Autor: Alonso, Pilar. 
   Sondeos electorales: éticamente dudosos     
 
 Arriba.    29/05/1977.  Páginas: 3. Párrafos: 24. 

SONDEOS ELECTORALES ETICAMENTE DUDOSOS.

AHORA algunos —especialmente si son americanos del Norte— los sondeos de opinión son el pan

nuestro de cada día, el elemento más riguroso para iniciar una campaña de cualquier tipo, ya que la

técnica empleada sirve igual para lanzar un dentífrico perfumado que un mediocre deportista; pero para

otros estas investigaciones previas a base de encuestas sólo sirven para influir en el personal y presentar

unos datos que no reflejan la realidad. El «marketing. en nuestro país es todavía algo muy nuevo, que sólo

se ha experimentado con artículos de consumo, aunque ya se han hecho bastantes pinitos en los campos

social y político en los últimos años, por supuesto, y ya los líderes de los partidos pueden saber con una

cierta seguridad las simpatías que despiertan en el electorado. No podemos decir que los sondeos de

opinión hayan cobrado una gran importancia, según nos confiesan los propios partidos consultados; pero

prácticamente todos han recurrido a este tipo de investigación para saber si marcha su campaña electoral

o conocer el chasco que pueden llevarse en cualquier provincia si no cambian de lenguaje.

EL MARKETING» POLITlCO

Las empresas especialistas que en estos momentos se están dedicando a los sondeos de opinión de cara a

las elecciones, bien por encargo de partidos o de medios de comunicación social, son Sofemasa, Metra

Seis, Tecnia, Consulta, Eco, Alef, Data, Arbay, Dym, VSA Consultores, lesa, Gallup y Emopública.

Lo que nos piden tos partidos —dice Rafael Ruiz Fuente, director de la División Socio-política de Metra

Seis— Marketíng»— depende de sus necesidades a escata nacional o zonal, en función de su estrategia

electoral. Todos, en general, quieren ver un poco sus posibilidades electorales y las de toros partidos.

Ellos luego pueden utilizar estos datos e incluso manipularlos de cara a su campaña.»

Un sondeo de opinión que incluye dos mil entrevistas de quince minutos cada una y un sistema aleatorio

sale al cliente por unos dos millones, y en una semana puede estar elaborado por completo el estudio.

«Los partidos —apunta Ruiz Fuentes— se gastan mucho más en publicidad que en sondeos. Influye

también el hecho de que en estas primeras elecciones no hay tiempo y hay que gastar más en el esfuerzo

publicitario, que es lo que va a ser decisivo.»

Los principales problemas que encuentra en estos momentos una empresa de este tipo a la hora de hacer

«marketing» político es la falta de experiencia, aunque la técnica no varía, pero sí las condiciones

objetivas sobre las que hay que trabajar.

«Por una parte —afirma Ruiz Fuentes—, la población española, en su mayoría, después de estos cuarenta

ansa, no tiene inv criterio político, y, por: otra, tampoco 0o* demos medir correctamente la estabilidad del

comportamiento de las personas, y hasta el momento de las elecciones pueden cambiar de opinión.

Debemos acudir a unos indicadores poco consistentes. No se puede preguntar por partidos, sino por

corrientes, por tendencias políticas.»

Los hombres dedicados ahora al «marketing» político deben ser conscientes de que tienen entre sus

manos algo más que un cosmético. Los entrevistadores, en general jóvenes, están ahora más motivados y

tienen más interés por el tema; incluso los entrevistados últimamente colaboran bastante.

«Aquí —observa Ruiz Fuentes— ha habido un cambio brutal. Antes no te abrían la puerta y ahora están

dispuestos a tratar con el entrevistado hasta temas políticos. Lo que no ha desaparecido, por supuesto, es

el confusionismo.»

Queda saber si estos sondeos se acercan a la realidad del país, si pueden ser representativos de las

diferentes opciones políticas.

«Lo que es claro —opina Rafael Ruiz— es que estas elecciones no van a ser un reflejo del país ni del

peso real de las opciones políticas. Habrá que esperar a las segundas que se celebren para que su realidad

responda a la realidad socio-ratifica del país.»

Sondeos electorales: Eticamente dudosos

JUICIO A LOS SONDEOS

Lo que se cuestionan muchos profesionales es el mismo sistema le sondeos, tanto en lo que a la jarte

técnica se refiere como a su utilización y control por parte de determinados grupos de la sociedad.

Camón, taller de sociología, que lleva haciendo trabajos de investigación sociológica desde 1967, en estos

momentos no se ocupa de ningún sondeo previo a las elecciones. No obstante. Ángel Camón cree que es

necesario analizar a fondo el sistema de sondeos. La primera pregunta que se plantea es en qué medida las

técnicas empleadas sirven fielmente para la realidad que se pretende sondear.

