Autor: Girón de Velasco, José Antonio. 
   Girón en Bilbao  :   
 Nada de lo que atente a España puede ser agradable al hombre o a la muejr vascos; Mantengamos nuestra pasión por la definitiva redención de los hombres del trabajo frente a quienes. 
 El Alcázar.    14/03/1977.  Página: 1-8. Páginas: 8. Párrafos: 30. 

Girón en Bilbao

Nada de lo que atente a España puede ser agradable al hombre o a la mujer vascos

Mantengamos nuestra pasión por la definitiva redención de los hombres del trabajo frente a

quienes los convocan para utilizarlos contra la Patria

Señores; amigos y camaradas:

Vengo a hablaros de España. De esta España que, a pesar de los esfuerzos dialécticos de los hombres de

la transición, nada tiene de nueva. Diríase que la novedad de hoy es lo que ayer resultaba enfermo, viejo y

caduco. Lo que había quedado arrumbado en la trastienda de la Historia. Lo que servia como indicativo o

referencia para establecer la comparación necesaria y saber si íbamos por el camino recto de un futuro

mejor o habíamos caído en el ensimismamiento o en la abulia, en la pereza o en la fatiga, en el olvido o la

traición. Llego hasta vosotros a instancias de vuestro Presidente. Y, por supuesto, traigo una doble

satisfacción en el alma: la de pisar esta tierra vasca, brava y entrañable, y la de compartir con vosotros

unas horas de camaradería.

UN REDUCTO GLORIOSO

Sois un reducto glorioso. Fuisteis los hombres que llevaron a cabo con heroísmo, con decoro, con

generosidad y riesgo, la última gran aventura de España en el mundo. Muchos progresistas de ahora,

algunos con un rancio olor totalitario o con su insufrible abolengo inquisidor e intransigente, se apresuran

a señalar en las biografías de algunos falangistas que no se rinden, como una figura de delito, el haber

participado en la División Española de Voluntarios que combatió en los frentes de Rusia. Ellos no

estuvieron allí. Ni supusieron nunca, con certeza, cuál fue vuestra verdadera misión y por qué ofrecieron

su vida vuestros hermanos mejores. La presencia española en la lejana estepa evitó, de momento, el que

España se viera enredada en la gravísima encrucijada de la Segunda Guerra Mundial. Pero al mismo

tiempo, proclamasteis que España tenía aún sentido universal y que su presencia, la presencia de sus

mejores hijos, no se escatimaba en un mundo al que se iba a luchar por Dios y por el restablecimiento del

sentido cristiano y occidental de la existencia.

Esa fue vuestra aventura. Esa fue vuestra gloria. Ni para lo uno ni para lo otro puede existir comprensión

y entendimiento en una España que, en cierto modo, vive en ruina moral y física. En una España que ha

arriado su legítimo y soberano orgullo y se ha convertido en un pueblo menesteroso que mendiga de

Cancillería en Cancillería el entendimiento y el perdón ajenos; de una España que asiste al

derrumbamiento de sus viejos timbres de gloría y en la que es fácil contemplar la comisión de todo

despropósito o arbitrariedad. Luchasteis por erradicar de Europa el sentimiento materialista de la vida y

de la historia. Y combatisteis al comunismo en su propia madriguera. Conservad ese orgullo. Guardad ese

timbre de gloria. Rusia no es culpable, pero sí el comunismo internacional, que hizo de los pueblos de la

URSS el primer campo de concentración del planeta, que encadenó a su suerte a una franja de naciones

soberanas e ilustres del Continente y que mantiene la espada de su agresión en alto y altiva, mientras el

Occidente cristiano, civilizado y culto, acepta cobardemente la presión y la injerencia de una potestad

imperialista en los asuntos propios de los pueblos libres.

