Autor: Pujalte, Manuel Adolfo M.. 
 Michel Rocard, del Partido Socialista Francés, en Madrid. 
 Sería grave un corte entre el socialismo del norte y el del Sur     
 
 Pueblo.    19/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

NACIONAL

Michel Rocard, del Partido Socialista francés, en Madrid

"SERÍA GRAVE UN CORTE ENTRE EL SOCIALISMO DEL NORTE Y EL DEL SUR".

MADRID. (PUEBLO.)—Michel Rocard, delfín del Partido socialista francés, organización en la que es

uno de los cerebros más preclaros a la vez que secretario nacional, estuvo ayer en Madrid, donde

pronunció por la noche una conferencia, invitado por el F. P. S. (Federación de Partidos Socialistas),

sobre el tema «El socialismo en Francia». El segundo de a bordo en el partido que regenta François

Mitterrand es profesionalmente inspector de Finanzas, y actualmente encarna la línea más a la izquierda

de su partido, y es en él el responsable de la política de nacionalizaciones.

—Señor Rocard, me gustaría comenzar esta entrevista formulándole una pregunta que por su

trascendencia y actualidad nos concierne a todos los españoles. ¿Cómo ve la actual situación de

fragmentación de los diversos socialismos en España? ¿Piensa usted que Mitterrand, al igual que

recientemente ha hecho Mario Soares, asumirá una serie de iniciativas tendentes a la unificación de la

familia socialista española?

—Muy probablemente no asumirá ninguna iniciativa. Nosotros pensamos que el socialismo español debe

encontrar su fuerza, su cohesión y unidad en España a partir del trabajo que realicen los propios

socialistas españoles. Nosotros, socialistas franceses, mantenemos buenas relaciones con el P. S. O. E.,

porque es miembro de la Internacional Socialista, pero sabemos también que los socialistas españoles no

pertenecen a un solo partido. Nos prohibimos absolutamente toda injerencia en los problemas internos de

nuestros compañeros socialistas españoles. El hecho es que nuestro proyecto socialista sea

autogestionario, tendente a descentralizar la acción económica no sólo en el sector público, sino también

en la empresa privada y nos lleva a dar gran importancia a las realidades regionales. Francia es un país

que ha conseguido aplastar la realidad regional, y nosotros hemos seguido muy de cerca el actual

despertar regional en nuestro país. Hemos llegado a comprender que en un país como España, en el que el

poder central no ha podido acabar con la pluralidad y riqueza en la variedad de las regiones, este

fenómeno resulta también muy importante y digno de tenerse en cuenta a la hora de establecer una

política socialista.

—¿No le parece que en la Internacional Socialista priman más, tanto a nivel cuantitativo como

cualitativo, las posiciones ideológicas, las líneas programáticas de carácter socialdemocrático, en

perjuicio de las posiciones de izquierda más genuinamente socialistas y más fieles a su origen?

—Se puede decir eso, pero no creo que sea el mejor modo de plantear la cuestión. El socialismo europeo

comprueba, y esto ha sido cierto en el caso francés, que ha mantenido en su seno comportamientos

militantes sectarios por que no se han conocido a fondo ciertos condicionamientos. En otras palabras, lo

más grave que podría ocurrir es un corte entre las fuerzas socialistas de la Europa del Sur y las otras. Las

realizaciones históricas del socialismo francés no dan títulos legitimadores para dar lecciones a nadie.

Tras trazarme a continuación un panorama de la evolución histórica del movimiento obrero internacional

a partir de la revolución soviética, me señala lo siguiente:

—La socialdemocracia ha dado prioridad absoluta a las libertades formales, heredadas de la burguesía,

ante el espectáculo concentra-rrevolucionario soviético. Esto no es nuevo. La socialdemocracia del Norte

y del centro de Europa ha abandonado paso a paso la idea de que la realización del socialismo

comportaba un modelo económico y social, y ha hecho más hincapié en las libertades burguesas, la

preservación de la organización capitalista de la producción, corrigiendo sus principales defectos e

injusticias. Ahora ya no hay un proyecto socialdemócrata, y todos los partidos socialistas están buscando

una respuesta más profunda.

