Girón: Datos para una biografía (y VI). 
 Algunos antecedentes     
 
 Diario 16.    21/04/1977.  Página: 24. Páginas: 1. Párrafos: 25. 

Girón: Datos para una biografía (y VI)

Algunos antecedentes

RESUMEN DE LO PUBLICADO

Modesto propietario de una granja avícola y de vacas de leche al cesar como ministro de Trabajo en 1957,

Girón alcanza en la actualidad una fortuna en bienes inmuebles y terrenos diseminados en Marbella,

Fuengirola y Míjas que sobrepasan de los 1.000 millones de pesetas, según los cálculos e inventarlos de la

revista "Posible". Otra revista, "Ciudadano", ha descrito las presiones sufridas por los campesinos que

hubieron de vender sus tierras bajo la amenaza de expropiación. El "affaire" del paseo Marítimo, cuyo

trazado se modificó a petición de Girón, no pasa de ser, según algunos concejales de Fuengirola, un caso

representativo del altruismo del líder falangista.

Frente a la interpretación altruista, el semanario "Posible" estimaba que más bien Clemente Díaz Ruiz,

alcalde de Fuengirola y devoto de Girón había evitado que el Paseo Marítimo pasara por la finca de éste,

precisamente para favorecerle, he aquí lo que escribía la revista:

"Cuando se hace un trazado de algo, de una carretera o un paseo, el fin debe ser el de servir a la

colectividad, no el que favorezca o perjudique a unos u otros. Pero aquí es el mismo señor Girón quien se

declara beneficiado y dice que se cambia el trazado. Entonces el Municipio atiende la voz del ´amo´. El

altruismo del señor Girón no tiene limites y la devoción de la Corporación ´repara´ el beneficio posible,

pero los rumores si uno se da una vuelta por los cafés de Fuengirola son muy otros. Exactamente los

contrarios. ¿Quién es el ciudadano, señor Girón, para renunciar a su beneficio si favorece a la colectividad

un paseo y se pensó en la colectividad al hacer el trazado? Algo huele mal en Fuengirona, perdón,

Fuengirola.

Se habla de la infatigable lucha del señor Girón por la justicia social, por los trabajadores y la

rimbombante retórica habitual. Tal vez tengan razón y la socialización de la tierra que propugnaron

algunos viejos programas falangistas la ha estado llevando a cabo calladamente el señor Girón al ir

apropiándose de grandes extensiones. Una forma de nacionalizar sería que se la apropiara toda y que se

convirtiera en estado. Bromas aparte, eso de ´Justicia social´, cuando menos resulta demagógico en un

hombre que posee sólo en tierras más de mil millones de pesetas en una provincia que va en cabeza del

paro nacional y la pobreza."

Girón fabrica su primera bomba

Las actividades especulativas de Girón fueron precedidas de otras antes de la guerra. Girón recuerda

algunas anécdotas en la biografía de Soler Serrano:

"Al llegar a Valladolid noté que había una gran efervescencia. En seguida que estuve con Onésimo le pedí

una linterna y el día de San José, a las ocho y media de la noche, iba yo con mi bicicleta y una bomba así

de grande. Tenía mecha lenta y mecha rápida. Encendí la lenta y la puse en el edificio del Gobierno Civil,

por la parte de la Comisaria, y me fui paseando por la acera a ver qué pasaba. ¡Madre de Dios, qué ruido!

Fue una explosión inenarrable. Me cargué todos los cristales del sector: más de medio millón de pesetas

(de las de entonces) en cristales. Toda la Diputación, la Comisaria, el Gobierno Civil, una iglesia... Era un

pedazo de bomba hecha alrededor del eje de una bobina de papel de prensa, con trilita, dinamita y qué sé

yo qué más."

Los biógrafos de Girón añaden más detalles:

"Duro fue el calvario de los hombres de la Falange en aquellos tiempos. Luchas callejeras, procesos,

multas, detenciones. Suspendido el semanario "Libertad", que había salido por primera vez a la calle el 18

de julio de 1931, Onésimo lo sustituyó inmediatamente por "Igualdad". Pero los ejemplares no duraban ni

un minuto en manos de los vendedores. Venían de la Casa del Pueblo, se los arrebataban violentamente y

los quemaban. La prosa viva, revolucionaria, anticonservadora, hirviente de amor a los campesinos y a la

Patria, no podía llegar a las manos que las aguardaban. Aquello no podía, seguir asi, y le dije a Onésimo:

—¿Quieres que esto se acabe? Déjamelo a mí.

