Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   Estalló la crisis     
 
 Sábado Gráfico.    08/11/1969.  Página: 6-8. Páginas: 3. Párrafos: 18. 

EL GALLO

EN CORRAL AJENO "Por EMILIO ROMERO"

1. Estalla la crisis

NUESTRO pronóstico se cumplió. A mediados de semana estalló la crisis. Algunas

personalidades políticas la han recibido como un tortazo. Tenían aspiraciones.

La óptica política acostumbra a ser parcial e interesada. Pero si nos situamos

por arriba del valle de lágrimas de la política, para ver las cosas desde lo

alto, observamos que si se coteja ideológicamente el viejo Gobierno con el nuevo

Gobierno, resultan muy parecidos. La gran mayoría de los ministros ya no

proceden de los cuatro grandes estamentos políticos que se tenían en cuenta para

hacer los Gobiernos, y que eran monárquicos, falangistas, tradicionalistas y

católicos de la A. C. N. de P. (Asociación Católica Nacional de Propagandistas).

En la crisis de 1957 comenzaron a entrar los técnicos o «tecnócratas» (como les

llama la gente) y algunos de ellos pertenecen, en sus comportamientos

espirituales, al Opus Dei. En el Gobierno anterior figuraba, residual-mente, el

tradicionalismo, representado en el señor Oriol; el falangismo, también

residualmente, representado por Solís Ruiz; el sindicalismo, de ejercicio, en

Sánchez-Arjona. (Pasó de la Secretaría General de los Sindicatos al Ministerio.)

En Información figuraba un hombre del Movimiento (de última hora, puesto que sus

raíces eran del mundo católico); su entrada en la política fue con Ruiz-Giméñez,

me refiero al ministro Fraga; en Asuntos Exteriores había un católico-mo-

nárquico-profesor: Castiella.

Coautor, con Areilza, de las «Reivindicaciones de España». Silva era el más

estricto representante del

mundo católico tradicional. Los monárquicos de Esteril ya se habían evaporado;

Vigón fue el último.

En el Gobierno de ahora, a Solís le sustituye uno de los hombres promovidos por

la Secretaría General del Movimiento, el profesor Torcuato Fernández Miranda; y

llega a Trabajo el primer secretario del Consejo Nacional del Movimiento, Lici-

nio de la Fuente. Dos antiguos sindicalistas nombrados por Solís (aunque ahora

estuvieran a las órdenes de Laureano López Rodó) cubren los Ministerios de la

Vivienda y de Agricultura, en calidad de técnicos (Mortes y Allende), y un

miembro representativo de las áreas económicas del Sindicalismo es designado

ministro de los Sindicatos. A Información llega el embajador Sánchez Bella,

oriundo del mundo católico, quien dio entrada en la política a Fraga. Los que

muestren interés por las estadísticas, mediante los coeficientes, no hallarían

grandes diferencias entre uno y otro Gobierno. Algunos no se han dado cuenta

todavía de que el resultado de esta crisis es coherente con la mudanza del

Régimen, que viene de muchos años atrás. Pero, como me dijo un ministro una vez,

«mientras somos ministros no nos enteramos». Lo que hay distinto es todo esto:

El Vicepresidente es más Vicepresidente; quiere decir que vicepreside más.

El ministro López Rodó, comisario del Plan de Desarrollo, ha catapultado a sus

tres colaboradores máximos a Ministerios económicos y sociales (Agricultura,

Industria y Vivienda). En el Ministerio de Hacienda hay un antiguo colaborador

suyo; y en Comercio está un personaje no disidente, sino alineado.

Lo que se ha cristalizado es un equipo orientado por las superiores directrices

de la empresa del desarrollo. Por primera vez los Ministerios llamados

económicos tendrán timonel.

El Gobierno de diferentes (no se trata de un Gobierno de grupo o de partido) no

es un mosaico de Talavera, sino arábigo, que es más entramado y sutil. Ya ha

dicho el Vicepresidente, en su declaración, que «se supeditarán en todos los

casos las visiones departamentales a la unidad de dirección». Se acabó el tiempo

de los Consejos de Ministros con opiniones diferentes que tratan de avenirse; lo

que habrá es un Gobierno en todo el sentido de la palabra. Todos están unidos;

todos serán responsables.

La política exterior ha dejado de ser un islote en el Gobierno, sino que

aparecerá relacionada con la política interior.

La política interior ya no estará precisada de realizarse a través de,

subsecretarios (viejo diálogo Herrero Rodríguez de Miguel, Val-cárcel-Rodríguez

de Miguel), ante la imposibilidad de dialogar eficazmente los ministros. Más paz

para los gobernadores.

Los Ministerios económicos, el Ministerio de Trabajo y el Sindicalismo tendrán

que tender puentes de

comunicación, de colaboración y de entendimiento.

