Autor: Amilibia, Jesús María (AMILIBIA). 
   Arrabal, el blasfemo se confiesa  :   
 El 77 será el año de mi retorno. 
 Pueblo.    10/12/1976.  Página: 8-9. Páginas: 2. Párrafos: 46. 

PUEBLO

10 de diciembre de 1976

EXCLUSIVA

Arrabal "EL BLASFEMO SE CONFIESA"

AMILIBIA, desde París

Fernando Arrabal —español, el autor más representado en el mundo durante los

últimos cinco años,

dramaturgo, novelista, poeta y cineasta escribió al Rey a través de «El País».

Era una carta preñada de nostalgias —sus enormes deseos de volver— y de verdades

como puños.

¿Por qué no me explican qué pasa poro que no pueda volver o mi país?

¿Por qué no se estrenan mis obras?

¿Quién arma a los que ponen bombas en los cines y en las librerías francesas que

pasan mis películas y

exhiben mis obras en los escaparates?...

Estas y otras muchas preguntas se hade Arrabal en aquella carta.

En estos momentos de distensión, de retornos y de levantamiento de vetos, e!

«caso Arrabal» parece

seguir siendo «tabú», aunque, por fin, se va a autorizar la representación de

una de sus obras, «El

cementerio de automóviles», en Madrid.

Vive Fernando en la rué de Vienne, breve y típica calle del centro parisiense.

que desemboca en la plaza

de Henry Bergson, que tiene un pequeño jardín de altos árboles lleno de palomas.

La- mañana está gris y

hace un frío de todos los diablos. Es el número 2. cuarto derecha. El abrazo, ei

aluvión de preguntas sobre

España, sobre la situación, sobre amigos comunes, el despacho completamente

revuelto que trata de poner

en orden, con montones de papeles y libros por todas partes, y él, Fernando

Arrabal, todo de negro,

encaramado en la silla como un mono, con la barba incipiente, la pipa

inseparable, las gatas ovaladas de

aros metálicos, e! pelo caracoleado, rodeado de «posters*. de muñecos y cuadros,

perfectamente

enmarcado er¡ su exilio.

—Soy un español de la periferia, nací en Melilla. Soy español e hijo de

españoles. En el año cincuenta y

cinco enfermé de tuberculosis en Francia, y eso me ayudó mucho a escribir.. Fue

como un cuento de

hadas, no fue nada doloroso y me permitió vivir dos años en un sanatorio. Es una

enfermedad la

tuberculosis llena de contrasentidos: te da la impresión de que esíás sano y

luego, cuando te hacen

radiografías, resulta que sigues estando enfermo... Me casé con una francesa,

oye. que habla muy bien

español, te habrás dado cuenta, ¿no?; bueno, pues me casé, y luego encontré sin

muchas dificultades

editores para mis libros y escenarios para mis obras, pero en pequeño plan.

Fueron los pequeños libros,

los pequeños teatros.. Las cosas se fueron haciendo.

—Hasta el «estallido Arrabal»...

—No; no hubo estallido. Fue como la bola de nieve, que cada vez se fue haciendo

mayor. Luego hice

cine, que es otro campo y da otro público, y los libros, y las veintiocho obras

de teatro ¿Mis preferidas?,

´Oye. patria, mi aflicción» y «En la cuerda floja- o -Balada del tren

fantasma».

-¿Y cómo liego el movimiento Pánico, la gran ceremonia de la confusión y lodo

eso?

-Primero nació un grupo surrealista, un grupo literario. Yo admiro mucho al

surrealismo, que tiene gentes

de gran tradición. Pero ei surrealismo era dogmático. En vista de esto, Topor y

yo creamos el movimiento

Pánico. Decía ei texto de nuestra proclama: «Cualquiera puede afirmar que él fue

el primero en tener ta

¡dea, o nombrarse presidente del Pánico, o fundador de la Academia...» Era una

réplica al carácter

dictatorial de! grupo surrealista, del que se expulsaba a gente por motivos

morales, como a Dalí, por

ejemplo. Lo curioso es que nunca he escrito una obra pánica. Me molesta que mi

nombre se relacione ron

lo estrafalario, trágico, esperpéntico. Pánico viene del dios Pan. ctiu-en un

principio provocaba risas- y

pavores. Creo yo que pn mi teatro tiene más influencia el aledrex que el

movimiento Pánico. El ajedrez es

la construcción.