Por entonces, Onésimo quería que yo fuese su Jefe de milicias, pero por estar estudiando en Madrid no

podía, y lo era Alfonso Suárez Granda (hoy inspector del Seguro de Enfermedad), al que le expuse mi

plan:

—Coge a todos los camaradas de primera línea que tengas disponibles, y los pones detrás del seto de

Campo Grande, y que se estén quietos. En el momento en que yo llegue, que empiecen a tiro limpio con

todo lo que venga detrás de mí.

Era un lunes. Me llego a la calle Mayor. Calculo que habría entre ocho y diez mil personas vociferando.

Como ya había recibido algunas caricias de navaja, me puse una coraza de hojas de periódico en el pecho,

debajo de la camisa azul. Cuando me vieron llegar, solo, se callaron de repente. Alguien gritó en el

micrófono:

—¡Adelante, camaradas, contra la canalla fascista!

Yo seguí andando, mirándoles muy serio. Iba solo, pero un tío muy bueno que se llama Pedro Bayón

Cantala-piedra había querido venir conmigo. Yo le había agradecido su ofrecimiento, pero le convencí de

que el posible éxito radicaba en la soledad. Si hubiéramos ido cinco, se nos cargan. Siendo uno solo, el

efecto psicológico era distinto.

Efectivamente, los gritos por los altavoces seguían:

—¡Muera la canalla fascista!

Y muchas voces respondían con ese y otros gritos. Seguí caminando. Lejos, vigilándome por temor a que

hiciera una barbaridad, venían dos camaradas: Eduardo Sanjurjo de Carricarte (que moriría más tarde

siendo alcalde de La Coruña) y Eduardo Sanz Martín. Al verme marchar, toda aquella enorme masa se

arrancó tras de mí por la calle Santiago. Yo había liado un cigarrillo delante de ellos, y lo iba fumando.

Me seguían con sus gritos. Llego a la calle Miguel Iscar, a un quiosco de venta de periódicos, y me paro a

mirar los diarios y revistas expuestos. Por el rabillo del ojo miro a mis seguidores. Se paran. Por su

cabeza pasaba algo. Algunos, al frente de la enorme masa, se hablan entre ellos. Y de pronto se arrancan

otra vez. Y yo me meto en el Campo Grande, antes de los setos. Entonces vieron los cielos abiertos, y

empezaron a extenderse y rodearme, ya en orden de combate, en un circulo que se cerraba alrededor de

mí. Y yo seguía caminando hacia la derecha, y cuando ya estaba el circulo muy cerrado, salté los setos, y

empezaron los tiros. Aquello era gloria. Salieron corriendo, y no volvieron a quemar periódicos. Y,

afortunadamente, sólo hubo un herido."

"¡Menudo país!"

El poder de convicción no sufrió merma al llegar a ministro:

"Girón se posesionó del Ministerio de Trabajo el 21 de mayo. El 22 le dijo uno de la escolta:

—¡Cómo te está poniendo Fulano...! Dice que menudo país y menudo régimen, con ministros como tú...

—Tráemelo.

Se invitó al detractor de Girón a visitarle. Era un tremendo ejemplar, de 1,95 metros de estatura, 130 kilos

de peso y pelo castaño. Girón le invitó a dar un paseo en coche. Conducía el automóvil un chófer del

ministro llamado Baldomero (Mero), que nos contó la anécdota, y que desgraciadamente ha fallecido

hace pocas semanas en Asturias.

—Tira para El Escorial.

Girón le hablaba de cosas diversas, hasta que el coche llegó al empalme que conduce a Boadilla del

Monte.

—Párate aquí. Bajemos. Caminaremos un poco.

Girón y su acompañante siguieron hablando, entraron en el monte, bajaron a una hondonada.

—Ahora que estamos aquí solitos, vamos a arreglar nuestro asunto.

El hombre, demudado, pálido, se puso a temblar como una hoja. Cayó de rodillas ante Girón pidiéndole

que le perdonara por lo que había hecho.

Aquel mismo día, horas después, a las seis de la tarde, el hombre se presentó espontáneamente para

visitar a Girón y solicitar de nuevo su perdón. Pero algo había cambiado radicalmente en su aspecto: tenía

el pelo completamente blanco.

 

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