Empieza la campaña     
 
 Diario 16.    24/05/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Empieza la campaña

Comienzan hoy las tres semanas de campaña electoral. Todo hace pensar que serán veintiún días de

intensa actividad política y que el bisoño elector hispánico va a tener ocasión de pasmarse ante los

alardes, las promesas, las bravatas y... los faroles de los seis mil candidatos que aspiran a un escaño en las

próximas Cortes. Esperemos que el desconcierto político que se percibe en el ciudadano —-cuyo reflejo

es el alto porcentaje de indecisos en cuanto a la intención de votara-, no sea fomentado por una campaña

más vocinglera que seria, más efectista que profunda. Esperemos, por el contrario, que la campaña sirva

para aclarar las dudas de un cuerpo electoral que, en su mayor parte, se va a acercar por primera vez a

unas urnas democráticas. Los partidos políticos parecen decididos a utilizar todos los modernos medios de

captación de la opinión pública con un espectacular despliegue a la americana. Aviones, helicópteros,

grandes mítines, actos reducidos, miles de militantes y un diluvio de impresos de todos los tamaños y los

más diversos objetos, van a anegar al país convertido en gran cancha política. La americanización ha ido

tan lejos que\hasta ha habido amagos de prácticas a lo Watergate. Y se afirma que una nube de detectives

privados sigue los pasos de los candidatos en busca de informaciones útiles para sus adversarios. Sería

una lástima que deslumbrados por el brillo y la pretendida eficacia de una campaña a la americana

nuestros partí-dos imitaran la forma, pero descuidaran el contenido. Es de desear, también, que la

campaña obligue a los partidos a bajar del terreno de los grandes principios al de los temas menudos y

concretos que son los que verdaderamente preocupan al elector. Algunos candidatos están ya

comprobando que a aquél le importan a veces muy poco las solemnes afirmaciones de índole

constitucional, pero presta más atención al tratamiento de sus problemas cotidianos. En otro orden de

cosas es de desear que la campaña transcurra con arreglo a la obligada corrección. Y no sólo porque se

eviten los golpes bajos, de los que ya ha habido alguna muestra, sino porque no se utilice como nuevo

pretexto para la continuación de esas pintadas salvajes que embadurnan edificios, monumentos o señales

de tráfico y que sólo sirven para mostrar el grado de barbarie de sus autores, que se ufanan de todas las

ideologías del espectro político. Tampoco es una muestra de civilidad el ya habitual número de los

reventadores. Los derechos de reunión y expresión no son exclusivos de unos pocos. Corresponden

también a los que hasta ayer impedían a los demás expresarse y reunirse. Eso es la democracia aunque

algunos parecen olvidarlo.

 

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