Franco dice en Le Figaro.... 
 La multiplicidad de partidos engendra desacuerdos nacionales     
 
 ABC.    14/06/1958.  Página: 31-34. Páginas: 4. Párrafos: 74. 

RANGO DICE EN «LE FIGARO»..

LA MULTIPLICIDAD DE PARTIDOS ENGENDRA DESACUERDOS NACIONALES

«MI INICIATIVA DE DEFINIR A ESPAÑA COMO MONARQUIA FUE SOMETIDA

REFERENDUM»

República sin autoridad. Los exilados. Las represiones comparadas de España en 1939 y de Francia en

1944. Gibraltar, español. "Mis deportes". "Mi salud". "Me agradan su sinceridad y el, haberle

conocido"

CEUTA I MELILLA, COMO LOS TERRITORIOS DE IFNI, SON LEGAL Y DEFINITIMENTE

En la mañana de ayer, "Le Fígaro", de París, publicó la segunda y última parta de las importantísimas

declaraciones que el Jefe del Estado español ha hecho a M. Serge Groussard. Ayer dimos en estas

columnas las 26 primeras preguntas y respuestas. He aquí la traducción, directamente hecha del texto de

"Le Fígaro", de las restantes preguntas y respuestas de esta sensacional entrevista del Generalísimo

Franco.

27— ¿Cómo cree España que puede contribuir a la paz del mundo?

—La paz es nuestro más grande deseo y también nuestra más grande necesidad. Todos los países del

Occidente tienen en común ese sentimiento. La meta verdadera que hay que alcanzar es la comprensión

recíproca de todos los pueblos del mundo.

28 —¿Percibiría S. E. una posibilidad de acción común francoespañola en el África del Norte ? En caso

afirmativo, ¿ qué formas concretas tomaría, a juicio de S. E., esta colaboración?

—En épocas pasadas había contradicción entre los intereses de España y de Francia en África del Norte.

El profundo trastorno que está viviendo ahora el Mogreb hace que sus intereses se junten.

Ya no hay equívoco posible. Unos y otros deseamos la paz, el orden y el progreso de los países

musulmanes. Esta voluntad que inevitablemente nos es común proviene, en primer lugar, del afecto que

sentimos hacia los nordafricanos, los cuales, en tantos puntos, nos son cercanos. Es, además, la

consecuencia de una legítima preocupación: la de preservar nuestra obra en esos países donde hemos

puesto tanto corazón, donde hemos hecho tantos esfuerzos, donde nuestros sacrificios y realizaciones por

todas partes se perciben. Nos preocupa, pues, la preservación de esta obra dentro de la paz y de la

amistad.

Es igualmente nuestro deber común proteger a los nacionales que en todo el Mogreb siguen

contribuyendo al progreso. Queremos garantir su seguridad y sus derechos, y al hacer esto serviremos los

intereses verdaderos del África del Norte.

29—¿No deberían, de ahora en adelan te, entenderse estrechamente España y Francia en todos los

dominios de la politica internacional?

—Sería, sin duda, necesario proceder a cambios de vista en torno a todas las cuestiones de interés común.

Dos naciones de buena voluntad consiguen siempre ponerse de acuerdo. Los contactos regulares y

sistemáticos entre los Gobiernos siempre son beneficiosos para los pueblos.

Tomemos como ejemplo el África del Norte, puesto que de ella hablábamos hace un momento. España y

Francia han seguido allí, durante mucho tiempo, líneas no solamente extrañas, sino totalmente

divergentes. Y con frecuencia una de las dos naciones tenía bruscamente que encararse con las

consecuencias de las decisiones unilaterales tomadas por la otra. Y ello, a pesar de los acuerdos de 1912 y

de la Convención de Burgos, firmada el 25 de febrero de 1931 por los señores Jordana y Bérard. Del

mismo modo podría yo mencionar la declaración del Sultán Mohamed Ben Yussef sobre la ascensión

provisional al Sultanato y al poder religioso de Sidi Mulay Ben Arafa. ¿Cuál fue el resultado de esos actos

de "jinete que cabalga sólo"? Los desórdenes, la anarquía, la sangre. Muchas ocasiones desperdiciadas.