Se ha comentado mucho el color del nuevo Gobierno. A mí no me parece monocolor,

sino un arco iris, que es un conjunto de colores diferentes que se avienen a

unirse y a establecer un semicírculo en el horizonte después de la lluvia. Desde

que en España no hay partidos políticos, todo queda reducido a la conducta de

los hombres, y éstos llegan al Poder desde lugares diferentes y por su propio

pie. ¡Ah, el Poder! El Poder llama a los políticos con tanta fuerza como las

sirenas a Ulises. Más vale no preguntar quiénes son, qué es lo que piensan o de

dónde vienen. El Poder es fascinante. Vamos a ver muchas sorpresas en la

«pedrea» de altos cargos. Pero veamos cómo es de atractivo el Poder.

2.- Las tomas de posesión

LAS tomas de posesión de los ministros es un espectáculo que debiera desaparecer

por inhumano.

Algunos ministros han llorado al despedirse. Pero, ¿por qué se liora? Decían los

viejos conocedores del hombre, en la antigüedad, que el varón lloraba

exclusivamente por dos cosas: por las infidelidades de una mujer o por ira.

Pienso que aquellos hombres se quedaron cortos. O por lo menos habría que

establecer otras especies de sentimientos, o sub-llantos, para encuadrar esta

mortificante situación de ciertos políticos al dejar sus cargos. El llanto del

hombre que abandona una alta función pública puede ser por un ejemplar

encariñamiento o enamoramiento por ella. (La política es femenina, y es

inaccesible a veces o infiel.) También se llora por ira, pensando que se han

comportado mal con quien cesa.

En cualquier caso, la escena es deplorable y no debía ser pública. La entrada y

la salida de la política deberían tener más naturalidad y menos apasionamiento,

más sobriedad y menos ritualismo. Un hombre debe ascender a las altas dignidades

de la función pública y más tarde reintegrarse, silenciosamente, a su casa, a su

ciudad o a su barriada, sin que se desarbole su armazón moral. Qué alegrías y

qué disgustos los de los actos de toma de posesión.

Luego hay algo todavía más lamentable. A estos actos asisten las clientelas

desoladas o identificadas con el que se marcha, que ofrecen unas caras

larguísimas; y las clientelas expectantes o partidarias del que llega, que lucen

unos semblantes espléndidos. Allí se mezclan el temor y la esperanza, el

desconsuelo y el júbilo, la irritación y la mala uva. No se me olvida la toma de

posesión de Fraga, hace unos años, con Gabriel Arias-Salgado, que cesaba.

Gabriel Arias-Salgado era un hombre que se oscurecía a propio intento; no se

pudo decir nunca de él que era el ministro de Información de sí mismo; tampoco

pensó inocentemente— el día antes, que cesaba. Llegó al acto sobrecogido,

apurado, desconcertado y con traje oscuro. Fraga, con bastantes más kilos que

ahora, estaba rozagante, poderoso, inquieto; como Gabriel Arias-Salgado

representó el tiempo de la censura, allí estaban muchos que iban a sacarse la

espina.

Su presencia era locuaz y hasta provocativa. Entre ellos, el más ruidoso de

todos, Edgar Neville. Luego le pon-Mría como chupa de domine en un periódico.

Ahora, 1969, Fraga aparecía irritado, conmovido, sombrío y sin los kilos de

antes. En fin: un espectáculo nada serio este de los relevos con estrado y todo.

Máximo decía ..estos días en un artículo: «Si yo fuese ministro —mano enguantada

de doña Leonor a la que renuncio de por vida— colocaría en la pared frontal a mi

sillón la palabra "EX". Ella sería mi cilicio y mi espuela. Ella garantizaría el

realismo y mesura de mi mandato. Ella me ayudaría a potenciar el presente con la

vista puesta en el previsible futuro. Futuro fatal de necesidad, aunque no

necesariamente fatídico».

3.- Un articula injusta

Y ya que se ha mencionado a Gabriel Arias-Salgado, es justo salir al paso de un

artículo de «ABC», donde, con el noble propósito de decir que Fraga ha sido un

gran ministro —y es verdad que ha hecho una espléndida Ley de Prensa y ha

desplegado una gran actividad—, arremeten contra su antecesor, y hasta señalan

que tuvo un deficiente equipo de colaboradores. Los colaboradores de Gabriel

Arias-Salgado fueron, entre otros muy relevantes, Villar Palasí, el actual

ministro de Educación; el consejero nacional y profesor de la Universidad de

Madrid, Adolfo Muñoz Alonso; el famoso fundador de tanto lema e ideología

contemporánea, Juan Aparicio; el profesor Juan Beneyto; el que fue presidente de

Sala del Tribunal Supremo, Cerviá; el profesor y actual director general de

Bellas Artes, Florentino Pérez Embid; el profesor de Historia, Vicente Rodríguez

Casado. El Ministerio de Información y Turismo que hoy se levanta como una

realidad física y administrativa nueva, en la Castellana, se hizo en tiempos de

Arias Salgado. Y la Escuela de Periodismo. Y Televisión Española. Y la Agencia

Efe.

