Autor: Cavero, José. 
   Joan Garcés (FPS), vino de Chile a estudiarnos     
 
 Arriba.    09/01/1977.  Páginas: 4. Párrafos: 57. 

JOAN GARCÉS, (F.P.S.)

VINO DE CHILE A ESTUDIARNOS.

" Es muy remoto el paralelismo que podría hacerse con el proceso chileno "

" No soy indiferente, como español, al caso político nacional "

" Recibir subvenciones es un gravísimo error y riesgo para los partidos "

" Fuerzas exteriores están aprovechando la debilidad inicial de los grupos políticos españoles "

" Hemos obtenido, como el PSP, el rechazo sistemático al buscar relaciones con partidos socialistas

europeos "

LA Federación de Partidos Socialistas no tiene presidente, no tiene secretario general. A lo sumo

tiene «secretarios para,..», Y Joan Garcés es secretario para las Relaciones Exteriores de este «tercer gran

bloque» de los socialismos del país.

«No es que estemos en busca de un líder. Preferimos la dirección colegiada», nos puntualiza este

valenciano universal.

Valenciano por su lugar de nacimiento. Universal por su «curriculum» de profesor en diversos

Universidades europeas o sudamericanas, y más particularmente desde su presencia en Chile, en el Chile

allendista, en su calidad de asesor del Presidente muerto. Pero hace de ese capítulo de su vida —por otra

parte, explicado en varios libros— un tema poco menos que intocable. Joan Garcés, de hablar lento,

pausado, de tonos bajos, prefiere hablar de «aquí y ahora». De los socialismos del país —«yo diría que el

noventa y nueve por ciento de los socialistas que hay en el país todavía no se han afiliado a ninguno de

los tres bloques existentes»—; de su optimismo sobre el futuro reservado a esta ideología: «Se está

haciendo aún ese movimiento socialista. No hay más que embriones de momento.»

Y, cómo no, hemos hablado de referéndum y de elecciones. Ante el primero, el FPS fue abstencionista.

Frente a las segundas es claro el propósito de participar si van a ser libres, si se cumplen esa serie de

requisitos que toda la oposición ha venido solicitando.

Y de tácticas, posibles alianzas, aproximación a los grupos que encabezan Tierno o Felipe... «Gracias a la

financiación exterior que recibe, uno de los bloques socialistas existentes parece dispuesto a acudir en

solitario a las urnas. Lo que puede perjudicar decisivamente la consecución de un solo socialismo en el

país...»

—En la actualidad, y después de haber concluido lo que yo llamaría «el ciclo chileno» (cinco libros y una

docena de artículos monográficos), estoy estudiando el proceso actual en nuestro país, el proceso de

transición de las instituciones franquistas. Lo que resulte del actual proceso de reforma, particularmente

hasta el momento de las primeras elecciones parlamentarias.

PARALELISMO REMOTO

—Es obligado preguntarle al que fuera asesor del Presidente Allende si advierte alguna forma de

paralelismo entre el proceso del país latinoamericano y el español...

—Muy remoto, muy remoto. Las circunstancias son muy distintas desde el punto de vista de los agentes

políticos, de la correlación de fuerzas en el contexto interno. Pero hay un punto que sí puede ser

comparable, y es la necesidad de transformar las Instituciones del Estado. Necesidad que se contempló en

Chile después del setenta, desde el punto de vista de las fuerzas de izquierda que habían accedido al

Gobierno. Aquí en España nos encontramos con la necesidad de superar también el aparato del Estado

franquista, pero con la incógnita de que no se sabe qué fuerzas políticas son las que van a asumir el

Gobierno en un momento inmediatamente posterior a las elecciones parlamentarías próximas. Desde ese

ángulo de observación posiblemente se puede hacer una comparación: ¿Cuál es la incidencia de la inercia

del aparato del Estado preexistente sobre las nuevas fuerzas políticas que asumen la dirección del

Gobierno? Todavía no podemos decir que las cosas se planteen aquí en esos términos porque, en realidad,

y hablando con propiedad, no ha habido un cambio en las fuerzas políticas que detentan el Gobierno.

Aquí, de momento, la continuidad es manifiesta. El problema se plantearía si en las elecciones

parlamentarias saliera una mayoría gubernamental de signo diferente a las que hasta este momento han

estado en el Poder.

—Cosa bastante probable...

—Hombre, pues..., pues, no puedo hacer profecías en ese sentido. No es imposible, pero sí es difícil.

