El Caudillo y su esposa en Samos     
 
 ABC.    15/09/1960.  Página: 24-25. Páginas: 2. Párrafos: 15. 

ABC. JUEVES 15 DE SEPTIEMBRE DE 1960. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 24

El Caudillo y su esposa, en Samos

Samos 14. El jefe del Estado v su esposa. doña Carmen Polo de Franco, han presidido la solemne

ceremonia de inauguración de la Abadía, después de las importantes obras de reforma en ella realizadas,

Sus Excelencias llegaron a Sainos a las doce y cuarto de la mañana. Todos los pueblos del recorrido desde

Lugo se hallaban profusamente engalanados y los vecindarios tributaron calurosos vítores al paso del

Caudillo y su esposa.

La villa de Samos presentaba un aspecto impresionante, exornada con banderas y gallardetes. De las

ventanas del Monasterio colgaban ricos tapices con el Escudo Nacional. Al llegar Sus Excelencias ante el

Monasterio, momento en que la banda de música interpretó el Himno Nacional y repicaban las campanas

del Monasterio, miles de campesinos, llegados desde los más alejados lugares de la comarca, aplaudieron

sin cesar al Jefe del Estado, que vestía de paisano. Le acompañaban el jefe de la Casa Civil, marqués de

Casa de Loja, y los segundos jefes de las Casas Civil y Militar, señores Fuertes de Villavicencio y general

Laviña, respectivamente.

El Caudillo fue cumplimentado, al descender del coche, por los ministros de Justicia. Sr. Iturmendi; de

Gobernación, teniente general Alonso Vega; dé Obras Públicas. Sr. Vigón; de Comercio, Sr. Ullastres. y

secretario general del Movimiento, señor Solís Ruiz, así como por los capitanes generales de la VIII

Región, teniente general Menéndez Tolosa y del Departamento Marítimo de El Ferrol del Caudillo, don

Pedro Fernández: gobernadores militar y civil de Lugo, señores Alonso y Otero Aenlle; gobernadores

civiles de las restantes provincias gallegas con los presidentes de las Diputaciones y demás autoridades

provinciales y regionales.

Después el Jefe del Estado, acompañado de su esposa, subió la escalera que desde el atrio conduce al

Monasterio. A la puerta fueron recibidos, por el abad mitrado, don Mauro Gómez Pereira, revestido de

pontifical, que les ofreció a besar el "lignum crucis" y al que acompañaba una comisión de padres del

Monasterio. Sus Excelencias fueron saludados por el cardenal arzobispo de Santiago, doctor Quiroga

Palacios; los obispos de Palancia. Albacete, Tuy, Orense, Mondoñedo y Lugo: abades de la Santa Cruz

del Valle de los Caídos y de Santo Domingo de Silos, y los priores de El Paular y Estivaliz.

El Caudillo y su esposa entraron en la iglesia del Monasterio bajo palio y se dirigieron al altar mayor,

donde ocuparon sitiales bajo dosel en el lado del Evangelio, mientras el cardenal arzobispo de Santiago se

situaba en el lado de la Epístola. Los prelados ocuparon la presidencia del coro. Frente al altar mayor, en

lugares preferentes, se situaron los ministros y detrás las restantes autoridades v jerarquías, así como un

grupo de damas. La "Schola Cantorum" del Monasterio interpretó la antífona de jefes de Estado y

seguidamente dio comienzo la misa, oficiada por el abad mitrado de Samos.

Durante la misa pronunció un sermón el padre Capón, rector del Seminario de Santiago de Compostela y

antiguo alumno del Monasterio de Samos. Se refirió a la titánica, obra realizada por el abad mitrado en la

reconstrucción y al apoyo y ayuda que el Jefe del Estado y su Gobierno le habían prestado. Terminada la

misa, se cantó un "Te Deum" con intervención de "la "Schola Cantorum" de la Abadía.

