Autor: Urbina, Juan de. 
   La llegada a Sevilla     
 
 ABC.    23/04/1961.  Página: 82. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA LLEGADA A SEVILLA

Sevilla 22. (De nuestro corresponsal.) Franco está en Sevilla. Llegó hacia las ocho de la tarde con las

últimas luces del día. El recibimiento oficial se celebró en La Florida, donde el alcalde, Sr. Pérez de

Ayaba, le dio la bienvenida, que la multitud subrayaba con vitores y aplausos. También se hallaban en

aquel lugar el jefe de la Región Aérea del Estrecho, teniente general González Gallarda; el capitán ,

general de la II Región, teniente general Castejón, y el capitán general del Departamento Maritimo de San

Fernando, almirante Bustamante, con otras personalidades.

Breve fue el recibimiento oficial, como dilatado, casi deleitosamente dilatado, fue el popular. Toda

Sevilla parecía haberse congregado a lo largo del itinerario. Bajo un prolongado palio de gallardetes, el

alegre repicar de los aplausos se propagaba a través de la multitud hasta las mismas puertas del Alcázar.

La Feria se quedaba vacía, tan vacía que gran número de jinetes vestidos a la andaluza se habían ido,

Ronda adelante, paya dar al Caudillo singularísima escolta. Ya junto a los muros de la Catedral, Franco

descendió del coche que ocupaba con el alcalde. Allí pasó revista a las fuerzas que le rendían honores y

recibió el saludo del Ministro del Ejército. Accionando levemente la mano, el Generalísimo se volvió un

momento antes de acercarse a su ilustre esposa, que en unión de otras distinguidas damas le aguardaba en

el atrio de la Puerta del Príncipe.

Precedidas por el cardenal arzobispo, el Jefe del Estado y señora, bajo palio, cuyas varas portaban,

capitulares de la basílica, avanzaban hacia la Capilla Real. La Capilla Real es el corazón de Sevilla. Allí

se venera la imagen de Nuestra Señora de los Reyes, y a sus plantas duermen su bien ganada fama los

despojos de San Fernando, el Monarca que recobró la ciudad para el Occidente cristiano.

El cardenal ofició la acostumbrada sabatina en honor de la Patrona Hispalense. El Caudillo y su esposa

participaron en el devoto ejercicio arrodillados en el presbiterio. La "Schola" alternaba el canto llano con

estrofas polifónicas.

La Catedral y el Alcázar estaban separados par la plaza del Triunfo y el Archivo de Indias, cuya fábrica

herrenana presta, al maravilloso recinto un lado de serenidad clásica. Como siempre, el Generalísimo

rehusó el coche para atravesar la plaza, a pie con su esposa.

Los vítores y aplausos se sucedían sin interrupción, y, el entusiasmo que electrizaba la atmósfera delataba

que el gentío podía en cualquier momento borrar las distancias, fundiéndose con el séquito. El Caudillo

no cesaba de corresponder a las constantes demostraciones de respetuoso afecto hasta penetrar en su

residencia por la puerta del León.

Entonces, en la noche cerrada, empezaron a tronar las salvas. No habían cesado todavía cuando se

celebraba la recepción en la sala de Almirantes contigua al patio de la Montería. Allí desfilaron ante su

Excelencia las personalidades que habían acudido a recibirle, con las cuales departió Franco. También se

hallaban presentes los ministros de la Gobernación, Ejército, Obras Públicas, Agricultura y subsecretario,

de la Presidencia, y numerosas Comisiones. Juan DE URBINA.

 

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