El tono suave, lo.s ademanes comedidos, normales, las explicaciones racionales,

el ajedrez, la

construcción... ¿Dónde esta el Arrabal estrafalario, numerero. terrible, que yo

intuía? ¿Dónde el

peripatético o el circense? La chimenea, la gran muñeca rubia, su retrato, la

secretaria que pone orden,

orden, construcción, ajedre/. «oye. ¿y sigue Chicote en su sitio?. siguen

vendiendo churros en ¡a plaza

Mayor?». . Un día, andando por extrañas carreteras, descubrió un Madrid en

Norteamérica, una ciudad

que le pareció fantasmagórica. Y nació «En la cuerda floja-v

Pero has sido un rompedor, ¿no?

—Eso dicen. Yo escribo lo que escribo, sin más. Luego dicen que es teatro del

absurdo, o vanguardia, o

surrealismo, o seudomasoquis-mo... Cuando empezaron a decir todo eso sobre mí

tuve que informarme

para enterarme de lo que era. ¿Qué era el seudomasoquismo? Pero, hombre, si yo

mostraba solamente

Ciudad Rodrigo, el pueblo donde viví más tiempo: fiestas bestiales, es-

tremecedoras, cosas terribles que

allí pasaban... Jamás, nunca quise hacer símbolos. Lo que pasa es que luego

viene la crítica y lo dice; y no

solamente dice que hay símbolos, sino que los interpreta. Yo me maravillo. Si u

Cervantes le hubieran

preguntado en su tiempo que qué pretendía hacer con «El Quijote» quizá hubiera

contestado: «Solamente

una novela irónica de caballería. • Luego vienen los críticos, los analistas, y,

ya te digo, el autor es ajeno a

todo eso. He provocado roturas, sí, y dispares reacciones. Cuando se estrenó en

Suecia «Llegará un día en

que pondrán esposas a las flores», la obra mereció tesis, polémicas y que

cientos de manifestantes -e

echaran a la calle pidiendo que la prohibieran. La verdad es eme la gente salía

riel teatro llorando...

- ¿Y el Arrabal político´

—No soy político ni militante de ningún partido. Soy Arrabal, poeta, y que me

dejen tranquilo.

Consideraría un insulto que se me ofreciera un puesto oficial; sería un atentado

a mi libertad. Cuando me

metieron en la cárcel de Carabanchel, en el sesenta y siete, Camacho, los de la

E. T. A., los presos, me

decían: «Tienes que contar lo que has visto.» E hice Pondrán esposas a las

flores». Mira, yo quiero una

sociedad sin clases. No quiero estar al lado de nadie. No quiero entorpecer con

mi voto a ningún partido.

Soy tan libre, que ningún partido tendría nada que hacer con migo. Soy tan

poeta, que me gustaría que

todos tuviese mos el mismo dinero para gozar por igual de la vida

Y de r e p ente, como un murmullo: «¿Por que no se habla de Eva Forest?

Lleva cuatro años en la

cárcel me ha escrito diciendo que ama la paz. Quiero que se baga algo por ella.

Mira, no quiero ponerme

plumas que no tengo, pero hace falta que sa´lga, que salga toda la gen-te... Una

España libre debe nacer

con las cárceles limpias.» Guernica queda al fon do, con Mariángela Melato con

un fusil en las manos. a

film by Arrabal», junto ai oso de peluche rosa.

¿Y el terrorismo?

-Yo estoy en contra del terrorismo, pero la situación de entonces no era la de

hoy. Yo, por supuesto, seria

in capaz de hacer nada, ni de matar una mosca. Yo no lo hubiera hecho... Pero me

sentaría mal estar en la

pla-/» Mayor de Madrid tomando café con leche y churros, sabiendo que hay gente

coa ciento cuarenta

años de cárcel. Se me atragantaría el café. Lo digo por egoísmo, para que no se

me atragante el café. Yo

soy un enamorado de la paz. Mi hijo se llama S amuel Ghandi. Y siento amor por

ei padre Xi rinachs.

España necesita locos así... ¿Los cambios de chaqueta? Oye, son lamentables.

Además, ¿para qué? Aquí

estamos juntos todos: yo soy tan amigo de lonesco que es anarquista, como de

Anouhil, que es de

derechas, o como de Aragón, que es comunista...

—Volvie n d o a tu teatro, ¿no cre»s que es demasiado..., digamos, extraño para

e¡ público normal y algo

deÍceos para e! señor de la boina?

—-Mi teatro sorprende, y eso no está mal. También el señor de la boina quiere un

teatro que le sorprenda.