IRRESPONSABLE ETAPA POLÍTICA

Dejasteis allí ocho mil muertos y al cabo del tiempo habéis contemplado, no sé si con amargura y estupor,

cómo las criaturas del Estado que os ordenó combatir y al que servísteis ha dado vía libre en la Patria al

comunismo y a sus más lóbregas y arcaicas figuras. Los muertos de la Estepa y los de Paracuellos del

Jarama son testigos de cargo para el veredicto final de esta insólita y, en cierto modo, irresponsable etapa

política de la historia contemporánea. Nosotros habíamos superado los enfrentamientos, los rencores y las

diferencias, pero todo ello sin olvidar la exigente presencia de quienes ofrecieron su vida a Dios en el

altar de la Patria. Jamás exhumamos sus cenizas como índice de acusación, pero hoy tiene que

estremecernos el que el borrón y cuenta nueva haya llegado en su ingenuidad o en su villanía a proclamar

héroes a los asesinos y a cerrar con siete definitivas llaves los sepulcros de sus víctimas.

LA AMENAZA DEL COMUNISMO

Nosotros estamos en el secreto de que el mundo, a vuelta de todos los pactos imaginables, de todas las

negociaciones posibles, de todas las tolerancias evitables o inevitables, no podrá quitarse de encima la

amenaza del comunismo salvo mediante el proceso de superación o de asimilación, como queráis, que nos

marcó José Antonio. Tampoco se engañaba Francisco Franco en este orden de cosas. He aquí uno de sus

dictámenes sobre una materia tan decisiva para la historia inmediata del mundo: "Frente a este viejo com-

plejo político del Occidente, ¿qué es lo que el adversario le enfrenta realmente? No hemos de caer en el

tópico de que es malo y nefasto todo lo que el comunismo representa. Algo tendrá cuando atrae, arrastra y

cautiva. No se trata de una entelequia, sino de una viva realidad con un inmenso poder de captación. No

son, desde luego, ni su materialismo histórico, ni su ateismo desenfrenado, ni la negación de la libertad y

los derechos humanos, ni su imperialismo, crueldad y mentiras lo que atraen y cautivan. Son su resolu-

ción, su acción subversiva de cambiar un orden que no gusta; la bandera eminentemente social que

engañosamente enarbola; son las pasiones que alienta y explota, la eficacia con que se presenta; el

deslumbramiento de su fortaleza y de sus realizaciones. Todo lo otro, la negación de las libertades, la

esclavitud, los campos de concentración, queda sepultado bajo la máscara, de las propagandas".

POLÍTICOS DE TRANSICIÓN

Pero ya veis que los políticos de la transición parecen ignorar estas cosas. Quizás pensando en ellos,

afirmó el Caudillo, catorce años antes de morir, que "el comunismo en sus propósitos no descansa, pero el

comunismo tampoco está solo; tiene, como solemos decir, sus "compañeros de viaje": los que le han

abierto camino y se lo siguen facilitando al convertirse en cajas de resonancia de las consignas

comunistas; los que, inconscientes, apasionados por sus políticas ateas, acaban haciendo la política que el

comunismo necesita. Este es el peligro de esta hora y en el que tenemos que estar apercibidos para

defendernos". En vosotros veo a una generación que supo estar en su sitio; a unos hombres que no

escatimaron esfuerzos, riesgos ni calamidades por evitar todo esto. Y aunque los años os han concedido el

derecho al descanso, el derecho a la paz, yo vengo, de alguna manera, a poneros en pie de lucha; a deciros

que si de nuevo el comunismo ha tomado cotas y posiciones en la entrañable tierra de España, seremos

nosotros los primeros en formar en la vanguardia para evitar que otra vez corra la Patria

el riesgo, acaso ya definitivo, de dejar de ser España para convertirse en un nuevo satélite al servicio del

imperialismo comunista.

LA PATRIA, INDIVISIBLE

Nuestro tema se llama España. Nos ocuparemos de él aquí, en Vasconia. Y mas en concreto, en Bilbao.

Vamos a proclamarlo aquí: la Patria es indivisible. Su unidad es sagrada. Su nacionalidad, única. Y

vamos a añadir que quienes tratan de halagar con fáciles concesiones el legítimo patrimonio espiritual de

este pueblo y de estas gentes, lo que están haciendo es ofenderle. Quienes, por ejemplo, han creído que

las legítimas aspiraciones del pueblo vasco se satisfacían con la legalización de la "ikurriña" separatista

han cometido un grave error y os han insultado. Nada de lo que atente a España puede ser agradable al

hombre o la mujer vascos. El pueblo vasco tiene adquirido el derecho a ver respetados sus símbolos, sus

tradiciones, su cultura, su lengua, su patrimonio colectivo. No es eso, sin embargo, lo que se quiere

estimular. Lo que se pretende es destruir a España, y para destruir a España se azuzan y se soliviantan y

se confunden instintos legítimos y primarios para elevarlos a categoría de acción política. No pretenden la

exaltación de cuanto es peculiar en esta región; pretenden utilizar a esta región Contra España porque lo

que estorba, lo que molesta, lo que cuenta con la enemiga histórica de muchos pueblos y de muchas

gentes, de más allá del Pirineo, es la unidad, la fortaleza, la hermandad y la grandeza de España.

