Con Franco vivía mejor     
 
 El País.    06/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Con Franco vivía mejor

¿Cuántas cartas ha recibido hoy? Bastantes, creo. Yo le ruego que lea ésta también. Es muy sencilla, pero

por eso mismo muy conveniente para usted. No es para publicarla; no. Es para que medite con honradez.

Sólo he leido su diario cuatro veces, últimamente, pero me entristecen sus opiniones. Por favor, siga

leyendo. Me gusta creer que obra de buena fe. Mire, yo no digo que represento a nadie, porque no lo sé.

Lo que sí sé es que soy un hombre «normal», y creo habrá millones de normales en España. Padre de

familia, 39 años, encargado de expedición en una empresa, hijo de oficial ebanista de primera. Ni

pertenezco a partidos, ni he tenido cargos o recomendaciones. Sólo trabajo.

Durante toda mi vida he luchado, he trabajado, me he divertido a lo grande cuando he querido, he ido a

misa cuando quería, he criado y estoy educando bien a mis hijos en un grupo escolar. Si he tenido ganas

de chiste me he reído del más importante y he criticado en momentos de humor. He paseado, pescado,

merendado con la familia tranquilamente en el campo, me compré un cochecillo y si quería algún

capricho, hacía alguna hora extra porque el trabajo era seguro. He leído mis buenos libro y, en definitiva,

he vivido en paz.

Ustedes, de una forma extrañísima que no comprendo, dicen que estos últimos cuarenta años han sido un

purgatorio y una tragedia para la clase obrera y media baja (como pueda ser yo). Y con toda, toda

honradez, echo mi vista atrás y yo, persona «normal», no veo ni angustia ni purgatorios ni desastre

alguno.

En mi empresa somos 59. De ellos cuarenta tienen coche. La mayoría con su pisito propio, que ahora les

dan hasta millones. Y (ruego no se sonría) los bocadillos del almuerzo han sido de jamón y buenos filetes.

Y vivíamos en armonía.

Y mire lo que son las cosas; ahora, con esto de la democracia, la libertad, los partidos, etcétera, en la

empresa hay recelos, corrillos, plantes por bobadas, mal humor, sin horas extras. En la calle y el bar,

miedo (miedo) a hablar todo esto, a las manifestaciones; mi mujer, miedo a lo que les enseñan a los hijos

en la escuela, a lo que ven en los quioscos. Ni caprichos ni paz.

¿Que hay que mejorar y corregir cosas? De acuerdo. Siempre hay que mejorar. Pero veamos las cosas

como personas «normales». Que los normales no son tontos. Usted vivirá muy bien. Y ha habido muchos

que han hecho mucho dinero. Pues me alegro. Mientras vivamos los demás decentemente, no me importa

la prosperidad del prójimo. No tengo envidia, ese defecto de los españoles.

Cristóbal Pérez Díaz. Burgos.

 

< Volver