Autor: Dávila García-Miranda, José A.. 
   Falange Española ha muerto     
 
 ABC.    15/04/1978.  Página: 63. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Falange Española ha muerto

Señor director: Aparecen en estos días en la Prensa diversas noticias que a muchos españoles les han de

producir, como a mí, una terrible sensación de vergüenza ajena. Me refiero al abusivo y lamentable uso

que se está haciendo del nombre de Falange Española, a la que se añaden, en un progresivo proceso de

«capillismo» inadmisible los sufijos más variados. Tenemos ya una Falange «a secas», otra «Hedillista»,

una nueva «auténtica» sector Llamazares, la anterior «auténtica» de Pedro Conde, grupos, grupúsculos y

grupitos. Hay de todo, menos dignidad, a lo que me temo.

No puede ponerse en duda de que los supuestos que explicaron en 1931 y 1933 el nacimiento de las

J. O. N. S. y luego de Falange Española son del todo distintos a los actuales. Tampoco puede ponerse en

duda que en torno a Falange y al Nacionalsindicalismo, sin «razón ni culpa, se dan tan fuertes factores

negativos que sería más viable defender su ideario con otra presentación.

Lo que trajo Falange de nuevo fue la posibilidad, hasta entonces no claramente admitida, de incorporar

los nuevos vientos saciales, con toda la intensidad precisa, desde posturas que pudiéramos llamar

históricas, en lo nacional y en lo religioso. Pero esta «novedad», ¿la discute hoy alguien que no milite en

los extremismos más cerrados? Entonces, ¿qué razón hay para mantener una «novedad» vieja de casi

cincuenta años?

En un deseo explicable de «modernismo», muchos de los grupúsculos llamados «falangistas,», como en

otro campo se da en cierto «Carlismo», contra natura de izquierdas, se incorporan ideas y programas

contrarios totalmente a los programas e idearios originales, que van desde el federalismo hasta la más

extrema nacionalización de los medios de producción, la república, etc., etc.

No, Falange, así, sin más sufijo que el calificarla de «española», ha muerto y ha muerto sin culpa y sin

poder hacer realidad sus grandes ideas y proyectos. Dejó una profunda huella social y política en gran

parte aprovechable, que no es poco, y un impacto en ciertos sectores de la sociedad que nunca hubieran

comprendido los anhelos de justicia de muchos españoles por otro camino. Ahora, con Falange, sólo hay

que hacer una cosa: enterrarla y, si es posible, con gloria. Nada más. Pasear cadáveres por las tierras de

España es emular con poca fortuna a Doña Juana la Loca. El nombre de Falange es demasiado grande y

heroico y ha sido tan entrañable para muchos, que no debe amparar capillitas, grupúsculos, personalismos

y ridículos afanes de notoriedad. Dejémosle reposar en paz y pronunciemos, ya para siempre, el viejo

¡Presente!, dedicado ahora, con respeto. a Falange Española de las J. O. N. S. - José A. DAVILA

OARCIA-MIRANDA.

 

< Volver