Autor: Paso Gil, Alfonso. 
 Antonio Izquierdo. 
 Notario de un año     
 
 El Alcázar.    12/05/1977.  Páginas: 3. Párrafos: 42. 

ANTONIO IZQUIERDO

Notario de un año

"Su signo zodiacal coincide con el de Franco"

"E/ espíritu del 12 de Febrero me parecía un fenomenal buñuelo de viento"

"A mí el Gobierno Suárez me parece un Gobierno mediocre"

"Franco supone para mí el estadista más completo e importante de la historia de España"

"Los doce meses que siguen a la muerte de Franco son los doce meses en que España asiste a una de las

más colosales traiciones históricas"

" José Antonio es el político que más se ha adelantado a su tiempo"

"José Antonio Plantea el sistema orgánico y en su planteamiento coincide con españoles tan ilustres y

beneméritos como Unamuno o como Madariaga"

—¿Cuál ha sido el propósito que te ha guiado al escribir "El año siguiente"?

— Dar testimonio de lo que pasó en los doce meses siguientes a la muerte de Franco. Mira:

durante cuarenta años, que son la casi totalidad de mi vida, España vivió bajo la enorme

incógnita de lo que pasaría el día que Franco muriese. De niño se lo oía decir a mis padres, a

los vecinos, se comentaba en los colegios... Todo el mundo iba adivirtiendo el gran cambio que

España daba, su gran desarrollo económico. Pero no cesaban de preguntarse qué ocurriría el

día que el Caudillo faltase. A pesar de las contestaciones que Franco fue dando a esa

pregunta, trazando las líneas del Estado de Derecho y el sistema institucional, incluso, a pesar

de la réplica que significó la designación del sucesor, en 1969, yo siempre tuve la curiosidad de

saber lo que ocurriría durante el año siguiente. Y de alguna manera me propuse escribir ese

libro desde la actualidad, sin más reflexión que el comentario del acontecimiento aunque

hubiese luego que matizarlo con notas, con aclaraciones y con todo lo que lleva "El año

siguiente". En fin, es el deseo de explicar lo que pasó.

LOS FRANQUISTAS OFICIALES DINAMITARON EL SISTEMA

— ¿Qué pasó?

— Nada más que una cosa: los franquistas oficiales, los más llamados a defender el Sistema,

fueron quienes lo dinamitaron.

— De este modo, tú subtitulas tu libro "Acta notarial de una traición histórica".

— Los doce meses que siguen a la muerte de Franco son los doce meses en que España

asiste a una de las más colosales traiciones históricas que se recuerdan en la Historia de

España. Porque está, además, consumada día a día, por muchas de las criaturas del Régimen.

El día que Franco murió, aquel veinte de noviembre, yo estuve paseando por Madrid. De

alguna manera esperaba que hubiese alguna manifestación callejera con banderas rojas u

otros símbolos... No vi más que gente llorando... Y a la gente que se le preguntaba, a través de

la televisión, qué pensaba acerca del futuro decía ingenuamente, candorosamente, que

"Franco había dejado ya todas las instrucciones". Y de alguna manera el pueblo decía la

verdad: las instrucciones eran, en voz popular, el Sistema legado. Estaba todo previsto. Todo

menos la deslealtad de los políticos. De los "cuarenta de Ayete" sólo once fueron fieles... Los

que derriban el franquismo no son las fuerzas marxistas, ni socialistas, ni nada de eso. Los que

derriban el franquismo son los franquistas, o lo beneficiarios del franquismo para más claridad.

Porque hay una gran España franquista, eso que se llama el franquismo sociológico. Esta

España sigue atónita.

— ¿Cómo ha respondido el público a tu obra?

— Hasta ahora muy bien. En muy pocos días se ha agotado la primera edición y hoy mismo me

ha llamado el editor para que prepare las correcciones y pueda iniciarse la segunda edición.

— Tú fuiste director del periódico ARRIBA.

— Yo he hecho toda mi vida profesional en ARRIBA.

DESTITUIDO DE "ARRIBA"

—¿Por qué dimitiste?