Pero si verdaderamente nos entendiésemos en lo futuro, los resultados podrían

ser felices para nosotros y también para el Mogreb.

ESPAÑA EN LA COMUNIDAD DE NACIONES

30—Se puede esperar que caminamos hacia una verdadera comunidad europea. ¿Cuáles serían las

relaciones de España con ese conjunto de naciones?

—Veo dos etapas diferentes en las relaciones entre los países no solamente europeos, sino mundiales.

Una de esas etapas acaba de terminar. Hay que considerar, por lo tanto, el pasado, de una parte, y, de otra,

el presente.

Antes de la última guerra mundial conocimos la era de las rivalidades nacionales. Las divergencias de

intereses dominaban sobre las relaciones entre los países. La ascensión de una nación determinada tenía

irreductiblemente como corolario el descenso de la otra. Era un movimiento constante de !a balanza en

los planos políticos, económicos y militares. Al, poderío tenía que corresponder la. debilidad. A la

grandeza, la servidumbre. Cada nación llevaba su juego aisladamente, incluso cuando anudaba alianzas,

pues cada país tenía en cuenta tan sólo su interés propio. Y los Grandes del mundo, cada uno por su lado,

se desvelaban preparando aquello que llamaban "el equilibrio de fuerzas"; un equilibrio que era el

resultado de su propia fuerza y de la inferioridad del otro.

La última conflagración mundial trastornó esas nociones. Al egoísmo sagrado de los países ha sucedido el

egoísmo sagrado de los grupos de países. A la era de las rivalidades nacionales ha sucedido la era de las

rivalidades entre los grupos de naciones, entre los "bloques".

En cada uno de los bloques que mutuamente se vigilan, si una sola nación está en peligro, todas lo están.

Todos los miembros del "bloque" tienen las mismas esperanzas, las mismas inquietudes, los mismos

profundos intereses. Cada uno está igualmente interesado en que todos sus vecinos sean cada vez más

potentes, más sólidos.

Yo había presentido este cambio radical. De él traté claramente en una carta a sir Winston Churchill en

octubre de 1944. Es fácil concebir la necesaria evolución del nacionalismo al supernacionalismo;

evolución que coincide con un cambio profundo en la mentalidad y en la voluntad dé los pueblos. A partir

de aquel momento era claro que el destino del mundo dependería de la evolución, de la rivalidad entre los

Estados Unidos y la U. R. S. S.

31 —¿Cree usted que nos quedaremos en la etapa de los "bloques"?

—Quizá haya una tercera etapa: la era del acuerdo mundial...

PELDAÑO A PELDAÑO EN EL ACUERDO CON FRANCIA

32 —Puesto que me estoy permitiendo invitar a S. E. a que construya lo que. en Francia llamamos

"castillos en España", ; piensa S. E. que Francia y España podrían llegar a unirse en una Confederación?

—Hay que subir la escalera peldaño tras peldaño.

33 —¿Cómo se imaginaría esa ascensión progresiva?

—Desarrollando sistemáticamente nuestras relaciones en los dominios económicos y también culturales;

porque cuando se profundiza en las relaciones humanas, las naciones avanzan hacia el acuerdo. No hay

que anquilosarse en rivalidades periclitadas cuando se trate de la política exterior. Hay que buscar lo que

puede unirnos y hay que aferrarse decididamente a cultivarlo. Cuanto mayor sea la comprensión entre los

pueblos de España y de Francia más cercanos serán nuestros intereses. De la comprensión entre los

pueblos deriva el acüerdo entre los Estados. "Hasta ahora España ha tenido que sufrir la incomprensión de

la gran mayoría del pueblo "francés, y ello desde hace muchos años. La conducta de los directores de la

política francesa, ha sido con frecuencia gravemente perjudicial al acuerdo entre nuestros dos países.

Será preciso volver a partir desde el principio sobre nuevas bases.

LA DEMOCRACIA LIBERAL Y LOS REGÍMENES DE FUERZA

34 —¿No es la democracia liberal la clave política del mundo de mañana?