CHILE, VETADO

—De Joan Garcés se dijo reiteradamente que había sido el cerebro, o uno de los cerebros, del Presidente

Allende.

—En primer lugar yo quisiera decirle que yo no concedo entrevistas desde el golpe de Estado de 1973

sobre Chile. Nunca, nunca he concedido entrevistas ni he participado en mítines. Y figúrese la cantidad de

mítines y de conferencias a los queme han invitado sobre el caso chileno. Yo he escrito dos libros —el

último acaba de aparecer en Ariel y se llama «Allende y la experiencia chilena», donde explico mi

interpretación del proceso gubernamental y de las causas que llevaron al éxito a la contrarrevolución.

Pero considero ese libro como mi aportación al esclarecimiento del proceso histórico que viví. No

concedo entrevistas para hablar de ese tema. Pero ya que usted me ha hecho una pregunta, y a título

personal, se la contesto: Yo fui, efectivamente, colaborador personal de Salvador Allende en calidad de

asesor técnico en cuestiones propias de mi competencia como especialista en Sociología Política. Tanto

durante la campaña electoral, antes de llegar al Gobierno, como después, a lo largo de todo el gobierno.

Y, efectivamente, tenía una relación muy estrecha y muy íntima en lo político con Allende como hombre

político. Pero, en fin, yo explico siempre que yo era, y soy, profesor de Ciencia Política, y que quien

realmente tenía allí la experiencia y la capacidad política era él, que tenía cuarenta años de vuelo y de

práctica política... Entonces, eso de que me llamen cerebro me hace gracia, naturalmente.

—Usted procedía, cuando llego a Chile, de la Universidad Autónoma madrileña...

—Bueno. Yo había sido profesor en el año universitario 1969-70 de Teoría del Estado en la Autónoma de

Madrid, efectivamente. Pero al mismo tiempo también lo era de la Universidad Católica de Lovaina, allí

como profesor visitante. Y con anterioridad, en los años sesenta y siete y sesenta y ocho, había sido

profesor visitan en la Escuela Latinoamericana de Ciencias Políticas de Santiago de Chile. Y en el año

sesenta y nueve, conferenciante visitante en la Universidad de Oxford. O sea, que en realidad yo he tenido

en estos años anteriores a mi traslado a Chile una actividad universitaria en varios países.

—¿Ahora mismo mantiene algún lazo con la Universidad madrileña?

—Por el momento, no, porque soy titular en la Fundación Nacional de Ciencias Políticas de París, lo que

me impide tener una vinculación administrativa cualquiera con otro centro universitario.

TEORÍA Y PRACTICA

—¿Cuál es su especialización académica?

—Cambio político, simplemente. —¿Está, por tanto, contemplando la situación española?...

—Sí. Pero yo personalmente estoy muy convencido de que la teoría, y particularmente la teoría política,

si no está ligada a la práctica concreta, a la experiencia, tiene mucho riesgo de estar muy do formada y de

ser una simple teorización en abstracto, más o menos lejos de la realidad. Entonces no me gusta observar,

y menos en el caso español, lo que está pasando desde un observatorio pretendidamente aséptico.

—Es decir, prefiere participar en el ensayo...

—Precisamente, en función de lo que yo entiendo que debe ser un estudio de un fenómeno social, se debe

conocer desde el interior y participar en él. En el caso español, a que nos referimos, siendo yo mismo

español, no soy indiferente a todo el debate que está teniendo lugar en el seno de nuestra sociedad en

torno al proceso que estamos viviendo. Y particularmente tampoco puedo permanecer ajeno al debate

entre socialistas españoles sobre lo que debe ser el movimiento socialista en nuestro país. Y de ahí que,

como ciudadano, participe en toda esta amplia problemática con alguna actividad. No de una forma plena,

pero sí, de algún modo, estoy contribuyendo a este debate.

—¿Desde cuándo es socialista Joan Garcés?

—Pues, desde luego, uno no nace socialista, sino que se hace. Yo me he hecho socialista en el transcurso

de mi etapa universitaria, como estudiante en España, y posteriormente en los años que siguieron al

período estudiantil. Fui convenciéndome cada vez más del porqué y del cómo de la lucha por el

socialismo.