Yo no trato al público como un analfabeto al que hay que darle todo trillado. Yo

creo que el público es

como yo, que tiene sus fantasmas, sus monstruos, sus ideas... Mira Ciudad

Rodrigo: las ventanas e n t

reabiertas, las miradas. los cuernos, las enormes palizas, el juego erótico...

Cuan, do yo describo todo

esto, los franceses dicen que es seudomasoquismo. Yo creo que es, simplemente,

Ciudad Rodrigo... No,

no soy un autor de minorías. Según Autores. soy el autor más representado en el

mundo en los últimos

cinco años. Y «Guernica" ha tenido millones de espectadores.

Siempre ia infancia, Ciudad Rodrigo, Ciudad Rodrigo. \ los recuerdos convertidos

en. fantasmas. Pero

Arrabal ofrece una imagen serena. muy tranquila:

Si. estoy más sereno que nunca. Tengo una especie de tranquilidad, una

especie de cierta felicidad.

—Y estás menos excéntrico. ¿no?

—-Siempre me ha gustado ir a contrapelo. Ahora no soy excéntrico porque hay

muchos excéntricos.

Acuérdate de cuando fui a España con el pelo largo, la barba, ios collares...

Entonces llamaba la atención,

ahora es normal.

—¿No te duele un poco que mucha gente te conozca diciendo eso de «¿Arrabal? ¡Ah.

sí! Aquél de la

blasfemia ¿.no?»

—No me parece mal quedar así. como el de la blasfemia. Fue un acto de rebeldía

que asumo totalmente...

No me gustan las palabras Dios y Patria porque son símbolos que se utilizan

mucho en las dictaduras, no

por otra cosa. Enfurecí mucho a la derecha. Por todo eso, por lo de Guernica,

por la carta a Franco, debo

estar en la lista de los seis que no pueden volver.

—-Sin embargo, esperas volver...

—Sí, claro. Creo que el Rey y el presidente Suárez verían bien mi vuelta. La

situación es ridícula. Todos

quieren que vuelva; entonces, no sé, hay como un miedo a que algún juez haga

algo.. Yo creo que el

setenta y siete será el año de mi retomo.

—Fernando, ¿amas a España?

"Ahora soy menos excéntrico porque ya hay muchos excéntricos"

"No tomé champán cuando murió Franco"

Pág. 8

1O de diciembre de 1976

PUEBLO

—España debiera incluir en su seno incluso a los que no la aman. Estoy en contra

de la idea de patria: es

un marco muy estrecho para mí. Y ios valores nacionales me parecen algo

lamentable, algo machista

español, etcétera. Estoy muy a favor del pueblo español: tengo sus defectos y

sus virtudes Creo que me

encontraré allí como pez en el agua. Esta ausencia, este exilio, es algo muy

penoso. Y tener cuarenta

libros y ninguno publicado en España, insoportable. Pero más que lo intelectual,

lo que mas me hace falta

es el cielo, la tortilla, los churros... Añoro a! pueblo, al camarero, al

limpiabotas, al sereno, a la tierra, al

Ateneo, a la Casa de Campo, a la Facultad de Derecho de San Bernardo, a Ciudad

Rodrigo, donde viví

hasta los diez años, y esto marcó mi vida...

Mira, no estoy dispuesto a dar una gota de sangre por la idea de España, pero

daría hasta la última gota

por el pueblo español. Me ne-srué a tomar champán cuando murió Franco, porque yo

no levanto una copa

por un hombre muerto. Briudaré cuando haya auténtica libertad... Qué extraño

país España, qué extraños

los españoles y qué maravilloso todo ello.

—¿Cómo es tu exilio? ¿Duro?

—Hay que matizar. Mi exilio personal es un cuento de hadas, aunque tenga cosas

penosas. Yo soy la

excepción que confirma la regla, porque el exilio ahoga y destroza a los seres,

lo he visto.

—¿Cómo piensas volver?

—Seria y discretamente. Y lo que oo quiero, por nada del mundo, es que se

politice mi retorno o mi

persona. Ni hablar. La izquierda me ha ofrecido protección por si la extrema

derecha... Pero no creo que

en Madrid estuviera menos seguro que en París, que tengo que vivir con una

puerta blindada y ponen

bombas en mis estrenos... Creo, incluso, que estaría más defendido que aquí.

Oye, me gustaría vivir en

Toledo, por vivir en e! campo, pero cerca de Madrid.