LOS VASCOS

Los vascos saben —os lo diré con palabras de José Antonio— "que la vara de la universal predestinación

no les tocó en la frente sino cuando fueron uno con los demás pueblos de España. Ni antes ni después,

con llevar siglos y siglos hablando lengua propia. Fueron nación, una en lo universal, cuando fueron

nación con España". El amor de España hacia esta región venerable es el mismo amor que sentimos hacia

cualquier otra región de la Patria. Esta tierra venerable es el pórtico de España ante Europa y fue universal

cuando sus gentes bautizaron, en la lengua de Cervantes, todos los senos de todos los mares del planeta y

por eso dio a Ignacio de Loyola, soldado de España y Apóstol de Cristo; Ignacio, fundador, vanguardista

social, místico, letrado y santo; y a Miguel López de Legazpi, conquistador de tierras y fundador de

naciones; y a Juan Sebastián Elcano, que circundó, en un insólito periplo, por vez primera, el cinturón de

la Tierra y murió a bordo de las naves de España que los vascos pilotaban conquistando imperios; y a

Oquendo, vencedor de corsarios y de holandeses; y a Cosme Damián Churruca, geógrafo y marino,

soldado siempre, gloriosamente muerto en Trafalgar en el "San Juan Nepomuceno", y a quien la Armada

inglesa, la Marina de Nelson, rendiría, asombrada, honores y homenajes; y a Unamuno, pensador y

filósofo, maestro de saberes, a quien José ntonio pediría, en ayuda de España, consejo para combatir la

disgregación de la Patria, a lo que el viejo y noble Rector salmantino contestaría iracundo: "¡Mantengan

ustedes esa lucha; los separatismos son resentimientos aldeanos!" Vasconia fue, es y será, la más

aguerrida, portadora de la cultura y del espíritu de España a través de todos los caminos del Universo. Así

la queremos nosotros. Y por eso estimulamos su grandeza y no azuzamos su pequeñez. Y por eso nos

sentimos orgullosos de su gloria y de su ventura en el mundo. Y por eso nos apenan sus rencillas

comarcales y menores. Si nos rebelamos contra el separatismo no es sólo por amor a España, sino por un

amor sencillo, sincero, entrañable e irrenunciable a este trozo de la Patria que algunos quisieran desgajar

y ver disuelto para siempre.

LA POLÍTICA ACTUAL

Voy a deciros, abiertamente, que la política actual no nos gusta. No nos gusta porque ha equivocado el

camino de la convivencia y de la pluralidad para dar paso al imperio de quienes, con un autoritarismo y

una beligerancia inadmisibles, no hacen sino pronosticar y practicar la ruptura y el revanchismo con un

Régimen que gozaba y goza de tanta legitimidad como cualquier otro del mundo. En esto, como en tantas

otras cosas, hay que ser fríos y serenos; hay que ir al análisis y no a la pasión. En España hubo una

contienda civil, una contienda que, por sus excepcionales características, fue elevada por el Magisterio de

la Iglesia a Cruzada de Liberación. Digamos firmemente que la llamada guerra civil fue una lucha

ideológica, una confrontación doctrinal. No venció un bando. No venció media España sobre otra media

España. No vencieron unos hombres sobre otros hombres: venció un concepto de la vida y de la historia.

En razón de esta realidad incuestionable nunca nos opusimos nosotros a la natural evolución de la

sociedad en cuanto a su estructura administrativa, económica, social y política se refiere. Todos los

sistemas son susceptibles de mejora, y el nuestro, que nunca fue estático ni inmovilista, necesitaba muy

profundos retoques para inaugurar el nuevo tiempo.