¿No pertenecen los dictadores, a pesar de ciertas apariencias, a un concepto político en desuso?

—Bajo el nombre de dictadura, de régimen de fuerza, ¡pueden encubrirse tañías cosas diversas!...

Y dicho esto, hay que añadir que todo lo que no se renueva acaba por morir; en los hombres, en la

naturaleza y, en la política. Lo que usted llama democracia es, creo yo, el sistema liberal basado en el

fuego de los Parlamentos y de los partidos.

—Sí.

—Pues bien; ese sistema político ya ha dado su sal. Se ha petrificado. Y, en verdad, ese sistema ha

acumulado numerosos fracasos cuando se trataba de que los Gobiernos liberales resolvieran los

problemas nacionales esenciales. Ante los problemas fundamentales, la unión, la unidad del país es

indispensable. Pues bien, y sin duda alguna, la multiplicidad de los partidos termina engendrando, los

desacuerdos nacionales sobre todas las grandes cuestiones.

No; la democracia nada tiene que ver ron el régimen de las asambleas parlamentarias y de la ebullición de

partidos políticos rivales. La demacrada consiste en buscar la voluntad del pueblo y en servir a esa

voluntad.

Pero, me dirá usted, y supuesto que en la base de la democracia está el Gobierno del pueblo por sí mismo,

¿y si el pueblo optase por el régimen de los partidos? Es

muy cierto que dentro de cada nación es el pueblo el que tiene que escoger su régimen político e incluso

su destino. Que la voluntad popular se realice; pero cada cual en su país.

Hay, sin embargo, una diferencia entre

los regímenes. En los regímenes liberales el interés de los parlamentarios y de los partidos predomina

sobre el interés público, en tanto que en los regímenes verdaderamente nacionales es el interés públicco

el que toma la iniciativa.

SERIA PUERIL CALIFICARME DE DICTADOR

35 — Excelencia, SE considera usted como un dictador? .

Para todos los españoles y para mi mismo, sería pueril calificarme de dictador. Mis prerrogativas,

mis atribuciones propías son mucho menos importantes que las que la Constitución de los

Estado Unidos otorgan a su presidente.

Creo que el régimen actual del Estado español es el que mejor se adapta a la defensa del pueblo. La voz

popular se hace oír a través de los organismos vivos de la nación: la familia, los municipios, los

sindicatos. Cada elemento útil del. país tiene de esta forma representación viva en las cuestiones que son

da su incumbencia. Por el contrario, en el régimen parlamentario ocurre a menudo la dictadura de la

incompetencia.

Todas las. decisiones, de importancia nacional tienen su origen no en la cúspide de la pirámide, sino en la

base. Son esas decisiones el resultado de trabajos realizados en las provincias de la nación por organismos

calificados. Cada uno de esos organismos estudia incesantemente los problemas y sigue incesantemente

los hechos . que le concierne. Apoyándose . en esos estudios, cada uno de esos organismos prepara las

soluciones y es una constante preparación, puesto que todo el país vive en perpetua evolución.

En eso colaboran todos los .Cuerpos constituidos de la nación: Sindicatos, Municipios,

Corporaciones Universitarias, etcetera.

Trátese de reformas judiciales, o de problemas de comunicaciones o inmigración, o de modificaciones del

Código civil..., todos los problemas son debatidos, paso a paso, por los representantes del pueblo, y las

soluciones así propuestas, de escalón en escalón, llegan al Gobierno cuando no queda más que la fase

fina! do darles forma. El Gobierno examina entonces las conclusiones que serán presentadas a los

procuradores de las Cortes; Cortes donde el pueblo está representado por los delegados de SMS diversas

Corporaciones. Y de este modo el pueblo discute y decide sobre todas las cosas. Las características del

régimen no residen por lo tanto en. la omnipotencia del jefe, sino en la omnipotencia de! pueblo, de la

democracia.

ESPAÑA, ESTACO MONÁRQUICO

— Dice S. E. que todas las decisiones fundamentales, proceden de la base de la pirámide. Sin embargo, si

me atengo, un ejemplo, no ha sido el pueblo el que ha tomada la iniciativa de definir al Estado español

como una Monarquía, y tampoco ha sido el pueblo el que en 1947 forjó la ley de Sucesión al Trono de

España.