Y Radio Nacional de España. Y el primer lanzamiento, a buena escala en aquel

tiempo, de los Paradores de Turismo, cuando todavía no venía nadie, porque nadie

viajaba. Pero todo ello se olvida o se oscurece, porque Arias Salgado encarnaba

la censura. Toda la censura. Y es verdad. Pero la censura pertenece a los

tiempos de rigidez española en todos los terrenos. También el Movimiento amplio

que es hoy era entonces un partido único. Y la Iglesia no era la conciliar de

hoy, sino la retrógrada. Y las Cortes eran un gran aplaudiómetro.

Y los Sindicatos no estaban al nivel democrático que ahora. Y no conocíamos las

frases «concurrencia de criterios» y «contraste de pareceres». Pocos meses antes

de cesar Arias-Salgado tenía ya un proyecto liberal de Ley de Prensa para

corregir la de 1938. A esa comisión pertenecía yo y el propio señor Fraga.

Allí había un representante de la Iglesia, que era el director de «Ecclesia», .y

que noy es obispo. Es verdad también que Arias-Salgado era un hombre muy

estrecho en materia religiosa y en asuntos políticos. Impuso el chai en la

Televisión y creía que el pueblo era menor de edad. Pero gobernó en un tiempo

donde tenían ambiente esas cosas. Ahora habría cambiado. Gabriel Arias-Salgado

era honrado, humilde, afectuoso y conversador. Salía uno de su despacho sin

sacar mucho en materia de apertura, pero satisfecho del trato. Manuel Fraga es

destemplado, no da respiro al interlocutor, a veces es mal educado, nada

humilde, desdeñoso y con un trepidante dinamismo en el servicio de su función.

Arias tenía mano derecha y concedía poco. Fraga Iribarne concedía algo —en

materia de apertura— sin,mano derecha; no tenía ni una sola actitud diplomática

a pesar de ser éste su oficio. Si Gabriel Arias-Salgado fuera algo así como Pío

XII y Fraga como Juan XXIII —aunque un poco menos—, parece ser que Sánchez

Bella, el nuevo ministro, será como Pablo VI. Y como esto es la historia —aunque

historia pequeña—, yo tengo el gusto de contarla; y me reservo algunas cosas

porque, si las dijera todas, ¿qué materiales constituirían mi libro de Memorias,

que ya tiene título y que se llama «Sin amarras»?

4.- Tiene que estar hecha un lia

MIS aires me dicen que el Gobierno no va a retirar el proyecto de Ley Sindical

de las Cortes. Eso es un gran acierto. Lo que se ha organizado es un verdadero

ferial de opiniones alrededor de lo que debe ser una Ley Sindical. Unos expertos

de tres países distintos vinieron un día comisionados por la O. I. T.

(Organización Internacional del Trabajo) y emitieron un largo informe sobre todo

lo que pasa aquí en materia social y sindical y sus consecuencias políticas o

económicas. Los obispos catalanes han lanzado otra manifestación. Ahora

distribuyen otro documento un grupo de profesores de Teología, Filosofía,

etcétera. Se esperan documentos más concretos del Episcopado. Recientemente, el

ilustre «padre de la Patria» y bullicioso aperturista Alberto Bailarín Marcial,

ha explicado muy bien su fórmula.

El periódico «Ya» publicó una serie de artículos, y su habitual colaborador

Vallar Arregui hizo también su crítica de oreja a rabo al proyecto de Ley. Otros

periódicos, y múltiples especialistas de reconocido crédito, y hasta nuevos en

la plaza, se han referido al tema. Ríos de tinta, torrentes de palabras,

octavillas clandestinas, sermones, anegan y agotan esta cuestión. Entonces,

oprimido en mi condición de ciudadano, abro mi caparazón y me sumerjo en esta

reflexión candida: ¿Y cómo se oye menos que a nadie a los obreros, si el

sindicato es, preferentemente, su sociedad? El empresario se defiende en sus

patronales, en sus consorcios, en sus ventanillas dé la Administración, en sus

casinos, en sus relaciones; mientras que el pobre obrero no tiene dónde caerse

muerto más que en su sindicato. Y de su sindicato hablan: el consultor del

Secretariado Romano «pro non credentibus», el secretario de la Comisión Nacional

«justitia et pax», el prior del convento de San Pablo, de Valla-dolid; maestros

de Eclesiología, un notario de Madrid, condes (de Montarco o no),

terratenientes, jurisperitos, abogados del Estado, catedráticos de Sicología,

etcétera. El obrero que ha oído decir que el sindicato lo fundaron hace cerca

de- cien años para reducir la jornada laboral, aumentar los salarios y humanizar

el feroz capitalismo de entonces, "y que después ha vivido, y sigue viviendo,

para poner al trabajo en el sitio que merece y hacer justicia distributiva, debe

estar hecho un lío. Es muy fácil que se pregunte: «¿De qué sindicato hablarán?».

