Gran éxito del acto falangista en Bilbao. 
 Hablaron Girón, González Sáez y Dominguez Marroquín  :   
 Más de mil doscientas personas llenaron el cine Gran Vía bilbaino. 
 El Alcázar.    14/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Gran éxito del acto falangista en Bilbao

HABLARON GIRÓN, GONZÁLEZ SAEZ Y DOMÍNGUEZ MARROQUÍN

Más de mil doscientas personas llenaron el cine Gran Vía bilbaíno

AL mediodía del domingo, la Gran Vía de Bilbao se pobló de gritos e invocaciones patrióticas. Gritos

entusiastas de "¡Arriba España"! y ¡"Viva Girón"! restallaron al aire fervoroso de la multitud que esperaba

la llegada del presidente de la Confederación de Combatientes para intervenir en el cine Gran Vía de la

capital vizcaína. Mitin político organizado por la Hermandad de Combatientes de la División Azul, como

conmemoración del XXX aniversario de su fundación. En el escenario, el escudo de la División Española

de Voluntarios que luchó, con honor y heroísmo, en el frente del Este. Y, en lugar destacado, la bandera

de Bilbao. En las butacas, junto a los rostros curtidos de los veteranos y de sus esposas, el gesto alegre de

numerosos jóvenes. Sobre el pecho de unos y otros, la camisa azul falangista. Y numerosos brazaletes y

pegatinas con los colores de la bandera nacional española.

Todo el españolismo vizcaitarra, que es recio como los hombres de la venerable tierra vasca, estaba en el

corazón de los que en el cine Gran Vía habían de contener su emoción desbordada en exaltaciones

patrióticas. Un fuerte cordón de jóvenes militantes falangistas de la Guardia de Franco, hubo de hacer

ingentes esfuerzos por contener a cuantos querían saludar al líder de la Confederación Nacional de

Combatientes. Y cuando, finalmente, pudo ocupar su lugar en el escenario, una prolongada salva de

aplausos y continuos vítores acogieron su presencia.

Abrió el acto Xavier Domínguez Marroquín, con lenguaje preciso y claridad de concepto. Habló de

España y de las razones espirituales y morales, profundas, que guiaron a los hombres de la División Azul

al frente de Rusia. Y enfocó, también, la vigencia de aquel mandato, de aquel ejemplo, de aquella heroica

misión, para desembocar, finalmente, en un análisis de la situación española actual y de mantener vivas

las razones morales y la tensión espiritual.

Habló, después, Antonio González Saez, vicepresidente de la Hermandad Nacional de la División Azul.

DISCURSO DE GONZÁLEZ SAEZ

Antonio González Saez comenzó destacando que desde el mismo momento de la muerte de Franco

comenzaron las deserciones, las cobardías y la traición de quienes en vida alardearon con mayor ímpetu la

lealtad, de identificación y de entrega al Régimen del 18 de Julio. "Todo ello exige que nosotros, los

combatientes de la División Azul, ocupemos de nuevo un papel de vanguardia, de vigilia permanente y de

avanzada ante "la acción destructiva y demoledora a que en lo patriótico, en lo religioso, en lo moral, en

lo económico y en lo social se afana el comunismo internacional".

Subrayó después que esta acción enérgica y decidida de los combatientes del 18 de Julio está justificada

por la usurpación de libertad en libertinaje; porque se ofende pública e impunemente la memoria de Fran-

co; porque se exaltan las maniobras separatistas, y porque en definitiva, está en juego el futuro de España.

En esta situación crítica —afirmó— estamos dispuestos a dar un paso al frente para "en unión hermanada

con el Ejército y la Comunión Tradicionalista, evitar la entrega de España al Comunismo internacional".

Denunció también el Sr. González Sáez que "jamás, en ninguna época ni en ningún lugar se ha visto el

que sean precisamente los vencedores de una contienda, en nuestro caso Cruzada, los que, por las buenas,

destruyan su propia obra, olviden a sus muertos y entreguen el fruto de la victoria a los vencidos,

pidiéndoles además disculpas por haber ganado la guerra". Tras recordar el testamento del Caudillo, en el

que se advierte y se condena cuanto está sucediendo, afirmó que la obra de Franco exige hoy mantener el

espíritu que dio vida al Alzamiento, "porque la sangre de nuestros muertos no permite el olvido, la

esterilidad ni la traición".

A pesar de todo, se mostró optimista hacia el futuro, porque el pueblo español sigue sustentando los

valores permanentes que hicieron posible el rechazo de la dominación extranjera y la reconstrucción

nacional. "Creo en Dios —añadió— en España y en su pueblo, y por eso os pido unidad; que en vosotros

no tenga cabida el desaliento; que no os dejéis sobornar o engañar por promesas o amenazas; que penséis

en que sólo así España volverá a recobrar su pulso y que por ello, y de cara a estas elecciones, a las que

los vencidos de 1.936 nos llevan por la cesión generosa de los que hoy detenten el poder, no reparéis en

sacrificios, no escatiméis esfuerzos ni trabajos hasta lograr, por encima de cualquier discrepancia entre

vosotros, la unidad y la fe". Por último, afirmó que "nuestro programa no puede ser el de los

acomodaticios, el de los revanchistas, el de los aduladores o el de los que injurian a Franco y su obra, sino

el que un día anunciara José Antonio Primo de Rivera y por el que murieron nuestros mejores".

Finalizado el discurso de González Sáez, que fue interrumpido frecuentemente con grandes aplausos,

tomó el uso de la palabra José Antonio Girón. Fueron minutos tensos de emoción, en donde podía

escucharse el susurro mismo del silencio casi religioso en que se materializó la expectación de cuantos

esperaban el mensaje de Girón. Había lágrimas contenidas en los ojos de los curtidos veteranos, cuando

Girón aludió en el comienzo de su discurso, a la última aventura de España en Europa, y fustigó a quienes

hoy la olvidan o la critican.

Poco duró, sin embargo, el silencio. Las palabras de Girón levantaron, materialmente, a los asistentes y

los aplausos y los gritos de entusiasmo fueron continuos. Especialmente, en aquellas alusiones a la unidad

de España, al españolismo del pueblo vasco, a la necesidad de un bloque de fuerzas nacionales unidas por

el común denominador del antimarxismo y del antiseparatismo.

Y cuando el discurso concluyó —el texto completo lo ofrecemos a nuestros lectores en separata

coleccionable, en las páginas centrales —todos los asistentes, puestos en pie, redoblaron sus vítores y sus

ovaciones. Después, se cantó el Cara al Sol, cuyas invocaciones rituales hizo José Antonio Girón. Y,

cuando todo parecía finalizado, en un clima de fe y de esperanza, cuando a duras penas, físicamente

estrujado entre sus camaradas, Girón llegaba hasta el automóvil en el que había de regresar a Madrid, otra

vez, en plena Gran Vía bilbaína, en una mañana apacible de primavera, fustigada dolorosamente por el

atentado criminal de Mondragón, las notas esperanzadas del "Cara al Sol", vibrante como un látigo,

saltaron al aire de una ciudad que es avanzada, acaso como ninguna otra, de su orgullosa condición

española.

 

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