— Ocurre ciertamente que el Jefe del Estado toma a veces iniciativas de importancia nacional. Pero

también entonces el pueblo es, finalmente, el juez de su destino. Cita usted la definición de España como

Reino, y !a ley de Sucesión al Trono. Pues bien, ¿qué es lo que ha ocurrido en esa coyuntura?

Yo propuse a las Cortes un proyecto de Ley Fundamental. Las Cortes aprobaron ese proyecto. Pero su

voto aprobatorio no me pareció suficiente, porque se trataba de una cuestión esencial para el porvenir de

España. Pedí entonces que se consultara al país en un referéndum. La nación se pronunció libremente

sobre la ley de Sucesión. Cada vez que hay que formular una opción fundamental, es el pueblo mismo, el

que se pronuncia por medio del referéndum. Y de este modo el Gobierno como la emanación absoluta de

la vontad nacional.

LO QUE FUE LA REPÚBLICA ESPAÑOLA

37—¿Habla usted únicamente de los hombres políticos democráticos? Se o pregunto porque yo soy un

demócrata.

—Yo también... Pero, no; no hablo únicamente de los demócratas. Hablo también de los colectivistas, de

los "autoritarios". Todos se prestaban A una farsa. Hacían (rases, dejaban que todas las cosas fueran

arrastradas por la corriente del agua. Tenían un pesimismo fundamental de hombres vencidos. Sólo

podían ofrecer al país ideas sombrías, veleidades. Estaban dirigidos por los acontecimientos. No; sin

duda, no; no podían darme a mí el menor ejemplo.

Y aunque ese mal se presenta, en mayor o menor grado, como un mal general, yo, español, me atengo a la

experiencia española: las instituciones políticas, basadas en una democracia aparente, jamás confirieron al

Estado la autoridad suficiente para emprender la renovación económica y social que las circunstancias

exigían.

Ese estado de cosas llegó a ser más grave cuando se implantó la República; una República abrumada de

ideologías, desprovista de autoridad, despedazada por los separatismos. Aquel régimen se consideraba a

sí mismo como un régimen liberal, lo que no le impidió gobernar, en los cinco años de su existencia, con

una severa censura de Prensa; ni suspender, la mayor parte de su tiempo de vida, las garantías

constitucionales.

LOS EXILADOS...

—Los veteranos de los ejércitos, "republicanos" y los "responsables" políticos de la España

"republicana", ¿tienen ya los.mismos derechos que los nacionalistas?

__Exactamente los mismos. Siempre he

odiado personalmente la guerra civil. Todo el país la ha sufrido con odio. Nada hay más terrible en el

mundo. Somos ahora un pueblo unido. No hay más que una sola España. ¡Ninguna discriminación! La

victoria ha sido la victoria de todos y la victoria para todos, incluso para los vencidos, y hasta diría yo

que, sobre todo, para los vencidos, pues hemos tenido que hacer esfuerzos especiales para devolverles un

puesto normal en la nación.

Ahora mismo, hace poco tiempo, un general en jefe del Ejército "rojo", el general Rojo, ha regresado a

España. Hubiera podido hacerlo mucho antes. Se le ha dejado absolutamente en paz; nadie le pregunta

nada. ¡La guerra civil ha terminado! Hay muchos antiguos "republicanos" que ocupan importantes

funciones en nuestro país. Son altos funcionarios, diplomáticos... Algunos han participado en el Gobierno.

Otros, en el Gobierno participan actualmente.

—Durante la guerra civil, ¿sentía usted estimación hacia los soldados "republicanos"?

—Sentíamos que era terrible la necesidad de luchar entre españoles. Siempre he estimado a todos los

militares profesionales y a todos los soldados en el combate.

LAS REPRESIONES DE AQUÍ... Y DE ALLÍ

—¿No fue demasiado sangrienta la represión después do la victoria nacionalista?

