Adiós al Movimiento     
 
 ABC.    03/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ADIÓS AL MOVIMIENTO

Afirmar que con la desaparición de la Secretaría General del Movimiento desaparece el último vestigio

del partido único sería incurrir en imprecisión grave. No sólo se desvirtuarla la comprensión de lo que

acaba de ocurrir, por acuerdo del último Consejo de Ministros, sino que se falsificaría el propio sentido de

casi cincuenta años de vida española.

Decir que existió un solo partido, un único partido, no implica por fuerza, necesariamente, que nuestra

más inmediata Historia nacional fuera la historia de un partido único. Todas las organizaciones políticas

únicas están solas; pero no todas las organizaciones políticas que están solas son «únicas». Partido único

es el que excluye desde la unicidad de su estructura, de su doctrina y de su disciplina, a todo otro cuerpo

de militancia política. Partido único es lo mismo que partido totalitario; es esta condición —totalitaria—

lo que le define, al margen, incluso, de que no tenga el Poder del Estado en sus manos.

Únicos, y totalitarios, son, pues, todos los partidos comunistas; y los nazis y fascistas. Cualquiera de los

que hunden sus raíces filosóficas en los absolutismos hegelianos, de derechas o de izquierdas. Y ni unos

ni otros se pudieron compadecer con los fundamentos católicos —antropológicamente personalistas— del

Estado surgido de nuestra guerra civil, al que el Movimiento, como ideología y aparato, sirvió. Si el

Movimiento ofreció circunstancialmente características indiscutibles de exclusión, rigidez e

intransigencia, habrá que atribuirlas a tentaciones expresas de algunos o de muchos de sus servidores, o a

las necesidades y pragmatismos de Franco; no a las notas objetivas del Sistema que vino a constituir.

Si nosotros admitiéramos, sin más, las intencionadas simplificaciones marxistas —que califican de

fascista todo aquello que le es, en la práctica y la doctrina, militantemente opuesto—, admitiríamos

también, sin preocuparnos mucho ni poco de la precisión conceptual, que lo acordado por el Gobierno en

el último primero de abril era la incineración del Partido Único, fallecido de reforma política.

Lo desmantelado el viernes, propiamente, es el aparato burocrático de una realidad que la sociología

política conceptúa como «movimiento». Es decir, como una aglutinación de afines que tienen entre sí la

bastante proximidad para incardinarse y organizarse en una unidad de acción o de manifestación; pero

que, en cambio, carecen de las identificaciones que entre sí tienen las partes que conforman el todo de un

partido político convencional: un solo programa político y una sola y única disciplina para servirlo y

defenderlo.

Nosotros entendemos, aplaudimos y explicamos la desaparición de Secretaría General del Movimiento

como consecuencia, natural y lógica, del ensanchamiento del pluralismo político español, de las libertades

democráticas, impulsado por la Corona. Ese «movimiento» ido no bastaba, y obstaba, para el

ensanchamiento de la convivencia libre hasta sus términos y límites cabales. La nueva pluralidad no cabía

en el recipiente arrumbado, que en su tiempo rindió indiscutibles servicios a la paz de los españoles.

Nosotros decimos adiós al Movimiento. Pero con respeto. Por eso le hemos intentado rendir el homenaje

de la precisión. Fue algo más que sólo un partido solo; aunque no un partido único.

 

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