El sistema republicano labró ya en dos ocasiones la ruina y el descrédito de la nación  :   
 Declaraciones del Jefe del Estado a Le Figaro. 
 ABC.    17/12/1963.  Página: 63, 65-66. Páginas: 3. Párrafos: 42. 

MADRID, MARTES 17 DE DICIEMBRE DE 1963 EJEMPLAR DOS PESETAS

A B C

DEPOSITO LEGAL.—M. 13 1958

«EL SISTEMA REPUBLICANO LABRO YA EN DOS OCASIONES LA RUINA Y EL

DESCREDITO DE LA NACION»

«NUESTRO MOVIMIENTO SE INSPIRA PARA SU OBRA SOCIAL EN LAS ENCÍCLICAS DE LOS

PONTÍFICES»

DECLARACIONES DEL JEFE DEL ESTADO A "LE FÍGARO" (Pág. 65.)

DECLARACIONES DEL JEFE DEL ESTADO

«EL ACTUAL SISTEMA SUCESORIO NO ROMPE CON EL TRADICIONAL QUE PRESIDIO

NUESTRA HISTORIA»

"LOS LAZOS DE ESPAÑA CON LOS PUEBLOS HISPANOAMERICANOS SON TAN

TRASCENDENTES QUE PUEDEN SERVIR PARA EL MEJOR ENTENDIMIENTO ENTRE

EUROPA Y AMERICA"

París 16. "Le Fígaro" publica hoy unas declaraciones hechas a su corresponsal en España, Guillemé-

Brulon. por el Jefe del Estado español, Generalísimo Franco. El texto de las mismas es éste;

—Vuestra Excelencia ha subrayado en numerosas ocasiones la importancia que concedía al Movimiento.

¿Qué representa exactamente hoy, veinticuatro años después de su creación, y qué lugar le estará

reservado dentro del marco de la evolución general?

—El Movimiento español responde a la necesidad de dar solución al problema político de nuestro tiempo,

adelantándonos a la evolución que en el mundo futuro va a tener lugar. Él paso del comunismo por la

mitad del universo y la adopción de fórmulas socialistas y nacionales en tantos de los nuevos países,

forzosamente ha de tener gran influencia en la evolución do las instituciones políticas.

Los españoles, por nuestro carácter apasionado y por haber vivido mas intensamente la política, agotamos

antes las viejas fórmulas, teniendo que sustituir el sistema de proliferación de partidos políticos

disociados de la realidad social que dividía al país, arrastrándonos a guerras internas y a revoluciones

periódicas, por otros cauces sociales y nacionales de acuerdo con nuestras tradiciones y que tengan

presentes los valores espirituales y demás realidades de la vida española.

Los veinticinco años transcurridos de paz interna, de transformación social, de resurgimiento de la nación

y de convivencia de los españoles han demostrado su eficacia.

—¿Estima Vuestra Excelencia que el Movimiento debe participar directamente en la elaboración del

porvenir económico, político y sindical del país?

—El Movimiento encarna el espíritu renovador que estimula el desarrollo de la nación en esta etapa

histórica, y une a todos los españoles para la gran tarea de conducir la nación por los cauces de sus

organizaciones naturales, a través de los cuales se manifiesta en todas las realizaciones de la vida

española.

La organización sindical, de tanto arraigo en la vida laboral y económica de las naciones, constituye uno

de esos cauces representativos Que ofrece la sociedad moderna. En nuestro caso, los representantes

sindicales forman la tercera parte de los ayuntamientos, diputaciones provinciales y Cortes, y colaboran

intensa y decisivamente en el futuro político, económico y social de la nación.

EL SINDICATO, ELEMENTO COLABORADOR

—Puesto que hemos abordado los problemas sociales, ¿podría Vuestra Excelencia precisamos si dentro

del ánimo del Gobierno que preside el principio del sindicato único es un fin o un medio? ¿No es, en

efecto, una institución que da al régimen un aspecto totalitario?

—Por e1 papel y responsabilidad que el sindicato asume en la vida de la nación, su unidad constituye una

necesidad; unidad que no menoscaba la diversidad de opiniones y matices que dentro de ella se registran

con su multiplicidad de hermandades, cooperativas, grupos sindicales de colonización, asociaciones

obreras de Acción Católica, etc. La unidad sindical ha sido siempre la aspiración natural de las

organizaciones sindicales de la mayoría de los países; unidad que fortalece el sindicato, asi como el

fraccionamiento y la diversidad lo anulan y esterilizan. Cuando en una nación los sindicatos se convierten

en checas, como ocurrió en España bajo la República y puede ocurrir a tantos países bajo la filtración

comunista, no se puede volver al sistema anárquico que nos precedió.

Nuestra sociedad no mira ya el sindicato como un enemigo, sino, al contrario, como un elemento

colaborador. Por otra parte, no es la unidad la que caracteriza ese aspecto totalitario a que usted alude,

sino en una nación los sindicatos se convierten su función. Más totalitarismo se encuentra en esa tiranía

sindical que en muchos países se lleva, que Impido trabajar a los obreros que no se afilian al sindicato

predominante.

