Autor: Iglesias Selgas, Carlos. 
   Ruptura y Movimiento     
 
 Pueblo.    22/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

RUPTURA Y MOVIMIENTO

Por Carlos IGLESIAS SELGAS

EL real decreto-ley sobre reestructuración de los órganos dependientes del Consejo Nacional ha

proporcionado a las estructuras del Movimiento una solución que, en términos generales, puede

considerarse drástica, pero aceptable. La operación «ruptura» se ha consumado, sean cualesquiera los

eufemismos empleados. Queda, sin embargo, en pie el dispositivo necesario para que los españoles

continúen disfrutando de importantes servicios producto del esfuerzo de muchos años, disipándose así, al

mismo tiempo, algunos temores por situaciones laborales y humanas que requerían una solución clara y

tajante como la adoptada.

Lo que durante los últimos años se ha conocido como Movimiento-Organización ha estado constituido

por un complejo de órganos y organizaciones que encontraron su origen en el decreto de Unificación de

1937, y que fue concebido como una operación de guerra con el objeto de garantizar la tranquilidad en la

retaguardia.

El Movimiento-Organización, que bajo su forma de 1937 y años inmediatos se aproximaba al partido

único, evolucionó con el tiempo hasta convertirse en una Administración especializada que tenía a su

cargo determinados servicios públicos. El general Franco, por su particu1ar sentido de la responsabilidad,

no permitió en ningún momento que se derivaran las naturales consecuencias de su condición inicial de

partido. Esto tuvo sus ventajas desde el punto de vista del país, y desde esta perspectiva puede ser

considerado satisfactorio.

Los afiliados —durante muchos años militantes y adheridos— no llegaron a tener ninguna influencia real

en la gestión de sus órganos rectores, todos ellos designados directa o indirectamente por el general

Franco, en su condición de Jefe Nacional del Movimiento. Solamente en una legislatura los afiliados

eligieron a una parte de los consejeros nacionales, y en los últimos tiempos, a algunos consejeros

provinciales y locales.

Restaurada la Monarquía, se han mantenido durante poco más de un año dichas estructuras, si bien

merece destacarse la elo-giab1e discreción con que se produjeron los dos ministros secretarios generales

del Movimiento, hecho que indudablemente ha favorecido los reajustes operados por el real decreto-ley

que comentamos.

El Movimiento-Organización, concebido en su día como un conjunto de servicios de movilización

pública, cuenta en su mejor haber el despliegue de una importante acción social en orden a la promoción

de la juventud, la mujer y el deporte, así como la labor que en los Consejos y en las Jefaturas locales y

provinciales, que ahora se suprimen, realizaron muchos españoles en pro de sus conciudadanos. Fallaron,

en cambio, los servicios de promoción cultural, si se exceptúan, por ejemplo, 1os que estuvieron a cargo

de la Sección Femenina, y, de modo particular, las cátedras ambulantes, modalidad de extensión cultural

muy estimable. Durante muchos años estos Consejos y organizaciones, y las de las Hermandades de

Labradores y Ganaderos y otras entidades sindicales, constituyeron la única manifestación de vida cívica

y de canalización de los intereses de los pueblos. Los que rigieron estas organizaciones no lograron

durante muchos años conseguir del general Franco el menor margen de maniobra para organizar un

partido preponderante, que hubiera fraguado la supervivencia de estas organizaciones.

Sólo fueron utilizados, en más de una ocasión, por monterillas locales para suplantar la voluntad popular

en las elecciones de concejales y de consejeros, los cuales, por estas actuaciones, no gozaron del debido

prestigio. El Movimiento-Organización, que en su día fue, al menos en la apariencia, el núcleo central de

la vida política española —donde se impartían confianzas o se proclamaban lealtades—, ha quedado

reducido a una Subsecretaría encargada de la gestión de aquellos servicios que a lo largo de los años

demostraron su acomodación a auténticas necesidades de la sociedad española. Ha sido éste el destino de

todas las creaciones originales de la época anterior, de las que ninguna lleva camino de supervivir.

Competencias ministeriales y falta de visión de algunos responsables retrasaron un proceso de

clarificación que hace muchos años se debió abordar y que no puede darse por cerrado con las medidas

hasta ahora adoptadas. A la dependencia de la Secretaria General y a recelos para con todo lo

asociativo profesional se atribuye que, en su día, no se dotara del debido contenido —en orden a la

precisión y otros aspectos— a unos Sindicatos hace poco tan alabados y hoy tan denostados.

El problema de encaje definitivo de las organizaciones profesionales oficiales y de los organismos de

colaboración entre estas organizaciones y las autoridades públicas es algo más complejo y que no puede

reso1verse simplemente con una adscripción administrativa. Su dependencia administrativa, que ya fue

una solución de emergencia en 1970, es hoy totalmente impensable y dificulta la solución de los

problemas pendientes en la actualidad.

La decisión por la que, recién terminada la guerra civil, se pasaron estas organizaciones a la Secretaría

General del Movimiento les ha sido fatal, por múltiples conceptos, no sólo a los servicios

socioprofesionales y estructuras oficiales de este carácter, sino al propio país, que ve en peligro esfuerzos

y recursos que pueden y deben ser aprovechados. Confiemos en que finalmente se imponga el buen

sentido y se adopte una solución que necesariamente tendrá que ser muy compleja, dado el carácter y

naturaleza de muchas organizaciones que han constituido lo que todavía se conoce por Organización

Sindical.

 

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