— No, no; yo no dimití. Fui destituido, que es distinto. No tiene mayor importancia, pero te lo

voy a explicar. Al único periódico al que he pertenecido ha sido a ARRIBA. Ingresé en ARRIBA

cuando lo dirigía Rafael García Serrano, en 1957, en el mes de julio y dejé el periódico el doce

de febrero de 1975. Fui destituido porque el presidente del Gobierno se enfadó mucho,

muchísimo, porque ARRIBA no había publicado ningún articulo conmemorativo del "espíritu del

doce de febrero". Ya sabes, los liberales son así. Lo que no sabia el señor presidente es que yo

recibí orden de no publicar nada al efecto, pero esa es otra historia. Yo, por supuesto, nunca

creí en ese espíritu; me parecía un fenomenal buñuelo de viento. Fue una tosca maniobra para

cesarme. iQue más da! He pensado siempre que a mí me destituyeron por diversas causas o

razones que se fueron sumando: la primera porque nunca fui el director más idóneo para la

etapa de la transición; la segunda porque el veintiocho de abril de 1974 publiqué el llamado

"Gironazo", que fue una prueba de honradez política y de clarividencia. A Girón le apalearon

tirios y troyanos y a mí me taparon la boca. Se creó a mi alrededor un nudo de asfixia que

motivó que en junio presentara mi dimisión al entonces ministro secretario, Pepe Utrera, que

me hizo retirarla. De momento el cerco se alivió, pero luego vino lo que ya he contado. Yo cubrí

una etapa en la Dirección de ARRIBA y procuré que el periódico se pareciese mucho más al

periódico de Larra, 14, que al periódico de una España que arriaba sus mejores gallardetes de

decoro y esperanza.

— ¿Qué opinas del momento español?

— Vivimos en la confusión que nace de la deslealtad histórica. Aquí se han abierto las

compuertas y las aguas no se han encauzado todavía. Asistimos a la ceremonia de la

confusión que es subsiguiente, no al franquismo ni a la llamada dictadura, sino al año de la

traición. Ahora vamos a ver en qué queda todo esto.

MEDIOCRIDAD DEL GOBIERNO SUAREZ

— En líneas generales... ¿Qué te parecen las gestiones del Gobierno Suárez?

— A mí el Gobierno Suárez me parece un Gobierno mediocre, que tiene muy pocas personalidades, que

es un conjunto medio. Eso es lo que valoraron más los cronistas en julio de 1976... Y que no es el

Gobierno más idóneo para el momento que vive España, suponiendo que se quiera que España siga

siendo España. Si se quiere dividirla, destruirla o destrozarla, entonces da igual un Gobierno que otro.

— ¿Por qué España adquirió un decoro y un desarrollo con Franco, al que ahora todos se complacen en

llamar dictador?

— Porque Franco fue un hombre serio. Un fenómeno irrepetible. Hace unos días me escribía una lectora y

decía que "Franco fue un despiste de la Divina Providencia.

Seguramente no nos lo merecíamos". Yo no he sido nunca franquista en el sentido estricto de la palabra.

Primero, porque jamás tuve un cargo público durante los años de su mandato; segundo, porque yo soy

falangista, joseantoniano, aunque por razones de edad nunca tomé café con José Antonio en "La ballena

alegre". Pero no estoy dispuesto a sumar me a los traidores o los mequetrefes que ahora escupen a su

memoria. Para mí Franco supone los años de mi vida. Mi biografía, como la de tantos y tantos españoles,

nace y se desarrolla en paz bajo su singular sombra. He podido ver, sin fáciles incitaciones publicitarias,

cómo todo mejoraba en torno nuestro. Mi barrio, que era un barrio proletario, pobre, pobre de

solemnidad, se configuró en algo distinto, más pujante, vital y decoroso. Y con mi barrio sus gentes, mis

viejos vecinos de la niñez. Madrid, a la que tantos afanes de mi vida profesional he dedicado, también

sufrió una poderosa transformación en estos años: ya no era el sonrojante Madrid de las crónicas de

Mesonero o de Répide o de los relatos de Galdós y Baroja. Madrid pasó de ser una especie de suburbio

del Palacio Real, a una capital europea de primer orden, a ser fotografiable, como diría en una síntesis

admirable, Ismael Herráiz. España entera cambió de fisonomía en estos cuarenta años y no sólo por un

proceso lógico de tiempo o de evolución. Ahí tienes el ejemplo de Portugal donde bien poco

evolucionaron en más años de régimen dictatorial. En un análisis riguroso y sereno, frío si quieres,

