Autor: Perales Herrero, Narciso. 
   A Eduardo de Guzmán, sobre José Antonio y Durruti     
 
 Diario 16.    23/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

A Eduardo de Guzmán, sobre José Antonio y Durruti

"Me atrevo a contestarte en público a una parte de tu serie de dos artículos sobre "La revolución soñada",

publicada en D16 los días 21 y 22, porque aludes a José Antonio. Yo, también como tú, soñé toda mi vida

con la revolución. Pero es obvio que no con la de Buenaventura Durruti, sino con la de José Antonio, con

la que también soñaron Pedro Durruti, falangista antiguo, fusilado en Barcelona al comenzar la guerra, y

Marcelo Durruti, fusilado en León por los enemigos de la Falange, poco después de su incorporación a

ella. Estoy seguro de que la muerte brutal de sus dos hermanos falangistas fue para él - que era ante todo

un hombre bueno - un terrible dolor que sólo pudo mitigar el fragor de su lucha.

No conocí a Buenaventura personalmente, pero sí le conocí a distancia, a los diecinueve años, a través de

Lara - que, según creo recordar, fue algún tiempo secretario de la Específica -, con el que conviví

largamente en la cárcel de Sevilla en 1935 y de quien fui gran amigo, que me habló de él como lo que

evidentemente fue: un luchador infatigable. He leído varias versiones de su muerte. Todas coinciden en

que murió con honor, como era de esperar. Quede, pues, bien sentado que no disiento, de tu opinión sobre

él. La comparto. ¿Que fue un adversario nuestro? ;Qué duda cabe! Pero hay adversarios que honran y él

fue uno de ellos. No puede decirse lo mismo de todos, y menos aún de los que llamándose nuestros

"amigos", después de deformarnos y usarnos - como había previsto y temido José Antonio -, nos

destruyeron, quedándose con nuestras canciones, con nuestros símbolos, con nuestro nombre y aun con la

figura de nuestro fundador, como siguen haciendo todavía.

José Antonio no fue "la encarnación romántica y retórica del fascismo, con su grandilocuencia

danunnziana y su vacío ideológico". Sino exactamente lo contrario. Ya dejó escrito en su testamento,

ejemplo de serenidad y de sobriedad: "Me asombra que, aun después de tres años, la inmensa mayoría de

nuestros compatriotas persistan en juzgarnos sin haber empezado, ni por asomo, a entendernos y hasta sin

haber procurado ni aceptado la más mínima información." Y ¿te pasará a ti mismo eso, después dé

pasados cuarenta años más? No voy a decirte que José Antonio no fuera influido por el fascismo en el

comienzo porque eso no sería verdad. Pero nadie puede estar a salvo de la influencia de las ideas ni aun

de las modas de su tiempo sin una profunda reflexión o, mejor, sin una meditación prolongada, que él

hizo ciertamente y pronto, y que le condujo a una conclusión muy diferente: "Sólo por la vía de nuestra

originalidad hemos de hallar las posibilidades más fecundas." (Cito de memoria.)

¿Será necesario explicarte aquí las influencias de las ideas y de las modas de la época - "el signo de los

tiempos" - en el pensamiento de los hombres? ¡Si lo sabes mejor que yo! Podríamos recordar a Negel - al

método y a la fenomenología -, junto a los manifiestos de "los iguales", de "los justos", de Weitling; de

"la democracia", de Considerant, etc., como fuentes usadas en el manifiesto de Marx y En-gels, que

redactó el primero en 1848. Recordaríamos a Godwin, Hall, Thompson, Ricardo, Peequeur, Von Stein y,

sobre todo, Rodbertus, en la génesis de las tesis marxistas económico-sociales; a Sorel, en el sindicalismo

revolucionario y el fascismo mussoliniano, que naturalmente tuvieron otras fuentes también. Al partido

demagogo de Lenin, que, junto a las costumbres de la guerra, fueron, según Collinet, "sustancia y modelo

del partido nazi", etc. A nosotros nada nos quedó muy pronto, en 1934, de la influencia fascista. Si acaso,

los signos exteriores: la moda. Pero, ¿no era una moda generalizada? ¿Tengo que recordarte que también

influyó - y mucho más de lo que cabía esperar - en la izquierda marxista y en la derecha conservadora?

Yo recuerdo muy bien los uniformes, las camisas de todos los colores, los saludos (de esta u otra forma),

las consignas, la organización paramilitar, etc. Todo eso pasó; pasó la moda. Pues si en lo externo - más

sustantivo de lo que parece, a juzgar por la dolorosa experiencia de nuestra falsificación con ello - la

similitud no puede negarse, nada quedó en lo interno, y fue en junio de 1934, en carta a Prieto que se hizo

pública, cuando José Antonio afirmó que la existencia simultánea del fascismo en Europa "más nos

perjudica que nos favorece", y en el 19 de diciembre dé 1934 - cuando el fascismo alcanza el cenit de su

influencia ideológica en los países europeos, José Antonio hizo publicar en la prensa una nota que

comenzaba diciendo: "La Falange Española de las JONS no es un movimiento fascista..." Podría

aumentar las citas - me las sé -, pero terminaré con una de su último discurso, pronunciado ante el tribunal

popular de Alicante: "El Estado fascista nadie sabe lo que quiere decir. Lo que es posible es que tenga un

carácter capitalista retardatario."

Pero dejemos eso. ¿Dónde está el romanticismo? "El romanticismo es una actitud endeble que

precisamente viene a colocar lodos los pilares fundamentales en terreno pantanoso; el romanticismo es

una escuela sin líneas constantes que encomienda a cada minuto, en cada trance, a la sensibilidad la

resolución de aquellos problemas que no pueden encomendarse sino a la razón", afirma literalmente José

Antonio. Si hay algo obsesivo en José Antonio es el rechazo del "patrón romántico´´, de su

grandilocuencia. Se opuso al espontaneismo romántico porque suprime el esfuerzo humano, constructor

de la sociabilidad, transformador del individuo en persona y de la patria física y local en la tarea común

de todos los españoles, "en una patria ligera, emprendedora, limpia de chafarrinones zarzueleros y de

muchas roñas consuetudinarias. No una patria ensalzada con gruesas efusiones, sino entendida como

ejecutora de un gran destino". El perfil de su concepción del mundo se inscribe en las coordenadas del

protagonismo socioeconómico del hombre, mediante un sindicalismo que había de restituir la plusvalía a

los trabajadores; en un politicismo profundo que habría de autentificar el poder de la sociedad mediante la

dinamización de las unidades reales de vida, sindicatos, agrupaciones familiares, municipios, regiones...,

y en la búsqueda de la calidad de la vida, que nacía de su profundo respeto a la intimidad y a los valores

del espíritu, a la libertad, la integridad y la dignidad de los hombres.

Protagonismo humano, politicismo profundo y calidad de vida configuran el pensamiento político de José

Antonio, abierto al más moderno humanismo. Por eso no entiendo qué quieres decir con lo del vacío

ideológico. ¡Si no había ni hay ahora un líder político con una ideología tan original y completa como la

suya!...

Narciso Perales

MADRID "

 

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