SE HAN INVERTIDO LOS TÉRMINOS

No se hizo así. Se ha hecho todo lo contrario. Se ha dado carta de naturaleza, patente de libre circulación

y aire de novedad y victoria al entendimiento, a la ideología, a la filosofía que fue derrotada. Se han

invertido los términos. Como veis, no se trataba de cambiar unos hombres por otros: los hombres son

sustituibles; las ideologías, no. Las ideologías son superables y perfectibles, pero no pueden ser

arrinconadas, ocultadas ni encarceladas. Basta que os fijéis en la dialéctica de estos meses, en la dialéctica

del cambio, para que veáis que no se han elevado palabras o exaltaciones en defensa de la justicia, sino en

defensa de la libertad. Pero, ¿de qué libertad? ¿De la libertad, por ejemplo, de los obreros dejándoles

indefensos ante los piquetes que les impiden ejercer el derecho a trabajar, para llevar a sus casas el jornal

que sus familias necesitan? ¿De la libertad de los empresarios, forzándoles a dejar en paro a cientos de

obreros por no poder acceder a unas peticiones hechas con el fin exclusivo de llevar a la empresa, y con

ella a España, a la ruina y al desastre? ¿De la libertad de la familia como unidad de convivencia

insustituible? ¿De la libertad del hombre a secas?... No les importa los trabajadores. No les importan los

empresarios. No les importa la familia. No les importa el individuo. Lo que les importaba era hacer que

aquella filosofía política, vencida y derrotada, fuese restablecida en España. Esto no se ha hecho así con

el afán de reparar agravios o liberar cautivos. Esta cobarde, insólita rendición sin condiciones ni enemigos

se ha resuelto para que supervivieran en la nueva etapa aquellas criaturas del franquismo que en nada

creyeron, que nada arriesgaron y que quieren aparecer en la transición como los fieles custodios del

sistema liberal abolido por el Régimen del 18 de Julio.

EN FAVOR DE NADI E

De ahí que el establecimiento del viejo Régimen fenecido no está en favor de nadie ni de nada en

concreto dentro de España, sino, por el contrario, como acontece en los países de las llamadas

democracias populares, al servicio de una potestad imperialista, que comparece al universal juicio de cada

día como propagandista de los derechos humanos, de las libertades cívicas y de la democracia, pero que

mantiene implacablemente un sistema tiránico, déspota y cruel para mantener la integridad de las

naciones que han caído bajo su cautiverio. La última gran victoria de España fue precisamente el haber

derrotado al comunismo internacional en suelo español y ser, de esta suerte, el único pueblo del planeta

que supo liberarse con arrojo, sangre, dolor y luto de la tiranía soviética. Eso hizo posible el más largo y

fecundo tiempo de paz de nuestra historia. Entregar sin resistencia ni honor esa victoria es el único

acontecimiento memorable que podrán anotarse los políticos del cambio.

RIGUROSA PROV1SIONALIDAD

¿Qué clase de democracia vamos a esperar si se llama al pacto y a la negociación y se facilita el terreno

de juego a quienes son los más antiguos y conjurados enemigos de la libertad del hombre, de los pueblos

y de la propia democracia? No es necesario ser cabalista ni hay que recurrir a horóscopos para pronosticar

que sin una fuerza nacional coherente, en las próximas Cortes, que serán, por imperativo de la reforma,

constituyentes, el Gobierno de la nación quedará limitado a una rigurosa provisionalidad, a una

provisionalidad absoluta y desequilibrada por la natural complejidad de los problemas actuales. De esas

Cortes, de ese período de elaboración legislativa, no sólo saldrá una nueva Constitución: también puede

salir un nuevo Régimen y una nueva forma de Estado. Esto es, podemos ir a una nueva República, a una

República, acaso, de signo federalista, que debilitará hasta la extenuación la fortaleza heredada. No es que

nos acostásemos monárquicos y nos levantásemos republicanos, porque en esta ocasión parece elaborarse

a brazo, a pulso, ese nuevo giro político e ideológico para España. Quisimos una nueva Monarquía.

Estamos en trance de ir a una vieja República.