—Ciertamente que hubo condenas y ejecucioncs después de la guerra de Liberación. Y, naturalmente,

tuvo que haber algunos actos de exageración... Pero los errores fueron ínfimos. Y puede afirmarse que,

después de la Victoria de 1939, sólo fueron castigados los delitos de derecho común.

Comparemos, por ejemplo, nuestra depuración de entonces con la depuración

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de ustedes después de su liberación de 1944. La represión de ustedes fue mucho más sangrienta, mucho

más violenta que la nuestra. Las cifras de las ejecuciones y de las condenas a prisión lo proclaman, y lo

proclaman en contra de lo que ha pasado en su país. Nadie fue condenado en España por "crimen

político"; nadie fue inquietado por sus ideas. Sólo aquellos que habían cometido abusos—pillajes, robos,

asesinatos—tuvieron que rendir cuenta de sus actos; sólo aquellos que personalmente tenían

responsabilidad en la muerte de personas inocentes. Teníamos cjue dar ejemplos. Lo exigía el país. Pero

estos ejemplos fueron determinados por la justicia. ¡Cuántas veces yo, en persona, he tenido que

conmutar penas, a pesar de las protestas de algunos exaltados! Cada caso era medido. Basta con examinar

los

expedientes de los juicios de la época para convencerse. Hace poco, un grupo de personalidades

norteamericanas quiso compulsar nuestros archivos de criminales de guerra. Se interesaron especialmente

en la instrucción de los casos incoados por las jurisdicciones especiales militares. Estudiaron numerosos

expedientes de condenados a maerte. Yo les pregunté luego su opinión, y me dijeron: "¡Pero esos

hombres hubieran sido, sin excepción, fusilados igualmente por los jueces de los Estados Unidos!" Y yo

repliqué: "Pues bien; yo he indultado a éste, y a éste, y a éste fie esos culpables." Reclamaron entonces

otros expedientes. "Estos—dijeron—hubieran sido fusilados por nosotros." Y les contesté: "Pues esa es

gente que ha terminado por estar en libertad entre nosotros."

41 —Hay, sin embarco, todavía can tidades de refugiados políticos españoles en el mundo.

—Muchos de ellos quieren seguir en posesión de un estatuto de "refugiado político", porqae, en el país

donde se han instalado, ese estatuto acarrea ventajas. Muchos de ellos, con los años, han tomado raíces en

su tierra de asilo, y no puede ya pedírseles que abandonen situaciones, que son a menudo muy

apreciables, para volver a España, donde su vida tendría que empezar desde el cero. Por otra parte, hay un

pequeño número de refugiados que ha cometido, durante la guerra civil, delitos de derecho común. En fin:

son muchos los que se dirigen a nuestros Consulados para reclamar la autorización de volver a la Patria,

temporalmente o de una manera definitiva. En el 99 por 100 de los casos se concede esa autorización.

España está abierta a todos sus nacionales, indistintamente, exceptuando a los criminales.

ESPAÑA Y LA AMERICA IBÉRICA

12 Supongamos que un día, un día próximo, la América hispánica, de un lado, y Europa de otro llegasen

a unirse en dos confederaciones verdaderas: ¿ Hacia cuál de esas confederaciones se inclinaría, España

por el corazón y. por el interés?

—No veo incompatibilidad alguna entre el acercamiento de mi país hacia las naciones hermanas de la

América ibérica, y su acercamiento hacia una Europa más unida. Tenemos las mejores relaciones con el

Consejo de Europa. Daremos nuestro pleno acuerdo a todo lo que pueda, unir a los pueblos, teniendo en

cuenta las características singulares de cada uno de ellos.

LAS PLAZAS BE SOBERANÍA SON DEFINITIVAMENTE ESPAÑOLAS´ —¿Cree usted que

Ceuta y Melilla, lo mismo que los territorios de Ifni, son definitivamente españoles?

—Definitivamente. En lo que se refiere. a nuestras Plazas de Soberanía en el África del Norte, nunca se

ha presentado la menor duda; nunca podría presentarse duda alguna. La presencia española secular e

ininterrumpida hace incuestionable nuestro derecho.