«El noventa y nueve por ciento de tos datos de las encuestas de opinión que se hacen provienen de

preguntas cerradas, donde ya se ofrecen las posibilidades de respuesta. A través de las respuestas se

transmiten conceptos sobre los que hay que pronunciarse; pero el concepto mismo no puede ser criticado.

Las consecuencias sociales y políticas de este tratamiento de los sondeos de opinión son tan graves que no

podemos ser piadosos. Aquí es muy válida la frase de científicamente inepto igual a políticamente

reaccionario. En cuanto a las muestras no importa cuántos españoles son preguntados, sino cuál es el

criterio para seleccionar a los entrevistados.

La mayor parte de los sondeos de opinión que se realizan ahora tienen «nos tamaños muéstrales entre los

mil cien, mil quinientos y dos mil individuos, que son tamaños que dan un error de un tres, un cuatro o un

dos por ciento; pero para que todos los interesados sean tomados en cuenta a la hora de hacer una muestra

es necesario saber cuántos hay, y hoy los sondeos de opinión no cubren la totalidad del territorio, puesto

que se concentran en un numero reducido de puntos geográficos; en estos momentos puede dudarse de

que incluso Presidencia del Gobierno disponga de un documento fiel sobre cuántos españoles pueden

votar, porque no existe un censo válido y la mayor parte de las empresas —incluida la mía— de lo más

que disponen es de correcciones sensatas sobre documentos anticuados —ejemplo, censo del setenta—, o

documentos deficientes —ejemplo, padrón del setenta y cinco—, o documentos de apoyo y retoque

ejemplo, proyecciones de población o anuarios estadísticos—. Probablemente algún colega me rebatirá

diciendo que dispone de excelentes listas sobre la población española; lo que no creo es que se atreva a

decirme cómo lo ha conseguido.

Debemos ser conscientes de estas limitaciones, y cualquiera que emplee estos datos como la verdad

misma está utilizando un nuevo tipo de demagogia. Si analizamos el sistema de muestreo, una buena

parte de tos sondeos se efectúan por un sistema que se llama «de rutas» muy expuesto a caer en lo mismo

que aquel borracho que había perdido la llave de su casa y la buscaba debajo del farol, so pretexto de que

había más taz; en fin, un sistema expuesto a preguntar más a la gente más propensa a contestar y no

preguntar a las personas que presentan dificultades a la hora de responder, etc. Con este tino de muestras

se han conseguido resultados aproximados a la realidad y muy valiosos; pero de esto a convertir este

procedimiento no aleatorio en un argumento de verdad última va mucho.

Otro problema es que en la práctica totalidad de los sondeos publicados se nos dan resultados globales o,

todo lo más, presentados de acuerdo con una característica tal como el sexo, la edad, etc.

Esto tiene, a mi juicio, dos efectos: primero, desde el punto de vista científico, es un simplismo, ya que si

bien es cierto el número que nos exhibe, ello no agota la complejidad del fenómeno y, sobre todo,

decimos cuánto es algo, o que algo es no nos añade ningún conocimiento sobre por qué ha llegado a ser

así, cómo funciona cómo podemos intervenir para cambiarlo si no nos gusta. Cada vez que nos imponen

como moderno argumento de autoridad lo que la realidad es cuando nos la encubren, no hacen sino volver

a caer en un concepto fascista de la realidad, que tan bien analizó Sartré.

La segunda consecuencia es que, no lo olvidemos, además del ejercicio profesional específico de un

grupo de técnicos y científicos, tos sondeos son la respuesta a una demanda social y no debemos olvidar

el carácter utilitario y práctico que se busca en el sondeo, y en este plano el simplismo de los análisis,

además de las catastróficas consecuencias que puede tener en la transparencia y eficacia de las cosas

publicas, tiene una consecuencia probablemente más profunda y de más largo alcance, a saber: la

deformación de los aparatos de pensar, la perpetuación de la ineptitud para el pensamiento independiente,

el comportamiento libre, la autonomía moral y la práctica del diálogo, que son una desgracia tan común

en nuestros pueblos. En este sentido, honesto o no en su intención, un sondeo ingenuo, un mal sondeo es

opio del pueblo.»

Como no se trata de agotar el tema dejaremos estos botones de muestra sobre lo que constituiría una larga

litas de «controles de calidad», a lo que había que someter al sondeo. Igual que se hace con los

albaricoques y los aviones a reacción. Carrión, taller de sociología, ha solicitado ayuda a una fundación

filantrópica para destinar dos años de trabajo a esa teoría, cuyos primeros interesados deben ser los

profesionales de la investigación sociológica.