VACIO POLÍTICO

No nos revolvemos contra eso porque suponga el aniquilamiento total del Régimen instaurado el 18 de

julio de 1936. Ni porque equivalga a un vacío político tras un largo período constituyente o porque se

niegue toda legítima comparecencia de los sectores, instituciones y personas vinculadas al Régimen

anterior. Nos oponemos a esa maniobra porque con ella perderá España, y con España la justicia social, y

con la justicia social los trabajadores y los empresarios y la libertad individual y colectiva de los

españoles y de las entidades naturales y porque jamás sabremos quién manda, aunque tendremos la

conciencia de que se nos manda y se nos dirige a larga distancia, bajo el imperativo de la Internacional

Marxista o de la Internacional Capitalista, bajo la potestad de una u otra entidad extranjera. Y a eso sí nos

negamos, y yo creo que con alguna razón y algún derecho.

DOLOROSO ESPECTÁCULO

Todo lo que pueda tener de doloroso este espectáculo lo tiene también de increíble, de absurdo. La

inmensa mayoría de nuestros compatriotas no saben a qué carta quedarse ni qué postura adoptar. Muchos

suponen que el suicidio colectivo se evitará porque la cordura se impondrá sobre el disparate. Esa vaga

esperanza no me permite sentirme optimista. Durante muchas décadas el enemigo fue tomando

posiciones, elaborando planes, trazando caminos. Llegado el día se encontró, no sé si con sorpresa por su

parte, con que todo aquello resultaba inútil e innecesario: se le abrieron las puertas de par en par, se le

invitó cordialmente, se le estimuló incluso.

UN BLOQUE NACIONAL

¡Ya hemos reconstruido nuestra imagen ante el mundo! Todo está dispuesto, y a cambio de un hipotético

mostrador en el Mercado Común hemos liquidado un Régimen, ponemos en riesgo un Estado y en serio

peligro la entidad nacional. No hemos vendido por un plato de lentejas la primogenitura de España,

porque cuando se nos entregue el plato acaso logren que ya no exista España para ir a recogerlo. Pero

frente a ese criterio, yo os digo que sólo con un bloque nacional, en apretada unidad, dejando

personalismos y dedicado a levantar a España, conseguiremos que la grandeza y la libertad de la Patria

sean una auténtica realidad; y sólo así destruiremos los errores en que cayó la debilidad, la ambición y los

resentimientos y revanchismos. Así sentimos ya la alegría y el orgullo de ser españoles.

CREEMOS EN ESPAÑA

No soy apocalíptico. Ni siquiera soy pesimista. Creo en España. Creo en esa España a la que amamos

conmovedoramente, a la que hemos entregado cuanto nos pidió, a la que hemos rendido el culto de

nuestras vidas. Pero creo también en el pueblo español. El único camino posible para hallar la fórmula

que saque a la Patria de esta encrucijada es el de evitar que entre las fuerzas nacionales, que son todas

aquellas ajenas a las internacionales y distantes de los separatismos, se produzcan fisuras o malos

entendidos. Si está en juego España, ¿qué prurito personal o de grupo o de partido puede anteponerse a

ese sagrado interés? Sólo España cuenta; lo demás no importa.

El dolor y la tragedia de nuestro pueblo nos unió y supimos vencer. No se trata de proponer pactos o

negociaciones, sino de considerar el riesgo que corre España como nación indisoluble, irrevocable y

soberana. Y de evitarlo. Evitarlo a costa de lo que sea. Eso es lo que debe unirnos en este momento de

nuestra historia. Levantemos con actitud generosa y firme, la bandera de la solidaridad nacional frente a

las banderas de su disgregación. Mantengamos bien erguida la de nuestra pasión por la justicia social, por

la definitiva redención de los hombres del trabajo frente a quienes los convocan para utilizarlos

precisamente contra la Patria. Todos unidos en un esfuerzo supremo, heroico si queréis, y nos

encontramos otra vez con los buenos españoles, con los patriotas que aún quedan y esperan la voz que les

convoque para evitar la catástrofe de la Patria.