LA FINANCIACIÓN EXTERIOR

—La Federación de Partidos Socialistas, de la que es usted dirigente, ha mantenido en los últimos meses

una intensa campaña, incluso con comunicados remitidos a la Prensa, contraria a la financiación de los

partidos nacionales por dineros extranjeros. ¿Cuáles son las razones de base de esta campaña? ¿Alguna

experiencia extranjera tal vez?

—Mire, hay razones muy profundas y de distinta naturaleza. Desde un punto de vista superficial no hay

ningún país al otro lado de los Pirineos en donde el Ingreso de subvenciones procedentes de Gobiernos y

partidos extranjeros en las áreas de partidos políticos no provoque escándalo y denuncias en los medios

de comunicación, y sanciones políticas, que van desde la caída de ministros hasta la destitución de

dirigentes políticos, y hasta encarcelamientos eventuales. Si eso ocurre en la otra parte de los Pirineos es

que existen razones de peso como para que también sean válidas para nuestro país. Porque se entiende

que un partido político, que es, o al menos pretende ser, un factor de poder, y que por vocación está

llamado y busca conseguir el Poder, y tener en sus manos decisiones de gran trascendencia para la

economía del país y para el destino colectivo de la sociedad, en esas circunstancias, ese factor de poder

tiene que identificarse con los propios intereses del país y de los sectores sociales que lo están

respaldando. Pero si ese partido, a nivel de dirección, ha recibido de manera subrepticia recursos

financieros para obtener sus fines de poder dentro del país, procedentes de es muy probable que su campo

de autonomía en las decisiones políticas, en lo que se refiera a los países de los cuales él ha recibido

ayuda financiera, esté condicionado por la ayuda que ha recibido.

Sin embargo, para algunos partidos españoles esta ayuda parece «algo normal» y nada vergonzante...

—Nosotros creemos que ése es un error que en su día puede resultarnos muy caro para todo el país. Es un

problema no de un partido determinado o de un grupo de partidos, sino todo un problema de Estado. Si

nosotros iniciamos esta etapa de régimen de partidos —como parece que se va a caracterizar a partir del

año próximo— con unas organizaciones políticas que han nacido estrechamente dependientes de los

recursos financieros extranjeros, a poco andar nos podemos encontrar con que las fuerzas más

significativas de la nueva organización política española se encuentran ya de alguna forma

comprometidas con centros de poder exteriores. Y esto puede ser la causa de una serie de fenómenos que

nada positivo pueden significar para nuestro país. Mire usted, si el partido A, para poder aspirar al

Gobierno, necesita recurrir a fondos procedentes del Gobierno o del partido X, el partido español

competidor, para no ser menos —llamémosle B—, se ve llevado n buscar fondos en el Gobierno Y, y el

partido C, para no ser barrido por el A y el B, a su vez tiene que salir a pedir dinero al Gobierno Z. Y así

sucesivamente. En esas circunstancias, dentro de poco podríamos encontrar todo el sector político

partidario español no diría hipotecado, pero sí muy condicionado por las potencias y por los intereses

extranjeros que se juegan algo en España: ya sea en lo económico, ya en lo político-militar, ya en lo

estratégico. Y en esas circunstancias el régimen de partidos y la defensa de los intereses económicos,

políticos y globales de nuestra sociedad, frente a las apetencias de muy poderosos intereses mundiales

que se mueven alrededor de este país, corno de otros países, se verían muy resquebrajados.

PARTIDOS DEBILITADOS

—En este momento ¿son muchos los partidos españoles que están recibiendo esas ayudas exteriores?

—Nosotros decimos que esto es peligroso por otra razón: porque las fuerzas democráticas salen del

período franquista sumamente debilitadas, como es obvio; reducidas en número, con recursos escasos, ya

que era imposible contar con grandes respaldos masivos de militantes o con campañas de financiación

interior. En una situación de debilidad tan grande la llegada de cantidades de dinero consierables a

esos partidos prácticamente los pone a merced de las fuerzas de financiamiento exterior. Nosotros hemos

lanzado la denuncia de este problema no tanto para atacar a partidos españoles como para señalar con el

dedo a fuerzas externas a nuestro país que están aprovechándose, sirviéndose de esa debilidad con que

nace la organización política democrática, para intentar crear aquí partidos que nosotros llamamos

clientes, o partidos subsidiarios; partidos que, de un modo u otro, les sirvan para realizar, dentro de la

sociedad española, la política que desde ese centro de poder exterior le convenga o favorezca. De ahí que

hayamos dicho que entre los puntos a negociar con el Gobierno para asegurar el tránsito hacia un régimen

democrático, junto a los que ya se conocen por haber sido ampliamente debatidos, debiera agregarse

otro, que nos parece de una gran trascendencia, justamente para identificar al régimen democrático y

régimen de partidos con los intereses concretos y específicos de nuestro país. Y es lo siguiente: que el

Estado asuma «a posteriori» los gastos electorales de las campañas, previa fijación de un tope legal de

gastos para estas campañas.

