Autor: Quiñonero, Juan Pedro. 
 Tras cinco siglos de marginación, persecución y destierro. 
 Asistimos al descubrimiento de la cultura gitana     
 
 Informaciones.    06/12/1976.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

TRAS CINCO SIGLOS DE MARGINACION, PERSECUCION Y DESTIERRO

Asistimos al descubrimiento de la cultura gitana

Por Juan Pedro QUIÑONERO

MADRID, 6.

ASISTIMOS al descubrimiento de una cultura subterránea, oculta en el seno de

nuestra cultura, proscrita,

ignorada, perseguida e insepulta: la cultura gitana. Por primera vez en la

historia de nuestra civilización,

lo gitano, su folklore, su lengua, su historia, su etnografía, han pasado a

considerarse como una cultura

nómada que en el seno de las manifestaciones cultas de la historia de nuestro

país poseen un rostro

propio, genuino, libertario, tachado de modo violento de la historia de nuestras

ideas.

Las investigaciones de José Luis Ortiz, Pepe Heredia, Angel Pérez Casas, Ricardo

Molina, Manuel RÍOS

Ruiz, Fernando Quiñones, José Manuel Caballero Bonald, Félix Grande, entre

otros, recientemente, han

puesto en pie un «corpus» literario, histórico, etnográfico, social, folklórico,

de riqueza inusitada, que por

vez primera es considerado como manifestación de una cultura que necesitamos

rescatar. Una editorial,

Demonio, se ha consagrado a la publicación de textos, estudios, trabajos,

investigaciones, literatura, si no

siempre consagrados a lo gitano, sí particularmente relacionados con tales

cuestiones, siempre presentes.

Varios grupos teatrales, La Cuadra, Teatro Lebrijano, han consagrado sus

investigaciones escénicas, con

notable éxito, a plantear una revisión histórica, una indagación moral, en torno

a la cultura gitana en el

seno ¿e la sociedad andaluza.

Artistas como Mario Maya han trabajado en montajes escénicos genuinamente

gitanos, como

«Camelamos naquelar». Y las ya clásicas antologías discográficas de Perico el

del Lunar, Antonio

Mairena y Pepe Caballero Bonald, han tenido la virtud de ofrecer un vasto

panorama que nos permite

otear el gigantismo cultural de las manifestaciones artísticas gitanas.

PERSECUCIÓN DE GITANOS

En la actualidad, el poderlo de la Escuela Jerezana de Cante, figuras como don

Antonio Mairena, que

publicará sus memorias dentro de unos días, Caracol, Pastora Pavón, el

guitarrista Melchor de Marchena,

entre muchos otros, nos hablan de modo bien elocuente del estado actual de la

música y el cante gitanos,

que a partir de los romances fronterizos se confunde notablemente, y de modo

casi inextricable, con el

ritmo y el arte que ronocemos por flamenco, que no es siempre gitano, como lo

gitano no es siempre

flamenco. Recientes producciones discográficas nos proponen una revisión de

estos procesos culturales,

todavía imprecisos, perdidos sus rastros en el páramo de la ausencia de estudios

competentes.

«A duras penas» uvi^vie-play), de Carlos Cano, busca ei tono de voz de una

lírica genuinamente

andaluza.

«Cauces del flamenco» (Ario-la), de Manuel Soto «Sordera», es un torrente de

fragancia gitana. «Cante

flamenco actual» (Arióla), en el que intervienen Manuel Agujetas, Diego Clavel,

Manuel Gerena, Manuel

Soto «Sordera», El Turronero, que ofrece la oportunidad de comparar vibraciones

puramente git a n a s

con otras genuinamente flamencas (y no gitanas). Por último, el poeta Félix

Grande y El Lebri j a n o, en

«Persecución» (Philips), nos proponen una sin tesis apasionada y ejemplar en

este proceso de

recuperación: pre s e n t a n un análisis teórico-lírico de la cultura gitana en

el seno de nuestra historia,

identificando siempre (al menos tal es la impresión que produce en el oyemej ei

tenomeno cultural

«flamenco» con la cultura gitana. Quizá sea la primera vez que desde una

perspectiva puramente creadora

se proyecte un análisis tan vasto, difícil y forzosamente ambiguo.

