Palabras del Jefe del Estado en la apertura del I Curso de Sociología y Economía Rural, celebrada en el nuevo monasterio. 
 Franco preside la inauguración de la Abadía de Samos, destruida en 1951 por un incendio  :   
 El Caudillo y su esposa visitaron las obras del regadío del Valle de Lemos. 
 ABC.    15/09/1960.  Página: 23-24. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

FRANCO PRESIDE LA INAUGURACIÓN DE LA ABADÍA DE SAMOS, DESTRUIDA EN 1951

POR UN INCENDIO

PALABRAS DEL JEFE DEL ESTADO EN LA APERTURA DEL I CURSO DE SOCIOLOGÍA Y

ECONOMÍA RURAL, CELEBRADA EN EL NUEVO MONASTERIO

EL CAUDILLO Y SU ESPOSA VISITARON LAS OBRAS DEL REGADÍO DEL VALLE DE LEMOS

En la apertura del I Curso de Sociología y Economía Rural, organizado por la Jefatura Provincial del

Movimiento de Lugo, y cuyo acto se celebró en el monasterio de Sainos, el Jefe del Estado pronuncio el

siguiente discurso:

"Solamente unas palabras para mostrar mi satisfacción por ver terminada esta obra que el señor abad

emprendió con taño afán, y por haber tenido la suerte de poder ayudar al renacimiento de este foco de fe y

de cultura, que he visto, por las palabras del señor gobernador, que va orientado no solamente al servicio

de Dios y a la expansión del Evangelio, sino también a la mejora social y al perfeccionamiento de la vida

rural en esta provincia.

Es de gran interés la estadística como muy acertadamente señalaba el señor gobernador. La carencia de

datos estadísticos, la malicia con que muchas veces, temiendo el aumento de la contribución, ni los

campesinos ni los Ayuntamientos responden a la realidad para estas estadísticas, haré que la ignorancia de

estos datos, que han de ser la base, perjudiquen a la obra de reforma social y económica de nuestro

campo.

Yo recomiendo a cuantos van a asistir a estas conferencias, y coloquios que se pongan en la realidad de

los campesinos, en la realidad del "campo español y especialmente en la realidad del campo gallego, en el

atraso acumulado de siglos sobre la estructura de los patrimonios campesinos, el régimen de propiedad y

el atraso en los cultivos. Porque muchas veces se ha orientado y mirado al campesino gallego , como un

simple agricultor. Y para mí el campesino gallego no sólo es un agricultor, sino un granjero, y, por lo

tanto, no solamente atiende al pequeño sector de la agricultura, sino a la cría de ganado, a la explotación

ganadera, de cuyos productos vive. Se puede decir de él: que el ganado es muchas veces antes que la

familia.

Así, pues, si nosotros logramos que el campesino gallego y todos los miembros de su familia saquen un

fruto de su trabajo, asegurándoles un jornal a él y a toda la familia a través de su explotación ganadera,

habremos cambiado la suerte de la producción y de la familia gallega.

Por consiguiente, es tan particularísimo el caso de Galicia que todas las reglas y las deducciones

internacionales hay que acomodarlas a nuestro caso como la terapéutica de las enfermedades. Hay

enfermedades, sí, pero sobre todo hay enfermos, y el campesino gallego es un enfermo al que hay que

estudiar.

Y nada más que felicitar a todos los que colaboraron en esta gran obra y principalmente al señor padre

abad por el entusiasmo puesto, que ha superado todos los obstáculos

Muchas gracias. (Las palabras del Caudillo son acogidas con grandes y prolongados aplausos.)

I,AS NUEVAS PIEDRAS DE SAMOS

Samos 14. (Crónica del enviado especial de la Dirección General de Prensa.) La presencia, insigne del

Caudillo de España, capitán supremo de esta hora de exaltación de los mejores valores espirituales de la

nación, ha rubricado gloriosamente la resurrección de uno de los más importantes monumentos religiosos

de España, como es esa abadía benedictina de Samos que hace ahora justamente nueve años que quedó

materialmente destruida, por un incendio, que sólo respetó del tesoro inmenso que toda ella era, la Iglesia,

milagrosamente intacta tras las tres horas terribles del devorador fuego que convirtió en ruinas y

desolación aquel paraje donde la historia y la religión se añadían al arte para levantar un monasterio con

catorce siglos de existencia.