Lo cual tendría las siguientes ventajas. En primer lugar, que el partido no se vería obligado a una espiral o

a una carrera competitiva de despilfarro de recursos económicos, que ellos mismos no tienen, para la

campaña electoral, lo cual, en sí mismo, siempre es positivo. En segundo lugar, que al asumir el Estado

los gastos de esta campaña cuyo tope habrá sido previamente establecido, esos partidos no se venían

abocados a tener que salir a endeudarse o a hipotecarse ante fuerzas exteriores. Esto no podía ser más que

un fenómeno que contribuiría al saneado de la vida pública del país, y una especie de cortafuego a las

posibilidades de corrupción generalizada en los sectores dirigentes de la vida pública. Corrupción que, de

momento, se podría decir que, en la medida en que muchos están comprometidos, se protegen unos a

otros para que esto no estalle. Pero no nos llamemos a engaño: en poco tiempo, un año, en dos o tres,

depende de la dinámica, esto será llamado por su propio nombre: corrupción. Y será poco edificante que

una gran parte de la dirección política, de la nueva organización política que se va a dar a este país, pueda

encontrarse en esta situación. Estamos todavía a tiempo de reducir esos riesgos. Busquemos las fórmulas.

Nosotros hemos propuesto las que le he dicho, pero quizás haya otras. Es un tema que debe ser debatido a

tiempo para afrontarlo y encontrarle soluciones.

REUNIFICACION

—Este polémico tema ha opuesto al bloque socialista, constituido por la Federación de Partidos

Socialistas con otro bloque de la misma ideología, el PSOE renovado. Incluso, tal vez, esté siendo un

obstáculo para la unificación de tos socialistas españoles...

—No creo yo que sea un factor que haya producido mayores divisiones de las que ya había. Pero sí, sin

duda, es un factor que dentro de la familia socialista está contribuyendo a la división. Pero no porque la

FPS haya denunciado este fenómeno, sino porque, efectivamente, desde hace varios años viene

produciéndose este resultado. Durante los años 40-50-60, los partidos socialistas europeos mantuvieron

una posición de solidaridad con los socialistas españoles, tanto del interior como del exterior,

fundamentalmente simbólica, moral. Los hombres del PSOE, que vivían en Toulouse en condiciones

modestas, viajaban en segunda clase en tren... No les llegaba prácticamente nada, o muy poco, de otros

partidos socialistas europeos. Solamente después del atentado contra Carrero Blanco, cuando ya el

Régimen de Franco pareció claro a todo el mundo que no podría sucederse a sí mismo, y que iba a dar

paso a un nuevo sistema de Poder dentro del país, en el que los partidos iban a jugar un papel importante.

De repente, llega un alud de millones dirigido a financiar el surgimiento de un partido socialista en el

interior de España. Dejo de lado, en este momento, el porqué del cambio de posición de los mismos

partidos socialistas europeos en relación con los socialistas españoles, porque este cambio en sí mismo, es

muy aleccionador. No es..., no es accidental. Pero en el caso concreto del efecto en el interior de España,

ha significado pensar que la organización que recibía esa cantidad de recursos financieros iba a

encontrarse en condiciones de imponer un tipo de estructura, de ideología y de personalidad al socialismo

español en el período posfranquismo. En último extremo, es lo que buscaban los financieros extranjeros:

condicionar, a través del estrangulamiento financiero de cualquier realidad socialista alternativa a la

elegida, el que el socialismo español posfranquista tuviera las características deseadas.

DIVISIÓN SOCIALISTA

—¿Y lo están consiguiendo?

