Discurso del Jefe del Estado en la inauguración del Centro de Formación Profesional Acelerada de Barcelona. 
 No es posible la mejora social si no hay un paralelo y real progreso económico  :   
 En presencia del Generalisimo fueron entregadas al Ayuntamiento barcelonés la Fortaleza el Parque de Montjuich. 
 ABC.    08/05/1960.  Página: 79-80. Páginas: 2. Párrafos: 20. 

«NO ES POSIBLE LA MEJORA SOCIAL SI NO HAY UN PARALELO Y REAL PROGRESO

ECONÓMICO»

"La situación es francamente buena y nos permitirá recoger pronto el fruto de nuestros sacrificios"

"Con la nación despojada de todo nos hemos tenido que encarar con una herencia ruinosa”

DISCURSO DEL JEFE DEL ESTADO EN LA INAUGURACIÓN DEL CENTRO DE FOR MACION

PROFESIONAL ACELERADA DE BARCELONA

EN PRESENCIA DEL GENERALÍSIMO FUERON ENTREGADAS AL AYUNTAMIENTO

BARCELONÉS LA FORTALEZA Y EL PARQUE DE MONTJUICH

En la inauguración del Centro de Formación Profesional Acelerada, celebrada ayer en Barcelona, el Jefe

del Estado pronunció el siguiente discurso:

"Solamente unas palabras para felicitar a la Organización Sindical, a las jerarquías, a los monitores de

este Centro y a cuantos han ayudado o han puesto su celo en la culminación de esta obra, y que vienen

logrando que por la geografía de España se multipliquen estos Centros, que, como decía Solís hace unos

momentos, vienen a llenar una gran laguna en la formación del hombre español.

La situación de atraso en la formación profesional y especialización de nuestros trabajadores es una

herencia del siglo liberal, de su anarquía; de aquel dejar hacer, que era no hacer, que producía aquel

estancamiento en nuestro progreso. Así como en la naturaleza todo es equilibrio, de la que se nos ofrece

como modelo la colmena con sus abejas, en la que sin inteligencia, sin las dotes superiores del ser

humano, todo es orden, eficacia y armonía; en cambio, los que recibimos el don tan preciado de la

inteligencia, la malgastamos en ese dejar hacer, en solamente pensar en los derechos, pero no en cumplir

los deberes que durante tanto tiempo ha hecho que los esfuerzos de los españoles, en lugar de unirse en

una, marcha ordenada, se enfrenten y anulen; de ahí el no avanzar, cuando no el retroceder, en la marcha

que la perfección de la humanidad demanda.

Nuestro Movimiento Nacional ha surgido contra el abandono y la anarquía. Es la no conformidad con un

estado de cosas que nos precipitaba en el caos: es un Movimiento eminentemente social, notoriamente

humano; un Movimiento que persigue el bien común, ese fin político tan manoseado al correr de los años

y que, sin embargo, en la práctica de aquellos sistemas jamás se realizaba, viniendo a constituir la peana

sobre 1a que se alzaban las ambiciones de los hombres que posponían a sus pasiones el bienestar general

de nuestro pueblo.

Por ser nuestro Movimiento político, es eminentemente social. Si dejara de ser social quedaría vacío de

contenido, ya que en nuestra era lo político ha venido a ser eminentemente social.

"EL MOVIMIENTO VIENE A DAR SATISFACCIÓN A TODOS" Nuestro Régimen tampoco es

exclusivo de una clase. Viene a dar satisfacción a todos. Y esto no podría alcanzarse si dejáramos

sumidos en la anarquía a una masa de hombres sin preparación y sin trabajo, abandonados a sus propios

medios. La vida es como una gran cucaña, como esas competiciones ciclistas, del deporte, del fútbol; esos

torneos en los que ponemos tanta pasión que requieren trabajar en equipo, y que se dan también en la vida

de los pueblos. Existe una competición real entre las naciones, entre las economías, y si los pue

blos no se preparan para esas luchas y no van todos a una, obedeciendo a una voz y aunando sus esfuerzos

en una dirección, serán rebasados por los más preparados, y los fuertes pasarán por encima de los débiles,

qué se ahogarán en su propia miseria.

Esta es la mejor realidad del Movimiento Nacional, que desde el primer momento lucha por el bien

común, por la justicia y el bien social entre los hombres y las tierras de España; preparando a la nación

para esa lucha; dictando leyes sociales que fortalecieran y transformasen toda la vida española.