5.- «La vida no es una novela rosa»

UN amigo mío entrañable —de esos que no son temporales, coyunturales, obligados

y evaporables al menor escozor, Juan García Caires— me pregunta, con gran

interés y alabanza, si he leído un artículo

titulado «Las riquezas de la fe», que publica monseñor José María Escrivá de

Balaguer, fundador del Opus Dei, en el suplemento de «ABC» del domingo. Se-me

había pasado. Leo pocos artículos religiosos, porque no acaba de salir la

dialéctica católica del pantano de tópicos con que la ha visto, la ha leído y la

ha escuchado mi generación. Y hago mal, porque alguien me dice que los artículos

religiosos de Adolfo Muñoz Alonso, en «Arriba», deben leerse «entre líneas»,

porque tienen cosas siempre contra alguien. No lo creo. El eminente profesor de

Filosofía dice cosas tan brillantemente enrevesadas para legos como yo que son

como sendas inaccesibles de sabiduría, a donde no podemos ascender, pero que

compartimos.

Vuelvo corriendo al suplemento de «ABC» y me encuentro con un bello artículo,

diáfanamente escrito y razonado, al hilo mismo del mensaje cristiano de todos

los tiempos. Creo que muy actual. Pero como mi amigo debe haberle visto alguna

intención que yo no alcanzo, transcribo aquellos párrafos que tienen más

alusiones a cosas temporales para que el lector haga el juego apasionante de

cien años de vida española de leer entrelineas: «No es mi misión hablar de

política. Tampoco es esa la misión del Opus Dei, ya que su única finalidad es

espiritual. El Opus Dei no ha entrado, ni entrará nunca, en la política de

grupos y partidos, ni está vinculado a ninguna persona o ideología. Ese modo de

actuar no es una táctica apostólica, ni una conducta meramente encomiable. Es

una necesidad intrínseca para el Opus Dei proceder así, ya qué lo exige su misma

naturaleza y tiene un resello evidente: el amor a la libertad, la confianza en

la condición propia del cristiano en medio del mundo, actuando con completa

independencia y con responsabilidad personal. No hay dogmas en las cosas

temporales. No va de acuerdo con la dignidad de los hombres el intentar fijar

unas verdades absolutas en cuestiones donde, por fuerza, cada uno ha de

contemplar las cosas desde su punto de vista, según sus intereses particulares,

sus preferencias culturales y su propia experiencia peculiar. Pretender imponer

dogmas en lo temporal conduce, inevitablemente, a forzar las conciencias de los

demás, a no respetar al prójimo».

«Pienso, sin embargo, que un cristiano ha de hacer compatible la pasión humana

por el progreso cívico y social con la conciencia de la limitación de las

propias opiniones, respetando, por consiguiente, las opiniones de los demás y

amando el legítimo pluralismo. Quien no sepa vivir así, no ha llegado al fondo

del mensaje cristiano».

«Si otras personas piensan de manera distinta a como pienso yo, ¿es eso una

razón para considerarlas como enemigas? La única razón puede ser el egoísmo, o

la limitación intelectual de quienes piensan que no hay más valor que la

política y las empresas temporales´. Pero un cristiano sabe que no es así».

Estos son los párrafos. Parece que Luis María Ansón, que lleva el suplemento.de

«ABC», ha querido romper" un corriente cliché del Opus Dei que retrata su

supuesta afición a los asuntos temporales, para restituir la leyenda negra a los

purísimos manantiales de la doctrina. Un artículo para quitar el miedo ante un

Gobierno con muchos miembros pertenecientes a la Obra. Luego, monseñor Escrivá

dice que la vida no es una novela rosa. ¿Y por qué no lo será?, digo yo. Aunque

fuera cursi. Lo que es más bien, es un arte feroz de cetrería, a lo vivo.

6.- La política U la caza

Y ahora que me acuerdo: No ha sido probado, tras la última crisis, que la caza

sea una actividad, ni siquiera importante, para triunfar en política. Los tres

días de caza anteriores a la crisis registran cazadores ministros que han

cesado; mientras que otros, que nunca han cazado, están en varios Ministerios.

Esto puede aliviar las tensiones de la Ley de Caza, que espera su turno en las

Cortes.

Que, como dice Lope de Vega en «El gran duque de Moscovia», los cazadores deben

comer y mentir, que esa es su gloria. Últimamente, la pasión de la caza era

rumoreante, posibilitante, agotadora e impura.

 

< Volver