discurso agradeciendo a todos la colaboración,

prestada para la construcción del nuevo Seminario: autoridades, clero

parroquial, cabildo, la villa de Pilas, Ministerios, etc.

Subrayó que merced a estas ayudas generosas cuenta la Iglesia con un centro

docente para cuatrocientos jóvenes del curso humanístico.

Luego el cardenal arzobispo continuó: "Su Excelencia se ha dignado benigna-

mente aceptar nuestra invitación y nos concede el alto honor de su presidencia

en este acto tan grato para Nos y para toda la archidiócesis.

Su presencia entre nosotros, que profundamente agradecemos, no está exenta de

interesante significación. Con conciencia de gobernante católico, Vuestra

Excelencia sabe colocar a la cabeza de la jerarquía de valores los valores

espirituales. Estamos en la era de la técnica; los sorprendentes inventos y

avances en el mundo de la industria, de la economía, del dominio de las

fuerzas de la naturaleza, que parecen querer divinizar al hombre, como si

pudiera llegar a bastarse a si mismo prescindiendo de Dios. Esta es la tentación

y el peligro de una hipertecnificación materialista, que se, presta al engaño de

aquellos que, desconocedores del mundo espiritual, se dejan arrastrar por el

señuelo de los formidables avances materiales de aquellos pueblos que

hacen profesión materialista y sin Dios.

Nosotros sabemos muy bien que la grandeza y la trascendencia del hombre no

está en esas conquistas materiales, que no bastan para llenar la capacidad de

verdad y amor que Dios ha puesto en el corazón de todo hombre; que no valen para

darnos la inmortalidad que anhela nuestra alma; que no explican el gran misterio

de la Creación y de la vida. La técnica es un servicio para el hombre y un

servicio que es fruto de la inteligencia que Dios nos ha dado y de las leyes

sapientísimas de la naturaleza que sólo la Infinita Sabiduría ha podido

establecer. Pero el hombre está llamado a más altos designios y solamente los

valores espirituales y la vida sobrenatural pueden dar la verdadera dimensión

del hombre redimido por Cristo.

En vuestras excursiones por las anchas tierras de España vais recogiendo los

frutos de veinticinco anos de paz y de trabajo afanoso y concertado en

constantes inauguraciones de realizaciones y mejoras en la vida española,

plantas industriales y obras hidráulicas, colonizaciones y viviendas, etc., etc.

Bendiga el Señor todo este magnífico esfuerzo para mejorar la vida de los

españoles. Pero estimo que sentís un particular gozo cuando, como hoy, y en

otras tantas ocasiones, inauguráis un centro de vida espiritual.

También esto ha sido posible solamente por el clima de paz, por vuestro favor de

buen hijo de la Iglesia, por habernos guardado a la Patria libre de esas luchas

encarnizadas que en tantos lugares del mundo ahogan la vida de la Iglesia.

No puedo ocultar otra significación, de vuestra presencia en, este acto; es la

concordia ejemplar que se proclama ante el mundo entre la Iglesia y el Poder

civil.

Concordia propugnada siempre por los grandes autores del Derecho público

eclesiástico y las encíclicas de los Pontífices, que sin menoscabo de la

soberanía de ambas potestades, cada una en su propia esfera, tienen un punto de

convergencia en el bien completo y verdadero del hombre y de la sociedad humana,

que mira por un lado a su dirección hacia Dios, a la santificación del alma en

medio de la actividad individual y social del hombre en este mundo, y por otro

lado al gobierno de la comunidad en su dirección al mayor bien común en la

esfera temporal. Concordia exigida por el origen divino del Poder, tanto

espiritual como temporal. Concordia que ofrece grandes bienes, tanto a una como

a otra potestad en la confluencia de sus esfuerzos para el bien temporal y

eterno del hombre y de la sociedad. Concordia que no es enfeudamiento de la

Iglesia con el régimen civil, ni de éste para con aquélla, como calumniosamente

nos atribuyen precisamente aquellos que pretenderían valerse de la fuerza moral

de la Iglesia para respaldar sus propias ideologías políticas.

Decíais muy bien, señor, en otra ocasión, que a la Iglesia no le es indiferente

una situación política ordenada con sentido cristiano y respetuosa y favorable

para los valores espirituales o una situación que desconociera, o menospreciara

o aun persiguiera su labor y su función espiritual. La Iglesia respeta y ha

respetado siempre la legítima potestad civil, como San Pablo nos mandaba

respetar incluso a los emperadores paganos. Pero cuando la Iglesia encuentra un

gobernante de profundo sentido cristiano, de honestidad acrisolada en su vida

individual, familiar y pública, que con justa y eficaz rectitud favorece su

misión espiritual al tiempo que con total entrega, prudencia y fortaleza, trata

de conducir la Patria por los caminos de la justicia, del orden, de la paz y de

su grandeza histórica, que nadie se sorprenda de que la iglesia bendiga no

solamente en el plano de la concordia jurídica, sino con afectuosidad de Madre,

a ese hijo (una clamorosa salva de aplausos interrumpe al prelado)... que

elevado a la suprema jerarquía trata honesta y dignamente de servir

a Dios y a la Patria. Ese es, precisamente, nuestro caso. Gracias sean dadas al

Señor."

Una clamorosa ovación acoge las palabras finales del discurso.

El cardenal Arzobispo obsequió a Sus Excelencias; ministros, prelados y demás

autoridades y jerarquías asistentes con un refrigerio, al terminar el cual el

Caudillo, esposa y séquito emprendieron el regreso a Sevilla. Tanto a la ida

como al regreso, los vecindarios de los pueblos de Aznalcázar, Bollullos de la

Mitación y Castilleja de la Cuesta, hicieron objeto al Jefe del Estado de un

cariñoso recibimiento, ovacionándole sin cesar. Los citados pueblos aparecían

engalanados con banderas, gallardetes y estandartes.—Cifra.

 

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