El debate que abre «Persecución» es doble: planteamiento frontal, directo, de la

existencia de una cultura

gitana proscrita y perseguida de modo inquisitorial a partir del siglo XV.

Luego, otro análisis que quizá

reclame un estudio muy delicado y sutil, desde luego todavía inexistente en su

exacta dimensión: el hecho

para mi evidente) de que algunas de las grandes manifestaciones gitanas viven al

margen de las

manifestaciones flamencas, y al mismo tiempo, la evidencia de que las corrientes

flamencas no gitanas

(Pepe el de la Matrona, Marchena, Silverio, Chacón) han sido históricamente

decisivas (introducción del

flamenco en el café cantante y al gran público».

Paco de Lucía, que ha revolucionado la guitarra flamenca, no es gitano. Otro

tanto ocurre con otro gran

maestro, Manolo Sanlúcar. Sin embargo, sería difícil, arduo al menos, discernir

dónde empieza, el

flamenco de «Almoraima» (Philips), la última obra tíe Paco, y dónde acaban las

tradiciones genuinam

ente gitanas, que se confunden en esa reconstrucción mitológica de una Algeciras

que tanto tiene que ver

con algunos poetas árabes de la decadencia, la fragancia de algunos poetas

condenados al destierro.

Quizá Félix Grande y El Lebrijano, en lo admirable de su trabajo, hayan

desperdiciado la oportunidad de

plantear tales interrogantes en sus orígenes más o menos exactos, lo cual

requerirá, si acaso es posible,

una investigación lingüística y sociológica muy precisa. Así como en las

culturas indígenas americanas

los elementos puramente autóctonos y las incorporaciones occidentales han

fundado y hecho posibles

nuevas culturas, ni puramente indígenas ni puramente occidentales (y el

antropólogo José María

Arguedas estudió tales procesos con una finura intelectual inolvidable), la

cultura gitana, en nuestro país,

a través del flamenco, se ramifica, prolifera y fecunda en nuevas

manifestaciones culturales con vida y

tradición propias. Cantao-res como Pepe el de la Matrona, por ejemplo, y toda la

tradición de los cafés

cantante.?, difícilmente podrán aceptar pertenecer íntegramente a la cultura

gitana. Lo cual no impide que

el ritmo y el cante flamenco sea sin duda la manifestación cultural donde lo

gitano escala las cumbres más

sublimes de su tradición.

FALTA INVESTIGACIÓN ANTROPOLÓGICA

Así como los estudios de flamencología han alcanzado una notable envergadura, y

son cada día más

numerosos loa estudios de sociología histórica de la cultura gitana, considerada

como manifestación

social autónoma, falta todavía una investigación puramente antropológica y

etnográfica que nos defina,

con cierto rigor científico, los rasgos más genuinos de esta cultura

subterránea. Necesitamos estudios de

campo, trabajos puramente etnográficos. Intelectuales, literarios, folkloristas,

siempre, todavía, desde un

punto de vista no gitano (nos falta un Arguedas que estudie la cultura gitana

desde dentro) han abierto el

proceso histórico del rescate de la cultura gitana. Edición de textos,

canciones, .música, folklore, ha sido

un primer paso decisivo. Asistimos al planteamiento de la alternativa histórica:

el momento en que lo

gitano, después de un siglo de antropología comparada, se nos aparece con el

rostro lívido de una cultura

nómada que habíamos desconocido como tal y hoy necesitamos recuperar, para

conocer con más

exactitud nuestro propio rostro, para descubrir las fisonomías ocultas e

inolvidables de un cuerpo que

forma parte de nuestro cuerpo, pero que desde el siglo XV amputamos de modo

sangriento de nuestra

carne, sin advertir que así algo de nosotros quedaba condenado y proscrito,

condenado ai exilio.

6 de diciembre de 1976

Pág. 21

 

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