—Este era el diseño, ésta ha sido la voluntad, pero nuestro país tiene una realidad histórica y una realidad

presente que es difícilmente comparable a la de Portugal, por ejemplo. Es decir, yo veo bastante

problemático que pueda organizarse el socialismo de masas, un nuevo socialismo en España, a través de

esta vía. Y muchos socialistas que hoy están en la Federación de Partidos Socialistas o en el PSP, Partido

Socialista Popular, o que no están en ninguno de estos bloques socialistas, de hecho se encuentran en

estas circunstancias. Por rechazo al intento, digamos, de este montaje en función del respaldo económico

masivo. También hay otros factores, como es la protección diplomática y política internacional, y como

es también una cierta complicidad del propio «stablishment» español en la operación. No queremos que el

socialismo futuro salga de ahí, aunque en estos meses que estamos viviendo es obvio que está siendo muy

condicionado por eso.

—¿La unidad del socialismo está también en cuestión por estas causas...?

—Claro. Ya que la organización socialista que se ha encontrado con este respaldo financiero ha creído

que las concepciones socialistas diferenciadas u optativas no tendrían más remedio que integrarse a ella, o

no tener ninguna posibilidad. Y eso les ha llevado a una situación de triunfalismo o de prepotencia muy

distinta de la que hubiera sido de desear, de diálogo, de comprensión mutua, de búsqueda de puntos de

vista comunes, que permitieran el acuerdo de integración. En ese sentido decimos nosotros que la

intervención extranjera, en estos momentos, dentro del debate de los socialistas españoles, ha favorecido

la ausencia de entendimiento entre nosotros, con la consiguiente división.

—Se distinguen, aquí y ahora, tres grandes bloques de socialistas españoles: el PSOE renovado —

calificado o catalogado como el más europeísta o internacionalista—; el PSP, considerado tercermundista

e intelectualista, y, en fin, la Federación de Partidos Socialistas, calificado por su formación de

«periférico», caracterizado por integrar grupos socialistas «no centralistas». ¿Valen estos epítetos, estas

catalogaciones?

—Nuestra situación política, tanto en relación a los socialistas como a otros grupos políticos, es tan

cambiante que nada hay estabilizado, cuajado de estratificación. Usted puede dirigirse a Francia, Italia,

Bélgica o Gran Bretaña, y le dirán que, más o menos, las fuerzas políticas están ahí, con unas fronteras

relativamente fijas. Aquí, no. Aquí estamos en una situación de magma. Entonces, lo que vale, lo que es

bueno como rasgo definitorio para hace tres meses, no lo es ya hoy, y lo será mucho menos dentro de tres

meses. Concretamente, en lo que se refiere a los socialistas, esta diferenciación no creo que sea la que

vaya a prosperar. En esos momentos, sí, puede ser buena, pero por razones anómalas. Es decir, por

ejemplo, en lo que se refiere a la FPS, es cierto que su respaldo internacional, en estos momentos, está

centrado en el Mediterráneo, en todo el Mediterráneo. De hecho, es probable que entre las fuerzas

socialistas españolas, la que tiene mayor respaldo en el Mediterráneo, en todo el mundo árabe, en

Yugoslavia, Grecia, Chipre..., es la FPS. Pero ello no es porque exclusivamente desee apoyarse en el

Mediterráneo, sino porque el otro sector internacional, el europeo occidental, lo tiene cerrado como

consecuencia de la política de la socialdemocracia europea de querer impulsar dentro de España a un

grupo, a su propio grupo, el PSOE. Entonces, en el momento en que estos partidos de Europa occidental

se den cuenta de que su proyecto no ha triunfado dentro de España y tengan que reconocer realidades

socialistas alternativas, en ese momento las fuerzas que hoy están en la Federación de Partidos Socialistas

también establecerán relaciones con sus homónimos en Europa occidental. En ese momento, esta

diferencia hoy tajante entre Europa occidental y el Mediterráneo quedará modificada, ¿no?

APROXIMACIÓN AL PSP

—Bueno, en realidad, considera sólo dos de los tres bloques que habíamos mencionado...

—Al PSP le ha pasado lo mismo que a la FPS.

—Lo que los aproxima sustancialmente.

—El PSP ha buscado durante años el establecer relaciones con los partidos socialistas europeos

occidentales, y se ha encontrado con el rechazo sistemático. Y se ha visto abocado, digamos, a reducir al

Mediterráneo su ámbito de relaciones internacionales. En el Mediterráneo no le exigían previamente

condicionantes de actuación política en el país. Entonces, estamos viendo que aquí hay dos tipos de

política, dos tipos de socialismos españoles desde el punto de vista internacional. Las fuerzas que quieren

crear, impulsar dentro de España un partido que nosotros llamaríamos sucursal o subsidiarlo, y las otras

fuerzas, que no ponen como condición el que uno actúe dentro de España como prolongación de la propia

estrategia internacional que engloba a España. Y esto es muy importante para nosotros, de cara al futuro.