NUESTRO ORDEN SOCIAL SE INSPIRA EN LAS ENCICLICAS

—En la encíclica "Mater et magistra", Su Santidad Juan XXIII expuso claramente la doctrina y la misión

social de la Iglesia. A la luz de estos textos, ¿se puede considerar que la Iglesia interviene hoy en la

elaboración de la política social española? En caso afirmativo, ¿qué procede pensar sobre todo de la

acción llevada a cabo por las hermandades obreras de Acción Católica?

—El Movimiento Nacional, desde su primera hora, se inspiró para su obra social en las encíclicas de

nuestros Pontífices, como ha quedado registrado en el Fuero del Trabajo, promulgado en los primeros

meses del año 1938, en plena guerra de Liberación, siendo la primera nación que llevó a realización

práctica sus doctrinas.

En un país católico, como e1 nuestro, todos cooperan a la obra social; la Iglesia, con su alta inspiración y

magisterio, y el Estado y sus autoridades delegadas, con la directa responsabilidad en su ejecución.

Las Hermandades Obreras de Acción Católica constituyen una rama de esta institución que persigue

objetivos de apostolado, intensificando en estas asociaciones la acción general de los asesores religiosos

de los sindicatos. Si alguna vez pueden aparentar otra cosa es por no haberse podido sustraer a la acción

de agentes perturbadores filtrados en sus filas.

Para los hombres de nuestro régimen ha sido una verdadera satisfacción el ver confirmadas en las últimas

encíclicas pontificias nuestras inquietudes y realizaciones en el orden social.

—La no intervención del Ejército cuando los conflictos sociales de mayo de 1962 ha sido subrayada de

un modo significativo por los observadores que sigilen de cerca la evolución de la coyuntura española.

¿Se trataba entonces de una actitud ocasional o, por el contrario, procede ver en ello la voluntad firme del

Gobierno de señalar en adelante una separación entre lo político y lo social por una porte, y lo militar por

la otra?

—Se trata de una voluntad firme del Gobierno de acuerdo con nuestro ideario, en que el Ejército

constituye una representación genuina del pueblo, a] que vive estrechamente unido. La misión del

Ejército es la del mantenimiento de la paz y estar preparado para la guerra; no la intervención en los

conflictos naturales que puedan surgir en la rama laboral, que tienen su cauce dentro de la empresa

primeramente, en el sindicato en segundo lugar y en la Magistratura del Trabajo en el escalón siguiente; y

en los laudos del Ministerio del Trabajo cuando, fracasados los otros caminos, se haga necesario; sin que

esto pueda alterar la serenidad y buena voluntad que todos ponemos para la resolución de estos casos.

Esto ha constituido la norma de Gobierno estos veinticinco anos, en que no han intervenido para nada las

fuerzas militares.

LA SUCESION

—Resulta difícil abandonar el campo de la política interior sin evocar los problemas relativos a la

sucesión del régimen. España es constitucionalmente un reino. Una ley fundamental, ratificada por el

pueblo español durante el referéndum de 1947, reafirma que las instituciones se sucederán, naturalmente,

a si mismas por e1 restablecimiento de la Monarquía. Pero la evolución del mundo en general y la de

España y de sus estructuras en particular, ¿no han modificado los fundamentos según los cuales había

sido redactado el proyecto de ley? Algunos observadores de la política española han evocado la

posibilidad de que España se pronuncie un día próximo por el principio de una república

presidencialista». ¿Puede Vuestra Excelencia indicarnos si estos rumores persistentes se hacen en unas

realidades concretas?

—La evolución del mundo no altera en nada las bases de nuestro sistema político, ya que, antes al

contrario, refuerza su actualidad y demuestra sus previsiones.

Nuestro sistema sucesorio promulgado al constituirse la nación en reino y ser refrendado por el país en

abrumador plebiscito, no ofrece una solución cerrada, sino una alternativa: la de un príncipe de sangre

que pueda ceñir la corona o el establecimiento de la Regencia en aquellos casos que la propia la ley

establece en que el interés de la nación lo requiere; sin que por ello haya de romperse con el sistema

tradicional que presidió nuestra Historia y entregarse a un sistema republicano, que ya en dos ocasiones

labró la ruina y el descrédito de la nación.

EUROPA Y AMERICA —España prepara su integración a Europa. Dentro de esta perspectiva, ¿es

favorable España a una pequeña Europa limitada a1 Mercado Común o, por el contrario, a una Europa

grande que englobe todas las naciones del continente? ¿Cuál es, además, su posición respecto al principio

de la supranacionalidad?