Francisco Franco supone para mí el estadista más completo e importante de la historia de España. Venció

unas dificultades y unas circunstancias que ningún otro, acaso, hubieran podido superar, e hizo el milagro

de sacar a España del atolladero y situarla en los niveles que citaba sin que las circunstancias le fuesen

propicias. Que, ¿por qué? Sobre todo, porque fue un hombre serio que amó entrañablemente a su Patria y

la dedicó en completo su existencia. En cuanto a sus políticos, hubo de todo, hombres excepcionales y

limpios que sirvieron lealmente y trabajaron lo suyo en los años de la reconstrucción, como Suanzes o

Cavestany, Silva o Girón. Pero también tuvo políticos mediocres, camaleones de aquí te espero o

caraduras capaces de hacer "Matesa" o escamotear los barcos de trigo que se destinaban a calmar el

hambre del pueblo español. En general, la mayoría de los políticos que le sirvieron estaban de la

circunstancia histórica que vivían y del Caudillo a distancias astrales.

— ¿Crees que se ha desmontado del todo el régimen de Franco y no queda una semilla importante?

— De Franco quedan dos cosas: el Rey y el franquismo sociológico. Del Estado de Franco no queda

nada. Las Instituciones han ido desmontándose una a una. También queda algo muy importante: el

ejemplo. Y su estrategia, su táctica que también cuenta. Históricamente es una fuente de sabiduría

política. Y queda, naturalmente, una inmensa mayoría de españoles que le añoraran durante muchos

años... ¡mientras los gobiernos sean como el actual, mucho más!

— ¿Qué te parece la política exterior que está llevando el Gobierno actual?

— En líneas generales y estableciendo las necesarias excepciones, me parece sonrojante. Hemos pasado

de la noche a la mañana a tener que dar explicaciones hasta a los moros y aceptar los consejos o las

imposiciones de todo el que viene a decirnos cómo tienen que hacerse las cosas. Es indigno.

— ¿Crees que en algún momento nos incluiremos en eso que se llama el Consejo de Europa o la

Comunidad Económica Europea?

— Yo creo que para ingresar en la Comunidad Económica Europea a España todavía le falta una cosa:

perder sus últimas posibilidades de competencia. Entonces, a lo mejor, nos aceptan como a los hermanos

pobres. Mientras España mantenga unos niveles competitivos no ingresaremos jamás, porque todo lo que

se dice del Mercado Común respecto a nosotros es una absoluta mentira. A los europeos les da igual que

seamos demócratas, liberales o totalitarios. Lo que les preocupa con los agrios o nuestra industria. Yo

creo que hay muy poca gente que se crea los chismes de los inconvenientes políticos.

— ¿Qué caminos ves para una posible expansión industrial española?

—España tendrá que buscar mercados en el Mundo Árabe, en Hispanoamérica, en el Este y hacerse lo

más competitiva posible con la propia Europa. También Europa, al paso que va, dentro de poco dejará de

ser competitiva... El ejemplo de Italia es estremecedor.

—Hablando de eso que tú has llamado una traición histórica... ¿En qué se puede fundamentar esa

traición?

—Yo hablo como periodista; un poco como historiador del día, como testigo. A mí unas Cortes, un

Consejo Nacional, unas Instituciones que juran lealtad a unos Principios y a una Constitución y luego lo

dinamitan todo, me parecen unas Cortes, un Consejo y unas Instituciones que han faltado a su juramento

y han traicionado al Sistema que los creó. En buen castellano eso sólo tiene una definición: traición.

—¿Por qué razón crees que lo han hecho?

— Eso es más complejo. Quizás se han concitado muchas razones. La principal, para mí, es que ha

faltado el hombre de Gobierno: el político. Franco pudo nombrar su sucesor institucional: un rey para

reinar. Pero en Franco se daban las dos funciones: Jefe del Estado y Jefe del Gobierno. Franco no dejó de

presidir jamás un Consejo de Ministros porque era su obligación presidirlos. Dirigía la política. Y no

hemos tenido hombres a ese nivel de Gobierno que pudieran sostener todavía la vieja competencia, los

viejos envites europeos y del mundo. Hay que contar también con una cosa que a mí, en mis años de

juventud, me hacía mucha gracia, porque me parecían cuentos de brujas. Pero hay que contar con ella: la

enorme influencia masónica en muchos elementos de nuestra sociedad; la conspiración contra el Régimen

era tan antigua como el Régimen. Se formaron distintos frentes, al principio inconexos, pero poco a poco

se fueron uniendo, llegando a constituir un solo cuerpo que avanzaba sobre Madrid. En unas

declaraciones que Santiago Carrillo hace a Oriana Fallaci, en "L´Europeo", que yo recojo en "El año

siguiente", Carrillo habla claramente del pacto de todas las fuerzas para derribar a Franco.