—¿Son ustedes tercermundistas?

—¿Nosotros? No. Si acaso, universalistas. Es decir, entendemos que el socialismo del futuro en España

tiene que estar en función de lo que serán las realidades internas e internacionales del país. Y desde el

punto de vista internacional, estas realidades nosotros las centramos en un triángulo de fuerzas: una

política de Estado para una España democrática tiene que basarse en un triángulo que, para nosotros

socialistas, está muy claro: es el ala europea, el ala mediterránea y el ala hispanoamericana. Ahí está

nuestro pasado, y ahí está, en gran parte, nuestro futuro. Entonces, entendemos que la concepción

socialista de la organización interna del país, y también de la política exterior de España tienen que

poderse mover con facilidad y flexibilidad en esos tres ámbitos: Europa, en el sentido amplio de la

palabra, el Mediterráneo y latinoamérica. En esas circunstancias, el socialismo español, si quiere llevar a

cabo su papel al servicio de lo que debe ser la política independiente y autónoma de la España

democrática, no puede incluirse en un solo bloque. Tiene que estar abierta hacia Europa del Este, hacia el

mundo árabe mediterráneo, que es una realidad emergente política y económicamente, y hacia las

necesidades futuras de Hispanoamérica como entidad frente al hegemonismo americano. Nuestro

socialismo debe tener capacidad y autonomía para poder situarse dentro de ese complejo mundo sin que

su adscripción preferente a uno de los bloques le provoque Irritaciones en los otros. En ese sentido,

nosotros, evidentemente, hemos logrado establecer relaciones con los países mediterráneos, que para

nosotros no son, ciertamente, el Tercer Mundo. Tercer Mundo, para España, puede ser el Sureste asiático

o el África del Sur. Pero el Mediterráneo forma parte de nuestra historia... Y nunca hemos considerado

que la historia del Mediterráneo pudiera ser una cosa ajena a España. Ni en la Edad Media, ni en los

tiempos prehistóricos, ni en la Edad Moderna, ni en nuestro tiempo contemporáneo. El Mediterráneo

puede ser Tercer Mundo para los suecos. O para los británicos. Pero no para los españoles. Entonces, la

utilización de esa expresión en el caso de los españoles es una prueba, digamos de la influencia de

conceptos elaborados en función de otros horizontes que no son propiamente los nuestros. Pero, insisto,

dentro de esta concepción global que abarca al conjunto de Europa, Hispanoamérica imagínese usted si

puede ser Tercer Mundo para España...

BASE POPULAR

—La Federación de Partidos Socialistas tiene a su frente a un grupo de intelectuales, y seguramente está

falta de auténtica base o masa popular...

—Pues creemos nosotros que somos la organización socialista que cuenta con mayor base popular, fíjese

usted. Si usted se dirige a Cataluña, a Asturias, a Valencia, al País Valenciano, a las islas Baleares, y

particularmente a Mallorca y también a Andalucía, usted se encontrará con que la presencia de nuestras

organizaciones en los barrios de las ciudades, en los sectores campesinos, pequeños propietarios y

también jornaleros, y en el seno de la clase obrera propiamente dicha, es probablemente la primera. En

Catalunya, sin duda, es la primera. En Valencia, también. Y en Mallorca. En Asturias, nuestro colectivo

es, casi absolutamente, puro obrero, lo cual no deja de preocuparnos a quienes tenemos una concepción

más amplia de lo que debe ser la base de sustentación de un movimiento socialista. El caso de Madrid si

es distinto, porque es la organización que ha nacido últimamente. Es la rama más joven: tiene apenas

cuatro meses. La Convergencia Socialista de Madrid está en fase de implantación y de expansión. Pero,

indudablemente, tiene una mayoría de sus militantes en los barrios, en la periferia de Madrid.

A la búsqueda del diseminado socialismo español. Joan Garcés, joven intelectual, experto en cambio

político, contempla y participa en la evolución española. El corregiría: «Contemplo y deseo participar.»

El estudioso y el político se funden.

En la Casa de Velázquez, un lugar ideal para contemplativos, para estudiosos, Joan Garcés se olvida de

Chile y se aplica al país propio. O viaja..., investigando ventajas e inconvenientes de los modelos en

acción.

José CAVERO

(Caricatura de Carlos VIGUERAS.)

 

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