Muchos que desconocen el pasado pretenden tacharnos de que vamos con calma. Y yo llamo la atención

de esos españoles para que piensen cuál es la herencia que recibimos; cuál era la situación de España,

cuáles eran las luchas sociales esterilizadoras de todo avance y progreso humano y económico; cuál era la

base económico-social de que partimos; quiénes se llevaron el oro de la nación, quiénes arruinaron

sistemáticamente la producción española, quiénes la abandonaron y negaron al Estado el derecho o, mejor

dicho, el deber de realizar la transformación de la nación creando nuevos puestos de trabajo, despertando

riquezas, multiplicando bienes, levantando nuevas fuentes de colocación para sus hijos y para el empleo

de todos sus brazos. "HEMOS RECIBIDO UNA HERENCIA RUINOSA"

Hemos de recordar que cuando vino la República, su primer acto qué suspender todas las obras públicas

españolas, calificándolas de derroche. ¿Y qué eran las obras públicas que se habían concebido en tiempos

del general Primo de Rivera? Pues nadamenos que el riego futuro de nuestros campos, el levantamiento

de nuevas fábricas, el refuerzo de nuestra economía. Evidentemente, con aquella suspensión se quería el

hambre y la miseria, para mejor especular con ellas. Nosotros, sin embargo, con la nación despojada de

todo nos hemos tenido que encarar con aquellos problemas. Y si hoy hemos tenido una ligera contracción,

es la necesaria e indispensable para seguir marchando. La herencia que nosotros recibimos fue una

herencia, ruinosa. Todo eran deudas, no teníamos ni disponíamos de nada. Decían nuestros adversarios

que nos dejaban y abandonaban una nación inviable, imposible de levantarse. Así lo creían también no

solamente los que se marcharon, sino muchos de los que se quedaban (Grandes y prolongados aplausos y

gritos de "Franco, Franco, Franco".)

Pocos eran los que creían en las posibilidades del pueblo español, en su capacidad y espíritu para poder

salir de aquella situación con nuestro propio esfuerzo. Sin embargo, estas eran las grandes probabilidades

que ofrecía el Movimiento Nacional, el atesorar unas esencias políticas impregnadas de fe en España, de

una virtualidad en potencia, y, una doctrina que nos ofrecía soluciones y cauces para poderlo conseguir.

Así pudimos encararnos con el gran problema de dar de comer a veintiocho millones de habitantes y

hacer que en ningún sitio faltase lo indispensable para la vida y para el trabajo, y que no sólo pudiéramos

sostener la vida, económica de España, importar el algodón para vuestras fábricas y las materias primas

necesarias para vuestros establecimientos, sino también el lograr un progreso sustancial; todo ello sin una

divisa, sin una ayuda exterior ni una mano que se nos tendiese. Nuestra marcha fue eficaz y progresiva,

con vistas a levantar nuestra economía y nivelar nuestra balanza de pagos, que nos permitiera como

primera meta una estabilización; que las cuatro pesetas que pudiera ahorrar un hombre en España

conservaran su valor de compra y no se depreciasen. Y teníamos que conseguir, al mismo tiempo, que en

aquel período indispensable y en el que forzosamente tenían que producirse fenómenos de carestía, no

fuera sacrificada la situación de la mano de obra. Y por ello tuvo que llegarse a un aumento progresivo de

los salarios, al no poder detener los precios, aunque, como ocurre siempre, los salarios serían a plazo

corto rebasados por los precios. Su límite y su parada estaba en alcanzar una producción y un equilibrio

que nos permitiera enfrentarnos con la estabilización. No cabía otra política que crear, producir y

multiplicar en España todo lo que en nuestra nación pudiera lograrse, multiplicando fábricas,

estableciendo riegos, reforzando por todos los medios la balanza de pagos para poder enfrentarnos con el

momento de la estabilización.

"LA SITUACIÓN ESPAÑOLA ES FRANCAMENTE BUENA"

Para pasar a la estabilización, no cabe duda que existen algunas cosas que no pueden subsistir, que se

habían forjado sobre la especulación y la escasez y que forzosamente tenían que caer. Hemos procurado

que en esta situación de estabilización los daños fuesen los mínimos posibles y hoy podemos

considerarnos en franca marcha de recuperación. No nos hemos detenido en el camino para retroceder,

sino precisamente para todo lo contrario, para avanzar, tomar nuevas fuerzas y lograr un avance mayor. Y

en este sentido hemos de considerarnos satisfechos de que la situación española sea francamente buena y

que pronto nos permita recoger el fruto de nuestros sacrificios.

Pero es indispensable que en esa gran concurrencia universal, en esa competición de las naciones, la

nuestra, lo mismo que sucede en las competiciones deportivas, se prepare físicamente para con nuestro

esfuerzo y nuestra unidad y, sobre todo, con nuestra productividad, alcanzar las metas perseguidas.

Tienen todos que convencerse que no es posible la mejora social si no hay un paralelo y real progreso

económico.

Podría llevarse la justicia distributiva a los extremos más avanzados, pero si la economía no progresa, si

los bienes y la renta nacional no aumentan y, en cambio, la población se multiplica el reparto sería

mísero. Por esto la productividad es necesaria, importa al trabajador más de lo que él mismo supone. Y en

este empeño todos somos actores, y a unos nos corresponde la responsabilidad de dirigir y a otros la de

obedecer y producir.

Y estas instalaciones son un pedazo de esta gran obra que viene a llenar una laguna anterior, el abandono

de las generaciones que nos precedieron, porque para el futuro para vuestros hijos y nietos, para las

futuras generaciones, España cuenta con organizaciones y fuerzas suficientes para que no se den estos

casos, hoy tenemos que servir y transformar a los hombres que han tenido la mala suerte de vivir en años

anteriores. A ellos están destinadas estas realizaciones. (Grandes y prolongados aplausos que no cesan

hasta que el Caudillo abandona el estrado.)

 

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