Pero Ifni es igualmente, con toda evidencia, tierra española. Desde que los españoles en el sigío XV

ocuparon las Islas Canarios, la costa occidental africana desde el cabo Guer al cabo Bojador, zona casi

desértica, fue considerada como zona de seguridad. Se establecieron allí numerosas fortalezas y

fortificaciones, y entre ellas la célebre Santa Cruz de Mar Pequeña, levantada probableamente en el

territorio actual de Ifni.

En 1860, cuando se negociaba un Tratado de paz entre España y Marruecos, se insertó en él un artículo, el

octavo, en virtud de! cual el Sultán de Marruecos se comprometía a conceder perpetuamente a España un

territorio que fuera suficiente para permitir la instalación de una industria pesquera como la que en otros

tiempos había poseído allí España. Enrealidad, se trataba de una auténtica cesión de territorio en una

región donde Es.paña había ejercido históricamente su autoridad, puesto, que el texto del artículo

concretamente aludía a la antigua Santa Cruz de Mar Pequeña.

El emplazamiento de esta fortaleza española ha sido dudoso durante mucho tiempo, y ésta era sin duda la

idea de los marroquíes que negociaron el Tratado. Santa Cruz de Mar Pequeña no era más que Agadir, y

Agadir, que en 1860 era una ciudad de poca importancia, se desarrolló luego considerablemente. Esto

explica los esfuerzos marroquíes pava eludir la observancia de aquella cláusula. Se trataba de evitar que la

cesión de ese territorio pudiese originar un perjuicio económico a Mogador, la ciudad preferida por los

sultanes y el centro comercial principal en aquella época de la zona.

La diplomacia marroquí, entre otras medidas de aplazamiento, propuso varias veces otros territorios que

compensaran al que estaba previsto en el Tratado de 1860.

En 1883, Marruecos identificó Ifni como territorio cedido a España en virtud del Tratado de 1860.

Los límites actuales del territorio de If ni están precisados por el Tratado de 27 de noviembre de 1912, el

cual creó el Protectorado de España en Marruecos. Este Tratado, a pesar de lo que pueda decir el

Gobierno de Rabat, obliga plenamente a este Gobierno. No hay que olvidar que el mismo Sr. Balafrej

puso su firma en el Convenio diplomático francomarroquí de 1956, en nombre de Su Majestad el Rey

Mohamed V, y que allí se dice que el Gobierno acepta como valederos todos los Tratados que ha firmado

Francia en su nombre. El Tratado del Protectorado español, nueve meses posterior al que establecía el

Protectorado francés en Marruecos y negociado por Francia en nombre del Sultán, está claramente com

prendido entre los instrumentos diplomáticos que Marruecos ha aceptado siempre después de su

independencia.

GIBRALTAR, ESPAÑOL

—¿Cree usted que Gibraltar debe ser devuelto a España?

—"Parfaitement"—contesta Franco, en francés´ ("Exactamente", diríamos en español).

"MIS DEPORTES"

45 —¿Cuáles son sus distracciones predilectas?

—He practicado todos los deportes, en general. Actualmente dedico a la pesca y a la caza aquellos días

que mis actividades me permiten el reposo. Tengo un violín de Ingres, que es la pintura, la cual me

sosiega y me divierte. Pero no tengo pretensio nes "artísticas".

"MI SALUD"

46 —La Prensa europea y anglosajona hablan frecuentemente de sus preocupaciones por su

salud, listos días se decia que tenía usted que irse a Suiza para sufrir una grave operación.

—Que sigan los rumores. Eso me trae suerte.

CONFIDENCIA FINAL, DEL PERIODISTA

47 —Excelencia: En 1938 traté de alistarme en las tropas republica.nas, y a última hora no pude hacerlo

porque sólo tenia diecisiete años. No han variado, de entonces acá, mis sentimientos. Si la historia pudiera

empezar de nuevo, en las filas de los republicanos españoles trataría yo, hoy todavía, con toda mi alma,

de luchar. Y dando esto por sentado, he comprendido, en el curso de esta entrevista, que usted es un

hombre digno de estimación. Para mí es un deber decírselo; es un sentimiento de" honor.

—Me gusta su franqueza, He tenido un gran placer en conocerle.

 

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