Autor: JASA. 
   El ejemplo de la Falange     
 
 El Alcázar.    13/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EL EJEMPLO DE LA FALANGE

Desde hace cuarenta y cuatro años, la Falange ha dejado como prueba inequívoca de su

singladura un caudaloso rastro de sangre generosa vertida en el servicio a España. Pareciera

como si aquel movimiento juvenil y revolucionario estuviera marcado por un extraño designio,

sin más disyuntiva que el martirio o el olvido. Y es que la propia predestinación germinal de la

Falange se plantea desde una radical autenticidad: o deserción o entrega total, absoluta y

apasionada a un estilo audaz, nacional y revolucionario. No, no caben componendas, ni

matizaciones, ni tibiezas. La Falange o se vive integralmente las 24 horas del día en cada

gesto, en cada actitud, en cada palabra y en cada silencio o no se sirve a la Falange. Sin más.

Por eso, nunca entenderán a la Falange los que contemplan tan sólo su espíritu disciplinado,

su ritual cuajado de simbolismos y evocaciones o su mentalidad austera, firme y recia. La

Falange es un testimonio vivo de sensibilidad y de respuesta a España y su pueblo. Es la

demostración palpable de que la más ambiciosa aventura que puede emprender un ciudadano,

un español, es servir con generosidad y alegría una permanente ambición de justicia. Y es la

prueba definitiva de que permanecerá la esperanza mientras sobreviva el honor.

Sí, el honor. A buen seguro que Ramiro Figueroa Ruiz no pensaba que su dignidad y su

entereza se verían coronadas con el sacrificio ante una puñalada traidora movida por el odio, la

venganza y la revancha. Desde su elegancia humana de hombre del pueblo que alternaba su

diaria actividad en la fábrica con el desprendimiento de un compromiso superior, Ramiro

Figueroa Ruiz se ha convertido con la oblación de su entrega en prototipo del caballero

falangista, curtido y generoso, que nunca puso tope ni medida a su juramento. Ha tenido que

ser de nuevo la sangre falangista la primera derramada en querellas internas cuando España

se dispone a dirimir en contienda electoral la estadística y el balance de una participación

ficticia, de un pronunciamiento que no va a servir para resolver los problemas reales de una

nación ante la inclemencia de la sumisión o del resurgimiento.

Por eso la Falange ha estado, otra vez, en vanguardia. En primera línea y en lugar destacado

cuando se trataba de hacer llegar al pueblo español un dramático recordatorio de la amenaza

que se cierne, pausada pero implacablemente, sobre la dignidad, independencia y soberanía

de nuestra Patria. Porque el asesinato vil y premeditado de Ramiro Figueroa Ruiz es una

advertencia, un anticipo y una premonición de que la senda por la que se ha forzado a discurrir

nuestra convivencia puede abocar a la nación a la más grave descomposición interna. La

imagen de una familia unida y feliz, quebrada ahora por el precio imposible de la violencia,

puede ser un presagio del costo que para España y su pueblo representa el retorno a las viejas

estructuras que anularon por decenios la auténtica personalidad nacional como tributo al vano

recurso a una dialéctica de sangre. Ramiro Figueroa Ruiz es un eslabón más, preciso e

irrenunciable, de la secuela de mártires que con el yugo y las flechas como signo, han

demostrado a España y al mundo que la dignidad irrenunciable de la Patria tiene un nombre: la

Falange. Por eso ¿quien caerá mañana?. No importa que las cunetas y los cementerios se

cubran de nuevo de sangre generosa. Lo que importa es que su sacrificio no sea estéril y que

obedezca a una profunda ley de amor.

JASA

 

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