— ¿Por qué el Gobierno no parece darse cuenta de ello?

— No lo sé. Lo que si está claro —y esto lo ha dicho muchas veces Juan García Carrés— es que los

acuerdos del partido comunista adoptados en Bucarest se van haciendo poco a poco realidad en España.

Esto es perfectamente demostrable. ¿Por qué? Pues no lo sé. Por debilidad, por creer que eso es lo mejor.

Lo que sí sé es que los resultados están siendo catastróficos y van a serlo mucho más. Aún no hemos

pagado la cuenta del desorden social y laboral del primer año. Cuando la paguemos nos daremos cuenta

de lo que ha pasado aquí.

NO A LA FUTUROLOGIA

—Tú has escrito "El año siguiente". ¿Y dentro de dos años?

— No creo en la futurología, pero jugando a la lógica puedo decirte que el problema político más

inmediato que tenemos planteado es el de las elecciones. Se ha abierto un período constituyente, lo cual

supone que exista un claro vacío constitucional. La soberanía del Estado ha pasado del propio Estado al

pueblo español. En teoría, por supuesto. Y el pueblo español, en teoría también, va a elegir los

representantes de esa soberanía. Y las próximas Cortes serán constituyentes y de ahí saldrá lo que la

soberanía quiera que salga: desde una República Federalista, hasta la Dictadura del Proletariado. En teoría

puede salir todo. Hasta ahora lo único que se ha conseguido, como una especie de concesión graciosa, es

que Carrillo diga que acepta la Monarquía Y que acepta la bandera nacional. Pero lo que no sabemos es

qué pasaría en el supuesto de que el marxismo, sin distinción —comunismo, socialismo marxista, etc—

ganase las elecciones.

— ¿Cómo van a desarrollarse los comicios?

— No lo sé; pero me temo que, a última hora, se produzca un frente sólido de la izquierda y en cambio

la derecha comparezca tan dividida como ha estado siempre.

— Se repiten un poco todas las cosas que José Antonio dictaminó para la España de antes del Frente

Popular.

—Por supuesto, José Antonio es el político que más se ha adelantado a su tiempo. Leer hoy los textos de

José Antonio, en el año setenta y siete, cuarenta y tantos años después de haber sido formulados,

estremece. José Antonio dijo que las previsiones de Marx se cumplirían inexorablemente y que ante el

marxismo había solo una actitud que adoptar, que era la de asumir los gérmenes de ese orden nuevo para

la civilización cristiana y occidental. Salvar todo lo que queremos salvar, asumiendo todo lo que tiene de

novedad y pudiéramos decir de justo aquella instancia. Ese orden, el germen se ha convertido en un

monstruo al servicio fanático de un imperialismo. Pero José Antonio formula esto cuando el comunismo

no está anclado más que en Rusia. Por pensar así le llamaron bolchevique. También José Antonio afirma

que la única vía que tiene España para recobrar su papel protagonista en el mundo, es la de acabar de una

vez y para siempre con un fenómeno tradicional en el último siglo y medio: la pugna de los partidos

políticos, la pugna de las clases y la de los separatismos, que es, justamente, lo que nos ha devuelto el Sr.

Suárez, con su reforma. Aquí están otra vez las tres pugnas. José Antonio plantea el sistema orgánico y en

su planteamiento coincide con españoles tan ilustres y beneméritos como Unamuno o como Madariaga.

Dejamos a Antonio Izquierdo para que pase, como todas las noches, un rato con los lectores de "EL

ALCÁZAR" y para releer ese libro imponente y transcendental que ha escrito con el título de "El año

siguiente".

Alfonso PASO Fotos: Femando GORDILLO

 

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