—Usted es el autor de un polémico libro no traducido en España, titulado «El Mercado Común, contra

Europa». ¿Hasta qué punto usted discrepa de la denominada «Europa de los mercaderes» y aboga por una

Europa de distinto signo, marcadamente socialista?

—Esto es muy sencillo de definir, pero muy difícil de hacer. Encuentro absurda la idea que aboga por una

construcción política de Europa en torno al librecambio, es decir, a partir de la ausencia de fronteras. Una

identidad política comienza por tener que fijar fronteras para saber en qué marco nos movemos. Todo esto

es contrario a las tesis librecambistas. Es evidente que el relanzamiento de la construcción europea sólo

puede hacerse a partir de temas relativos a la soberanía popular. Debe existir una ciudadanía europea a

partir de las elecciones locales, un estatuto europeo de la libertad de los ciudadanos y también convenios

colectivos europeos que afecten a los trabajadores. Es importante, sobre todo en lo que afecta a España,

que estos estatutos lleven a una garantía de respeto a la democracia política. No seríamos hostiles

tampoco al establecimiento de empresas públicas europeas que asumiesen problemas tales como los del

cáncer, la energía nuclear y muchos servicios públicos. Deseamos llevar la lucha de clases a nivel

europeo, ya que no habrá poder político europeo hasta que la mencionada lucha no tome esta dimensión.

—¿Qué supuso para usted, a nivel de aprendizaje de decantación política, su frustrada candidatura para

conquistar el Elíseo en mil novecientos sesenta y nueve? —En primer lugar tengo que decirle que la

militancia socialista puede llevarle a uno a hacer cualquier cosa. Mil novecientos sesenta y nueve viene

después de mil novecientos sesenta y ocho, cuando Francia explotó y lo que quedaba de socialdemocracia

perdió prestigio, de modo que las elecciones presidenciales se presentaron a partir de violentos conflictos

dentro de la izquierda francesa. Por una parte había un importante candidato comunista que se presentaba

con el rechazo total, salvo en lo relativo a las reivindicaciones salariales de mayo del sesenta y ocho. Por

otra parte, un candidato republicano de derechas, Alain Poher, muy confuso a nivel electoral. Lo que

quedaba de la S. F. I. O. presentó la candidatura de Gastón Deferre, que tuvo la idea de llevar su campaña

con Fierre Mendes-France, lo que ocasionó que ambos se anularan. En esas condiciones fue preciso salvar

el honor del socialismo y me presenté, obteniendo solamente algo más del tres por ciento de los votos; sin

embargo, resultó muy importante porque mi campaña supuso el punto de reunión de la militancia

socialista.

Al pasar revista a las diferencias actuales entre el comunismo y el socialismo me señala que, al menos en

Francia, a nivel de estructuras de las clases componentes, ambos partidos no son fundamentalmente

diferentes, ya que hay un considerable sector obrero en los dos y las capas medias independientes están

muy ampliamente desarrolladas tanto en el P. C. F. como en el P. S. F.

—Usted ha sido a nivel formativo un «joven cachorro» del E. N. A., institución que a manera de

privilegiado coto cerrado ha formado a la élite político-administrativa de su país. ¿Por su actual militancia

socialista le consideran un «traidor» a las premisas ideológico-burguesas del mencionado centro docente?

—Yo soy antiguo alumno del E .N. A., y evidentemente soy parcial en mi juicio. Más que el E. N. A., lo

que es un coto de la clase dirigente es la alta Administración en sí, sin tener en cuenta al E. N. A. El exa-

men de entrada es muy riguroso y la estratificación social que recluta pertenece a los hijos de la

burguesía, pero como ejemplo de traición de clase estoy yo y otros muchos, afortunadamente, ya que no

soy el único.

Manuel Adolfo

M. PUJALTE

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