VISITA AL MONASTERIO

A continuación el Caudillo con su esposa, ministros, séquito, prelados y abades, se dirigió a la sala

capitular y realizó una detenida visita por todas las instalaciones, alabando el arte y buen gusto que reina

en todas las obras. Felicitó cordialmente al autor de las pinturas murales, y el abad explicó detenidamente

al Jefe del Estado el proceso que se siguió en la reconstrucción.

En las primeras horas de la tarde, el abad mitrado, D. Mauro Gómez, obsequió con un almuerzo a Sus

Excelencias, al que también asistieron miembros del Gobierno y demás personalidades del séquito y

autoridades.

PROCESO DE LA RECONSTRUCCIÓN DEL MONASTERIO

La Real Abadía de Samos fue fundada en el siglo VI. Con la llegada de los sarracenos a principios del

siglo VIII, el edificio primitivo quedó convertido en ruinas. En el siglo XVI, uno de sus incendios dejó

materialmente derruida la nueva estructura del cenobio y se perdió la valiosísima documentación que

guardaba. El 24 de septiembre de 1951 y como consecuencia de la explosión de un gigantesco depósito de

alcohol, las llamas arrasaron todo el interior del edificio, salvándose sólo la iglesia y las paredes

exteriores. Alfonso II el Casto, tuvo al Monasterio como lugar de refugio, primero y de formación,

después. Los reyes que le sucedieron distinguieron, asimismo, al Monasterio con su atención y ayuda.

En la fecha últimamente citada quedó destruido y, su reconstrucción parecía insoluble. El abad mitrado,

padre Mauro. Gómez Pereira, sin embargo, mantuvo siempre la fe en la gran empresa de reconstrucción.

Los monjes, que se habían quedado sin cobijo, fueron enviados a otras casas de la Orden, quedándose con

el abad unos cuantos, muy pocos, entre ellos el padre Juan Monleón, arquitecto e ingeniero industrial. Se

confeccionaron los planos y las obras dieron comienzo en 1953, prácticamente sin disponer de una peseta.

Al mismo tiempo, el abad comenzó un largo periplo por la América española, y la recaudación de fondos,

sobre todo entre los gallegos allí residentes, fue francamente satisfactoria. El Estado español se preocupó

también por el problema, y fue iniciada una suscripción nacional a la que contribuyeron con entusiasmo

los españoles.

La dirección, administración y hasta una buena parte del trabajo se debe a los benedictinos.

CARACTERÍSTICAS DE LA NUEVA ABADÍA

En la reconstrucción, las dependencias del edificio, celdas, aulas, sala capitular, dormitorios, etc., han

quedado ajustadas a la tradicional severidad benedictina, pero al mismo tiempo a un sentido funcional

moderno. Una obra importante, y según los técnicos, atrevida es la gran escalera principal, sin ningún

sostén, trabajada en granito de Parga, y de enorme valor monumental. Las celdas llevan inciso, en el

medio punto de las arcadas de sus puertas, el nombre de algún personaje famoso por su santidad, su

ciencia o su virtud. Las forjas, instaladas en el propio Monasterio, confeccionaron los herrajes de puertas,

ventanas y balcones, dando el hierro al granito una mayor prestancia y un alto valor decorativo. El único

recuerdo que se ha conservado de la Abadía, antes de su último incendio, es la gran chimenea de piedra

en el salón capitular, cuyos sillares están visiblemente erosionados por las llamas.

En la escalera principal ha sido colocada una placa de mármol que recuerda el incendio y las obras de

restauración. La crujía que une la sacristía con la iglesia está pintado al fresco, y sus lienzos representan .

los hechos más importantes de la vida del Señor, Es de destacar, sobre todo, como motivo ornamental de

gran valor, la decoración de dos de los ánditos de la primera planta alta sobre el claustro grande, ideados y

ejecutados con una técnica moderna que sirve para recordar a generaciones venideras el estilo de nuestra

época y el modo actual de sentir el colorido y el movimiento de las figuras. El conjunto de éstas

representa una magnífica expresión gráfica de la vida de San Benito.

 

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