Prensa del estado. 
 Ética social, trabajo y profesión     
 
 Arriba.    19/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

PRENSA DEL ESTADO

ÉTICA SOCIAL, TRABAJO Y PROFESIÓN

LA cadena de Prensa del Movimiento fue superavitaria hasta 1970. Desde 1969 con la proclamación de

Don Juan Carlos como Príncipe de España el régimen autoritario, con independencia de su dialéctica

inmóvil, se daba en el plano político e institucional una desembocadura de futuro no autoritaria. Por

consiguiente era aconsejable emprender la transformación de los instrumentos de poder genuinamente

franquista — como la Prensa del Movimiento — para adecuar su viabilidad en el nuevo contexto de una

Monarquía que habría de ser necesariamente constitucional. Los menos optimistas podían convenir ya

entonces que con la sucesión de Franco habría de operarse un ensanchamiento de las libertades y una

mudanza profunda de los modos y criterios de comportamiento político. Sobre el ritmo e intensidad de

esta mudanza no existía unanimidad, pero el proceso parecía inevitable. Por eso, desde la propia

Delegación Nacional de Prensa y Radio del Movimiento comenzaron a generarse planes de privatización

o de empresarización y de reestructuración técnico-económica que sólo prosperaron parcialmente en el

plano operativo. Los poderes públicos han dispuesto siempre, entre sus sucesivos legados, de un Plan

concerniente al futuro de la cadena de Prensa y Radio del Movimiento. El Presidente Arias, el Presidente

Suárez, en su etapa de Ministro y el hoy Ministro de Cultura requirieron o heredaron sus correspondientes

planes. En particular desde los años setenta y tres y sucesivos - como en otros sectores públicos o

parapúblicos - las medidas económicas que resultaban imperativas fueron pospuestas por razones de

conveniencia política general ajenas al interés de los trabajadores.

La conservación - y aún potenciación de equipo y utillaje - de la Prensa del Movimiento que mal que bien

y con crecientes pero desiguales hipotecas de credibilidad tiraba diariamente más de 700.000 ejemplares,

adquirió el valor de una indispensable pieza estratégica cara a la conformación de una opinión pública

favorable a la Reforma Política, y como dique de contención a los progresos de la tentación rupturista.

Genéricamente los órganos de información periódica se escindieron en posiciones de legitimismo

franquista - evolucionista desde una estrecha fidelidad a la legalidad autoritaria -, o pusieron su mayor

empeño en deshacer los nudos de la atadura institucional del antiguo régimen. Entre ambas posturas, la

Prensa del Movimiento defendió la reforma democrática en servicio de las tesis de la Monarquía y de sus

Gobiernos. Es de justicia poner de relieve que la empresa cumplió sostenidamente esta línea superando

tensiones internas de signo opuesto, pero los trabajadores de izquierda y los trabajadores de derecha, unos

y otros con sacrificio de sus preferencias y convicciones, lo hicieron posible.

La ulterior transformación de la Prensa y Radio del Movimiento en Prensa y Radio del Estado correlativa

a la disolución orgánica de la Secretaría General del Movimiento, es decir, su plena estatización se

produce en uno de los puntos más bajos de la crisis económica, cuando literalmente nuestra economía se

desploma. Los trabajadores y sus intereses no fueron tenidos en cuenta en situaciones de menos deterioro

económico en las que para muchos hubiera sido posible todavía reencontrar un puesto de trabajo y para

otros acomodarse a un programa hacedero de jubilaciones anticipadas, indemnizaciones o elección de un

sólo puesto de trabajo en el supuesto de pluriempleo. Condicionados e interferidos por la conveniencia

política, cuya formulación era lejana obviamente a toda pretensión por parte de la cadena periodística la

situación puede comprenderse como continúa posposición de los intereses de la empresa impotente para

autodefinir su propio horizonte de reconversión posible y el absoluto bloqueo - con creciente perjuicio

profesional y psicológico - de los intereses de los trabajadores.

Cualquier acción unilateral destinada a privar a los trabajadores de sus puestos de trabajo - lo que no

impide una profunda reestructuración de la empresa - sería improcedente e injusta. Sería improcedente no

plantearse siquiera el problema y por no estar animados de la voluntad de encontrar soluciones perjudiciar

la existencia de una empresa que presta y puede prestar servicios a la comunidad, al muy estrecho

territorio de empleo de la profesión periodística y a los trabajadores que hoy desempeñan sus puestos de

trabajo.

Sería injusto el que el mismo patrón - el Gobierno - que demandó nuestros servicios durante la transición

democrática se desentendiera de una población trabajadora formada por 4.000 personas en el punto más

oscuro de la crisis económica, cuando las posibilidades de un nuevo empleo literalmente no existen.

El mercado de trabajo para la profesión periodística - atención, colegas, por favor - se encuentra definido

por las siguientes notas: desempleo - imposibilidad de absorción de nuevos titulados que no encontraron

puesto de trabajo, situación que se agravará para las nuevas promociones que cada año se gradúan en la

Facultad de Ciencias de la Información -, subempleo - numerosos profesionales desempeñan tareas

inferiores a su capacidad y preparación sin que pueda contarse razonablemente con un mejoramiento

futuro de su actual subestimación profesional -, paro intermitente - periódicos y revistas que aparecen y

desaparecen dejando en la cuneta a los trabajadores por períodos cada vez más extensos y agónicos - y

plurlempleo - la cortedad de los salarios obliga a muchos a multiplicar su actividad en periódicos y

revistas.

En estas condiciones el aherrojamiento de 4.000 personas - la minoración resultante del grupo de

personas que percibirían en su caso indemnizaciones sustanciosas sería un segmento cuantitativamente

inapreciable - produciría una inevitable degradación del mercado de trabajo que sólo podría beneficiar a

algunos devastadores empresarios. El empobrecimiento radical de la profesión por un abaratamiento

dramático del trabajo hundiría los niveles de prestigio y retribución conseguidos por una profesión que ha

sido siempre - excepto los últimos y parece que fugacísimos años - menesterosa. Y los hundiría,

definitivamente, sin ninguna esperanza de recuperación. Con dos o tres colegas haciendo ventanilla para

ocupar un puesto de trabajo nuestra profesión trabajará al dictado de la prepotencia empresarial y de la

inseguridad como condición permanente. No parece que sea el mejor clima para la libertad de Prensa.

Tendremos quizá para entonces las más lúcidas, hermosas y técnicamente perfectas disposiciones en

garantía de la libertad de información como derecho democrático y la estructura empresarial - profesional

menos apta para su ejercicio.

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