En la mañana de hoy ha sido Franco quien, con su presencia, ha iniciado la nueva hora de existencia sobre

las reconstruidas naves del monasterio, donde de nuevo los monjes, los novicios y los estudiosos podrán

dedicarse a las altas tareas de fervor y estudio que implican la vida en la antigua abadía donde se

alumbraron importantes trabajos de investigación y donde el inolvidable padre Feijoo, clarividencia

ilustre de toda una época española, alternó sus fundamentales tareas creadoras con la dedicación religiosa

que apoyaba su piadosísimo espíritu.

Ya están en pie las piedras de Samos; y Franco, acompañado por su esposa, ministros y las autoridades,

las ha visto de nuevo alumbrando hacia un porvenir despejado de grandeza y exaltación de los valores

espirituales como es el porvenir mismo de toda esta España que bajo su rectoría gloriosa, va marcando las

etapas de su mejor reencuentro con la Historia.

La reconstrucción de Samos ha sido un prodigio de tesón, de dedicación incansable, de tenacidad sin

desmayos por parte de su abad mitrado, ese religioso de temple de acero y voluntad sin vacilaciones que

es Dom Mauro Gómez Pereira, que desde hace treinta años ha dedicado las más intensas horas de su

religiosa existencia al histórico monasterio benedictino. Parecía imposible, en aquellos días terribles que

siguieron al desolador incendio, cuando durante dos semanas seguían humeando los rescoldos en aquel

paisaje de destrucción y ruina, que aquello pudiera ser alguna ves reconstruido. Pero el abad se fue a

Madrid, habló con quienes mejor podían entender su dolorido lenguaje, y hasta llegó al propio Caudillo

de España, que desde el primer momento atendió a la suprema importancia que la aspiración del padre

Gomes Pereira tenia, y dos años después del incendio, allí mismo, comenzaban las tareas de

reconstrucción. Unas tareas duras que alcanzan su mejor expresividad en la cita estadística de lo que han

supuesto las obras, por valor todas ellas de veinticuatro millones de pesetas.

Para la reconstrucción del monasterio de Samos se han tenido que utilizar trescientos mil ladrillos, mil

ochocientas toneladas de cemento, doscientas diez toneladas de granito y treinta y dos kilómetros de cable

de cobre. El monasterio tiene y ello da idea de su grandeza, cuatrocientas ochenta y cinco ventanas y

doscientas sesenta y cinco puertas.

Hay cosas, naturalmente, tristemente irrecuperables. Por ejemplo, los 30.000 volúmenes y códices de su

biblioteca, famosa en el mundo entero, que fueron fácil presa de las llamas. Por ejemplo, también, la

celda del padre Feijoo con sus manuscritos y libros personales. Pero en compensación, el arte nuevo surge

en este también nuevo monasterio. Pasarán a la Historia, serán, evidencia de nuestro tiempo

para la posteridad, las pinturas murales Que en la nueva abadía ha realizado uno de los jóvenes pintores

más importantes de la nueva generación pictórica gallega, como es José Luis. Este artista está realizando

en Sarrios la mayor pintura mural de Europa. En estos instantes ha concluido de pintar un muro de 200

metros cuadrados donde, con una técnica muy propia. inspirada en estilos primitivos que se remontan a

.los utilizados en el antiguo Egipto, describe con singular fuerza las escenas culminantes de la vida de

Nuestro Señor Jesucristo, armonizando con ella, simultáneamente, otras de la vida de San Benito, el

fundador de la Orden. Algo realmente extraordinario y que constituye atracción primera para los

visitantes del reconstruido monasterio, donde de nuevo ha vuelto la vida el "ora et labora" de la vida

claustral.

En este Samos reconstruido e inaugurado bajo la presencia ilustre del Caudillo de España, surgen de

nuevo los rumores de oraciones y los hálitos susurrantes del estudio y la meditación. Un accidente privó a

Galicia, y a España entera, de un tesoro monumental. Pero la voluntad de recuperación de unos hombres

admirables ha permitido que el tesoro sea recobrado en este hora de paz creadora que Franco acaudala

para todos los españoles.

 

< Volver