Autor: Narvión, Pilar (CASANDRA). 
   El Servicio Social de la mujer     
 
 Pueblo.    05/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL SERVICIO SOCIAL DE LA MUJER

EN unas recientes declaraciones a la Prensa del señor García Mar-gallo, director general de Desarrollo

Comunitario, que es el extraño remoquete de influencia burocrático internacional que le han puesto a los

problemas de la familia, ha hecho alusión a «un importante capital humano malgastado hasta ahora, como

son los objetores de conciencia, y a la reconversión del Servicio Social». Ya era hora de que un

responsable a alto nivel se decidiese a tratar el tema del servicio social femenino.

* Los Estados modernos se han visto responsabilizados de toda una serie de servicios que venían

prestando las familias tradicionales a los enfermos, ancianos, huérfanos, minusválidos, etc., etc., servicios

que la familia nuclear de hoy no puede o no quiere prestar a los suyos. Estas cargas sociales, representan

no sólo muchísimos millones en infraestructuras y servicios de todo género, sino un número astronómico

de horas de trabajo, cuyo valor no puede permitirse pagar ningún Estado en vías de desarrollo y quizá

ningún Estado occidental, aunque tenga tan saneadas haciendas como USA, El valor de las prestaciones

personales en horas de trabajo para la buena atención de estos servicios es de tal índole, que la mayoría de

los expertos se declaran vencidos a la hora de proponer un presupuesto.

* En buen número de ocasiones se ha adelantado en reuniones internacionales, tímidamente, la

posibilidad de que la mujer aportase a la sociedad un servicio cívico similar al servicio militar del hombre

que facilitase la solución de estas prestaciones personales. No hay partido político - al menos yo no lo

conozco - que haya tenido el valor de proponer esta solución en sus programas en razón de su

impopularidad y de las repercusiones que tendría sobre un electorado femenino que en todas partes

sobrepasa el 50 por 100 del cuerpo electoral.

* En España nos encontramos con la ventaja de que ya le pusimos el cascabel al gato. El servicio social

de la mujer ya existe; el problema de nuestro servicio social es que nació en un momento penoso de la

historia de nuestro país para contar con prestaciones personales en Auxilio Social, hospitales, guarderías,

etc., y luego no supo convertirse debidamente y adaptarse a las nuevas necesidades del país, a la nueva

mentalidad del país, a la nueva sociedad. Tiene el servicio social actual manifiestas injusticias y

anomalías; se exige para hacer unas oposiciones a las plazas más bajas de un escalafón y no se exige para

casarse con el señor que está en el grado mas alto del escalafón; se exime a las hijas de viudo y no a las de

viuda, etc., y se emplea además a las chicas de forma que. al menos a la opinión, nos parece arbitraria y

muchas veces inútil.

* En Estados Unidos existe una tradición de voluntariado, en hombres y mujeres, que no existe en Europa

Por ejemplo, el caso del Hospital John J. Kan e, de Pittsburgh, que asiste a 2.500 ancianos enfermos

incurables que no admiten ya en ningún otro tipo de institución, que cuenta con una asociación de amigos

que les proporciona cincuenta y cinco mil horas de trabajo gratuito al año, que representarían 150.000

dólares en horas de trabajo de salario mínimo, cuando en realidad estos voluntarios dirigidos por

profesionales hacen tareas de reeducación, de terapéutica ocupacional, etcétera, muy caros en el mercado

del trabajo.

* Tienen razón los movimientos feministas que se alzan contra este tipo de trabajos voluntarios y de

posible servicio cívico de las mujeres, argumentando que de este modo se retirarían del mercado del

trabajo femenino millares de plazas que son necesarias para paliar el paro. Desgraciadamente, ni siquiera

los Estados Unidos cuentan con posibilidades económicas para crear y pagar todas esas miríadas de

plazas necesarias para que los Estados modernos puedan llegar a cubrir los mínimos servicios

asistenciales que cubría la tradicional familia patriarcal. Cierto que no es la mejor solución; pero en estos

momentos, en la sociedad actual, posiblemente es la única, y nada escandalosa, si se piensa que el hombre

también cumple su servicio militar y que, en justicia, cuando pedimos las mujeres igualdad de deberes y

derechos, debemos apechar con todos los deberes, para tener la fuerza necesaria para exigir los derechos.

CASANDRA

 

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