—¿Qué crees que pasaría si te presentaras por las buenas?

—No creo que me pasara gran cosa. Pero más vale tenerlo todo en orden...

Orden, orden, orden, y el tablero de ajedrez sobre la mesa llena de cartas,

periódicos, papeles, y la casa,

que es un pasillo azul, como de película de Polanski, con un retrete al fondo;

casa humilde. Y desda el

balcón, ahora llueve, se ve cómo escapan las palomas de los tejados de pizarra

gris...

—Y si no eres de izquierdas, ¿por qué te quiere tanto la izquierda?

—He colaborado siempre con ellos. Siempre que me han llamado para una acción en

pro de la libertad. Y

se han portado muy bien conmigo, porque han respetado mis ideas, y no me han

cucho nunca eso ae «oye,

apúntate». . Todo esto dice mucho a favor de la izquierda.

—¿Crees que el Rey va a responder a tu carta?

—No creo que vaya a responder. Pero si confío en una respuesta oficial. Sería

para mí una gran decepción

que no fuera asi.

—Antes me decías que estabas más tranquilo, más sereno... ¿Influye esto en tu

obra? ¿Influirá el retorno a

España?

—Cuando más estrafalario era exteriormente, más comedido era mi teatro, y al

revés. Cuando llegue a

España estaré muy comedido, muy calmado, lleno de paz, y entonces mi obra será

más delirante.

Se apaga la pipa, siempre se apaga la pipa, y hay que buscar las cerillas entre

ios papeles, por los cajones,

y llegan los niños, la niña y ei niño, los hijos de Arrabal, muy guapos, del

colegio, y hablan francés, y

Fernando mira y mira su cuaderno de garabatos y luego los manda a la cocina, que

está al fondo del

pasillo azul, y que es una cocina como de casa de pueblo, con los bancos

corridos, la mesa con hule y la

cocina tíe gas, vieja. Era la hora de la comida, o más tarde, y yo hablé de

tortilla. «¿Sabes hacerla?», dijo

Fernando con sus pequeños ojos iluminados. «Si. claro que sé.» Y comenzó la m o

v i lización de patatas,

aceite, huevos, grandes sartenes... «Hazme una enorme que me dure hasta mañana,

Jesús; una tortilla

enorme...» Y fue corno una tarde de fiesta, con champán y todo, «como los

cumpleaños en Ciudad

Rodrigo»; si, Jesús, bien jugosa, ¿eh?, a ver si tenemos suficientes huevos...

—¿Qué te importa de verdad?

—Dejar un buen recuerdo, algo que pueda sorprender, estar en paz con mi

conciencia.

—¿Y te importa la muerte?

—Sí. como a todos. Está muy bien como lo hacían en Ciudad Rodrigo. No diré que

era una fiesta, pero sí

un acontecimiento. Cuando se te moría alguien, los niños te decían en la

escuela: «jó. qué suerte, que no

vendrás a clase», y las monjas iban a rezar, y te llevaban naranjas, y el muerto

preparaba sus últimas

palabras Aquí esconden la muerte como si fuera algo vergonzoso. Morir forma

parte ds la vida, y no hay

que esconderse para morir...

Nos hemos reído con \n del sexo. Dice Arrabal que es muy tranquilo, muy normal,

y que, de verdad, lo

mejor es ser casto, «y de estas cosas que hable Don Juan, que yo soy pequeño y

rué da vergüenza.. »

Ese día creía, en Dios. «Pero a lo mejor mañana no creo: estoy en contra de la

burocracia montada en

torno a lo divino.» Y la tortilla comida a grandes mordiscos, como ia primera

manzana robada, y no sé

por qué. de repente sale a relucir Fernán, y Arrabal dice que le tiene simpatía,

que le fue a ver cuando

estuvo en París, «porque él me defendió cuando todo el mundo me atacaba, cuando

incluso algunos de la

izquierda me dieron la espalda, porque dijeron que lo mío era indefendible; sí,

Jesús, me dieron

dejado...». Y ya anocheciendo, el abrazo final y un «¡hasta Madrid!». Entrañable

Fernando Arrabal, sin

pánico y con ajedrez, místico sin delirios, con sus fantasmas internos y su

normalidad externa, todo de

negro, como España.

"EL 77 SERA EL AÑO DE MI RE TORNO"

"Creo que el Rey y el presidente Suárez verían muy bien mi vuelta a España"

"Soy un enamorado de la paz y siento amor por el padre Xirínachs"

 

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