Doce empresas especializadas Mitán en estos momentos sus esfuerzas a los intenses de los partidos o los

meaos Je comunicación

Un sondeo de 2.000 entrevistas y un sistema aleatorio sale por unos 2 millones de pesetas. Puede ñatearse

en una semana

SU CONTROL

Partidos políticos, instituciones, organismos más o menos independientes encargan sondeos a empresas

especializadas, que corren con toda la elaboración técnica. Luego la Prensa, la televisión, en general todos

los medios de comunicación, extienden sus resultados a toda la población e influyen sobre ella. ¿Quién

debe controtar el sondeo de opinión?

«No solamente la sociedad global tiene que aspirar a un control de los recursos empleados « informar

sobre sí misma y, naturalmente, sobre eI empleo técnicamente correcto y la calidad de tos resultados

obtenidos con dichos recursos, sino también nosotros, los tan cuestionados investigadores, somos los

primeros en desear que tal clarificación llegue a existir. Salvo deshonestas excepciones, no parece

injustificado una petición de principio, a saber: que a fuerza de investigar se le coge cierto amor a la

verdad y, por tanto, mientras la investigación sea una actividad privada, la limpieza de nuestro oficio

exige competencia leal en términos de calidad y costo. En casos todavía más radicales de amor al oficio

hay que abrigar la esperanza de perder la razón de ejercerlo en la medida que como ciudadano aspire a

vivir en una sociedad autorreflexiva y autogobernada, donde el conocimiento sea, por fin, un órgano de

todos y no una exclusiva de los técnicos.

En algunos países hay un periodo previo a las elecciones, durante el cual se prohibe la realización de

sondeos electorales, y esto es debido a que en esos países «civilizados son muy conscientes de que la

investigación por sondeo no influye mientras se realiza, sino que influye cuando retorna en forma de

producto acabado, a través de canales que pueden mediatizarlo. Esto no ocurriría con otras técnicas, y

todos los candidatos que en estos días se dirigen al público en directo saben bien que el mitin no sólo es

un intento de modificación electoral; es también una forma de sondeo. Ellos ya han vietnamizado la

tecnología de la investigación social, alguno a costa de un buen «porcentaje de abucheos».

La principal dificultad radico en la no existencia de un censo válido

Debido a las limitaciones de los sondeos, los propios técnicos reconocen que «cualquiera que emplee

estos datos como la verdad misma está utilizando un nuevo tipo de demagogia»

OTRAS TÉCNICAS

No se trata de echar por tierra este sistema de investigación sociológica, sino de tener otros sistemas que

sean menos susceptibles da utilización por parte de determinados grupos sociales en perjuicio de otros.

¿Existen esos sistemas?

Hay otras técnicas de información y autorreflexión social que. aunque disfrutan menor predicamento y

prestigio que la encuesta y aunque no ofrecen la clase de «verdad» numérico que hoy tiene ostentar el

monopolio de lo verdadero, están en condiciones, por el contrario, de incorporarse activa y

dinámicamente al fenómeno que investiga, con el cual contrae un contacto algo más duradero, menos

unilateral y se convierten así en una mera vigilancia profesional del rigor que debe presidir una discusión

entre personas que quieren arreglar sus propios asuntos.

En suma, el control popular de la tecnología de la investigación pasa por el adecuado control de los

recursos que se destinen a tal fin y en la decisión colectiva sobre qué vale la pena investigar» En este

sentido, decir que el método inductivo en la ciencia social o que nuestra sociedad podrá prescindir del

sondeo, es tan imbécil como querer superar el capitalismo volviendo o la agricultura de subsistencia y la

fabricación pieza a pieza. Estas otras técnicas son aplicaciones rigurosas, bajo control técnico, o al menos

supervisión inicial o final de especialistas o solicitud de los grupos ciudadanos de métodos con una

tradición científica bien probado, y en los últimos dos o tres años están resultando muy activas, fecundas

y prometedoras. Son, entre otras, las discusiones de grupo bajo control, tos grupos didácticos, la

metodología de la paradoja, la terapia de grupo, mucho de! arsenal metodológico del antropólogo clásico,

las lecturas contadas, los análisis de contenido sobre «corpus» tan bizarros como cartas, anuncios,

reclamaciones, ficheros de clientes o socios, ios recorridos urbanos comentados, las entrevistas abiertas,

las proyecciones de material audiovisual, la dinámica de grapas en varios de sus desarrollos, el

psicodrama y lo redacción infantil.

No hay que olvidar el carácter utilitario y práctico que se busca con el sondeo y las catastróficas

consecuencias que pueden tener para la cosa pública

En algunos países hay un período previo a las elecciones, durante el cual se prohibe la realización de

sondeos electorales, debido a la capacidad de influencia de las mismas

 

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