Lección de lealtad     
 
 El Alcázar.    10/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LECCIÓN DE LEALTAD

Muchas lecciones pueden extraerse del discurso de José Antonio Girón, que, una vez más, habló donde

solía - en la mina, en el taller, en el aula laboral - a pie de fábrica, en Santander. Pero, sobre todas las

reflexiones que ese discurso motiva, hay una con relieve especial: la de la lealtad.

Es Girón uno de los pocos líderes que tiene España y su comunión doctrinal con José Antonio no ha

sufrido la más mínima fisura, sin que, por ello, se haya anclado en la nostalgia. Consciente de que el

servicio era uno de las planteamientos más rigurosos del fundador de Falange, ha querido prestar el suyo,

en esta hora de incertidumbre e indecisión preelectoral. Como muy bien ha dicho, con la libertad esencial

que le da el no ser candidato, no ha querido hurtar su palabra clarificadora a quienes esperan siempre su

magisterio de probada coherencia mientras asumió responsabilidades de gobierno.

La intervención de Girón, ante seis mil trabajadores montañeses, es todo un gesto a imitar por aquellos a

quienes iban dirigidas estas palabras: "Hoy todos quieren renunciar al pasado, quieren borrar de su

entorno biográfico las fidelidades traicionadas y los juramentos incumplidos". El presidente de la

Confederación de Combatientes y los suyos mantienen su fidelidad a los postulados en los que creyeron y

creen y nadie como Girón para aclarar responsabilidades del tiempo pasado y dejar bien sentada en qué

medida la Falange contribuyó a formar el inventario de lo positivo.

Cuando sobre las espaldas se lleva la carga gloriosa de haber promovido, en la España del hambre, la

legislación social que sacó al trabajador de la miseria, la falta de asistencia total, de la inexistencia de

derechos pasivos, y la imposibilidad de acceso a la cultura - ahí están como prueba de imaginación y

sentido moderno al servicio de la justicia social, las Universidades Laborales — se puede defender el

pasado y, al tiempo, recordar que, si no todo fue por ese mismo camino que marcaba la revolución

falangista, la culpa tiene grupos concretos a quienes imputarse. Girón lo ha dicho, bien expresivamente:

"Ni somos ni tenemos por qué hacernos responsables de los abusos o descalabros que otras familias del

régimen originaron a España"

La fidelidad de Girón es, como la de las personas inteligentes, una fidelidad crítica: Que analiza el pasado

y acepta, junto a su brillante ejecutoria, sus fallos. Ni traiciona lo que juró, ni acepta

las responsabilidades que no tiene, ni a título personal ni a cuenta de la Falange. Lo contrario es más

frecuente: Quienes, por ineptitud, por interés o por malicia, protagonizaron los errores que puedan

encontrarse en la etapa anterior, son, ahora, los primeros en querer apearse del carro en el que, para mal,

estuvieron subidos. Entre Girón y estos últimos hay justamente igual distancia que entre Falange -

forjadora de un pueblo unido, grande y libre - y esos partidos políticos que por ahí pululan y ya empiezan

a desunir al pueblo, poniendo en peligro su grandeza surgida de la solidaridad y haciéndole entrar en un

túnel cuyo incierto final puede ahogarle la libertad.

 

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