ESPAÑA COMO PATRIMONIO

No hay generaciones, del mismo modo a como España es un patrimonio que no nos pertenece porque es

propiedad inenajenable de quienes fueron, somos o serán españoles. No hay generaciones. Sólo hay

hombres y mujeres que creen o no creen en la realidad de España; que conocen o ignoran el cerco de sus

enemigos, tan contumaces como antiguos; que se sienten o no inclinados a escuchar la voz angustiada de

la Historia que, con su viejo acento, tan conocido, nos vuelve a llamar. Aquí estamos. Cuando la Patria

peligra, los españoles responden. Bien lo sabéis; no hay edades, con niños, con adolescentes, con jóvenes,

con maduros, con viejos y con ancianos se salvó una y otra vez la Patria de las amenazas de siempre. Esta

es una ocasión más en la que se pondrá a prueba el temple y el corazón de todos y cada uno de nosotros

no desoigáis la sagrada voz de España.

LEGADO DE FRANCO

Pese a todo, España es hoy una realidad firme y fecunda. Francisco Franco nos legó muchas cosas; quizás

la más importante fuera esta sociedad nueva, distinta; una sociedad que había nacido y crecido, en gran

parte, bajo el signo de la paz y la reconstrucción nacional. Nada tenéis que temer. Hemos vivido el año de

una transición histórica en la que, forzosamente, tenían que avivarse y florecer antiguas ambiciones y

rencores. Pero todo aquello estaba abolido no por un dictador, sino por la pujanza de un pueblo; no por un

sistema de opresiones, sino por la saludable vitalidad de una comunidad nacional. Ya hemos oído todo

cuanto teníamos que oír. Ya hemos contemplado todo cuanto teníamos que contemplar. Yo creo que

asistimos de nuevo a los albores de la verdad frente al pesimismo y la amargura de la dialéctica de la

mentira.

ILUSIÓN, ENTREGA Y FIRMEZA

Consciente, serena, fuerte, España reanudará el camino sin que vayan a influir en su futuro las viejas

querencias o las viejas seducciones. El camino de la historia no se interrumpe jamás. Ni se desanda. Si

hemos vivido un tiempo de perplejidades, entraremos ahora en un tiempo de firmezas y

responsabilidades. España no se precipitará en un abismo de errores, porque aprendió mucho en su

pasado. España conservará lo que con su propio esfuerzo obtuvo bajo la serena vigilancia y moderación

de un hombre singular. España seguirá constituyendo en el mundo una nación con voz y voto, sin que

tengan que impartirle autorizaciones especiales otras naciones más o menos poderosas. Acabó la noche,

camaradas. Esa noche que primero fue desolada y luego insólita. Un nuevo día llega para todos. A su luz

volveremos a ver la realidad de las cosas, sin pesimismo ni debilidades; con la vieja alegría y el viejo

orgullo de ser españoles; con la generosa compostura de saber que no cuentan los esfuerzos si los

esfuerzos y los sacrificios se traducen en un beneficio común; con el entusiasmo de conservar, en orden a

la justicia, lo que consignó el pueblo y de ir agrandando su patrimonio común en la versión inapelable de

que la Patria no es el patrimonio de unos pocos, sino el hogar fraterno donde caben todos y donde todos

tienen igualdad de derechos y de oportunidades.

EL FUTURO

Os hablo desde la conciencia de saber que ha llegado el instante de terminar con la pesadilla de la

sorpresa. Tengo razones suficientes para deciros que ni España, ni sus regiones, ni sus gentes, van a dar

pasos hacia atrás o saltos en el vacío. Y tengo, por último, razones suficientes para recabar de vosotros

otra vez la ilusión y la entrega, la firmeza y la templanza, la alegría y el sentido de la responsabilidad.

Quienes supusieron que al calor de una transición, inevitable y lógica, iba a arrinconarse una obra

gigantesca, se equivocaron cuando lo supusieron y se van a equivocar cuando contemplen, con asombro,

cuál es el ritmo, la música y la letra que entiende nuestro pueblo.

El futuro será nuestro. Será de España. Será de todos y cuantos quieran seguir por el camino que empren-

dimos hace muchos años hacia nuevos horizontes de paz y bienestar para los españoles; de unidad, de

libertad y de grandeza para España. Ni un solo gesto de pesimismo. Ni un solo gesto de amargura. En

España, camaradas, el sol de la historia no caminará más hacia el ocaso.

¡Arriba España!

 

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