Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Pilar     
 
 Informaciones.    09/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LETRAS DEL CAMBIO

PILAR

Por Jaime CAMPMANY

DIONISIO Ridruejo —una de las pocas personas insustituibles que yo he conocido— dijo de ella que ya

desde muy joven era una muchacha tímida, muy poco cuidadosa de su arreglo personal y que hablaba con

voz de niña. En realidad, Pilar Primo de Rivera (ya conocéis su torpe aliño indumentario) ha sido siempre

el ejemplo más femenino del desarreglo en el vestir. En ella, la elegancia adopta siempre una sola forma:

la de la bondad. Se pone el uniforme o un modesto traje de calle con la despreocupación de un profesor

distraído.

Pilar ha sido siempre un poco monja, o a lo mejor mucho más monja que la mismísima Santa Teresa,

porque nunca se encerró en un convento, sino que hizo un convento de toda España: de aquella España de

niños hambrientos y enlutados, de aldeas perdidas, de país subdesarrollado, de paisaje desconsolador, de

paisanaje ignorante, de mujeres discriminadas. Pilar ha acudido durante años y años a los lugares donde

morían los niños, las madres recién paridas, las canciones y los bailes del pueblo, los talentos y las

tradiciones. Ha llevado a los pueblos pobres, a las aldeas encaladas y a las gentes boquiabiertas de la

España de la posguerra, la gimnasia, la ducha, la música, la medicina de urgencia, la cátedra ambulante, el

libro, la pizarra. Y, sobre todo, la alegría.

Mientras las ricas hembras de España lucían el modelito de Pedro Rodríguez o de Balenciaga, se

abrigaban con el visón, se adornaban de joyas y se iban a las canastas benéficas o a las butacas de la

ópera, a las exposiciones o los conciertos o las conferencias donde las marquesas —como decía don

Eugenio d´Ors— quedaban mejor diseminadas; mientras las pobres mujeres de España trabajaban por

pocos dineros, firmaban con una cruz y parían en las manos de comadronas sin título; mientras sucedían

en este país estas y otras cosas tristes, Pilar se iba a los pueblos, al despacho de Almagro o a las Cortes, y

organizaba en silencio, ponía remedios sin publicidad o defendía una enmienda de la ley con la terquedad

invencible de los puros de conciencia y los limpios de corazón.

Pilar ha sido, desde siempre, como esa tía solterona que no se casa para poder cuidar de los sobrinos, que

no quiere que le compren nada para ella, porque todo le parece caro y conoce la pobreza de los demás,

que se ríe mansa y casi tontamente de ti si le llamas condesa. Se acabó la Sección Femenina, y Pilar se va

con las manos llenas de todo cuanto ha dado.

 

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