—La integración de Europa constituye hoy por hoy una aspiración ideológica. La unión ante el peligro ha

sido un hecho corriente a través de la Historia, Loa acuerdos y asociaciones económicos se ha visto que

son también posibles entre naciones de parecido progreso industrial. En el campo agrícola, por el

contrario, son muchas las dificultades que ofrecen las diferencias entre sus producciones y la ineludible

protección campesina; pero donde la distancia es mayor es en el campo social y político, por ser distinto

e! estado de evolución político-social en cada una de las naciones y el arraigo del concepto de la

soberanía.

El patriotismo es una virtud, fuente de bienes que a través de la historia ha venido salvando a los pueblos

y forjando su destino, ¿Cómo reemplazarlo en la supernacionalidad? Ese es el eran problema y, sin duda,

la preocupación que presidió el pensamiento de la Europa de las patrias.

A mi juicio, la unión debería alcanzar el área más amplia; una unión reducida que no tuviese en cuenta el

interés de los otros Estados europeos, lejos de constituir un elemento estabilizador de la paz, sembraría la

discordia y polarizaría e1 recelo, cuando no la enemiga, de los que tuviesen que quedarse fuera. La

aspiración es muy bella, pero el camino largo y difícil.

—Los lazos tradicionales que unen a España con las naciones americanas de habla española, ¿deben

determinar, según su criterio, una vocación particular de su país como intermediario natural y permanente

entre Europa y la América latina?

—Los lazos de España con los pueblos hispanoamericanos de América son tan trascendentes y claros, que

muy bien pueden servir para el mejor entendimiento entre las naciones de Europa y América, España, que

tiene sus pies en Europa y su corazón en América, puede constituir un fuerte eslabón entre los dos

continentes.

EL O. T. A. N.

—Madrid acaba de renovar solemnemente, e incluso ampliándolos, los acuerdas bilaterales concluidos

con Washington en 1953. De esta forma, a través de su alianza con los Estados Unidos, se integra España

indirectamente cada día más a la defensa de Occidente. ¿Considera Vuestra Excelencia deseable, desde

este punto de vista, la presencia de España en el seno del O. T. A. N,? ¿Estima Vuestra Excelencia que en

los aspectos estratégico, táctico, político y social, este organismo está preparado para enfrentarse a los

problemas que se plantean o que puedan algún día serle planteados?

—El hecho importante para Europa es que España, a través de sus acuerdos con los Estados Unidos de

América, se ha unido a la defensa del Occidente. En cuanto a los aspectos estratégicos, táctico, político y

social del O. T, A, N. España, deseándoles grandes éxitos, guarda, sin embargo, sobre ellos reservas,

—Los Estados Unidos asumen prácticamente la Jefatura del mundo libre desde 1949. ¿Piensa Vuestra

Excelencia que la acción llevada a cabo por Washington en el plano internacional ha sido en general

adecuada y eficaz desde dicha fecha?

—El hecho de haberte podido mantener la paz y evitado la guerra habla por si mismo de los resultados de

una política. Y, en todo caso, a todo buen aliado le corresponde hacer buena ausencias de la nación

rectora,

EL ACERCAMIENTO HISPANOFRANCES

—El acercamiento franco-español está incluido entre los acontecimientos de los últimos años. ¿Cree

Vuestra Excelencia posible que algún día dicho acercamiento adquiera un carácter tan completo como el

que une en la actualidad a París y Bonn?

—Desde luego. Cuando un país se encuentra en plena decadencia y en el orden económico, industrial y

militar acusa su atraso, cuenta poco para su concierto con otras naciones. Otra cosa sucede con los países

en avanzado estado de progreso o en pleno camino de su resurgimiento. Entonces despiertan el interés de

los otros. Hoy todo aconseja el entendimiento entre nuestras naciones, que, gracias a Dios, llevamos siglo

y medio de paz, sin guerras entre nosotros que superar. La situación, por tanto, no puede ser más

favorable.

—Aunque no han actuado siempre de acuerdo, sin embargo, España y Francia han sido en todo momento,

y, para decirlo así, por destino, naciones africanas. ¿Piensa Vuestra Excelencia que en el futuro nuestras

dos naciones podrán realizar una política común en esta parte del mundo, principalmente en lo que se

refiere a las jóvenes naciones de África del Norte? ¿o bien sólo se podría concebir tal actuación a través

de una especie de pacto que englobara a toda a una serie de naciones ribereñas del Mediterráneo? —Un

los siglos de imperialismo y de expansiones coloniales ha podido la pugna de intereses distanciar en

algunos momentos a nuestras naciones. Hoy, superados los viejos conceptos con miras a una unión de las

naciones de Europa y estando llamadas a ser sumandos de una suma, nos interesa nuestra mutua fortaleza.

La carta del mundo nos llama a entendernos. Nuestra infama relación y afecto con los pueblos árabes y

norte africanos nos hace coincidir en la comprensión de sus problemas y en el propósito de ayudarles, sin

que esto signifique que no estemos dispuestos al entendimiento general en el gran área mayor del

Mediterráneo.

 

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